martes, octubre 30, 2007

La noche/1

Cortesía de E. Galeano.

No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

lunes, octubre 29, 2007

Viajando juntos

Habían pasado diez días desde que Landelón se había marchado de mi piso, pero no fue hasta que dejé de hacer comida para tres cuando volvió a llamar a mi puerta.

Tenía un aspecto horrible: la ropa que vestía estaba polvorienta y sucia, tenía una magulladura en la mejilla, y la cara tenía un aspecto demacrado y exhausto. De no ser por su siempre presente pañuelo amarillo al cuello y el sombrero de ala ancha, podría haber llegado a pensar que el que sonreía, fatigado, en mi umbral era otra persona distinta del Viajero.

- Ey.- fue lo que dijo. No suele saludar cuando llega, así que no me extrañó.
- ¿Landelón? ¿Qué te ha pasado?
- Una incorrecta primera impresión.

Tenhime le prestó una toalla, y cuando salió de la ducha le limpió las heridas mientras yo le preparaba algo de comer. Tenía algunos cortes serios, pero la mayoría de las heridas eran contusiones y magulladuras, como si se hubiera caído rodando por una ladera rocosa.
- ¿Dónde ha sido todo esto?
- En Ishashi. Venía de visitar a los Sabios, y decidí quedarme la noche en un pueblito antes de volver aquí a recogerte. No sabía que ahí estaban los hombretones de la Princesa de Badar.

Como en cada una de las tropelías de Landelón, las piezas comenzaban a encajar ahora. La primera vez que estuvimos en Badar, Landelón causó una muy buena primera impresión en la Princesa. Tanta, que para nuestra segunda visita, ésta ya estaba irremediablemente enamorada del Viajero. Desafortunadamente, ninguna mujer ata al Viajero a un lugar, y cuando el "Espíritu de Florecita" salió del puerto, Landelón y yo íbamos en él, alejándonos de nuestras respectivas conquistas.

La hija pequeña del Rey de Badar lloró mi ausencia, según me han contado. La Princesa de Badar no tuvo tanta consideración. Ordenó a los Capas Plateadas que persiguiesen a Landelón allá donde fuere, y lo trajesen de vuelta. Por lo visto, Landelón se los encontró en la nación más idilicamente pacífica que conoce, Ishashi.

En cualquier otra fecha, el Viajero se hubiera dejado atrapar y llevar a Badar, para volver a ver a la Princesa antes de escaparse dramáticamente de nuevo. Sin embargo, se aproxima noviembre, y con él, Todos Los Santos. Desde que conocí a Tenhime, he reducido bastante la cantidad de veces que viajo con Landelón, pero la de Todos Los Santos es una de ellas. Landelón no podía permitirse el lujo de dejarme solo en tan entrañable fecha.

Sobre todo porque éste año, para Todos Los Santos, vamos a ir juntos a Badar, y no es lo mismo que le arrastren los Capas Plateadas en presencia de la Princesa, que entrar en el salón del Trono, quitándose el sombrero ante la mujer que no soporta perderle, acompañado por un hombre a quien la hija pequeña del Rey de Badar no ha conseguido olvidar...

lunes, octubre 22, 2007

Verdades

Landelón me dijo una vez:

No puedes timar a un hombre honrado.
Sólo puedes engañar a alguien que lo quiere todo a cambio de nada.
Así que dale nada, y cógele todo.

viernes, octubre 19, 2007

El tiempo

Otra vez se sentaba con nosotros el Extraño. De nuevo, parecía perdido en sus pensamientos mientras los demás conversábamos, mientras trazaba círculos sobre la mesa con el culo de la botella. Tenía las ojeras más pronunciadas que la última vez, pero ésta vez lucía un boceto de sonrisa en su cara. Mientras hablábamos de mis problemas de insomio, el Extraño pareció decidirse por participar en la conversación.

- Ayer se me apareció alguien en sueños.
- ¿Lo conocías?
- No. Era un hombre viejo pequeño y muy tiesecillo, con una gran placa de condecoración sobre su pecho clásico. En su cara arrugada veía a alguien que me tenía que resultar conocido, y sin embargo no lo era. Había algo en ese rostro que me decía que hacía años que ese hombre había muerto.
- ¿Y quién era? - intervino el hombre del piano.
- No lo sé, aún. En los días de hoy, es más fácil buscar un nombre que una cara. ¿Qué sale en un buscador si introduces una descripción?
El Viajero no tardó mucho en responder.
- ¿Porno?
Me llevé la mano a la cara, en un esfuerzo para no reprenderle su frivolidad.
- La mayor parte de las veces, sí. Pero este hombrecillo me dejó anonadado y confundido en mi sueño. Con una sonrisa en sus labios arrugados, me dijo:

"La seriedad, joven, es cosa del tiempo; se produce, esto por lo menos quiero revelártelo, se produce por una hiperestimación del tiempo. También estimé demasiado en mis días el valor del tiempo, por eso quería llegar a los cien años. En la eternidad, sin embargo, no hay tiempo, como ves: la eternidad es sólo un instante, lo suficientemente largo para una broma".

