lunes, diciembre 19, 2005

El caso del hombre que tenía miedo

Antes de irse para vivir la navidad con algún otro amigo, Landelón pasó una última tarde conmigo.

"Aunque a algunos les avergüence reconocerlo, todos tenemos miedo. A cosas diferentes cada uno de nosotros, pero en el fondo, todos tememos lo mismo.

Tenemos miedo del futuro.
Lo cual no deja de ser evidente, puesto que el futuro pertenece oculto y el pasado es visible. El hecho de que el camino de la vida se recorra de espaldas no ayuda mucho a confiar en la mañana siguiente.

Algunas personas ahorran mucho. Los más jóvenes, algunos estudian mucho para asegurarse un trabajo que a su vez les asegure el futuro. Otros, consumen el día a día por si mañana el mundo acaba. Los más mayores se proveen de recursos, mediante un plan de pensiones o mediante grandes inversiones en quinielas y loterías.

Parece que los únicos que no tienen miedo del futuro son los niños, porque para ellos el futuro es algo que le ocurre al resto de la gente.

Pero los niños también tienen miedo. De hecho, tienen miedos tan primarios que no se reconoce su procedencia hasta que no recuerdas como eras tú cuando eras niño.

Tienen miedo de estar solos. La soledad implica vulnerabilidad. Ser vulnerable puede dejarte sin vida. Sin futuro.
Tienen miedo de la oscuridad. En la oscuridad hay monstruos. En la oscuridad estás desprotegido. El futuro, por definición, es oscuridad.
Tienen miedo de arañas, serpientes, dragones, quimeras, de seres horribles que quieren devorarlos. Para ellos, la muerte no es el futuro.

Por lo que, al final, los niños también temen al futuro.

Y el futuro se limita a llorar en una esquina. Porque el futuro tiene miedo del presente que, día tras día se acerca a él"

- ¿Landelón?
- ¿Sí?
- No me avergüenza reconocerlo. Yo tengo miedo.