lunes, diciembre 29, 2008

Solterías

- Ey, tú.- dice el Clasificado. Como lo dice mirando en dirección a mi silla, supongo que se está refiriendo a mí, así que opto por responder, ya que no conviene soliviantar a alguien habituado a llevar una armadura de placas ceremonial de dos cifras de peso en kilos durante todo el día.
- ¿Sí?
- El Viajero... ¿cuánto tiempo lleva con esa assas...hashash... hassasash...?
- ¿Hassassiyyin? ¿Con Fátima?
- Sí, con ésa.
- Oh, pues es difícil de decir. Cuando yo le conocí ya se habían conocido, e incluso cruzado una o dos veces, pero no fue hasta la primera vez que fuimos a Kumei cuando la cosa se puso seria, y Landelón se marchó.
- No nos conocíamos en esa época- dice el Extraño.
- No, aún no. Ni siquiera conocía a Yanroud, aún. Llegó poco después.
- ¿Habías venido ya a Badar?- pregunta Largoyconunavocal.
- Tampoco. Creo que Landelón ya lo había visitado una vez, pero aún no se había encontrado con la princesa Ysabel, y los hechos que han hecho que nuestro amigo Capa Plateada esté hoy aquí no habían ocurrido. Ni siquiera había conocido a Tenhime. Éramos los dos tan felizmente solteros...
- Sí- dice el Extraño, cogiendo su cerveza- porque ahora somos todos infelizmente solteros.

lunes, diciembre 22, 2008

Alojamienavideños

- Ésta es la cocina. Está un poco vieja, pero es funcional.

El Clasificado asiente con la cabeza mientras le guío por mi piso. Parece lo más adecuado, ya que parece que pretende quedarse aquí una temporada.

- Ésta es la habitación de invitados. Generalmente la ocupa la enfermera de Badar, pero ahora la tiene que compartir con Diana Laguna.
- Ahá.

Comprendo que el Capa Plateada no esté de buen humor. Landelón se le escapó por los pelos entre la confusión del día de mi cumpleaños y el momento de malhumor de Inés. Ahora mismo tiene que estar rumbo a Ishashi, o a Neral, o a casa de alguno de sus amigos.

- Éste es el baño grande. El pequeño está ahí, al lado de la habitación de las invitadas, pero yo no entraría ahí. El aire es puro estrógeno y no creo que sobrevivieras.
- Lo recordaré.

Landelón nunca se queda en mi casa en Navidad. Suele quedarse uno o dos días antes, y regresa al acabar las vacaciones, por aquello de que él vive la Navidad visitando a todos sus amigos por última vez en el año. Así que, de repente, me encuentro con un Capa Plateada que se niega a abandonar mi casa en estas fechas tan especiales.

- Ésta es nuestra... mi habitación.
- Tiene cosas de chica.
- Aún tienen que venir a recogerlas.

Y serán las primeras que paso sin Tenhime. Un extraño cúmulo de vacío se forma en mi interior, como si no supiese con qué voy a llenar el hueco que ella ha dejado en mi vida. "¿Y ahora qué?" es la pregunta que me hago constantemente. No lo sé.

- Éste es el salón. La mesa donde cenaremos en Nochebuena, la tele para las campanadas, y ése es el sofá donde duermen los Capas Plateadas.
- ¿Tienes un sofá para que duerman Capas Plateadas?
- Es una institución relativamente reciente.

Dios. Menudas navidades van a ser éstas...

domingo, diciembre 21, 2008

A la Pata Coja

La mujer de mi vida está triste en Navidad.
Mi sobrina Helena mira con envidia a los niños, a través de la ventana, jugando en la calle. Su esguince de tobillo le impide bajar a la calle y tirarles bolas de nieve a sus amigos, saltar sobre los charcos y rodar sobre el suelo cubierto de blanco.
- Menudo rollo de Navidad. Todas las vacaciones sin hacer nada.
- Bueno, al menos puedes ir a la pata coja.
- ¡Pero eso es inútil! ¡No sirve para nada!
- ¿Inútil? No. Hubo una vez que Landelón el Viajero y yo cruzamos un desierto a la pata coja…
La mujer de mi vida se remueve en su asiento, poniéndose cómoda y mirándome fijamente, como siempre que le cuento aventuras del Viajero.
“Landelón y yo salimos de Badar, y al alejarnos del río fuimos acercándonos al desierto de Kishka, hasta que llegamos a Último”
- ¿Al último qué?
- A Último. Con Ú. Es el nombre del pueblo de los Brincariones. Son un pueblo divertido…

“… porque todos se mueven a la pata coja. Cuando se cansan, cambian de pierna y saltan sobre la otra. Landelón habló con algunos de ellos para saber cómo cruzar el desierto. Ellos le miraban los pies, me los miraban a mí, y se reían.”

- ¿Ellos se reían de vosotros? ¡Pero si son ellos los que van a la pata coja!
- Luego sabrás por qué. Los Brincariones le ofrecieron a Landelón unas botas hechas por ellos para el desierto, hechas de un material muy ligero y frío.

“Landelón les dio las gracias, pero no quiso comprar botas nuevas. Dijo que confiaba en sus viejas botas, a lo que los Brincariones contestaron con risillas entre los dientes.
Así que a la mañana siguiente, pusimos los pies en el desierto de Kishka. ¡Qué Sol! Landelón se abanicaba con el sombrero mientras avanzábamos. ¡Qué caliente estaba la arena! La notábamos incluso a través de las suelas.”

Mi sobrinita se arremanga el jersey, como si ella cruzara Kishka con nosotros.

“Yo sabía que algo no iba bien… no llevábamos una hora andando, cuando empezamos a oler a quemado. Miramos hacia abajo, y… ¡Dios Mío! Nuestras botas se estaban friendo, como si caminásemos sobre una sartén. Volvimos corriendo a Último, con la arena quemándonos los pies y pensando que éramos unos tontos por no haber hecho caso de los Brincariones.
A pesar de que siguieron riéndose entre dientes, los Brincariones se portaron bien con nosotros, curándonos los pies quemados y enseñándonos a usar sus botas del desierto.
Éstas se enfrían si las sacudes en el aire, así que tienes que saltar a la pata coja por el desierto hasta que la bota esté muy caliente, y entonces ¡zas! cambias de pierna, y mientras saltas con una, enfrías la otra.”

-¡Qué guay! Pero ¿No os cansabais de saltar?
- Sí. Por eso no llevamos unas muletas como las tuyas, para descansar de vez en cuando.
- ¿Y lograsteis cruzar el desierto?
- Casi. Cuando ya veíamos a lo lejos el final del desierto de Kishka, fuimos atacados por los terribles Saltariones, los enemigos de los Brincariones.

"Rodeados por todos lados por estos guerreros a la pata coja, no tuvimos más remedio que rendirnos. Al ver que llevábamos botas de los Brincariones, el jefe Saltarión salió para retarnos a un combate. Si Landelón ganaba, nos dejaría libres. Pero si el jefe era el vencedor, él y su tribu saltarían sobre nuestra espalda hasta convertirnos en papilla.
Mientras Landelón se preparaba para luchar, vi como se aflojaba los cordones de una bota, una estrategia que no entendí en ese momento.”

- ¿Ganó, tío? ¿Venció al Saltarión?
- Al principio no. El jefe saltaba a su alrededor con un pie, y le empujaba con el otro, para intentar tirarlo a la arena caliente del suelo.

“Pero hubo un momento en que se quedó quieto, y entonces Landelón actuó. Dio una patada al aire, y con los cordones sueltos, la bota se escapó disparada. Alcanzó al jefe Saltarión en la cabeza, que cayó desmayado al suelo de inmediato.”

- ¡Bien!- Helena da un salto de alegría en su sillón.
-Así que los Saltariones no tuvieron más remedio que dejarnos libres. Seguimos saltando a la pata coja hasta que salimos del desierto, y en cuanto vimos un campo de hierba nos tumbamos a descansar, riéndonos victoriosos por haber escapado de los terribles Saltariones.
- ¿Y después que pasó?
Cuando iba a prometerle otro cuento para mañana, mi hermano llega a casa y entona su grito navideño tradicional:
- ¡Estoy de vacaciones!
- ¡Papá! – chilla la mujer de mi vida, y levantando su tobillo lesionado, se arroja a saltitos hasta los brazos de su padre.
- Helena, te hemos dicho que no te muevas con el tobillo así.
- Pero papá, el tío me ha contado que cruzó un desierto a la pata coja, y cuando Landelón le lanzó un zapato al jefe de los Saltariones, y…
- Vale, vale, salta lo que quieras. ¡Pero nada de apoyar el pie!- dice, severo. Luego relaja su ceño, y sacando una caja de la bolsa que portaba, añade- Y ahora, ¿Qué tal si jugamos todos juntos a ésto?
- ¡Sí!
Mientras Helena desempaqueta el juego recién comprado, mi hermano se me acerca al oído y me dice en voz baja.
- Vas a volverla idiota con tus fantasías.

jueves, diciembre 18, 2008

El precio de todas las cosas

Café caliente en lugar de cerveza: señal inequívoca de que la misión que tengo delante requerirá mi máxima atención. A mi lado, el Extraño, como juez, jurado y posiblemente verdugo de la confesión que se aproxima, juguetea con un azucarillo.

Frente a nosotros, Largoyconunavocal aferra la mano de una Diana Laguna que, por el efecto microcosmos de Pamplona, puede sentirse anónima por primera vez en mucho tiempo, y descubrir su cara en un lugar público. La diva, quizás por la proximidad del Extraño y de la sanadora badariense, se siente protegida, y decide contarnos la razón por la cual ha acudido a mi piso, en busca de refugio, como si se tratase de un bunker emocional frente a los bombardeos de la vida.

La razón es que siente que no ha conseguido lo que deseaba en la vida.

Antes de que nadie pueda intervenir, arranca la historia de su existencia. Comienza con una jovencísima Diana ascendiendo a solista de un coro y obteniendo la fama a los dieciséis años como cantante profesional. Los siguientes quince son reiteración de dicho éxito, viaje tras viaje, llenando conciertos, auditorios, fiestas sociales, reuniones de la nobleza y en general todo evento por el cual se deja caer. Uno o dos hombres se cruzan en su vida, pero, ay, para una pareja es difícil seguir el ritmo del éxito, sobre todo cuando él es tan ambicioso y prometedor como ella. Finalmente, Diana Laguna termina mirando atrás y descubriendo, frustrada, que sus intenciones de formar una familia junto a un hombre que la ame y la cuide el resto de sus días parecen cada vez más difíciles de realizar...

Por un momento, estoy tentado de decirle "bueno, aún hay tiempo para encontrar un hombre, para fundar una familia. Aún eres joven, y eres atractiva, sólo tienes que quererte un poco..." pero el recuerdo de lo que me dijo el fantasma de la hija pequeña del Rey de Badar me traba la lengua el tiempo necesario para que cometa un error.

