lunes, septiembre 10, 2007

Insomne

Es increíble lo que uno es capaz de pensar cuando no puede dormir.
Llevo ya una semana en la que Morfeo me castiga, y hace que me levante a la una de la mañana, cansado pero despierto, de la cama que comparto con Tenhime, y me vaya al sofá a ver la tele, en un desesperado intento de coger sueño.
Ahí tirado, viendo la horrenda programación que hay en la televisión pública a la madrugada, me dedico a cazar fantasmas de mi pensamiento. Todas las inseguridades, todos los miedos, incluso pasiones o pecados inconfesables, aprovechan para pasearse por mi mente mientras mis ojos se clavan en la nada que proyecta el tubo de rayos catódicos.
Siempre acuden primero los miedos. Primero, a perder a Tenhime. Desafortunadamente para ella, el hecho de que le dedique mi primer pensamiento hace que detrás lleguen todos los demás pensamientos que con ella van ligados. ¿Realmente la amo? ¿La necesito? ¿Qué aporta a mi vida, y cómo podría vivir sin ella? Las reflexiones oscuras no necesita esconderse, porque la oscuridad entera es un escondite. ¿Cómo sería mi vida con otra persona?
Y entonces aparece la hija pequeña del Rey de Badar. Quizás podría dejar a Tenhime, dejar mi trabajo, e ir a Badar. Allí no necesitaria trabajar. Sólo estar junto a ella, todo el día, y recordarle por qué soy el hombre que una vez la hizo feliz. Y ella me haría feliz como sólo ella ha sabido hacerlo.
Pero el miedo a que las cosas cambien es poderoso, y por eso los buenos recuerdos sólo son buenos recuerdos. Tenhime continúa durmiendo plácidamente en su cama, en nuestra cama, la cama que, como tantas otras cosas, compartimos, y de las que no me quiero desprender. Es tan doloroso renunciar a lo que con tanto esfuerzo se ha conquistado...
Al final, siempre termino con lo mismo. "Algún día cogeré un tren y no volverán a verme. Viajaré a algún sitio lejano, y acabaré trabajando en un fast food en Yamaguchi, mientras sigo escribiendo por las noches". Luego sacudo la cabeza, reprimo mis instintos autodestructivos, y vuelvo a esa comodidad burguesa tan apoltronante a la que nos hemos ido acostumbrando todos.
Porque los cambios dan miedo, y no los deseamos.
Hasta que alguien te los impone y ya no sirve agitar la cabeza y seguir viendo la tele con la esperanza de coger sueño antes de tomarte en serio lo que estás pensando.

1 comentario:

Duff dijo...

¿Qué pasión, qué melodía
tocó el corazón humano
para conducir la mano
del sueño a la poesía?


Silvio Rodriguez



No tiene mucho que ver...pero sobre las reflexiones nocturnas sólo cabe escuchar...o leer.