jueves, mayo 22, 2008

Interludios

Alithia, vestida de forma sorprendentemente cómoda, se recuesta contra Landelón, con su helado en la mano y las comisuras de los labios llenas de chocolate. El Viajera deja su sombrero en el banco, a su lado, y juguetea con el pelo de la joven. Estamos en Tikisha , un pequeño pueblo cerca de la frontera que separa Neral e Ishashi, y que está lleno de refugiados de cuando la capital de Neral fue destruida.

Habíamos quedado aquí, pienso. Y yo estoy a mi hora. Esto es, diez minutos después del momento exacto en el que habíamos quedado. Pero ella se retrasa aún más. Tardo otros diez minutos en recordar que es así como ocurre siempre. No importa cuánto me retrase. Ella llega cuando lo desea.

- ¡Díddy! - chilla la preciosidad rubia mientras carga contra mí. Para su metro setenta, sus escasos cuarenta kilos de peso no le dan apariencia de anoréxica. Más bien, te la la impresión de que su cuerpo es como un látigo. Igual de esbelto. Igual de doloroso. Cuando está a cinco metros de mí, salta hacia mi cuello. Parece caminar por el aire antes de rodearme con sus brazos y girar a mi alrededor, entre carcajadas. Logro abrazarla con delicadeza, porque de todas las cosas que es Elisa, una de ellas es frágil.

- Hola, cielo.- digo, mientras me planta un beso en la mejilla, de esos que dejan una marca húmeda y ardiente en el alma.
- ¿Cómo está mi Díddy?- su voz suena igual que una niña de diez años jugando a papás y mamás, y haciendo de abuela.
- Tenhime me ha dejado.-confieso, apesadumbrado. Para eso he venido, no obstante.
- Bah, ya encontrarás otra mejor...- dice, sin perder empuje en ningún momento. Su sonrisa me arranca a mí otra. Para eso he venido.

Existen fuerzas de la naturaleza contra las que uno no puede luchar. Terremotos, erupciones volcánicas, Heavy metal, tifones, huracanes, tsunamis, y Elisa. Así como existe gente que parece siempre infeliz, con un problema u otro encima, por teoría de opuestos tenía que existir gente capaz de sentarse cómodamente en una cama de púas. Elisa forma parte de esta categoría de personas. Como fuerza de la naturaleza, no puedes frenarla, sólo apartarte o ser arrastrado. Es un torrente de pura simpatía, de inocencia salvaje y desatada, de pura irresponsabilidad en estado inmaduro que fluye como un río, ahogándote en su imparable alegría si no consigues un agarre seguro.

Jamás me pregunté por qué Yanroud se enamoró de ella.

miércoles, mayo 21, 2008

Relatos de la Guerra de Kumei (VIII)

En los últimos días del conflicto, alguien fue lo suficientemente valiente como para preguntarle al Viajero por qué empuñaba un cayado, en lugar de un arma mejor. Él contestó que cuando la vida protege la vida, es más fuerte que cualquier acero.

Desde entonces, el XVI de Caballería de Neral lleva armaduras de madera.

lunes, mayo 19, 2008

Un Gran Servicio

Alfred Willikins era un hombre nacido para el servicio. Nació del ama de llaves de Asha Worthington, tía de Charles Wellington, y del mayordomo de la misma, y completó sus habilidades como mago con la formación de la Facultad de Mayordomato de Cambridge (N. del T.: 'Cambridge Butlering College' en el original), que se enorgullece de mantener los más altos estándares de calidad en el servicio personal de toda Inglaterra.

Alfred sirvió con orgullo y lealtad a los Ash-Stormcrow, una de las familias de magos más respetadas del país, desde que la casa estaba regida por el ya difunto Sr. Ash-Stormcrow, padre de Troylus, Jethro y Theressa Ash-Stormcrow. De nada sirvió ni el divorcio de Troylus tras el nacimiento de su hija Titania, ni la marcha de Jethro y su unión a una comunidad hippie: Alfred continuó sirviendo con el mismo rigor y el labio superior bien firme.

- Alfred.
- ¿Sí, señor?
- Hoy va a venir gente muy importante a casa. Que se les trate correctamente.
- Serán tratados como es conveniente, señor.
- Es posible que el Señor Oscuro mande a un emisario, Alfred. Quiero un recibimiento exquisito.
- ¿Quiere el señor que prepare un Vino Futuro, señor? ¿Quizás un Rioja Español de dentro de cuatro años?
- Sí. Lo creo apropiado.

Hasta la noche fatídica del Mundial del Quidditch del '79. Durante el día, una señorita que se hacía llamar Diane pareció muy interesada en que Alfred cambiase de trabajo. No parecía estar tan contenta u orgullosa de servir al famoso Timmy Somerville como Alfred de servir a los Ash-Stormcrow. No obstante, le enseñó a Alfred algo que él no había visto jamás.

