lunes, noviembre 05, 2007

Rumbo al exilio

El barco cortaba el mar, rumbo a Myr. Lord Davenfor Rykker, ahora un exiliado acusado de traición, miraba desde el castillo de popa como Poniente se iba convirtiendo en una línea oscura cada vez más irreconocible en la distancia. Allí ya no quedaba nadie para él. Su padre había rehusado ayudarle. Su príncipe parecía estar condenado al frío Muro, si no lograba escapar. Sus tierras eran gobernadas por un cambiacapas. Y Alyssa... Alyssa había muerto.

Con él viajaban los pocos hombres que le quedaban leales. La bodega estaba llena de las posesiones que había logrado salvar, y de los tesoros que nadie podría arrebatarle, aunque se viese obligado a venderlos para subsistir en el exilio. En Myr, dos futuros le esperaban. Quizás un final apacible, una casa con un patio lleno de luz, y un lento marchitarse hasta la muerte. Quizás una espera impaciente, hasta que el Príncipe Arys pagase su lealtad y le devolviese lo que había ganado con sangre y sudor.

Ser Markek de Adlas, Olyver Clegane y Atom Marbrand eran los pocos hombres que le habían seguido al exilio en Myr. Atom continuaba enfermo en las bodegas inferiores, y Olyver seguía sospechando que había sido envenenado por los Stark. Ser Markek le había sorprendido con una muestra de lealtad sin límites. Ahora velaba por su señor en el exilio, aun pudiendo haber jurado fidelidad a Ser Arti, el nuevo Lord Rykker.
- Mi señor... ¿Cuáles son sus planes en Myr?
- Contactar con los agentes del Príncipe Arys. Contratar ballesteros myrienses. Establecer alguna reunión con los Hombres sin Rostro de Braavos. Negociar el contrato de los Segundos Hijos o de la Compañía Maldita.
- Entonces... ¿Preparamos un alzamiento?
El rostro ensombrecido de Davenfor no se apartaba de la visión de un Poniente lejano y oscuro. Su voz, en cambio, pareció relajarse y, en lo más profundo de su corazón, Ser Markek notó que su señor se rendía.
- También podríamos comprar una casa, y abrir alguna ruta de comercio con Lys o Pentos. Podríamos plantar naranjos, o formar una escuela para los hijos de los mercaderes Myrienses. La guerra no tiene por qué estar en nuestros planes.

La voz de Olyver Clegane interrumpió la conversación cuando subió con zancadas poderosas al castillo de popa, arrastrando dos pequeños bultos oscuros.
- Pues haced sitio en vuestros planes para ellas.
Al arrojar frente a sí los bultos, Davenfor y Ser Markek descubrieron que eran las jóvenes hijas de Lord y Lady Caron, aún vistiendo los dorados vestidos que llevaron en el torneo, pese a que los habían cubierto por pesadas capas grises.
- Las encontré de polizones en la segunda bodega. Para mí que deberíamos tirarlas por la borda.
Davenfor vió el horror en los ojos de las chiquillas ante la macabra idea de arrojarlas en alta mar a una muerte segura. Sin embargo, los Caron eran amigos personales de Davenfor, y no podía permitir una crueldad semejante.
- ¿Qué hacíais ahí metidas? ¿Sabe vuestra madre dónde estáis?
Las niñas agacharon la cabeza.
- No... pero nos da igual. Ni yo seré septa, ni ella se casará con ese hombre horrible. ¡Yo quiero ser una capitana pirata!
- Pues aprende a nadar primero. Por la borda- sentenció Clegane.
- Mi señor, los Caron pueden...- intercedió Ser Markek.
- Lo sé, lo sé. Pero ahora no podemos volver a Poniente. Lady Myranda expresó su intención de venir a visitarme a Myr, así que es posible que tengamos que cuidar de este par de salvajes hasta entonces.
Las jóvenes estallaron en una confusa mezcla de ruegos, amenazas, insultos y súplicas de libertad, en las que cada una solapaba los argumentos de la otra. Davenfor estaba cansado, cansado de agachar la cabeza, de aceptar órdenes, y de perder a seres queridos. Cansado de todo. Levantó ambas manos para callar a las niñas.
- Yo no soy vuestra madre, pequeñas. Y puede que pase mucho tiempo antes de que ella llegue a Myr. Así que comportáos como debéis.
Lord Davenfor Rykker, hijo de Lord Lannister, se caía a pedazos. De los hombres hechos de ceniza, surgen personas nuevas. Davenfor miró condescendientemente a sus nuevas pupilas, quienes vieron por primera vez ternura en sus ojos.
- Y puede que yo me comporte con vosotras.

Previendo los planes de su señor, Olyver Clegane resopló resignado. Ya podía oír las quejas indignadas de Lady Myranda, cuando viese en qué se iban a convertir sus criaturitas...

10 comentarios:

Mere dijo...

Amarei Caron, presente :D

Me encanta el relato y que me adoptes temporalmente (a). ¡Allá vamos, Myr!

Por cierto, tengo el mismo template en el blog jajaja

Duneiel dijo...

¡Genial! ¿En qué nos convertirás :D? ¿Vamos a aprender magia? Jijijiji....

Bombur dijo...

Eres un mago, Dídac, eres un mago.

Tengo que ponerlo en consenso, pero dalo por validado.

Un abrazazo ^^

Eleder dijo...

Pero pero pero!!!! XD ¡Vas a matar a los pobres Caron si aceptamos esto! XD

Pero igual que la otra vez, Dídac, impresionante. ¿No aceptarías un cargo de croniquero oficial inter-partidas? O:)

Hay muchas cosas que van a pasar en Myr, ya veréis ;)

Gilen dijo...

De aqui no puede salir nada bueno xDDDDD

Enhorabuena por el texto...serás el siguiente jugador en caer? ;P

Anónimo dijo...

Espero Lord davenfor q me haga llegar inmediatamente un cuervo comunicándome el pequeño incidente con mis hijas. Por supuesto os visitaré lo antes posible y si sois tan amable de transmitirle un mensaje a mis hijas me gustaría poner en su conocimiento q ¡¡¡voy a matarlas!!!.

Genial el relato, un besin.

Cris(Lady Myranda Caron)

DaNi dijo...

+1 a Bombur

Dídac dijo...

No puedo hacer otra cosa sino expresar mi agradecimiento a todos vuestros (inmerecidos) elogios. Y sí, acepto cualquier puesto de croniquero, rumorero y relatista por encargo siempre que lo queráis.

Y, Lady Myranda, no os preocupéis. Cuidaré de vuestras hijas como si fueran las mías, las que nunca pude tener.

Sir Potato dijo...

No se preocupe Lady Myranda que yo me ocupare de ellas. Quizas no sere el que mejor les trate, pero seguro que cuando termine con ellas volveran al nido arrepentidas de haber tomado la decision de alejarse de su casa (si es que en el fondo soy un sentimental)

firmado: Oliver Clegane

Markek de Adlas dijo...

Por lo que he visto hay un cadaver de un... digamos... señor muy grande, que puede demostrar que pueden defenderse solitas ambas dos.

Pueden venir bien a bordo. Lo mismo son ellas las que tienen que hacer de nosotros hombres de provecho.