martes, diciembre 04, 2007

Contraadicción

Creo que fue Cecil B. DeMille quien dijo "Una buena película comienza con un terremoto. Y de ahí, para arriba". Landelón debía saberlo, porque inició la conversación con un cañonazo.
- Espero que no hagas ni una tontería más con la hija pequeña del Rey de Badar. Fátima estuvo hablando horas con Tenhime. No tienes ni idea de lo que le cuesta ser empática.

No tenía ni idea de que la "hassassiyyin" había tenido nada que ver en la solución del problema con Tenhime. Fátima no suele inmiscuirse mucho en asuntos ajenos, y me sorprendió que tuviese ese gesto conmigo. Supongo que pensó que sería bueno para Landelón.
- Por supuesto. Ni una tontería más- digo, automáticamente. Con el gesto habitual, le pido a la camarera habitual mi cerveza sin con limón habitual.

Desde el inicio de la discusión, no había parado de pensar en la hija pequeña del Rey de Badar, y en Tenhime. Antonio Machín decía que no se puede querer dos personas a la vez, y no estar loco. Landelón ha tenido tantas conquistas, tantas amantes... y sin embargo, llevaba a Fátima en su corazón en todo momento. Quería saber cómo lo hacía, cómo apartaba esa mirada acusadora que te dirige la conciencia cuando acaricias una piel que no es la que te pertenece, cuando besas unos labios distintos a los que realmente quieres, cuando haces el amor a otra que no es la que amas.

Y aun así, no sabía si eso me serviría, porque no sé realmente si alguna vez dejé de amar a la hija pequeña del rey de Badar. Y quiero a Tenhime con locura, y no quiero perderla por nada de este mundo. Salvo, quizás, por la hija pequeña del Rey de Badar. En realidad, no, ni siquiera por ella. Salvo que pudiera quedarme en Badar para siempre. Excepto si...

-Estás pensando en ella.
- No es verdad.
- Por supuesto que sí. Estás dibujando un reloj de arena sobre la mesa.
Parpadeo, y centro mi vista sobre la madera. Ahí está trazado una especie de ocho encerrado en un rectángulo, hecho con las gotitas de agua condensada en el culo de la botella de cerveza.
- Bueno... quizás.
- ¿Sabes que algún día te meterás en un problema por ella, verdad?
- Y tú con la Princesa Isabel.
- Mis problemas llevan un velo negro.
- Y los míos un reloj de arena.
- ¿La amas?
- Sí. No. No sé. Quizás.
- Amar es como estar embarazado. O lo estás, o no lo estás.
- No es cierto. Puedes querer mucho una persona sin estar enamorado.
- Pero entonces no le amas, le quieres.
- Imbécil.
- Yo también te quiero. Entonces, ¿la amas?
- No. Sí. No sé.

La tragedia es poderosa, pienso. Algunos, quizás, estamos hechos para sentirnos desgraciados nos ocurra lo que nos ocurra. Nos gusta ese sentimiento de felicidad incompleta, de constante frustración. Esa espinita clavada en el corazón nos estimula a seguir adelante, a filtrar el mundo entero con un velo de amargura que nos ayuda a sacar lo mejor, o lo peor, de nosotros mismos.

En ocasiones pienso que, si llovieran besos, yo sería el único con un paraguas.

1 comentario:

Yäshkia dijo...

Sí.

No.

Quizás...

Quién sabe. Puede que algún día.

^.^