jueves, noviembre 22, 2007

Espíritu Crítico.

- ¿Y cómo dices que es de guapa? - pregunta Landelón.
- Pues... hombre, yo diría que 0.6 helenios. - replica el Extraño
- Eso es mucho... - "Te estás pasando" parece ser la frase que se oculta tras ese comentario.
- Sep. Y eso que trato de ser objetivo.

Seguro que os ha pasado alguna vez. Estáis completamente hundidos en la miseria, y vuestros amigos acuden prestos en vuestro apoyo. Y, cuando estáis hablando de cualquier cosa para quitarte los problemas de la mente, uno de ellos comienza a hablar de un tema que te vuelve a deprimir profundamente.

En mi caso, Landelón vino para animarme por lo de Tenhime. Y a cuento de nada, el Extraño le acompañó. Durante un rato, estuvimos hablando de Prattchett y Gaiman, de Martin y Tolkien, de Eurípides y Plauto. Y a raíz de nosequé, el Extraño comenzó a hablar de una joven a la que había conocido.

Y conforme iba hablando de ella, me empecé a dar cuenta de que se comportaba como yo, hace tres años, cuando me enamoré de Tenhime. Hablaba de ella con espíritu crítico, con palabras poco idealistas, pero una sonrisa tonta en los labios. Resaltaba sus virtudes, sus manías, y hasta había apreciado uno o dos defectos en ella ("No es algo que se considere bueno", dijo), pero al muy imbécil no parecían importarle ("Claro que es imperfecta. No me gustaría de otro modo"). Todo era tan absolutamente similar a mi caso con Tenhime, que me vinieron a la cabeza millares de recuerdos, y me volví a hundir en la tristeza. El Extraño me sonreía, pero a mí me daban ganas de partirle la cara.

Desde la bronca del otro día, Tenhime no ha aparecido por casa. Últimamente tampoco estaba mucho por ella, pero ahora el matiz es diferente. La espera no tiene sentido, si decide no venir. Es absurdo. Todo era mejor cuando sabía que, tarde o temprano, estaría revoloteando por el piso, ajena a las oscuras actividades a las que nos dedicábamos Landelón, el hombre del piano, el Extraño y yo. Ahora no estaba trabajando fuera del país. Ahora estaba pensando si podría volver a besarme sin pensar en la hija pequeña del Rey de Badar.

- Así que tengo ganas de ver más dibujos suyos. - dice el Extraño.
- Dídac no. Mira el lío en el que se ha metido por el último dibujo de tu... Artrista.
Aquí falla algo. Me veo obligado a volver a la conversación.
- ¿Ahora habláis de Inés?
- Y antes también.
- ¿Inés es la que has...? Dios... te la estás jugando, ¿lo sabes?
El Extraño señala a la insignia del Gremio de Jugadores que luce en su pecho, y me pregunta si he leído bien lo que pone.

Alguien ha llegado a mi piso. El Extraño y Landelón miran hacia el recibidor, y palidecen.
- Esto... creo que ha llegado el momento de que nos vayamos.
Cuando han dejado el piso, Tenhime avanza hacia mí. Se sienta en el sofá, enfrentando su cuerpo al mío con un metro de distancia entre ellos. El universo entero ocupa esa distancia.

Me mira con ojos enrojecidos. Yo le mantengo la mirada, pero no orgulloso y desafiante. Le miro como un cordero degollado. Como un mendigo moribundo. Como si no pudiese respirar. Como un hombre enamorado. Ella sostiene la mirada, oscura, inescrutable como la mayoría de las mujeres.

Y entonces, se derrumba sobre mí, dejándome que la abrace.
- Eres un imbécil- dice.
- Lo sé. Pero te quiero.

3 comentarios:

Yäshkia dijo...

Te odio...

sir Potato dijo...

Creo que hay que explicar un concepto. Para todos aquellos que no sepan cuanto es 0.6 helenios (una barbaridad si me permites el atrevimiento):
Un helenio es la belleza que se debe tener para que partan mil barcos en tu busca. Así que 0.6 helenios son nada más y nada menos que 600 naves de guerra (con todos sus soldados y pertrechos correspondientes).

PD: ¿Soy yo, o Diego a conseguido viajar en el tiempo? ¿Cómo has conseguido llegar hasta mañana, jueves 22 de Octubre de 2007, colgar el relato y volver para estar en la uni esta mañana? Anonadado me has.

Pamplona,14:00_21-11-2007

Dídac dijo...

Claro que sé que es una barbaridad. De hecho, en el original, el Extraño decía 0.3 helenios, pero me dí cuenta de que esa cifra era más plausible. Y entonces el comentario de Landelón estaría fuera de lugar.

En efecto, un helenio es la belleza suficiente para mover mil naves.
Como siempre, es demasiado bueno como para ser mío.

Y no, no he conseguido viajar en el tiempo: se lo he robado a alguien que el jueves no lo iba a emplear.