martes, diciembre 18, 2007

La Risa

Estábamos llegando a Badar por el camino que empleé la primera vez: subiendo por la adoquinada Calzada de Marfil. Irónicamente, la Calzada de Marfil no está hecha de marfil, y nadie sabe por qué se llama así. Supongo que, quizás, las antiguas estelas con las que marcaban los distintos caminos de la Calzada estarían hechas de ese material.

- ¡Ey, mira, Dídac, La Loma sigue ahí! - grita Landelón, ilusionado, y se separa del grupo para subir a un terraplén lleno de árboles.
"Claro que La Loma sigue ahí, Viajero", tengo ganas de decirle. Es una loma. No se mueve, salvo con explosivos. Y en Badar no se usa mucho de eso. Sin embargo, reconozco que yo también tenía ganas de volver a subirme a La Loma, así que dejamos atrás al resto del séquito y corrimos cuesta arriba.

Una vez pasas los árboles, La Loma te permite la visión más bonita de Badar. Desde allí, la ciudad entera resplandece, como un amplísimo campo de tejados de bronce. No se alcanza a ver el delta del Dwat, pero sí se atisba un indicio de mar en el horizonte. Se ve cada casa y castillo de Badar, los barrios de los Artesanos, el Distrito de la Plata, incluso el Pináculo de Toremund. Los Jardines Colgantes, el Faro de Bienvenida, y la Casa de la Esperanza. Prácticamente, todo Badar está al alcance de la vista desde La Loma, a la que posiblemente llamen de otra forma en todo el reino, pero a la que Landelón y yo bautizamos como La Loma la primera vez que llegamos juntos a Badar.

- Qué, Viajero, ¿llegamos como la primera vez?- le propongo.
- Para mí fue la segunda.
- Oh, vamos. Sabes a qué me refiero. Como la primera vez que llegamos juntos.
- Si insistes...

Nos colocamos en el borde de La Loma, y, con dos o tres golpes de talón, rompemos el borde de tierra que nos separa del terraplén. La caída subsiguiente se convierte en una carrera de rodar, deslizarse, arañarse, rebozarse de polvo, golpearse, volver a rodar, tratar de agarrarse a las raíces y hierbas, y volver a golpearse, y llenarse de tierra, hasta que llegamos a la falda de La Loma.

Cuando Yanroud y el emisario de la Reina, ese hombrecillo con cara de roedor, nos alcanzan (la distancia más corta entre dos puntos es la nada; y después, la línea recta. Bajar por la Calzada de Marfil cuesta doce minutos más que rodar por el terraplén desde La Loma), estamos aún tirados sobre la hierba, con una risa estúpida y descontrolada saliendo de nuestros pulmones como si la hubiéramos estado almacenando durante décadas. Estamos cubiertos de polvo y tierra, y mañana tendremos el cuerpo lleno de cardenales, pero el vertiginoso descenso y el recuerdo de la primera vez que lo hicimos nos llena el alma de alegría.

- Pero, ¿qué están haciendo?- dice el emisario, mirándonos ultrajado. Yanroud, en cambio, nos contempla divertido. Seguro que de vuelta, él se tira otra vez con nosotros por La Loma. - ¡La Reina está enferma! ¿Cómo pueden perder el tiempo con juegos banales y risas?
Landelón se incorpora, recoge su sombrero y le empieza a sacudir el polvo de encima.
- Porque no hay nada que ilumine tanto los tiempos oscuros como la risa, emisario.
- Ya veo... Cualquier tiempo pasado fue mejor, ¿no?
Landelón le mira, perplejo, y parpadea.
- No. Cualquier tiempo pasado fue anterior.
Yanroud ríe. Yo, en cambio, no he parado de hacerlo. El emisario parece enfurecerse, pero entonces su facciones ratoniles se relajan, y una sonrisa curva sus finos labios.
- ¿Ve?- dice Landelón- Ahora el mundo es un lugar menos oscuro, ¿no cree?

5 comentarios:

Cris dijo...

Al fin he podido leer el blog desde los inicios: todo un regalo de cumpleaños.
No te lo tomes como una declaración de amor, pero tus relatos me tienen enamorada ;)

Gracias por no esconderlos, por compartirlos con el resto de mortales.

Dídac dijo...

La pregunta es, ¿regalo de cumpleaños para tí, o para mí?

La mitad de los relatos están ahí porque los necesito. La otra mitad, porque así los otros son más fáciles de soportar.

Espero poder seguir ofreciendo a mis escasos lectores obras de la misma calidad... o mejores, que ésa es la intención.

Cris dijo...

Pues entonces es un regalo de cumpleaños compartido.

Y, te lo parezca o no, tienes verdaderas maravillas.

No nos abandones.

Duff dijo...

Son cuentos simbolistas. Donde cada palabra encierra tres y así sucesivamente...

Cels dijo...

El pequeño dídac ha sido capaz de crear cuentos que son adorados por la mayoría por su belleza y calidad; y sus amigos y conocidos por eso y la interpretación de la simbología.

Sólo te lo dije cuando dejaste de publicarlos, así que, ni se te ocurra.