Dejo que sea el Extraño quien hable primero.

- Uno. Tienes tiempo de encontrar un hombre adecuado, pero sólo si lo que buscas es un hombre adecuado para lo que quieres de verdad. Dos. No se puede tener todo en esta vida. Si quieres éxito profesional, trabaja. Si quieres éxito familiar, familia. Si quieres de las dos, en algún momento tendrás que rebajar tus expectativas, porque no se puede llegar a la cima de todo si la duración de los días permanece constante e indiscriminada para todos los seres humanos.

Diana Laguna le contempla con la expresión congelada, como si de repente hubiera comprendido todo el proceso de razonamiento que ha llevado a cabo el Extraño para decirle tan contundentes conclusiones. Como si, por un momento, hubieran compartido pensamiento.

Todos somos dueños de nuestra vida, y decidimos cómo repartir las horas que tenemos asignadas. Podemos soñar con obtener mayores o menores éxitos, pero dada la escasez de tiempo, debemos renunciar a muchas cosas en aras de obtener otras. En Economía se llama "coste de oportunidad". Según Landelón, se llama "el precio de todas las cosas". El Extraño lo suele abreviar como "s.a". Y es que una vez más, lo único en esta vida que puede ser tan grande como uno desee son los sueños. Los resultados siempre estarán sujetos a las duras exigencias de la realdiad

Largoyconunavocal, por su parte, se horroriza ante la durísima sinceridad del ingeniero, a quien, cuando se le cuenta algo, suele ser porque se busca una solución, no comprensión, y por lo tanto no se detiene en empatías si existen remedios.

Y yo decido terminarme el café de un sorbo para no mirar a nadie a los ojos. Lo que el Extraño ha hecho, sólo el Extraño puede deshacerlo. Y que Dios nos pille confesados.

miércoles, diciembre 17, 2008

Herencias: una canción esdrújula

"A usted..."
Cortesía de J.M. Serrat.

A usted que corre tras el éxito
Ejecutivo de película,
Hombre agresivo y enérgico
Con ambiciones políticas.

A usted que es un hombre práctico
Y reside en un piso céntrico,
Regando flores de plástico
Y pendiente del teléfono.

A usted que sabe de números
Y consta en más de un nómina,
Que ya es todo un energúmeno
Con un posición sólida.

¿No le gustaría
No ir mañana a trabajar
Y no pedirle a nadie excusas,
Para jugar al juego
Que mejor juega
Y que mas le gusta?

¿No le gustaría
Ser capaz de renunciar
A todas sus pertenencias,
Y ganar la libertad
Y el tiempo que pierde
En defenderlas?

¿No le gustaría
Dejar de mandar al prójimo,
Para exigir
Que nadie lo mande lo mas mínimo?

¿No le gustaría acaso
Vencer la tentación,
Sucumbiendo de lleno
En sus brazos...?

Antes que les den el pésame
A sus deudos, entre lágrimas,
Por su irreparable pérdida
Y lo archiven bajo una lápida.

¿No le gustaría
No ir mañana a trabajar
Y no pedirle a nadie excusas,
Para jugar al juego
Que mejor juega
Y que mas le gusta?

¿No le gustaría
Ser capaz de renunciar
A todas sus pertenencias,
Y ganar la libertad
Y el tiempo que pierde
En defenderlas?


¿No le gustaría
Dejar de mandar al prójimo,
Para exigir
Que nadie lo mande lo mas mínimo?

¿No Le gustaría acaso
Vencer la tentación,
Sucumbiendo de lleno
En sus brazos...?

lunes, diciembre 15, 2008

Errores y piedras

El Extraño volvió para cenar, sólo cuando Inés se hubo marchado con su malhumor a otro lado. El día ya estaba jodido, así que pedimos comida a domicilio y que otro pasase frío ahí fuera. En nuestro cálido salón, el Extraño decidió indagar más en la filosofía de Landelón.

- Viajero... si cometes el mismo error un número n de veces mayor que uno, ¿se debe a que no lo consideras un error?
Landelón reflexionó su respuesta el tiempo que tardó en sorber los tallarines chinos que colgaban de sus labios.
- Quizás. Aunque existe otra opción.
- ¿Cuál?
- Que si tropiezas dos veces con la misma piedra, es que realmente te gusta tropezar.

Frésulas

La segunda vez que pasamos por Neral, me dí cuenta de que, si en algún sitio se escribieron las mil y una noches, debería haber sido aquí. Abriéndote paso por las calles del bazar podías encontrar cualquier cosa imaginable, y una buena fracción de las inimaginables.

En un momento dado, Landelón fue arrastrado por la corriente de personas hacia una esquina, y yo me vi forzado a dar un rodeo para llegar hasta donde él estaba. Crucé un pequeño túnel y llegué a una plazuela interior donde los niños jugaban alrededor de una fuente. Todos, menos uno.

Estaba sentada en una esquina, hecha una bolita, con las manos sobre las rodillas. Miraba de forma lánguida a los niños que correteaban alrededor de la fuente, con esos ojos hambrientos de sueños que tantas veces me había encontrado en mis viajes con Landelón. Era muy pálida de piel para ser de Neral, y el vestido negro que llevaba, manchado de polvo y tierra, no hacía sino resaltar su blancura.

-Oye, pequeña- dije mientras me sentaba a su lado, en el suelo- ¿sabes dónde crecen Frésulas?

Cuando la niña me miró, vi que tenía los ojos hinchados de llorar. No obstante, se quedó un momento perpleja, sin saber qué contestar.

-No sabes lo que son las Frésulas, ¿verdad?

Sacudió la cabeza, negándo. Su fino pelo se revolvió como una cortinilla alrededor de su redondo e infantil rostro.

-Mira, en Kumei, hay un valle donde los árboles brillan. Todas y cada una de sus hojas son de colores chillones, luminosas como luciérnagas. Resplandecen los azules, los rojos, los violetas. Las ramas son centros de magia de los que brotan haces de luz de todos los colores del arcoiris.

"El Valle de las Frésulas fue el lugar donde hubo una gran batalla durante la Guerra de Kumei. Allí se enfrentaron prácticamente todos los magos de ambos bandos, por encima de centenares de soldados. Se arrojaron tantos hechizos y contrahechizos, que la tierra quedó sembrada de magia, que se fue filtrando hasta las raíces de los árboles que más tarde allí crecerían. Por eso las Frésulas son tan valoradas por los magos y los hechiceros: son mágicas en cada fase de su crecimiento."

La niña me mira boquiabierta. Por un minuto, ya no es la huérfana de guerra de Kumei con la que los niños de Neral no quieren jugar. Por un minuto, está allí, en el Valle de las Frésulas, con el rostro iluminado por el brillo de los árboles mágicos.

Me alejo del patio interior, y encuentro a Landelón en un puesto del bazar, regateando el precio para comprar tabaco para shisha. Una lástima, pienso para mí a la vez que pierdo de vista a la niña, que tan hermosa arboleda esté abonada por cadáveres.

viernes, diciembre 12, 2008

Malhumoramientos

- Inés, ¿en qué estás trabajando ahora?
- En la Galería, como siempre. Bueno, no. Me han dado más trabajo, porque al jefe le han metido en la cabeza un montón de ideas de la nueva era de los negocios, y ahora no hace más que hablar con términos en inglés y decir tonterías constantemente.
- ¿Cómo?
- Sí, dijo que era un poco naive que en la new business age estuvieramos con tan poco multitasking implementado, así que, como CEO (Sii- ii- ou) de la empresa, debía ponernos al frente y dirigirnos straightfoward hacia nuestros objetivos corporativos más inmediatos.

Landelón, que no ha dicho nada en todo este rato, parpadea perplejo. Como firme creyente del despiste, decide que ha llegado el momento de inducir un cambio de tema.
- Así que por eso llevas tanto tiempo sin pintar nada, ¿no?

Inés le dedica una mirada hostil, cargada de reproche.
- Sí. Por eso, y porque te odio.
- ¿A mí? ¿Por qué?
- ¿Y por qué no?
- ¡Porque no te he hecho nada para que me odies!
- Tampoco has hecho nada para que no lo haga.
- ¡Eso es odio gratuito e indiscriminado! Sólo te excusas por no pintar últimamente.
- A menos que quieras que tu cara sea un lienzo para mi próximo cuadro de violencia, será mejor que dejes esta conversación en este punto.

El Extraño entra caminando tranquilamente en el salón, y apoya la mano en el hombro de la artista mientras susurra un "Inés...", momento en el cual ella se revuelve sobre sí misma, amenazadoramente, y se incorpora de un salto mientras estalla de forma histérica.
- ¿¡Qué!? ¿¡Qué quieres de mí ahora, eh!? ¿Que pinte, que trabaje, que salga contigo? ¡No puedo hacerlo todo a la vez, ¿sabes?!
El Extraño aguanta el estallido sin ni siquiera parpadear lo más mínimo. Extiende el otro brazo, donde hay un platillo con un gran vaso de agua y una pastilla de algún medicamento, y con una calma digna de francotirador, dice:
- Ale, Inés, la pastillita. Que yo sólo quiero que descanses un poco.
Dicho lo cual, se aleja de nosotros caminando con tranquilidad, recoge su abrigo del recibidor, y sale de mi piso. El ruido de la puerta al cerrarse tranquilamente es casi un chasquido, pero parece retumbar en la distancia que separa al Extraño de la Artista.

Inés resbala por el sofá hasta quedarse sentada, con el platillo en una mano y la cara congelada en una expresión que va entre la incredulidad y el arrepentimiento.
- ¿Me he pasado, verdad?
- No es por joder...- empieza el Viajero.
- Que también- interrumpo yo, con cierto aire de venganza.
- ... pero has estallado frente a quien menos debías.
- ¡Es que a veces me pone histérica que sea tan atento!
- Dime una cosa, Inés... en todos este tiempo... ¿Cuántos hombres han estado siempre a tu lado, sin importar lo que hicieses o dijeses, y se han preocupado única y exclusivamente de tu bienestar?
- Pues estaba Alfonso...
- Que demostró ser un error, y al que acabaste abandonando...
- Y el Extraño...
- Al que acabas de bufar en la cara.
- Y...
- Y si no quieres que tu autoestima sea el papel donde yo escriba mi próximo ensayo sobre la injusticia, deberías dejar esta conversación aquí mismo- concluyo.

- Oh, Dios- le susurro a Landelón una vez Inés se ha ido a acostarse un rato a mi habitación- pensé que nunca se lo ibas a decir.
- ¿Lo de la injusticia?
- No. Lo de que salir con Alfonso fue un error.
- Siempre he dicho que era un error.
- Sí. Pero nunca a ella.

miércoles, diciembre 10, 2008

Dramatis Personae (II): Ellas

Fátima:

Detrás del velo negro de Fátima se encuentra una hassassiyyin, miembro de un culto de asesinos de más allá de Neral. Fátima es el auténtico amor de Landelón, la mujer que posee su corazón y en cuyo regazo descansa la esperanza de Dídac de que el Viajero deje la vida errante. Fátima trató de casarse con Landelón, lo que provocó la fuga de éste. Furiosa, juró asesinarle, y a pesar de que llegaron a una tregua, de vez en cuando trata de matar al Viajero, como para tratar de arrancárselo del interior.

