jueves, septiembre 06, 2007

Rosas en la arena

- ¿De qué iba aquello de las rosas en la arena?- pregunta el hombre del piano.
- No tengo ganas de hablar de ello.
- Mentira. Tú siempre tienes ganas de hablar.
Suspiro. Parece que no me puedo librar de ésto.
"Cuando volví a Badar, por segunda vez, fuí a ver a la hija pequeña del Rey de Badar. Durante unos días, estuvimos juntos, reímos, hablamos, nos amamos."
- Demasiado bonito. No debí haberte preguntado.
- Haber elegido muerte.
El último día, estábamos paseando por la playa, cuando cogí la rosa que le había regalado y la clavé en la arena. Ella me preguntó por qué hacía eso, y yo le señalé a los rosales que su padre había plantado en el paseo marítimo.
- Mira. Mucha gente piensa que el amor es como una planta a la que hay que cuidar día a día para que florezca. Si es así, nuestro amor es como una rosa. Si la plantamos y cuidamos, se confundirá con los otros rosales, y, a pesar de su belleza, se convertirá en un rosal más, y la gente lo acabará olvidando.
Sin embargo, todo el mundo recuerda una rosa en la arena. La visión es tan hermosa y solitaria, que nadie olvida nunca la imagen. No florece, y aparentemente muere, pero el recuerdo de algo es mucho más poderoso que la vida, y por eso las rosas en la arena viven mucho más, y de forma mucho más brillante, que los rosales.
- Es la mayor estupidez que he oído en mi vida- dice el hombre del piano.
- Ey, que no soy yo el que compone canciones deprimentes aquí, ¿eh?
- Y Tenhime, ¿Qué piensa de todo esto?
- Al principio tenía celos de ella. Es comprensible, teniendo en cuenta lo que compartimos y lo que recordamos. Pero luego lo entendió, y ya no le molesta. No importa cuán hermosa haya sido una rosa. Nunca echa raíces en la arena.

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