jueves, octubre 04, 2007

Entre desperdicios

Landelón y yo salimos ayer del bar en un estado de completa ebriedad. ¡Qué valientes somos los hombres, cuando bebemos! Parecía que me iba a comer el mundo, pero en realidad me sentía como si quisiese vomitarlo. En un momento de descuido, resbalé, choqué contra un contenedor de basura, y caí al suelo. Landelón, apoyado en el muro y tan borracho como yo, me señaló con un pulso poco firme, y comenzó a reírse como sólo aquellos a los que todo les parece divertido pueden hacerlo.

- Sí, sí, hijodeputa. Verás cuando se te acabe la pared.

Traté de incorporarme agarrándome al borde superior del contenedor. Craso error por mi parte: el anterior borracho que chocó contra él había considerado adecuado retirar los seguros de las ruedas, y bajo mi peso, el contenedor se deslizó hacia adelante para finalmente volcarse sobre la calle y, en menor medida, sobre mí.

Tenía suerte. El contenedor era de papel, por lo que en lugar de verme recubierto de cosas pegajosas, medio podridas y repugnantes, sólo tuve que nadar en un mar de folios y cartones para salir de allí. Cuando logré sentarme en el suelo comencé a quitarme de encima todos los papeles, hasta que vi que sobre mi regazo tenía lo que parecían fragmentos de un dibujo rasgado.
- Ey, Viajero, mira ésto.
Landelón se arriesgó a separarse de su estabilizadora pared para mirar el puzzle que tenía sobre mis rodillas. En cuanto estuvo a mi alcance, le golpeé detrás de las rodillas con mi mano, y Landelón pronto cayó a mi altura. Cuando terminó de decir cosas bonitas acerca de mi madre, le enseñé el dibujo que, juntando los pedazos rasgados, iba descubriendo.
- No está... nada mal.- dijo el Viajero.
- ¿Por qué tiene ese aspecto de muñeca?
- Quizás lo sea. Busca la firma, a ver si podemos localizar a la autora.
- ¿Autora? ¿Qué te hace pensar que...?
- El trazo es suave, buscando una delicadeza que está guiada más por un ideal de la modelo que por la propia modelo en sí... Esto lo ha dibujado una mujer. Posiblemente, mirando una foto o un espejo. Un hombre hubiese dibujado algo más idílico e improbable, o bien algo más realista y tosco.
Mi respuesta fue mirarle fijamente, parpadeando las veces suficientes como para denotar mi perplejidad. El Viajero pareció sentirse avergonzado de repente.
- ¿Qué? ¿A uno no le puede gustar el arte?
- Mentira. Te gusta la artista. Has visto algo en este dibujo que te ha hecho recordar, y quieres conocer a la autora para saber si tiene algo que ver con ese recuerdo.
El Viajero me miró, con los ojos traslúcidos por el alcohol. Por un momento, lo ví triste, con esa mirada que parece pedir socorro y cariño a partes iguales.
- Ha tirado el dibujo. Lo considera basura, no le gusta ni a sí misma. Me recuerda a tí.
- ¿Sabes? Yo también te quiero. Sé que lo último que he escrito es basura, y no me gusta ni a mí mismo. Pero hubo gente que me apoyó, como hay gente ahora que cree en mí. Y eso me anima a seguir escribiendo.
Justo después de decirlo fué cuando me escuché a mí mismo, y me dí cuenta de lo dramática que había quedado mi frase. Me resultó ridícula, pero ya que la había dicho, no me quedaba otra que creérmela.

El alcohol puede enturbiar tu raciocinio, pero también saca de tí cosas que no sabías que guardabas ahí dentro. Y entre la bruma de mis recuerdos, saqué algo que creía perdido en mi memoria.
- El Gran Leonardo me dijo una vez "Quizás lo que escribas sea basura, pero una de las funciones de la basura es el reciclaje".

1 comentario:

Duff dijo...

quizá tenía miedo de ser un Dorian Gray, un retrato contiene un alma, ver el alma mismo en frente de ti a veces duele. No se mira.