- Después, riendo, se desvaneció en la oscuridad.
Nos quedamos todos callados de repente, en esos silencios incómodos que a veces se producen en las conversaciones. Supongo que el Extraño quería que interpretásemos su sueño, pero, como dicen los juristas, in claris non fit interpretatio. El Viajero, en tono solemne, fue quien rompió el silencio.
- Era Goethe.
- ¿Goethe? ¿El de Fausto? Pero si yo no he leído nada suyo...
- Da igual. Te aseguro que ese hombrecillo poco serio era Goethe.
- ¿Cómo lo sabes, Viajero?
- Porque a mí me dijo lo mismo.

martes, octubre 16, 2007

Málevich

- ¡La he encontrado! - Ruge Landelón, entrando en mi salón de golpe y haciendo que Tenhime dé tal salto que casi se encarama al respaldo del sofá.

A veces le dan estos pinchazos, al pobre. Se obsesiona con algo, o con alguien, y centra su ociosa vida en ese objeto de deseo, hasta que, una de dos, se le pasa, o lo incorpora permanentemente a su manera de vivir. Aún recuerdo la temporada en la que, además del sombrero de ala ancha y el pañuelo amarillo en el cuello, llevaba unas espuelas de plata en las botas. Aunque de esa historia, lo más divertido fue el final, y lo contaré otro día. Lo importante es que, por lo visto, Landelón iba a pasar otra temporada obsesiva.

- ¿A quién? ¿A la Princesa?
- No, a la artista, a la chica que dibujó la muñeca.
- ¿El autorretrato?
- El supuesto autorretrato.
- ¿Por qué dices "supuesto"? Si la has encontrado, habrás ido a verla y ya la habrás conocido. Es tu estilo, Viajero.
- Es que... - titubea. Rara vez lo hace, y siempre implica algún problema- No me atrevo a conocerla. Ya sabes, desde lo de Irene, estoy un poco más cortado.

Mentira. Y lo sé. Aquí hay algo raro, y no me lo quiere contar. Afortunadamente, la luz de mi vida, que ansía venganza por el sobresalto, es mucho más perspicaz que yo, y lo demuestra sacándome del apuro.
- Dos opciones: o es alguien que conoces ya, y con la que no has tenido muy buen pie, o es Irene, que viene a ser la misma situación.
Landelón le dirige esa mirada suya de "¿Quién ha muerto y te ha dejado al mando?" que suele reservar para cuando personas non gratas se entrometen en conversaciones ajenas. Por lo visto, la aprendió de un novio celoso, que se la dirigía al Viajero cuando flirteaba con su amante.

- Ya... la conocí.
- ¿Ah sí?- Tenhime no le deja respirar- ¿Y cómo es?
- Es... le gusta Málevich.
Es raro ver a Landelón hablar de arte conceptual o moderno. Y cuando lo hace, es para criticarlo con dureza, afirmando que hacer algo que todo el mundo puede hacer, pero antes que nadie lo haga, es innovador, sí, pero no artístico. Málevich es la víctima favorita del Viajero. O, al menos, la única de la que recuerdo el nombre.

- Así que ahí está el problema. Te metiste con un artista de su gusto, frente a ella. Posiblemente, en el propio museo. Además, y de esto estoy convencido, lo hiciste en su idioma natal. Por la cara que estas poniendo, no creo estar muy desencaminado. Dime una cosa, Viajero... ¿Te escupió a la cara, o llamó a los de Seguridad?

Landelón, últimamente, no da pie con bola. Raro, muy raro en él, que colecciona amantes como los demás coleccionamos sellos. Sin embargo, sonríe, y dice:
- Me demandó por calumnia e injurias.
Me extiende la citación. Muy correctamente redactada, pero inviable. No tendré ningún problema.
- ¿Te alegra que una mujer te demande?
- Sí.- y añade, señalando al primer párrafo del escrito- Ahora ya tengo todo lo que quiero: su nombre, su dirección, y su atención.

sábado, octubre 13, 2007

Pulso firme

Quiero decir que en el miedo
siempre hay algo nuevo
Que los cobardes son tantos
como tú y yo

- Landelón.
- ¿Sí?
- ¿Por qué siempre que nos quedamos bebiendo hasta las seis de la mañana, terminamos por poner esta canción de fondo?

Querría decirte
que hoy he cambiado de firme
Y ahora mi pulso
es mucho más firme que ayer

- Porque hace compañía. Porque nos da la razón. Porque ayuda.
- ¿Ayuda a qué?
- Escucha.