La hija pequeña del Rey de Badar:

No es una princesa, y a Landelón le costó una reprimenda real aprender este hecho. Después de conocer al Cuentacuentos en su primera visita a Badar, fue su amante una temporada, a su vuelta, encandilada por los relatos de más allá del mar que éste le contaba. De la misma forma que nunca superó su partida, nunca está preparada para tenerle; una mezcla de miedo e inmadurez la mantienen alejada del Cuentacuentos, pero los encontronazos esporádicos de ambos suelen terminar en apasionadas veladas.

Tenhime:

Seudónimo con el que Dídac llama a su, ahora ex, novia. Originaria de Hong Kong, auditora internacional, workaholic, tierna y cariñosa, nunca superó los celos por esa parte del corazón de Dídac que pertenece a la hija pequeña del Rey de Badar. Solía ausentarse largas temporadas, lo que daba arranques de soledad y melancolía al Cuentacuentos, pero le permitían centrarse en escribir y en pasar el rato con sus curiosos amigos.

Inés:

Desdibujante, Artrista, Inés pinta y dibuja instantáneas de la vida con una facilidad y una precisión pasmosa. Con un gusto dudoso para escoger pareja, Inés acaba consolándose en brazos del Extraño, quien la ama y la odia casi a partes iguales. Tiene esa parte de bohemia y desequilibrada que debe poseer todo artísta de talento, y su mayor problema es que no está segura de saber ser feliz.

Largoyconunavocal:

Sanadora badariense, amante de Yanroud durante un breve lapso de tiempo, cocinera excelsa y en general joven de gran corazón, pero poca coordinación. Su torpeza se ve compensada por su cariño desbordante, y por esas ocasiones en las que ayuda a Dídac a cuidar de Helena.

Helena:

Hija del hermano de Dídac, y por lo tanto, su sobrina. Es la mujer de su vida, como él mismo dice constantemente, la principal consumidora de sus cuentos, aquella que más cariño le da y la última persona en la que el Cuentacuentos pensaría antes de morir. Curiosa, pizpireta y descarada, Dídac la considera su legado, al haber asumido que no dejará otra descendencia.

Isabel Mylene, Princesa de Badar:

Hermana de Yanroud, Isabel quedó profundamente prendada del Viajero desde la primera visita de éste a Badar. Furiosa ante su errante modo de vida y su constante negativa a quedarse en Badar a su lado, envió a los Capas Plateadas tras él por todo el mundo, lo que provocó que el Viajero lo fuese aún más. Es una mujer hermosa y elegante, pero no le gusta que le digan que no.

Elisa:

Hija del príncipe de Neral, fuerza de la naturaleza, avatar de la esperanza, Elisa viene a ser para Yanroud lo que Fátima a Landelón o la hija pequeña del Rey de Badar a Dídac. La única mujer que consiguió hacer que dejara el latrocinio, Elisa es una sirena de aire, como lo fuera su madre antes que ella, y con cada cambio del sentido del viento se ve obligada a moverse, arrastrada por las corrientes de aire, lo que terminó por llevar a mal final su relación con el Mejor Ladrón del Mundo.

Aayla:

Amiga de Tenhime, escritora amateur, también originaria de Hong Kong. Necesitaba un cambio de aires, y optó por acudir al piso en el que Dídac y sus compañeros suelen perder el tiempo. Fue seducida por Landelón en poco tiempo, pero afortunadamente para ella, se marchó antes de enamorarse del mismo.

Alithia Wellington:

La más joven de las conquistas del Viajero. Pequeña y silenciosa, Alithia no tiene voz, ya que le fue robada de manera desconocida para Dídac. Inquisitiva, curiosa y con cierto aire infantil, el Cuentacuentos la toma bajo su protección después de que el Viajero terminase su relación al encontrarse súbitamente con Fátima en Badar, durante un concierto de Diana Laguna.

Irene:

Antigua compañera de clase de Dídac, quizás de las pocas personas que el Viajero no ha logrado conquistar. Alta y con una sonrisa deslumbrante, no es una belleza de aquellas que te obligan a girar la cabeza a su paso, pero posee algo que hace que el Viajero no se la pueda quitar de la cabeza.

Diana Laguna, diva:

La cantante más famosa de la región de Badar, aunque Dídac no la conocía hasta hace poco. Una mujer de pasado misterioso y maravillosa voz, que comparte un secreto con el Extraño.

Silvia:

Vieja amiga del Cuentacuentos, casi siempre por la cuenta que le trae a ella. Es de esa clase de personas que desaparecen de tu vida cuando las cosas le van bien, pero aparecen mostrando un tremendo interés por recuperar el contacto cuando han sufrido un desengaño amoroso, comienzan a sentirse solas, o necesitan dinero. Afortunadamente para Dídac, Silvia no lo hace por malicia, sino por simple y sincera despreocupación por el destino de su amigo.

Dramatis Personae (I): Ellos

Dídac, Cuentacuentos:

Dídac Lakofpauer, autor y narrador del blog, vive y gobierna un piso de Pamplona que compartía, hasta hace poco, con la que había sido su novia y compañera vital, Tenhime. Dídac malvive de becario en un bufete de abogados mientras trata de dar el salto a la fama escribiendo relatos y tratando de que se los editen, sin mucho éxito. Conoció a Landelón en Irlanda, hace años, y desde entonces el Viajero lo visita frecuentemente, y lo lleva de viaje cuando la ocasión se presenta.


Landelón, el Viajero:

Pícaro, truhán, filósofo, maldito a no poder dormir más de dos noches seguidas bajo el mismo techo, viaja por todo el mundo conocido y parte del desconocido, a la caza de leyendas y cuentos que contar a Dídac para que él los escriba, y de curiosidades que sacien su malsana obsesión por saberlo todo y verlo todo en esta vida. Su encanto canalla, su desvergonzada actitud y su labia le ganan amantes allá donde va, aunque rara vez las conserva durante mucho tiempo. Tiende a llegar sin avisar y a irse sin despedirse. Tiene un sombrero de ala ancha, un pañuelo amarillo alrededor del cuello, y el abanico de amistades más grande que uno pudiera imaginar.


Yanroud, el Mejor Ladrón del Mundo:

Si el algún sitio del mundo se juntasen el hambre y las ganas de comer, esos serían Yanroud y Landelón. Yanroud es un ágil acróbata, tan canalla como Landelón, con un nulo sentido de la propiedad ajena y un ansia inacabable de aventuras. Es el Mejor Ladrón del Mundo porque es capaz de robar cosas que no pueden sustraerse de forma natural, tales como el Tiempo, la Vida, o la Prosperidad. Siempre cubre su frente con una banda o algo similar, para ocultar la marca que tiene debajo. Es el hijo mayor, y por lo tanto príncipe, del Rey de Badar. En su haber se encuentra la triste historia compartida con Elisa, el único periodo de su vida en el cual el Mejor Ladrón del Mundo dejó de robar.

El hombre del piano:

El mayor en edad de todos, es un hombre que llevó a cabo todos sus éxitos en esta vida en veintiséis años: fue el más joven maestro al piano, como dice la canción, alcanzó la fama y el prestigio, y se casó con una joven hermosa y tierna que lo amaba sin límite. Ella murió apenas tres años después, dejándole destrozado. Desde entonces, se limita a ver la vida pasar, marchitándose día y noche. Rara vez sale de su depresivo estado, pero en ocasiones, Landelón o Helena logran arrancarle una porción de la persona que era antes de morir en vida.

El Extraño:

Ingeniero, Jugador, técnico y analista de la Realidad, este curioso personaje está envuelto en una mezcla de aura de paradoja y de despreocupación constante. Su dificultad para conectar con el sexo femenino se debe a su completa ausencia de malicia, a su sinceridad directa y desbordante, y a su capacidad analítica de ver las cosas venir, así como a una timidez directamente proporcional a la importancia que una mujer tiene para él. Reunió todos sus redaños para intentarlo con Inés, y siente que están en un punto muerto en el que ninguno de los dos se plantea acercarse o alejarse del otro.

El Clasificado:

Capa Plateada de Badar, aparentemente el primero que se planteó esperar a Landelón en lugar de perseguirle por el mundo entero. No es muy hablador, realmente, pero no parece mala persona.

martes, diciembre 09, 2008

Dilemamantes

Mis dedos recorren la lisa espalda de la hija pequeña del Rey de Badar, que está entre gemir o retorcerse ante la caricia que le recorre desde el nacimiento del cabello en la nuca hasta donde se separan sus glúteos. Ronronea como una gatita y se remueve en la cama para acercarse más a mí.
- ¿Qué piensas, Cuentacuentos?
Mis dedos recorren el camino de vuelta, hasta sumergirse en su suave pelo, arrancándole otro gemido que se queda en mumullo cuando hunde su cabeza en la almohada.
- En que sé lo que debo hacer, aunque no quiera. Pero también sé lo que querría hacer, aunque no pueda.
Su cuerpecillo se gira para tumbarse boca arriba y mirarme a los ojos.
- Prohibido hablar de más allá de mañana.
Le deposito un beso levísimo en los labios, como aquel que su fantasma me dejó hace unas semanas. Y me callo, porque en estos momentos es mejor saber que hablar.

Regalar todo en este mundo

- Je, je- masculla el Viajero, el día de mi cumpleaños.
- ¿"Je, je" qué?
- Je, je, tenemos algo para tí.

Ya mencioné que no me gustan las fiestas sorpresa. Esa extraña sensación de agradecimiento y frustración que tienes después de que te enciendan las luces y la gente grita "¡Sorpresa!" (¡claro que es una sorpresa, idiotas!) se me hace difícil de digerir. Pero, dado su comentario, lo que tiene Landelón para mí no es una fiesta sorpresa, así que me empieza a picar la curiosidad. Decido apretar el paso hacia mi casa, para quitarle cuanto ante esa sonrisa de "sé algo que tú no sabrás hasta que yo quiera" cuanto antes.

Landelón me da el viaje de mi vida. Todo el camino a casa haciendo "je je" para sí, y dirigiéndome miradas por el rabillo del ojo. Ya verá cuando nada más cruzar el umbral le plaque el Clasificado. No pienso mover un dedo por él. Pero todas mis ideas se me escapan de la cabeza en cuanto entro en mi piso, y veo que todo el mundo está dentro.

Cuando alguien dice "todo el mundo", evidentemente no se refiere a los seis mil millones de personas del mundo. Se refiere a una aglomeración más o menos masiva de gente, que no tiene por qué ser conocida. Pero, en este caso, es todo el mundo, todo mi mundo, las personas que más aprecio, reunidas en mi salón, bebiéndose mi cerveza, sí, pero viviendo en mi vida.

