jueves, noviembre 01, 2007

Historias del Reino de Badar

El Palacio de Mármol de Badar, para el ojo entrenado y la mente culta, poseía una belleza sin límite. El edificio podría parecer en un principio enteramente neoclasicista, pero descubrías los toques eclecticistas en la decoración si lo examinabas con más detenimiento, sin tener en cuenta que se encontraba coronado por bóvedas de bronce de estilo Bizantino. En su interior se celebraba una de esas fiestas elitistas que la nobleza de Badar era tan propensa a dar. Y allí, en Todos Los Santos, estabamos Landelón y yo.

Junto a una mesa cubierta de canapés, me apoyaba en una columna próxima. Landelón estaba sentado a apenas metro y medio, con su pañuelo amarillo en lugar de pajarita o corbata, y el sombrero bien puesto. Los dos sosteníamos nuestras respectivas copas con gesto desganado; incluso me había permitido el lujo de servirme un tinto de Badar, aprovechando que Tenhime no se encontraba en el país.

- Con ustedes, Lady Isabel Mylene, Princesa de Badar. - anuncia el mayordomo. Landelón se recuesta en su silla, arrogante. Yo tomo un sorbo del vino, preparándome para el acto primero de lo que promete ser la mejor obra dramática del año.

Como toda princesa, entra radiante. Su traje aguamarina destaca el negro de su pelo, que a su vez hace relucir el blanco de su sonrisa. La gargantilla de diamantes que lleva, como una telaraña, contra su pecho puede valer más que mi vida. De la púa de su pelo cuelgan tres trenzados de hilo de plata, hasta casi llegar al suelo. Sonríe al grupo de psicofantes y aduladores que la rodean en cuanto entra en la sala, y luego sus ojos encuentran al Viajero que, sin levantarse, se quita y pone el sombrero como saludo.

Sus ojos se abren como platos, y hace un gesto rápido con la cabeza. Cuatro capas plateadas salen de la nada, en su ceremonial armadura de placas, levantando en volandas al Viajero y literalmente arrastrándolo ante la princesa. Landelón no pierde la sonrisa en ningún momento; casi parece divertirle el revuelo que está (que estamos) causando. Yo mantengo el tipo, y doy otro sorbo al excelente caldo de Badar.

- ¿Cómo va, Princesa?- pregunta el Viajero.
La bofetada le hace girar la cara, mientras una de sus mejillas comienza a ponerse colorada.
- ¿Cómo osas presentarte aquí?
El Viajero la mira a los ojos, y en su cara enrojecida brota de nuevo la perenne sonrisa de canalla.
- Porque era lo que vos queríais, ¿no? Si no, ¿para qué tanta capa plateada?

Unos dedos delgados y fríos se deslizan por mi cuello, y me distraen del espectáculo. Al girarme sobresaltado, me encuentro cara a cara con la hija pequeña del Rey de Badar, cuyos ojos azules me miran llenos de gozo.
- Te he echado de menos.
- Y yo a tí. Pero... - no me deja terminar la frase. Me da un beso rápido sobre los labios, como para callarme, y me coge la mano.
- Ven, vamos pasear por la playa. Tienes mucho de qué hablarme, cuentacuentos.
- Pero, Tenhime...
- Sshh... - me susurra, mientras sus ojos inundados de radiante alegría me atraviesan las pupilas- Seré leve... y parecerá que no te amo.

4 comentarios:

Letichan dijo...

¿Te he comentado ya que me encanta el mundo que has recreado? ¿Que regreso a él con la familiaridad de quien ha sido antes invitado?
Me gusta cómo han celebrado el Día de todos los Santos. Y me gusta la discreción de la hija pequeña del rey...

Duff dijo...

Casi puedo imaginarme el edificio... Me imagino Badar como una pequeña Babilonia...seguro que huele a vainilla.

Y Landelon con su pañuelo amarillo...por Madrid hay gente muy variopinta, si algún día me encuentro a alguien así le haré una foto y te la envío.

Dídac dijo...

Duff: ¿Casi? Uno no puede "casi" imaginar. Uno imagina. Como mucho, podrías decir que "casi" ves Badar, pero en ese caso "casi" verías el Badar que yo he visto, y no el que tú imaginas.

Algún día te digo donde está.

Leticia: Gracias. Siempre son pocas las que te doy, y soy yo el que debe dártelas a tí. ¿Para cuándo me envías algo tuyo?

Cels dijo...

Gran día de Todos los Santos, y mejor noche.

La hija pequeña del rey de Badar siempre tan.... adecuada.

Yo ahora conozco a mi brillante oscuridad, aún es hetérea y no puedo tocarla, pero puedo admirarla y eso ya me ilumina.