- No comprendo muy bien que hacemos aquí, señora.
- Es una taberna, Alfred.
- Conozco lo que es el lugar, señora. Pero no comprendo qué negocio hemos venido a hacer.
- No es ningún negocio. Venimos a pasar el tiempo libre.
- No estoy familiarizado con ese concepto, señora.
- No me llames señora, Alfred. Ahora soy Diane.
- Sí, señora Diane.
- Sólo Diane.
- Sí, Señora. Diane. Usted.
- Pero, ¿qué estás haciendo?
- Me sitúo detrás de la barra para servir bebidas, señora. Diane, quiero decir.
- Pero aquí te sirven a TÍ, Alfred.
- ¿A mí? Eso no ha ocurrido nunca, señora.

Aquella noche atacaron los Mortífagos. La Señorita Lindsay, amiga de la Señorita Theressa, estaba dentro del Club, así que Alfred cogió su paraguas de aporrear (El Sr. Troylus era muy estricto con el tema de la varita: nada de magia durante el horario laboral), y salió para ocupar su puesto frente a la puerta y evitar que ningún no invitado entrase en el Club. Un Mortífago encapuchado y vagamente familiar tuvo la cortesía de admirar su valor antes de arrojarle un traumate y dejarlo en el suelo como un muñeco roto.

Pero no entraron. En su incosciencia, se enorgulleció del deber cumplido.

Alfred despertó en la comunda hippie del señor Jethro, y trató de aclimatarse poniéndose una cinta en la cabeza. No encontró más que su corbata, así que tuvo que bastar con eso. La Señorita Diane intentó que declarase contra sus amos, pero Alfred se sorprendió de lo fácil que le resultó responder a las preguntas de las autoridades sin romper su juramento de lealtad a los Ash-Stormcrow.

- ¿Recuerda haber oído a Troylus o a Theressa conspirar para cometer delitos, asesinatos, robos?
- Nada fuera de lo habitual, señora.
- ¿Recuerda que le echasen un conjuro para borrarle la memoria?
- No, señora. Tampoco lo recordaría si me lo hubiesen echado, señora.

A pesar del cariño que Alfred profesaba por su apariencia, los Aurores insistieron en cambiarle el rostro. Entre eso y la conveniente ayuda de los hippies de Jethro, Alfred pudo evitar la represalia de la señorita Tessa, quien estaba enfurecida por no haber limpiado el Club tras el ataque mortífago.

Fue cuestión de tiempo que el amante de la Señorita Diane, celoso, se deshiciese del leal servidor, así que Alfred llevó a cabo un viaje para encontrarse a sí mismo. Recuperó su rostro, y promulgó una campaña pro-muggle para la sustitución de elfos domésticos por mayordomos británicos de pura cepa, gente en la que se puede confiar en cualquier situación, y que responden con dignidad incluso al más grande de los desprecios.

Decenas de mayordomos, antiguos compañeros de la Facultad, y la élite de la servidumbre muggle, siguieron su mensaje. Fue conocido el mitin que dio, donde se ganó el sobrenombre de Alfred X, en el campus de Hogwarts.

- Uno tiene un sueño. Uno cree que algún día, esta nación poseerá un servicio reconocido en el mundo entero. Uno tiene un sueño. Los señores de todo el mundo vendrán a Inglaterra a buscar la exquisitez. Uno tiene un sueño. Dará igual si uno es muggle o mago: vendrán a por uno, porque uno sabe que la exquisitez es algo que se consigue con rigurosidad y esfuerzo. Pero sobre todo, uno tiene un sueño. Uno sabe que un señor contento otorga "tiempo libre"

¡Uno os dirá lo que es "tiempo libre"! Para todos los unos que son como uno, os diré... Al final de un día, de deber cumplido... el señor os dará tiempo para ir a sitios donde uno es servido. ¡Y allí, podréis pensar en lo que uno quiere!

(Ovaciones respetuosas y elegantes. Ningún vitoreo, por supuesto, porque la servidumbre británica no vitorea)

Alfred Willikins muere en 1985, el 9 de Diciembre, en Hamfordshire. Durante uno de sus mitines, un agresor no identificado envió un elfo doméstico bomba al estrado donde Alfred X daba su discurso. El semielfo doméstico se teleportó al lado del atril, y agitó con energía una volátil poción de explosión, acabando con su vida y la del activista. Dos días después se halló a Theressa Ash-Stormcrow en un hotel en Hamfordshire, no muy lejos del lugar del atentado, pero nunca se pudo demostrar su conexión con el mismo.

Actualmente, existe una corbata de plata colgada en la Facultad de Mayordomato de Cambridge, en honor a un hombre que, no importase si a alta sociedad o a hippies colgados de alucinógenos, a secretarias de divas del periodismo o a la sociedad inglesa, siempre supo prestar un gran servicio.

viernes, mayo 16, 2008

Resurrección

Cortesía de Miguel Canel.

—Bienvenido a 2415 después de Usted, mi Señor.