sábado, febrero 26, 2005

Troubleshaving

Durante una de esas eternas esperas en la marquesina de un autobús, ví como Landelón salía desde detrás de un edificio y, vigilando todo a su alrededor, cruzó la calle hacia mí.
"Dídac" - me llamó - "Necesito tu ayuda"
"¿Es urgente?"
"Muy urgente"
Decidí que esa mañana estaría demasiado enfermo como para acudir a las clases de Microeconomía.
"¿De qué se trata?"
"Mejor deberías verlo"

Dos manzanas más allá, el Viajero me metió dentro del garaje de una pareja de amigos, donde para mi sorpresa hallé un pequeño elefante peludo rodeado de trozos de hielo del tamaño de mi cabeza. Tuvo la educación de barritarme lo que supuse que sería un "hola".
"Es..."
"Un mamut prehistórico, sí. No sé exáctamente desde cuándo lleva congelado, pero seguramente llega a un par de milenios"
"Cómo..."
"Lo hallamos congelado en el depósito de agua. Debió de llegar allí cuando importamos aquel trozo de iceberg"
"Qué..."
"No tenemos la más mínima idea. Por eso te llamé, a ver si se te ocurría algo para solucionarlo"

Un par de vasos de agua fría y un té caliente después, me vi capaz de enfrentarme a Bob. Decidimos llamarlo Bob porque nos parecía un nombre tan bueno como cualquier otro. Bob tenía mi altura, y prácticamente era el triple de ancho que yo. Sería imposible sacarlo de la ciudad sin que la policía, el equipo de investigación biológica y la prensa nos descubrieran. Ninguno de los cuatro quería venderlo a ningún circo, ni entregarlo a la investigación científica. No consideramos que esa fuese la vida que Bob merecía. Landelón dijo que sería capaz de sacarlo del país si lo sacábamos de la ciudad, y conocía a un millonario sueco que cuidaría de él.

"¿Y cómo haremos para sacar a un bebé mamut por la Nacional sin que nadie se entere?"
"Lo disfrazaremos"- dije.
"¿De qué?"
"De elefante. Edu, seguro que tienes maquinilla de afeitar" - él asintió con la cabeza- "Bien, la necesitaremos. Jill, por favor, trae todo aquello que uses para depilarte que no emplee cera: cuchillas, maquinilla, lo que sea. Vamos a darle un afeitado a Bob"

La verdad es que el pobre Bob afeitado tenía un aspecto ciertamente lamentable. Si alguien ha visto a un gato depilado sabe a qué me refiero. Sin embargo, no habría problemas para sacarlo de la ciudad con la licencia de veterinaria de Jill. Ella diría que era un elefantito enfermizo y dirigiría sus ojos azules hacia cualquier agente de la ley que preguntase. Ningún riesgo.

Ha pasado mucho tiempo desde que aquel sueco, para mí desconocido, se ofreciese a cuidar de Bob. No he tenido ni el dinero ni el tiempo necesario para viajar a Suecia, así que me he limitado a echarle de menos y pedirle al Viajero que lo vaya a ver de vez en cuando. Landelón suele enseñarme fotos nuevas de él cada vez que se pasa por aquí, y no podemos quejarnos de cómo le tratan. Crece grande y gana peso con cada nueva foto, y sin duda parece ser feliz.

Pero le siguen afeitando con regularidad, y con el sol de Suecia no consigue un moreno que le siente aceptable. Pobre Bob.

viernes, febrero 25, 2005

Gamusinadas

Por aquel entonces, tenía como costumbre ir a un parque de madera que había cerca de mi casa. De noche, aquel parque estaba vacío de los chillidos de los niños jugando y las reprimendas de las madres, y su silencio producía la extraña sensación de ser el único ser vivo sobre la tierra.

Una noche de un año del que apenas recuerdo nada, encontré a Landelón sentado en uno de los columpios y mirando al suelo. Cuando me acerqué, ví que movía los labios, como si hablase con alguien, y le estuvieran escuchando.
Se había quitado el sombrero y lo había dejado delante, de la misma forma que los mendigos lo dejan para que alguien deje caer una moneda o dos. Me senté en el otro columpio sin decir nada, y me quedé allí en silencio.
Tras lo que pudo ser media hora, Landelón me miró y me dijo:"He perdido a Oppy"
"¿Quien es Oppy? Nunca me has hablado de él"
"Es mi gamusino"
No pude reprimir mi carcajada.
"¿Tu qué?"
"Mi gamusino. ¿Qué ocurre? ¡Deja de mirarme como si jamás hubiera oído hablar de uno!"
Por supuesto que había oído hablar de gamusinos. Era una novatada frecuente coger a alguien especialmente ingenuo y llevarlo a un extremo del bosque que había en las afueras, en plena noche, con la excusa de ir a cazar gamusinos. La víctima espera en un extremo del bosque mientras el bromista se va al otro con la intención de espantar a los gamusinos en dirección al ingenuo que espera al otro lado con un saco para capturarlos. Por supuesto, la pobre víctima se pasma de frío mientras el bromista desaparece en el bosque y no aparece hasta la mañana siguiente.
"¡No me digas que también te has dejado engañar! ¿Quién te la ha jugado a tí?"
Landelón me miraba como si no supiese de qué demonios hablaba.
"Dídac... he perdido a mi gamusino. No me lo han robado, ni lo he vendido, ni me ha engañado nadie. Se ha escapado"
"Landelón... No existen los gamusinos"
"¿Cómo?"
"En este pueblo se engaña a la gente para que crea que se cazan gamusinos, pero en mi vida he visto a nadie conseguir atrapar a uno"
"Vaya..." mi amigo parecía preocupado "Deben de ser muy difíciles de ver, entonces. ¿Cómo haré para encontrar a Oppy?"