Landelón, que sabiamente se ha puesto fuera del alcance del Clasificado, me señala a Yanroud, al hombre del piano, y al Extraño, quienes se retiran un poco para que alcance a ver mejor a los menos frecuentes por mi casa, entre ellos Neeki, Cohn, Rover y Volguer, Kranthauser, Jackvrel, Hooper, así como Irene, Aayla, Elisa, la mismísima Diana Laguna, Ralca, Tamar, Cirle de Sauerbauden, Sara, Silvia, y, protegida por el Clasificado, la mismísima Isabel Mylene, princesa de Badar, que me sonreía desde mi sofá. Con un gesto de elegancia propio de un miembro de la casa real, señala a un paquete envuelto que hay sobre la mesilla.

- Tu primer regalo, Cuentacuentos. Feliz cumpleaños.

Quito el papel con cuidado. Parece un libro, pienso segundos antes de desvelar una portada amarilla, con un dibujo de Landelón. En grande, pone "Ser Landelón", y en algo más pequeño, mi nombre. Parpadeo. No será cierto. Vuelvo a parpadear y a leer el título y el autor. No puede ser cierto.

Cuarenta y cinco segundos después aún no he reaccionado. Sigo mirando y remirando el libro con las andanzas y desventuras que cuento en este blog, impreso, maquetado, editado. Les miro a todos a la cara, y veo en ellas la sonrisa de la conspiración, mientras trato de convertir el sentimiento de emoción que me embarga en palabras que les hagan sentir como yo en este mismo momento.

Si el Extraño oyese mis pensamientos, me diría que no lo voy a conseguir. Si la gente lograse sentirse igual de agradecida que el destinatario de un regalo, las fiestas de cumpleaños serían orgías de agradecimiento mutuo, en lugar de homenajes a alguien que celebra su supervivencia.

Pero no quita para que lo intente. A falta de palabras, voy a abrazando a todos los presentes, uno a uno, mientras susurro cosas como "gracias, gracias de verdad", o "sois los mejores cabrones que uno podría desear", en función del sexo del abrazado. Todo lo que digo me sabe a poco. ¿Cuántos, cuánto tiempo, cómo lo han hecho? ¿Quién más está en el ajo de esta tremenda conspiración para publicarme los cuatro garabatos que hago, y que leen cuatro personas?

No lloro, porque no se me da bien. Decido escribir esta entrada, para que se exteriorice mi emoción como lo hago siempre.

No existen palabras, ni habladas ni escritas, que expresen con precisión lo que siente una persona a la que algo le llega muy adentro. Landelón suele ser el que dice que el ser humano es como una cueva sin explorar, ya que cuanto más te adentras en tí mismo, más difícil es expresarte, porque menos personas han llegado hasta allí, y menos mapas hay de esa zona de tu interior. Quizás sea que no se han descubierto las palabras, quizás sea mejor que no lo hagan.

Inés y Largoyconunavocal salen de mi habitación, entre risas, con un aire malicioso. Me abrazo a ambas, mientras susurro un "gracias gracias gracias gracias", hasta que Inés me dice al oído:
- Ahí tienes el otro regalo. Pero lo tienes sin envolver.

Dicen que la curiosidad no sólo mató al gato, sino que lo lanzó al río con pesos en los pies. Correré el riesgo, pienso, mientras abro la puerta de mi habitación a la vez que Inés y Largoyconunavocal entran en el salón y cierran la puerta, como para que no me llegasen los ruidos que fueran a producirse dentro. O para que no les llegasen los sonidos que pudieran salir de mi cuarto.

Dentro me espera, entre mis sábanas, la hija pequeña del Rey de Badar.

lunes, diciembre 01, 2008

Esperante Inesperado

Alguien llama pesadamente a mi puerta. Apartando el montón de papeles con los que estoy trabajando, me levanto y arrastro los pies hacia el recibidor. En la cocina, Largoyconunavocal y el Extraño preparan la cena, mientras conversan animadamente. Oigo mencionar el nombre de Inés varias veces en los breves tres segundos que tardo en alcanzar la entrada, pero cualquier pensamiento que pudiera tener a consecuencia de esto se ve interrumpido cuando, al abrir la puerta, un brazo delgado pero cargado con una fuerza sorprendente, me empuja a un lado.

Como una exhalación, una figura entra en mi piso y registra de un vistazo las cuatro habitaciones, los dos baños y el salón en un tiempo récord. Cuando llega a la cocina, en el marco de cuya puerta yo aún estoy apoyado y en donde el Extraño y Largoyconunavocal siguen cocinando ajenos a mi agresor, se detiene, y con un chasquido de frustración, cierra la puerta que da a mi piso y me ayuda a ponerme en pie.

- Que no está, ¿verdad?
Mientras me levanto, alcanzo a ver la capa plateada en la espalda del desconocido, a pesar de que no lleva la armadura tradicional de los hombres de confianza de la Princesa Isabel Mylene de Badar. Mi mente funciona a toda velocidad para unir puntos, y me doy cuenta de que la pregunta sale de mis labios mientras la pienso.
- ¿El Viajero?
- Sí. ¿Quién si no?
- No.
- Mierda...joder- tras un par de segundos de pausa, el desconocido da un golpe a la pared- ¡Coño!

Cuando Largoyconunavocal nos oye hablar, se gira sobre sí misma, empuñando aún el cuchillo de cocina. Afortunadamente tanto para el desconocido como para mí (recordad lo que sucede cuando la enfermera badariense tiene cerca objetos inciso-cortantes), lo deja a un lado mientras se arroja sobre mi agresor misterioso, desplazándolo veinte centímetros mientras lo abraza y le cubre los carrillos de besos.

Sentados más cómodamente en el salón, con la comida haciéndose en el horno, y con parcas palabras, el nuevo llegado nos cuenta:
- Cansado de perseguirle, me dije "oye, ¿y si le esperas en casa del ese Cuentacuentos?". Y aquí estoy.
- ¿Y qué esperabas hacer si lo encontrabas?
- Llevármelo. - No dice nada durante un par de segundos, así que decido seguir preguntando.
- ¿Ante la princesa?
- Ahá.
Me quedo callado, para ver si dice algo más. Pero parece como si le cobrasen por cada palabra que salía de sus labios. Casi me podía sentir afortunado de que no me contestase con meros monosílabos.
- Y ahora que no está, ¿qué pretendes hacer?
- Esperarle. (pausa) Aquí. (pausa) En este mismo piso.
- ¡No esperaba que te quedases a hacernos la visita!- comenta, alegre, Largoyconunavocal, mientras se vuelve a abalanzar para abrazarlo- ¡Gracias!
- No estoy visitando. ¡Quita, hombre!
Mientras se trata de zafar del abrazo de la enfermera, el Extraño me susurra al oído "Éste es como los anuncios clasificados, parece que le cobran por palabra". Luego se gira hacia el visitante no invitado, y con un tono ligeramente por encima de lo educado, inquiere:
- Oye, Clasificado. ¿Y dónde pretendes quedarte?
Sin variar su postura ni un milímetro, el Clasificado dice, con un tono de voz que hace impracticable toda réplica:
- Este sofá me gusta.
- No me extraña- comento, casi para mí mismo- A Landelón también.

sábado, noviembre 29, 2008

Fantasmaradas

Cuando me tumbo en mi cama, el fantasma de la hija pequeña del Rey de Badar se sienta a horcajadas sobre mí y deposita su espectral y vacuo beso sobre mis labios.

- Te echo de menos- le digo a mi alucinación.
- Y yo a tí.- contesta, riéndose- ¿Por qué no vienes?
- Porque no me querrías si fuese. No me quieres, hija de reyes. Para tí soy un sueño, un pudo ser, una promesa de otro tiempo. Un lo dejé escapar, un en otra vida será.
- ¿Y qué soy yo para tí, entonces?
- Eres... lo que me queda de lo que yo era. Una pérdida que no superaré, no porque no pueda sino porque no quiero. La vida que quise tener sólo la podía tener contigo. Eres la prueba de que no podré tener lo que quiero.
- Hablas como el Hombre del Piano. ¿Qué fue de mi alegre Cuentacuentos, que me seducía con historias lejanas de países exóticos?
- Quedó atrás. Murió. O quizás sigue aquí, no sé. Supongo que se me acabaron los cuentos en algún momento.
- ¡Pues busca más! ¡Lee! ¡Escríbe!
- No. No sirve para nada. Quiero que vuelvas a mis brazos, sentirme cómodo y seguro como cuando estaba contigo. Tengo que dejar a un lado al hombre que no pudo estar contigo, al que Tenhime abandonó, y regresar a ese estudiante que Landelón encontró una vez borracho sobre el césped de Yamaguchi. Pero estoy cansado.
- No puedes estar cansado de ser tú mismo. Sólo necesitas un cambio de aires, necesitas frenar y volver a encontrar al Cuentacuentos. Aprende a quererte, como le dijiste a Diana Laguna.
- Yo nunca le he dicho eso a Diana Laguna.
- Pues ahora tienes la oportunidad.

Su voz traviesa se desvanece, como toda su etérea figura, ante mis ojos. El chocar de nudillos contra la puerta de mi casa me saca del sueño, y me incorporo sobre mi cada de un salto, con el corazón acelerado. Al otro lado de mi entrada, Largoyconunavocal me espera, ocultado con su cuerpo a una figura encapuchada, con un sombrero exageradamente grande y el rostro oculto por una bufanda y unas gafas de sol.
- Pasad. Le prepararé un té a Diana Laguna, si quiere.
- ¿Cómo sabes que ella...?
- El fantasma de Navidades Pasadas...

martes, noviembre 25, 2008

Gepeesesinatos

El Extraño entra echando bufidos en el bar, y se abre paso a grandes zancadas hasta nuestra mesa, a la vez que el Viajero y yo nos aferrábamos a la silla en previsión de la tormenta de improperios que se aproximaba. Largoyconunavocal, que en esos momentos estaba cerca de la puerta, se asomó a la calle y, palideciendo, dejó su copa encima de la barra y salió corriendo con expresión horrorizada.

- ¡Cerda puta del demonio, hija de una hiena, chisme fornicante mamavacas cerda con voz metálica, cabrona a base de ceros y unos que me tienes hasta los huevos de tu monólogo asqueroso!
- Qué, ¿un mal día?- dice Landelón.
- Es mi gepeese. ¡Está intentando matarme!
- Oh, venga- intervengo- seguro que no era más que un error en la ruta.
- No, no, lo ha intentado varias veces: me mete de cabeza en caminos cerrados o a medio construir, me dice "gire ahora a la derecha"-el Extraño imita la metálica voz femenina del cacharro con bastante acierto- ¡y a la derecha no hay nada, salvo un vacío de diez metros!

