miércoles, agosto 01, 2007

Recuerdos

Acabábamos de pedirnos unas cervezas, cuado el hombre del piano entró en el bar y, al reconocernos, se sentó entre nosotros.
- No te veíamos desde hacía meses- dice el Viajero, a modo de saludo.
- Vacaciones- es la parca réplica que recibe.
- ¿Cancún? ¿Londres? ¿Ishashi? -pregunto.
- Badar. Muy bonito.
Mierda. Como siempre, me acuerdo de la hija pequeña del Rey de Badar, y me entra la nostalgia. Pasamos un buen rato, un rato maravilloso. De aquellos ratos que terminan con un "fue bonito mientras duró". Creo que es la única mujer que se ha acostado conmigo y no me odia. Aún.
Durante dos años estuve pensando en regresar a Badar, pero siempre había algo que me lo impedía. Antes, los estudios. Ahora, Tenhime.
-¿Nos has traído algo? ¿Algún recuerdo?- pregunta Landelón.
Conocía la respuesta sin que el hombre del piano dijera nada. Nunca traía recuerdos. Y posiblemente, nadie que le hubiera visto le recordaría. Más que un recuerdo de Badar, debería darnos un recuerdo de sí mismo.
- Me dieron algo- dice. Es tan sorprendente que dejo de mirar mi botella medio vacía para mirarle a él- Para tí.
La cara de desilusión del Viajero valía millones. El hombre del piano, por otra parte, me tiende un sobre marrón que no tiene precio.
Es una foto de la hija pequeña del Rey de Badar. Parece reciente, y sin embargo no ha cambiado nada. Luce, radiante, un vestido rojo que destaca las curvas de su pecho y caderas, y sonríe con alegría mientras saluda a la cámara. En la otra mano sostiene un pequeño reloj de arena. El pequeño reloj de arena.
-¿Quién te lo ha? ¿Cómo has? ¿Qué cojones?
- Prometo contestarte a las preguntas que termines.
Tomo aire. Casi hasta me cuesta esfuerzo.
- ¿Cómo ha llegado esto a tus manos?
- Me lo dio ella, por supuesto. Muy simpática.
- Y lista, incluso para ser una princ...- comienza el Viajero- La hija pequeña de un Rey.
Se ha corregido a tiempo. Le costó una reprimenda Real averiguar que la hija pequeña del Rey de Badar no era una princesa.
- ¿Y por qué te la dio?
- Hubiese sido descortés preguntárselo.
- ¿Y ella no te dijo nada?
- Sí. Que te lo hiciera llegar.
- ¿Nada más?
- Me dijo algo, pero no sabría decírte ahora... No me acuerdo bien.
- ¿Te sabes "In a gadda da vida" para órgano de memoria, y no te acuerdas de lo que una mujer preciosa te dijo en tus vacaciones?
Y lo digo sabiendo que es posible. El hombre del piano ha demostrado una memoria infalible si la cosa tenía corcheas y bemoles.
- Algo de una rosa y una playa. No, espera, dijo "Dile que la gente aún recuerda las rosas en la arena". No lo entendí.
Landelón se termina su cerveza, se recuesta en la silla, y antes de ponerse el sombrero sobre el rostro dice:
- Yo tampoco.
Miente.

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