lunes, enero 09, 2006

Van bien las cosas

La navidad ha terminado, y con ella Landelón regresó por mi casa, a traerme noticias del resto de mis amigos. Parece que las cosas no van tan mal sin mí, por ahí fuera.

Tenhime me echa de menos. Lo cual es normal, teniendo en cuenta que compartimos prácticamente todo el día cuando estamos juntos, y absolutamente nada cuando no lo estamos. Ella rellena mi espacio por la mañana centrándose en su trabajo, por la tarde visitando a sus amigos y familiares (o centrándose en su trabajo), y por la noche leyendo... o centrándose en su trabajo.
Landelón me comentó que le han vuelto los dolores de espalda. Su mirada no dejaba dudas acerca de la causa.

Yanroud está bien. No sabe qué hacer con Elisa. Él se muere por volver a verla, pero cuando la ve, procura no acercarse mucho a ella, para evitarse el dolor de separarse más tarde.

Elisa está bien. No sabe qué hacer con Yanroud. Quiere abrir su corazón para abrigarle, pero teme que la distancia duela más de lo que ella está dispuesta a soportar.

La chicas de la Falsa Nueva York también están bien. Algunas tienen un novio que las proteja. Otras no, pero se rodean de chicos que matarían por ellas para reforzar su seguridad. Y otras están aprendiendo a manejar un taco de billar de forma letal, para mantener al peligro lejos de ellas. Amenazando al peligro con sacarle un ojo si se acerca un paso más, por supuesto.

No sé que ha sido del resto de la gente. Ni siquiera sé que ha sido de mí. Esta Navidad ha pasado amarilla y fugaz, como el sol del verano de Kerrykeel. No sé donde ha ido a parar mi espíritu navideño. Creo que lo perdí junto con la responsabilidad. Y como no encuentro la esperanza, debo suponer que los tres han decidido tomarse sus propias vacaciones navideñas.

Landelón me dijo que no me preocupase. Que se me pasaría. "Síndrome de vuelta al trabajo", me dijo que se llamaba. O Depresión postnavideña.

O, sencillamente, que el hecho de que el año nuevo trae vida nueva es una farsa publicitaria. La vida nueva, a mi, me llegó el 22 de mayo del 2004. Y antes que esa, el 28 de septiembre del 2003. Y antes, otra más.

Ahora sé que puedo cambiar de vida cuando me apetezca. Porque, por ahí fuera, sin mí van bien las cosas.

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