La gente del local comienza a salir afuera, primero poco a poco, pero luego con más frecuencia, con una mezcla de curiosidad, miedo y urgencia. Entran y salen, con el móvil en la mano, llamando a familiares, amigos, , DYA, 112, y al SAMUR. Piden agua, servilletas, cojines. Cada vez aparece más y más gente necesitada. No es hasta que empiezan a traer al interior del local a los heridos más leves y se escucha el eco lejano de las sirenas de las ambulancias cuando hago la pregunta perniciosa del momento.

- ¿Qué ha ocurrido, Extraño?
- Viniendo hacia aquí, justo al inicio de la calle, me ha dicho "Siga conduciendo por la carretera". Menos mal que me he salido y he venido conduciendo por la acera. A saber qué trampa traicionera me estaría preparando ese ingenio del mal...

lunes, noviembre 24, 2008

La Justicia del Rey

- ¿No lo comprenden? ¡Este hombre va a unirse a la Guardia de la Noche!
- Puede. Pero no ahora.

Cada paso del caballo hacía que todo el cuerpo de Davenfor ardiese de dolor. Las atenciones de los torturadores de Lord Arryn lo habían dejado repleto de cortes y morados, y tenía dificultades para cabalgar desde que se había pasado el efecto de la leche de amapola que el maestre de Lyonel Caron le había administrado. A su alrededor, el enviado de la Hermandad del Muro y el caballero con la enseña de la casa Targaryen continuaban con su fútil discusión.

- Pero Lord Arryn prometió...
- Lord Arryn ya no está en condiciones de prometer nada a la Guardia, salvo su propia vida.

El comentario hizo sonreír a Davenfor, pero en el preciso instante que lo hizo sintió punzadas de dolor en los carrillos magullados. Estaba convencido de que una muela se le movía, y notaba aún sabor a sangre en la garganta. Así que Lord Arryn había sido enviado al Muro... las noticias volaban en Poniente. Después del ultraje que había cometido, el continente entero se levantaría en armas. Casi debería agradecérselo. Cualquier Lord de Poniente que conociese los hechos sucedidos en Cantonocturno comenzaría a dudar en la legitimidad de Daeron el Débil en el Trono de Hierro, sobre todo después de que su nombrada Voz violase las leyes de la hospitalidad, la costumbre del matrimonio y se enfrentase abiertamente al Banco de Braavos y a la Fe de los Siete. La causa de Fuegoscuro le debía mucho a ese hombre... aunque yo haya salido perdiendo. Un mes en el Muro, no más. Lo que la Voz de un Rey ha hecho, un verdadero Rey puede deshacer.

- Entonces, este hombre...
- En principio, viajará junto a su mujer, la princesa Aelan, hasta Desembarco del Rey, donde el propio Daeron aclarará todo ésto. También se llevan a Lothston, acusado de traición y de asesinato. Mató a Lord Manning una vez acabado el juicio de los Siete, por lo visto. Oh, y creo que a Lord y Lady Boggs junto con Ser Zecce Sunglass, para aclarar el apoyo del último al alzamiento de los Crabb en Punta de Zarpa Rota. Va a ser toda una comitiva. El príncipe también se lleva a su prometida a Desembarco. ¿Sabíais que quería casarse con un dorniense? Además con Ser Hal Dayne, ese bandido.

Junto a su mujer. Ha dicho "junto a su mujer". Davenfor quería reír y gritar al cielo. Lord Arryn en el Muro, y Lothston aún vivo, sin duda eran buenas noticias. Con los Boggs manteniendo a raya a Sunglass y Manning muerto, Viserys no podría hacer nada para impedir a su hermana evitar su matrimonio con Hastwyck. Con un poco de suerte, Azuro y Larissa ya estarían de camino hacia Braavos y los barcos contratados por la madre de Lord Boggs y Lady Bracken traerían a los ballesteros myrienses que allí esperaban.

- Con todo respeto, Ser, eso no me importa. La Guardia no toma partido, pero somos pocos, y necesitamos a todos los hombres que Su Majestad pueda darnos. Este hombre...
- Dejad de llamarle así. ¿Acaso no sabéis quién es? Puede que sea un traidor, o un emisario de Braavos, aunque posiblemente sólo es un primo que la Princesa Aelan ha interpuesto en el camino para no casarse con Hastwyck ahora que el Príncipe Viserys ha sido secuestrado. Este pequeño bastardo sarcástico,- dijo el caballero, palmeando con sarna la espalda de Davenfor con un guantelete de acero, provocándole un ardiente dolor en el pecho- éste es Davenfor Rykker, el Exiliado.

Davenfor cogió aliento para que su voz fuese más que un susurro saliendo de sus labios partidos.
-Targaryen. Davenfor Targaryen, si no os molesta, Ser.
Volvió a sonreír, sin importarle cuánto le costase. Lo había logrado. La guerra estaba en marcha.

miércoles, noviembre 19, 2008

Destinos: No tienes corazón

Cortesía de Café Quijano, con Joaquín Sabina

Si quieres,
te cuento los cuentos que tu me contabas
Si quieres (mujeres),
te escribo una lista con nombres y camas
Si quieres,
me sigo creyendo que fuiste una santa (anda ya!)
No tienes perdón
Como tienes la poca vergüenza
de entrar en mi casa
Como tienes valor de llamar por la noches
a ver que me pasa (que guasa!)
Como tienes la lengua tan larga y la risa tan falsa,
No tienes corazón (no, no tienes corazón)

Y mírame a la cara y atrévete a negarme
que conoces tantas camas como historias que contarme;
mejor no des detalles, prefiero que te calles
que me evites que te halague con piropos y verdades

Tuviste, muy poco respeto y poco cuidado,
hiciste que fuera el payaso en tu circo privado,
dejaste un imbécil muy grande en mi frente pintado,
No tienes perdón
Ahora entiendo el afán por viajar con tu hermana a La Habana
o las cenas aquellas con tus compañeras una vez por semana
y los viejos amigos y algún con tu primo que ya peinan canas
No tienes corazón (no, no tienes corazón)

Y mírame a la cara y atrévete a negarme
que conoces tantas camas como historias que contarme;
mejor no des detalles, prefiero que te calles
que me evites que te halague con piropos y verdades (bis)

Y me debes año y medio, mucha sangre tú me debes
y tu culpa es mi remedio, sean benditos tus deberes

Y mírame a la cara y atrévete a negarme
que conoces tantas camas como historias que contarme;
mejor no des detalles, prefiero que te calles
que me evites que te halague con piropos y verdades (x3)

lunes, noviembre 17, 2008

Mundelismos

- ¡Mundele, mundele!, le gritaban.
El Viajero estalla en una carcajada seguida de incontenibles ataques de risa que se escapan de su boca como el agua que se desborda de una presa. El Extraño y Yanroud esbozan ambos sonrisas amplias, disfrutando de la anécdota que contaba Landelón. Por primera vez, yo era el que tenía un rictus de sonrisa leve en el rostro.

Landelón, que siente una predilección especial por jugarse el cuello, había decidido ir al Congo ahora que estallaba un nuevo conflicto armado por allá. "Mira, Dídac, Kumei era bonito antes de la guerra y lo es después. La guerra lo arruina todo, pero hay cosas que perduran hermosas". Quizás debido al que el Extraño me hacía gestos de prevención, detecté la mentira en su voz. No iba al Congo por su belleza.

Cuando volvió, trajo fotografías de los lagos que hay por allá. De los niños, que acuden a mansalva detrás de los blancos que caminan por allá, completamente fuera de hábitat. De los guías que no enseñan nada especial pero te cobran por enseñártelo, de la gente que ríe, que habla, que enseña y que muestra, gente que lo veía como un dólar con patas, sombrero y pañuelo, y gente que quiso caminar a su lado sólo por el placer de hacerlo.

Pero sobre todo, me trajo fotos de mi primo.

Sé que no hablo mucho de mi familia, pero en esta ocasión es distinto. Mi primo es médico. No sanador, ni curandero, ni nada de eso. Es médico con todas sus letras, y actualmente se encuentra en el Congo colaborando donde le dejan, llevando un pseudo hospital, manejando un grupo de diabéticos como buenamente puede y soportando la corrupción (la congoleña, y la de las organizaciones internacionales que pululan por allí con diferentes intereses, económicos la mayoría de ellos) mientras trata de hacer lo que en él es casi un talento: hacer feliz a la gente.

Landelón, preocupado por mí, sabía que estaría al tanto de las noticias del Congo por si mencionaban algún ataque a un hospital. Decidió pasar por allá y asegurarse de que mi primo se encontraba sano y salvo (y nunca mejor dicho). Este pequeño gesto vino acompañado de fotografías donde se veía reflejado, más delgado, más moreno, el sanitario de la familia. Le acompañaba su novia, cooperante también, en compañia de la cual yo tenía la certeza de que mi primo se encontraba seguro.

Y pese a que agradecí el gesto de Landelón, había resultado totalmente innecesario: yo sabía que mi primo estaba bien. Era un sentimiento estúpido, irracional, que deseaba cierto por pura acumulación de fe.

Mi primo es tan bueno que hasta el mayor tirano lo consideraría la Gallina de los Huevos de Oro, y lo conservaría vivo para poder aprovecharse de él.

sábado, noviembre 15, 2008

Reincidentes

- Oye, Viajero- oigo, desde mi cocina con acústica para marujas, que empieza a decir el Extraño- ¿Alguna vez te has prometido no cometer el mismo error dos veces?
- ¿Como, por ejemplo, no volveré a escribir "Os mando un email" con una hache antes del "Os"?
- Más bien del estilo de "no volveré a enamorarme", o "no volveré a acercarme a ésta, que siempre me termino acostando con ella y eso termina por liar las cosas?
- ¿Termina por liar las cosas?
- Significa empeorar.
- No, si eso lo suponía. Bueno, no estoy seguro. Más de una vez me he prometido no volver a un país determinado porque mi recuerdo no era todo lo bueno que cabría desear, pero en alguna ocasión he pasado de vuelta por ese mismo sitio, y descubrí que una serie de catastróficas coincidencias que me habían dado una mala impresión. Lo malo de las primeras impresiones, es que no tienes una segunda oportunidad.
- No me terminas de comprender. Cometes un error. Te prometes no volver a cometerlo. Y lo vuelves a cometer. Y te vuelves a prometer no cometerlo, y así sucesivamente hasta el infinito.
- Te quedan entonces dos soluciones. O dejas de prometértelo y lo asumes, o te dejas de acercar a Inés.
- Ah, o sea que ya te lo ha contado.
- A mí sí, pero a Dídac no.
- ¿Y no deberíamos contárselo?
- Si aun no nos ha escuchado, y no entra dando bufidos en cinco minutos, deberíamos, sí.

