lunes, octubre 29, 2007

Viajando juntos

Habían pasado diez días desde que Landelón se había marchado de mi piso, pero no fue hasta que dejé de hacer comida para tres cuando volvió a llamar a mi puerta.

Tenía un aspecto horrible: la ropa que vestía estaba polvorienta y sucia, tenía una magulladura en la mejilla, y la cara tenía un aspecto demacrado y exhausto. De no ser por su siempre presente pañuelo amarillo al cuello y el sombrero de ala ancha, podría haber llegado a pensar que el que sonreía, fatigado, en mi umbral era otra persona distinta del Viajero.

- Ey.- fue lo que dijo. No suele saludar cuando llega, así que no me extrañó.
- ¿Landelón? ¿Qué te ha pasado?
- Una incorrecta primera impresión.

Tenhime le prestó una toalla, y cuando salió de la ducha le limpió las heridas mientras yo le preparaba algo de comer. Tenía algunos cortes serios, pero la mayoría de las heridas eran contusiones y magulladuras, como si se hubiera caído rodando por una ladera rocosa.
- ¿Dónde ha sido todo esto?
- En Ishashi. Venía de visitar a los Sabios, y decidí quedarme la noche en un pueblito antes de volver aquí a recogerte. No sabía que ahí estaban los hombretones de la Princesa de Badar.

Como en cada una de las tropelías de Landelón, las piezas comenzaban a encajar ahora. La primera vez que estuvimos en Badar, Landelón causó una muy buena primera impresión en la Princesa. Tanta, que para nuestra segunda visita, ésta ya estaba irremediablemente enamorada del Viajero. Desafortunadamente, ninguna mujer ata al Viajero a un lugar, y cuando el "Espíritu de Florecita" salió del puerto, Landelón y yo íbamos en él, alejándonos de nuestras respectivas conquistas.

La hija pequeña del Rey de Badar lloró mi ausencia, según me han contado. La Princesa de Badar no tuvo tanta consideración. Ordenó a los Capas Plateadas que persiguiesen a Landelón allá donde fuere, y lo trajesen de vuelta. Por lo visto, Landelón se los encontró en la nación más idilicamente pacífica que conoce, Ishashi.

En cualquier otra fecha, el Viajero se hubiera dejado atrapar y llevar a Badar, para volver a ver a la Princesa antes de escaparse dramáticamente de nuevo. Sin embargo, se aproxima noviembre, y con él, Todos Los Santos. Desde que conocí a Tenhime, he reducido bastante la cantidad de veces que viajo con Landelón, pero la de Todos Los Santos es una de ellas. Landelón no podía permitirse el lujo de dejarme solo en tan entrañable fecha.

Sobre todo porque éste año, para Todos Los Santos, vamos a ir juntos a Badar, y no es lo mismo que le arrastren los Capas Plateadas en presencia de la Princesa, que entrar en el salón del Trono, quitándose el sombrero ante la mujer que no soporta perderle, acompañado por un hombre a quien la hija pequeña del Rey de Badar no ha conseguido olvidar...

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