martes, agosto 21, 2007

El susurro de tu pelo en el viento

He tratado de clavar mis uñas en la pared. Apretando los ojos, para no llorar. Extraño la silueta de tu cuerpo tanto como puedo echar de menos respirar. No, no, es mentira, porque prefiero verte a respirar, y eso vendría a significar que prefiero verte a vivir. Me paso el día sentado en la calle, con los ojos cerrados, muy callado. A veces creo que puedo oírlo, pero entonces el ruido de la vida me aleja de él, y tengo que volver a quedarme callado, muy callado, buscando ese sonido que llena mi cuerpo de algo que sólo puede describirse como la caricia de una flor contra la piel.

Cuando estoy sólo, dibujo tus curvas en el aire, como si perfilando tu cuerpo pudiera sentirte presente. Mis dedos se deslizan sólos, como si pudieran trazar la curva que une tus hombros con tu cuello. Como si pudieran darte esa caricia que tanto deseabas, y que tanto deseaba darte. Nadie me ve, pero aun así me siento viejo y triste. El tiempo no pasa en balde, dice mi hermano, y tiene razón. Me he vuelto un viejo idiota, soñando sueños estúpidos, y sentado en la calle con los ojos bien cerrados, bien cerrados, para ver si consigo escucharlo.

Me tumbo sobre el césped, mientras el viento va tirando sobre mí las hojas de los árboles. A veces pienso que podría enterrarme en ellas, echar raíces, fundirme con la tierra. Pero no estoy seguro de que eso acabase con mi vacío. Hay cosas que van más allá de la vida, ¿por qué no ha de haber cosas que vayan más allá de la muerte? Así que me quedo ahí, tumbado en el césped, con los ojos cerrados, bien cerrados, y los oídos bien abiertos, para ver si consigo oírlo.

Tarde o temprano, lograré escuchar el susurro de tu pelo en el viento.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Rasgo el hormigón con mis garras.
Lanzo mi rugido.

Velo en la noche la mi rabia.
Grito. Grito. Aúllo.

Porque en la noche del millón de estrellas.
La luna ha sido vencida.

E.Z.