De repente, el que tiene una duda soy yo. ¿Debería entrar echando bufidos y pidiéndo explicaciones, o espero esos cinco minutos haciéndome el tonto?

domingo, noviembre 09, 2008

Jana y el Amor

Cuenta Landelón que, según la teoría de Jana (parte de la Palabra de Murphy), en el amor, la mujer nunca consigue lo que espera y el hombre nunca espera lo que consigue.

Me comencé a preguntar, a raíz de ésto, si entonces existen dos ópticas vitales: Aquella concentrada en conseguir cosas, y aquella otra centrada en esperar conseguir cosas.

Quizás el mayor problema sea que en una te enfrentas a la desilusión, mientras que en la otra te enfrentas a la sorpresa... sea ésta buena o mala. El Viajero suele decir que el secreto de la felicidad se encuentra en mantener tus expectativas bajas, pero nunca antes había hablado de no tener ninguna expectativa en absoluto.

martes, noviembre 04, 2008

Comiteología (I)

.- Comentario de Kennedy sobre los comités:

Un comité lo constituyen doce personas haciendo el trabajo de una.

.- Comentario de Kirby sobre los comités:

Un comité es la única forma de vida que tiene doce estómagos pero carece de cerebro.

.- Comentario de Heras sobre los comités:

Si quiere que algo se haga, designe un hombre. Si quiere que algo no se haga, designe un comité.

.- Undécimo mandamiento

No comitirás.

lunes, noviembre 03, 2008

Libidinecesidades

En el ambiente flotaba un dulzón olor aromático a fragancias que se consumían lentamente en braseros de bronce pulido, despidiendo delgadas y ondulantes columnas de humo que se elevaban hasta perderse entre las telas de seda que pendían del techo. Música exótica de instrumentos desconocidos para mí marcaban el ritmo que seguía una hermosa joven para ir despojándose de sus prendas, una a una, de forma sensual y provocativa, mientras un grupo de machos humanos en celo desatado vociferaban y arrojaban brillantes monedas a los pies de la bailarina.

Era evidente que, de los cinco que habíamos entrado, tres nos encontrábamos manifiestamente incómodos. Encontraba razonable que Landelón, siendo el vivalavida que es, frecuentase esta clase de locales, pero el hombre del piano y yo no éramos precisamente unos expertos en el submundo de clubes de moral distraída. En cuanto al Extraño, nunca lo había visto tan fuera de su sitio. Parecía sudar por cada poro de su piel, y no paraba de rascarse la nuca, como para arrancarse el raciocinio a base de erosión.

- Eh, Extraño... ¿Estás bien?- pregunta el Viajero, sin apartar los ojos de los pequeños pechos de la bailarina, recién descubiertos tras un gesto de elegancia incomparable mediante el cual se había desprendido de la última tela semitransparente que los cubría.
- Claro- responde, la ironía cortando el aire como una cuchilla de afeitar- pero dime, Viajero, ¿por qué has tenido que traerla a ELLA?

Abriéndose paso a empujones entre el rebaño de testosterona, Inés se pone en primera línea de la danza y comienza a lanzar gritos de entusiasmo entremezclados con las frases más obscenas que jamás podría imaginar salir de la boca de una mujer. Finalmente, cuando a la bailarina no le queda más que el velo puesto, se retira entre bambalinas, e Inés, jadeante, se reincorpora al grupo.

- Waaaaa... ¿habéis visto eso?- Dado que no sabemos si se refiere al baile o al espectáculo que ella ha dado, no contestamos con otra cosa que un asentimiento general de cabezas.- Porque soy enteramente heterosexual, que si no esa chica estaría en peligro ahora mismo...
- Ehm... ¿Inés?
- ¿Sí?
- ¿Eres plenamente consciente de lo que estás diciendo?
- Mira, Cuentacuentos. Que no me guste acostarme con una mujer no significa que desconozca los entresijos de la sensualidad y el erotismo, ¿sabes?
- No, no, si yo...
- Así que no me vengas con eso de "yo tengo pene, estoy más capacitado para decir qué es atractivo y qué no".
- Pero si yo sólo...
- ¡Me da igual! ¡Te callas, y lo asumes! ¡Y vente conmigo a gritarle guarradas a la siguiente que salga, hombre, que parece que lo de Tenhime te tiene castrado!

Mi mirada vaga entre mis así llamados amigos en busca de refuerzos. El hombre del piano me ha abandonado, tomando asiento con su habitual pose de cansacio, y parece estar encargándose un whisky. Landelón sonríe, enviándome un "tú te lo has buscado solito" desde sus ojos ambarinos. Y el Extraño se rasca la nuca, mientras asiente con la cabeza. No sé si quiere decir que yo tengo razón y él lo sabe, o que Inés tiene razón, y yo debería saberlo. La mano de Inés se cierra en mi mandíbula y redirige mi atención a sus ojos.

- Vale, Inés, vamos allá.
Cuando la siguiente bailarina sale a escena, su nombre retruena por toda la sala, tan original como difícil de deletrear. Viste una larga falda azul rematada por el habitual cinturón de monedas doradas, y un velo bajo una elegante melena sedosa sujeta por coletas imposibles.
- Oh, ésta... -oigo susurrar a Landelón.- Tenía ganas de verla. Dicen que es la única que no se desnuda.
La música empieza, y antes del segundo compás de la danza, oigo a Inés responderle, también por lo bajo.
- Ni falta que hace.

viernes, octubre 31, 2008

Destinos: en el NueveVelos (II)

- Oye, Viajero. Siendo tan exótico... ¿por qué nunca hemos ido al NueveVelos?
- Aparte de porque me gustaba ir acompañado de féminas, porque el destino del local fue el mismo que el de toda Neral: fue completamente destruido.
- Oh... ¿Y a la argentina, la has vuelto a ver?
- Tú tienes tu chica de Kumei. Yo, a la mía de Neral. Pero cuando alguien se pone a destruir edificios, a romper ventanas y a causar explosiones, se destruyen muchas más cosas que bienes materiales. Los lazos humanos se rompen, los amigos desaparecen entre el polvo y los cascotes, y las palabras se pierden en el estruendo de la destrucción y el odio. Incluso si no hay muertos, incluso si ni siquiera hay heridos. Cuando existe destrucción, la devastación es siempre más profunda de lo que las ruinas y los escombros dejan ver.

miércoles, octubre 29, 2008

En el NueveVelos

Había dos cosas evidentes en ella, me cuenta Landelón. Una que era argentina, y otra que estaba triste.
"¿Estás triste, princesa?", le dije. Sí, me contó, pero no quiso explicarme por qué. Con mi talento natural para la conversación y una buena dosis de buen humor, traté de sonsacarle una razón, pero no conseguí siquiera hacerle esbozar una sonrisa.

Al menos, conseguí que accediera a tomar un café conmigo. Afortunadamente, era su primera vez en Neral, así que pude impresionarla llevándola al local más arómatico y exótico que ofrece la ciudad, el NueveVelos. Allí, entre cortinas de seda semitrasnparente y humos de incienso, ella pareció más relajada y dispuesta a hablar.

Pero no lo hizo. Se quedó ahí, mirándome, como si deseara decir algo pero no pudiera. Como si, detrás de toda su tristeza, no hubiera razón alguna que la explicase. Traté de escuchar sus silencios, como intentabas con Alithia, o con la chica de Kumei, pero ni un sólo mensaje cruzó el vacío entre los dos.

Cuando empezaba a pensar que la velada sería un aburrimiento, me dijo, con su suave acento. "Andá, contáme un cuento, Viajero". Un cuento, ¿eh?, bien veamos qué tenemos por aquí...

Érase una vez, le dije, un hombre que no tenía suerte. Cansado, dijo "Voy a buscar a Dios, para preguntarle por mi suerte", y se puso a caminar.

Encontróse con un lobo esquelético y débil, con el pellejo estirado sobre sus costillas, que yacía con la patas cruzadas a un lado del camino. "Hola, hombre, ¿adónde vas?" Voy a buscar a Dios, respondía, a preguntarle dónde está mi suerte. "Oh... si le encuentras, ¿podrías preguntarle por qué estoy tan delgado y débil?" Claro, claro, respondió el hombre, pero disculpa que me marche, porque tengo que encontrar a Dios para preguntarle por mi suerte.

Atravesando un bosque llegó a los pies de un gigantesco roble de ramas retorcidas y corteza putrefacta. "Hola, hombre. ¿Qué te trae a este bosque?" Voy a buscar a Dios, respondió otra vez, a preguntarle dónde está mi suerte. "Oh... si le encuentras, ¿podrías preguntarle por qué estoy tan enfermo y por qué se me pudre la corteza?" Por supuesto, replicó, pero disculpa que me marche, porque tengo que encontrar a Dios para preguntarle por mi suerte.

En el linde del bosque halló un prado verde en cuyo centro se levantaba una pequeña casa de blancas paredes rodeada de setos llenos de flores. Al pasar al lado, una joven de hermosos cabellos dorados salió a su encuentro, y le dijo con voz lánguida. "Hombre... ¿Adónde váis?" Voy a buscar a Dios, dijo una vez más, a preguntarle dónde está mi suerte. "Si lo encontráis, ¿le preguntaréis por mí, por qué me siento tan triste e infeliz ?" Faltaría más, respondió el hombre, pero disculpa que me marche, porque tengo que encontrar a Dios para preguntarle por mi suerte.

Ocurrió que a la vuelta de la esquina, el hombre halló a Dios. "¡Andá, es Dios!" se sorprendió. ¿Qué quieres, hombre?, le preguntó el Altísimo. "Bueno, quiero saber dónde está mi suerte...". Ah, así que de eso se trata. No te preocupes, que tu suerte está ahí fuera. No tienes más que salir a buscarla...

El hombre se puso muy contento al oír esto de Dios, así que marchó inmediatamente a buscar su suerte. Justo antes de irse, se acordó del lobo, el árbol y la joven, así que le preguntó a Dios lo que le habían pedido, y éste le contestó.

De vuelta llegó a la casa blanca en el prado. La joven salió a recibirlo "Hombre, ¿encontraste a Dios?" Sí, dijo alegre, me dijo que mi suerte está ahí en alguna parte. "¿Te dijo algo de mí?" Sí, dijo que te sientes desdichada porque vives sola, y que cuando encuentres con quien vivir, dejarás de estar triste. "Oh... hombre, ¡vive conmigo! Quédate a mi lado, y nunca serás infeliz" No, no puedo. Tengo que salir a buscar mi suerte, que está ahí, en algún lado.

A través del bosque volvió a estar ante el roble marchito. "Hombre, ¿encontraste a Dios?" Sí, me dijo que mi suerte está ahí en alguna parte. "¿Le preguntaste lo que te pedí?" Sí, dijo que tienes un tesoro enterrado bajo tus raíces y eso te hace enfermar. "Entonces, hombre, ¡llévatelo! Yo no lo quiero para nada, coge esa pala y líbrame de él." Me encantaría, pero no tengo tiempo. Debo salir a buscar mi suerte, que está por ahí, en alguna parte.