Vendría a buscarte si no tengo nada mejor que hacer
Que queriendo la he vuelto a cagar otra vez
Creo que debería volver al "te quiero"
Aun si estas palabras no dicen lo que hay que decir

- No estás respondiendo a mis preguntas.
- Ni tú preguntando mis respuestas.
- ¿Qué quieres que te pregunte?
- Nada. Quiero que sepas como estoy.

Creo que debería volver al "te quiero"
Creo que debería volver al "te quiero"

lunes, octubre 08, 2007

Cortesías

Tanto por parte de una, como de la otra.

Os debo mucho más de lo que os imagináis.

jueves, octubre 04, 2007

Entre desperdicios

Landelón y yo salimos ayer del bar en un estado de completa ebriedad. ¡Qué valientes somos los hombres, cuando bebemos! Parecía que me iba a comer el mundo, pero en realidad me sentía como si quisiese vomitarlo. En un momento de descuido, resbalé, choqué contra un contenedor de basura, y caí al suelo. Landelón, apoyado en el muro y tan borracho como yo, me señaló con un pulso poco firme, y comenzó a reírse como sólo aquellos a los que todo les parece divertido pueden hacerlo.

- Sí, sí, hijodeputa. Verás cuando se te acabe la pared.

Traté de incorporarme agarrándome al borde superior del contenedor. Craso error por mi parte: el anterior borracho que chocó contra él había considerado adecuado retirar los seguros de las ruedas, y bajo mi peso, el contenedor se deslizó hacia adelante para finalmente volcarse sobre la calle y, en menor medida, sobre mí.

Tenía suerte. El contenedor era de papel, por lo que en lugar de verme recubierto de cosas pegajosas, medio podridas y repugnantes, sólo tuve que nadar en un mar de folios y cartones para salir de allí. Cuando logré sentarme en el suelo comencé a quitarme de encima todos los papeles, hasta que vi que sobre mi regazo tenía lo que parecían fragmentos de un dibujo rasgado.
- Ey, Viajero, mira ésto.
Landelón se arriesgó a separarse de su estabilizadora pared para mirar el puzzle que tenía sobre mis rodillas. En cuanto estuvo a mi alcance, le golpeé detrás de las rodillas con mi mano, y Landelón pronto cayó a mi altura. Cuando terminó de decir cosas bonitas acerca de mi madre, le enseñé el dibujo que, juntando los pedazos rasgados, iba descubriendo.
- No está... nada mal.- dijo el Viajero.
- ¿Por qué tiene ese aspecto de muñeca?
- Quizás lo sea. Busca la firma, a ver si podemos localizar a la autora.
- ¿Autora? ¿Qué te hace pensar que...?
- El trazo es suave, buscando una delicadeza que está guiada más por un ideal de la modelo que por la propia modelo en sí... Esto lo ha dibujado una mujer. Posiblemente, mirando una foto o un espejo. Un hombre hubiese dibujado algo más idílico e improbable, o bien algo más realista y tosco.
Mi respuesta fue mirarle fijamente, parpadeando las veces suficientes como para denotar mi perplejidad. El Viajero pareció sentirse avergonzado de repente.
- ¿Qué? ¿A uno no le puede gustar el arte?
- Mentira. Te gusta la artista. Has visto algo en este dibujo que te ha hecho recordar, y quieres conocer a la autora para saber si tiene algo que ver con ese recuerdo.
El Viajero me miró, con los ojos traslúcidos por el alcohol. Por un momento, lo ví triste, con esa mirada que parece pedir socorro y cariño a partes iguales.
- Ha tirado el dibujo. Lo considera basura, no le gusta ni a sí misma. Me recuerda a tí.
- ¿Sabes? Yo también te quiero. Sé que lo último que he escrito es basura, y no me gusta ni a mí mismo. Pero hubo gente que me apoyó, como hay gente ahora que cree en mí. Y eso me anima a seguir escribiendo.
Justo después de decirlo fué cuando me escuché a mí mismo, y me dí cuenta de lo dramática que había quedado mi frase. Me resultó ridícula, pero ya que la había dicho, no me quedaba otra que creérmela.

El alcohol puede enturbiar tu raciocinio, pero también saca de tí cosas que no sabías que guardabas ahí dentro. Y entre la bruma de mis recuerdos, saqué algo que creía perdido en mi memoria.
- El Gran Leonardo me dijo una vez "Quizás lo que escribas sea basura, pero una de las funciones de la basura es el reciclaje".

lunes, octubre 01, 2007

Granitos de inspiración

Cortesía de Furgo

Me gusta tanto ser yo
que no me niego nada.
Luego, claro, no soy
ni mucho, ni poco, ni nada.