domingo, noviembre 18, 2007

Historias del Reino de Badar (II): Miserias y Penurias

Una vez, un Viajero llegó a un reino lejano, y vio que era el sitio más miserable en el que jamás había estado. Los campos estaban áridos, los bosques marchitos, el ganado famélico, y las personas hambrientas, enfermas y tristes.

“¿Qué ocurre?” Preguntó “¿Por qué está todo el reino hundido en esta desgracia?”
“Ay, Viajero” le contaron “nuestra desgracia habita en una torre en medio del bosque. Es el hogar de una malvada bruja que obtuvo su magia pactando con un demonio. Se dice que éste le puso una condición: que jamás hiciera una buena obra. De tener un gesto de bondad, perdería todos sus poderes de inmediato. Por eso, embruja la tierra y trae miserias y penurias al reino”

El Viajero decidió ayudar a esa gente, y puso rumbo a la torre de la bruja. En el centro de un bosque marchito y seco se alzaba la torre de la bruja, oscura y amenazadora.
“Has invadido mi territorio” le dijo ésta “y por eso serás encerrado”

La bruja arrojó al Viajero a la más horrible catacumba de su torre. Al cabo de unos días, bajó a las mazmorras para deleitarse con el sufrimiento de su prisionero pero, cuál fue su sorpresa, cuando lo halló sonriente.
"Estoy bien, muchas gracias. Siempre he vagado por el mundo, y es estupendo tener un techo bajo el cual dormir todos los días” le dijo.

La bruja, temerosa de perder sus poderes al haber ayudado al Viajero, rellenó de piedras su lecho para que no pudiese dormir. A los días, bajó a la mazmorra otra vez, y volvió a encontrarlo sonriendo.
“Gracias, gracias. Antes dormía demasiado, pero ahora que no puedo dormir mucho, tengo más tiempo para meditar”

La bruja tenía cada vez más miedo de estar siendo buena, así que conjuró una nube de moscas que distrajeran al Viajero de sus meditaciones. Al día siguiente estaba feliz otra vez.
“Antes no entendía cómo podían las moscas volar tan rápido sin chocarse unas con otras. Ahora que me regalaste un enjambre de ellas, he podido observar cómo lo hacían”.

Y así, durante un año y un día, la bruja hacía pasar una calamidad tras otra al Viajero, pero éste continuaba soportándolas con una sonrisa y agradeciéndole cada penuria que le conjuraba.
Finalmente, la bruja pensó “Si tan feliz le hace mi encierro, le desgraciará la libertad” y liberó al Viajero.

Cuando lo vio partir, se dio cuenta desde su torre de que había estado tan ocupada torturando a su prisionero, que se había olvidado del resto del reino: el bosque ya no estaba marchito y seco, ni la tierra árida, ni las personas infelices. Todo era frondoso, verde y rico.
Al intentar lanzar un maleficio sobre la tierra que antes embrujaba, se dio cuenta de que había perdido sus poderes. Al verse engañada por el Viajero, que le había hecho creer que disfrutaba de las miserias que le había hecho pasar, la bruja se enfureció, llena de rabia, pero ahora sólo era una anciana loca, sola en su torre, y nunca más podría hacer mal a nadie.

Los habitantes del reino aclamaron la valentía del Viajero, y hasta el propio Rey le ofreció la mano de su hija, pero lo que sucedió entonces, ah, lo que sucedió entonces, es para contarlo en otra historia.

3 comentarios:

Duneiel dijo...

¿Y qué pasó después? :D

Duff dijo...

[plas plas plas] Aplaudía la dama al viajero cuentacuentos fervorosamente...

sir Potato dijo...

Como casi todos los grandes artistas, cuando estas pasando un mal momento, tus relatos ganan algo que no puedo explicar. Cierto tono oscuro que engrandece la obra de todo aquel que mira el mundo tras los oscuros cristales de sus depresivas gafas de sol.

Me alegro de que ahora lleves lentillas ;)