Por el camino se encontró de nuevo al lobo, que caminaba lentamente hacia él con la lengua fuera. "Hombre, ¿encontraste a Dios?" Sí, sí, me dijo que mi suerte está ahí, en alguna parte. "¿Y de mí? ¿Te dijo algo?" Claro, dijo que estás débil porque hace mucho que no comes, y que en cuanto comas algo dejarás de sentirte tan débil y volverás a ser el lobo feroz que eras.

Y el lobo se lo comió.

Esperé una reacción en su rostro durante dos, tres segundos. Y la obtuve. Su boca, delgada y pálida, se curvó, en una sonrisa que parecía valer más que una mina de diamantes o un cráter de Dexlar.

"Me gustó. Tomá, Viajero, para que podás tener más cuentos la próxima ves que nos encontremos".

Sabes que yo no escribo cuentos, Dídac, así que te lo dejo a tí. Quizás tú le saques más partido. Es un juego de plumas, pero ella las llamó con otro nombre, ¿cómo era?

"Biromes", le respondo yo, pensativo.

martes, octubre 28, 2008

Ley de Mason sobre la sinergia

El día en que uno vendería su alma a cualquier precio, sobran almas

lunes, octubre 27, 2008

Verbiscripciones

- Es cierto- me confesó Aayla, poco antes de la fiesta del número pi- que en ocasiones uno no es totalmente dueño de lo que escribe.
- ¿En tu caso?
- En mi caso, más a menudo de lo que debería.

Se puso a rebuscar en el bolso, y de entre la ingente cantidad de objetos útiles pero prescindibles que las mujeres suelen llevar ahí, extrajo un cuaderno de tapas de cuero y me lo alcanzó. Estaba completamente lleno, salvo por unas cuantas hojas en blanco al final, de una escritura elegante y femenina, y de dibujos y símbolos en los márgenes. Obviando la parte del arte de la que no podía emitir un juicio válido, me concentré en los relatos y poemas que había abocetado a lo largo, ancho y profundo de ese receptáculo de tinta.

Pasé las páginas con cuidado, como si estuviera de verdad sosteniendo los sentimientos de Aayla entre mis torpes manos, y convencido de que realmente así era. A cada nueva página, versos nuevos asaltaban mis retinas, mientras se me hacía cada vez más difícil no recitarlos en voz bajita, como un niño de primaria a quien le acaban de enseñar a leer.

Los relatos eran buen material. Necesitaban pulido, pero destilaban un estilo propio, lleno de sentimiento y de arte. Buenas ideas. Muy buenas, a decir verdad. Pero lo que me impactó de verdad fueron los versos.

Uno no es entendido en poesía. Garabateo de vez en cuando, y reescribo letras de canciones porque soy incapaz de idear melodías nuevas. Pero, oh dios mío, no había que ser crítico para dejarse llevar por los versos de Aayla. Allí había lágrimas, había pasión, había abandono, había dolor. Versos suaves como caricias, repentinos ataques de cólera, descripciones del vacío que uno siente cuando alguien querido abandona tu lado.

Por un momento, sólo por una fracción de segundo, menos de lo que tarda una persona en pestañear, una milésima parte de la duración de un latido de corazón, quise ser la persona a la que Aayla había escrito todo esos versos. Le había entregado mucho más que su amor y su dedicación durante el tiempo que permanecieron juntos: le había regalado pensamientos, palabras y obras que perdurarían en ese cuaderno incluso cuando los rasgos del destinatario se hubieran agrietado y roto en los estériles ríos de la memoria.

Porque verbi volant, pero scripta manent.

jueves, octubre 23, 2008

Ley de la salchicha

Hay personas a quienes les gustan las salchichas y respetan las leyes, y es debido a que no han visto cómo se elaboran ninguna de las dos cosas.

lunes, octubre 20, 2008

Peces y marineros

Cuando uno se encuentra atrapado por un determinado curso de acontecimientos, la verdad inamovible de que nada puede hacer para cambiarlo lo sacude con tal intensidad que es habitual caer en un estado de frustración tal, que la ira reprimida puede escoger cualquier vía de escape para evitar provocarle un aneurisma al infortunado.

Y es que, según el hombre del piano, existen determinadas clases de crisis que se asemejan a una tormenta en alta mar: todo lo que un hombre puede hacer es recoger las velas, enfilar la quilla en dirección al viento, y rezar por que el oleaje ni agriete ni vuelque la embarcación.

Más o menos en esa situación me encontraba yo. Me había buscado un trabajo vacío y sin contenido, malpagado y peor agradecido, pero tristemente necesario para vivir si pretendía seguir escribiendo. Y es que la muerte y la literatura se llevan tan bien, que a veces bailan agarrados. Desafortunadamente, no pensaba morir de hambre sólo por no conseguir que me publicasen un mísero recopilatorio, así que me ví rodeando ofertas de trabajo en el diario una mañana, y, con crisis o sin ella, a la semana siguiente ya estaba en el curro de mierda.

Landelón se había ido otra vez a Neral (según dijo, a ver a la hija pequeña del Rey de Badar, para ver si la convencía de venir a visitarnos), y el Extraño se encontraba diseñando un no-se-qué para una mujer de identidad desconocida con la cual no para de quedar últimamente. Inés, que de vez en cuando se muestra empática, había tenido la buena voluntad de venirse a pintar a mi piso, y trabajaba afanosamente sobre un lienzo mientras yo tecleaba bocetos de relatos.

- Oye, Inés, ¿crees que el hombre del piano tiene razón? En lo de las crisis y las tormentas, digo...

Pareció pensárselo por medio segundo, pero a las veinticinco centésimas ya estaba respondiéndome.
- Sí. Bueno, no. Quiero decir, sí que existen momentos en que no puedes hacer mucho salvo aguantar a que todo pase, pero lo que puedes elegir es cómo lo pasas. Eliges tu actitud, como los del pescado, y tratas no sólo de capear el temporal, sino además de capearlo sonriendo.
- ¿Cómo pretendes que sonría ahora?
- Agarrándote a una soga, balanceándote a la vez que el mar sacude tu barco, y cantando canciones de marineros. - comienza a cantar, con gestos exagerados, una de las canciones de piratas borrachos que le enseñé a Alithia en sus noches de insomnio:

Si el marinero está borracho
Si el marinero está borracho
Si el marinero está borracho
¡dale un remojón!

Y si el barco está escorado
y si el barco está escorado
y si el barco está escorado
¡Todos a estribor!

Me arranca una sonrisa, aunque sea por el espectáculo que me ofrece en el salón de mi propia casa. Y quizás lleve razón. No puedo elegir lo que hago, pero sí como lo hago.

Consejo de Fish! número 1: Elige tu actitud.

lunes, octubre 13, 2008

Su historia

A ella le gustaba él. Desde que había entrado en el local, no habían parado de intercambiar miradas. Era una historia típica, pero al ser ella la protagonista, se le antojaba única. Le gustaba él, con su mirada provocativa y su sonrisa socarrona. Quizás no fuese el más guapo de los que conocía, pero, ay, cuando la miraba con esos ojos tan llenos de ideas traviesas y de promesas de placer prohibido, cuando esgrimía esa sonrisa brillante como el filo de una navaja, ella se sentía morir por dentro.

"Ten cuidado" oía que le decía Ramón, a su lado "que ése tiene aires de perdonavidas".

Ella lo ignoró, por supuesto. Ramón siempre miraba por ella, pero era más que evidente que tenía razones ocultas para ello. La envidia de su amigo la enojaba tanto como le cegaba a él, y no iba a permitir que el juicio nublado por los celos de Ramón le arruinase la historia de esta noche.

Él sonreía desde su mesa, y ella se deshizo al descubrir que miraba en su dirección. Por un momento la sangre hirvió en sus venas, llenando su cabeza de ideas alocadas pero libidinosamente satisfactorias. ¿Y si cruzaba el local hasta su mesa, se sentaba a horcajadas sobre él y lo besaba? ¿Y si esperaba a que él fuera al baño y ahí lo asaltaba? Dudaba de tener el valor para dar rienda suelta a sus deseos. ¿ Y si él la rechazaba, o peor, se reía de ella?

"Oye, ¿no está mirando hacia aquí?" la voz de Ramón le llegaba lejana, más allá de los muros de su fuero interno. Pues claro que mira hacia aquí, idiota. Es más, ¡oh, Dios mío!, ¿acababa de señalarla? Qué señal tan poco sutil, pero, por otro lado, que inequívoca. "Bueno, pues mejor te dejo a solas"

Ramón se levanta y ella alcanza a despedirle con la mano mientras se marcha. Al otro lado del local, el origen de su deseo le pide la cuenta al camarero. Ella lo imita, con la prisa mezclada con el nerviosismo corriendo por sus venas en un cocqtail letal. Él se levanta y se dirige a los servicios. Es ahora o nunca, piensa, mientras aparta las dudas y deja un billete grande junto a la factura, decidida a no preocuparse por el cambio.

Se lanza a la persecución, retocándose ligeramente el pelo por el camino, reafirmando su propio atractivo. ¿Rechazarla? ¿Reírse de ella? ¡Ja! Tendría que ser ciego o estar loco para cometer una desfachatez así.

Cuando abre la puerta de los servicios masculinos, dispuesta a arrastrarle al placer y a la locura, lo primero que ve es que ya está besando a otra persona.

Le lleva una fracción de segundo de más comprender que la otra persona es Ramón.

Blancos

Al apretar el gatillo, un mecanismo provocó que el percutor golpease el casquillo, detonando el propelente cuyo gas, al expandirse, propulsó un proyectil a través del cañón. El estriado de éste imprimió un movimiento en espiral a la bala, lo que contribuyó a que mantuviese su rumbo durante los mil doscientos metros que recorrió hasta impactar con el cráneo del líder de la extrema derecha de un país de Europa, cuya ideología rivalizaba en intransigencia y totalitarismo con la del Tercer Reich Alemán. El trauma cerebral masivo fue causa de muerte instantánea, acabando con sus discursos discriminatorios, su odio racial y su futuro político.

Mientras desmontaba el rifle, el operativo sin nombre de una agencia a la que se referían únicamente con siglas sonreía pensando en el éxito de su experimento científico. Después de toda su palabrería pro-aria, el objetivo había demostrado ser un blanco perfecto.

jueves, octubre 09, 2008

Lágrimas en mi jardín

Mentiría si dijese que no tengo a nadie en mente cuando escribí este boceto de canción. No me he parado a repasarla, lo cual la convierte precisamente en lo que es: un garabato inacabado. Supongo que su cantante, dado que la voz es femenina, la pulirá antes de que llegue el momento de cantarla. Porque, como dice el Dr. Manhattan, esta historia está ocurriendo. Pero se la estoy escribiendo a su protagonista, un par de meses en el pasado, para cuando ella tenga que cantarla.

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Cuando dices entre sollozos
'no lo entiendo, qué hago mal'
me doy cuenta de que al final
de todo no te puedo culpar.

No te lo puedo explicar.
Pasan las cosas y los días.
La gente no cambia,
pero los fuegos se enfrían.

Y podrás seguir regando
de lágrimas mi jardín,
pero eso no conseguirá
hacerme ser feliz.

El futuro espera que actuemos,
desea que nosotros hagamos
las cosas que debemos hacer.
El destino escrito por otras manos

No puedo seguir a tu lado
sabiendo que voy a perderte.
Prefiero herirte ahora
en lugar de retenerte

Y podrás seguir regando
de lágrimas mi jardín,
pero eso no conseguirá
hacerme ser feliz.

Otro día seguirá al mañana,
ambos seguiremos vivos.
Yo miraré con ojos claros,
tu reirás con tus amigos.

Sé feliz, eso deseo;
que nadie vuelva a herirte.
Encuentra algo que te apasione,
un sitio al que dirigirte.

Me encontrarás en mi futuro
que me aguarda ahí delante.
Quizás si creces entenderás
que no pude esperarte.

Y podrás seguir regando
de lágrimas mi jardín
pero eso no conseguirá
hacerme ser feliz
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miércoles, octubre 08, 2008

Cosas que me hacen sonreír (I)

Recuerdo una vez que Landelón volvió de Hong Kong, y mientras se calentaba el cuerpo con un chocolate caliente, me mostró una foto. En ella se veía a una jovencísima Aayla, sonriente, abrazada a un descomunal oso de peluche.

En aquel momento no entendí por qué a Landelón le fascinaba tanto una foto de una dieciseisañera abrazada a un muñeco relleno gigante. Aayla, en principio, no había sido más que una más en la lista de las innumerables amantes del Viajero, una muesca en su revólver de conquistas, de canalla reformado y rompecorazones profesional. Aayla, la sonriente y simpática Aayla, quien había huído de la gigantesca urbe de Hong Kong buscando la paz de Pamplona, y cuando llenó sus pulmones con aire puro y aburrimiento concentrado, nos había dejado con un beso en la mejilla y un "hasta cuando podáis". ¿Por qué de repente ese interés en ella?

Se lo pregunté al Viajero, y pareció divertirle el hecho de que lo hiciera. Dejó la foto de pie, en equilibrio con uno de los innumerables trastos, remanentes de mi vida con Tenhime, que adornaban mi salón, y se marchó silbando una canción que me resultaba familiar.

No le presté atención a la fotografía durante días, o incluso semanas. Hasta ayer. Fue un día triste, sin mucho ánimo. No de esa tristeza que responde a una razón, esa que es como un muro entre la alegría y tú, sino de una desidia perversa, sibilina, que me invadía por los dedos de los pies y se extendía hasta rodear mi corazón. Era más bien una desesperanza gris, una falta de ánimo que me robaba las ganas de hacer algo para cambiar la situación. Por supuesto que el día pesimista del Viajero y el Extraño no ayudó en absoluto.

Entonces vi la foto en mi salón. Retiré con la manga la fina capa de polvo que la cubrí, y la estudié con atención. Aayla estaba jovencísima (¿Sería acné esas manchas en su rostro?), pero tenía un brillo en los ojos que no había muerto pese a los diez años transcurridos desde que se tomó la instantánea. No, no era en sus ojos. Era su boca. Sonreía igual que sonrió cuando estuvo aquí, con el Viajero y conmigo, cuando vio la Mimosa de Benus, cuando Landelón le trajo una joya de Dexlar, o cuando celebramos el día Pi. Una Sonrisa con S mayúscula, una especie de faro de vida y juventud, de ganas de vivir, de ser feliz.

Me descubro sonriendo. Los recuerdos de Aayla son escasos, pero agradables todos ellos. También recuerdo nuestra breve visita a Hong Kong, cuando estuvimos enfrentándonos a su acompañante. Descubro un bastión de alegría en mi interior, que no tarda en ocupar yacimientos de risa en mi pecho. Recuerdo las cosas que pasan por las mañanas. Y memoria agradable tras memoria agradable, logro hacer retroceder la tristeza.

Veo entonces el detalle en la fotografía que no había detectado. El oso parece tener algo alrededor del cuello.

Es un pañuelo. Un pañuelo amarillo.

martes, octubre 07, 2008

Un Día Pesimista

Landelón y el Extraño se encuentran taciturnos frente a dos vasos vacíos cuando entro en el bar. No he terminado de pedirme mi cerveza y sentarme, cuando Landelón dice, casi con desgana:
- Hemos encontrado la solución a la mitad de los problemas a medio y largo plazo del mundo. Y ahora sabemos con certeza que la raza humana se autodestruirá, pero no por su avaricia, sino por sus conceptos morales.
- ¿Por qué?
- Porque la solución es reducir de forma expeditiva la población mundial.
Es el Extraño el que, como viene a ser costumbre, dice la frase lapidaria que ningún ser humano tendría la osadía de expresar en voz alta.
- Y dado que el genocidio no es éticamente aceptable, estamos todos condenados.

miércoles, octubre 01, 2008

Civilizaciones

- Ya está- se queja el Extraño- Ya lo han conseguido. Han fundido el puto acelerador de hadrones. Ya la han liado. A tomar por culo.

No había visto al Extraño tan enfadado desde la bronca de los malotes, y eso que esa vez estaba más indignado de furioso.

- Con la de energía que hace falta para ponerlo en funcionamiento, con la pasta que se han gastado en ponerlo en funcionamiento, ¡joder!- patea el rodapié con tanta fuerza que cruje, y amenaza con separarse de la pared.
- Eh, Extraño. Quéjate lo que quieras, pero no me rompas la casa.- Tras un momento de silencio durante el cual trata de controlar su ira, le pregunto- ¿Por qué te importa tanto ese chisme?
- ¿Por qué? ¡Tengo veinte euros apostados a que destruye el mundo!
- Ehm... ¿Y cómo pretendes cobrar, si es así?
- No pretendo cobrarlos. Pero apostar dinero es la única manera que conozco de no tener razón.

Así que esa es la causa. El Extraño REALMENTE cree que el LHC va a crear un agujero negro que destruya el mundo, y, consciente de que siempre tiene razón, realiza una hazaña de valor épico para salvar la Tierra: apostar dinero. El Extraño, a pesar de ser un jugador empedernido, nunca gana las apuestas si hay dinero de por medio. Así que sacrifica su cartera para darle al mundo un plazo más de vida. Su heroicidad me conmueve.
- Oye... ¿Cómo va a crear eso un Agujero Negro? Tenía entendido que eso no podría suceder nunca.
- Esas serán las últimas palabras que oiga la Tierra, de labios de un Ingeniero.
- Oh, venga. ¿Y todos los Agujeros de la Galaxia? ¿Eh?
- Toda civilización crece de las cuevas al barro y del barro al cemento hasta que su curiosidad científica le lleva a crear un Colisionador que la destruya por completo. Cada Agujero Negro en el Universo es el vestigio de una civilización exitosa.
- Eso es imposible. ¿Acaso no hay un gigantesco Agujero en el centro del Universo?

El Extraño me deja un par de segundos de margen para que me anticipe a su respuesta. Llego a la misma conclusión justo a tiempo.
- Pues imagina el tamaño del Colisionador que lo creó.

martes, septiembre 30, 2008

Justo Castigo

Si hay algo que no me gusta de los Wellington, es su manera esnob de tratar a las visitas. En función de quien seas (y quien eres suele ir asociado al grosor de tu cuenta bancaria), te reciben en su salón de actos, si eres de los que más, o en su balcón para visitas, si eres de los que menos. Dado que nosotros acudimos en grupo, y no dejamos que Alfred, el mayordomo, nos separe por nuestros ingresos, acabamos siendo todos recibidos como gladiadores en el coliseo.

La situación con Alithia en casa se había vuelto insostenible. Aparecía en mi cuarto en plena noche y me despertaba, para tratar de explicarme con gestos y miradas sus pesadillas. Al principio jugué a adivinar sus miedos, pero pasados los días dejé de tratar de traducir sus gestos a horas intempestivas, y simplemente le permití dormir conmigo. Comenzaba a actuar de forma errática y de alguna forma compulsiva, y tras unos diez días no lo soporté más, y decidí devolverla a Inglaterra con su familia. Insistí a Landelón para que me acompañase, dado que la joven era responsabilidad suya cuando partimos de la fiesta. Así que, junto a Yanroud y a Alithia, cogimos el primer avión que pudimos y nos plantamos frente a la mansión Wellington.

Alfred, el estirado pero cortés mayordomo de la familia, nos recibió con un "Debo suponer que saben la entrada que les corresponde", así que entramos por la puerta que da a la sala del balcón. Desde el centro del salón, se contempla un mirador desde el cual Mr. y Mrs. Wellington pueden observar a sus visitantes desde un plano de superioridad absoluta. Alithia corrió a brazos de sus padres, subiendo por las escaleras que llevan desde la sala inferior al balcón, mientras Landelón se adelantaba y, quitándose el sombrero mientras doblaba la rodilla, comenzaba su larga explicación y su esperada disculpa tanto a Alithia como a sus padres, por su falta de tacto a la hora de romperle el corazón a la joven sin voz.

- Ah, así que fue de esa forma como le rompiste el corazón a mi hija- dice Mr. Wellington, con un marcado acento en cada palabra- ¡Veremos si te atreves a volver a hacerlo después de luchar contra mi Rancor!.

Presionó entonces un botón, abriendo bajo los pies de Landelón una trampilla que le hizo caer hacia un sótano oscuro cuyo contenido no podíamos ver bien desde nuestra posición. El rugido hambriento que surgió de la oscura trampilla no dio lugar a dudas de lo que allí abajo había.

- Oye... ¿necesitará mi ayuda?- dijo Yanroud, a mi lado, mirando preocupado hacia el tenebroso agujero.
- No creo, suele cuidarse bien solito.
- Aun así me preocupa... Landelón es nombre de Viajero, no de Jedi.
- Míralo de esta forma. Un Rancor no es lo único que los Wellington tienen ahí abajo, y seguro que Charles está deseando igualar las tornas.

viernes, septiembre 19, 2008

Cronoteorías

El Parque de Yamaguchi, Pamplona, 06:26 h, domingo. Un banco solitario se ve ocupado por cuatro figuras de pies cansados, aliento a alcohol, y ojos enrojecidos de una noche de farra. De izquierda a derecha, con la mirada perdida en el lago, el Extraño, Inés, Alithia y yo descansamos nuestros maltrechos cuerpos en la hora más fría del amanecer. Inés se quita los tacones, para encoger y estirar los dedos de los pies. Alithia tiembla de frío a mi lado, así que, en un gesto de estúpida caballerosidad, me quito la chaqueta y se la pongo sobre los hombros. Pasado el momento de satisfacción personal por una buena obra, el que empieza a pelarse de frío soy yo, pero aprieto los dientes para no tiritar y no me quejo, no vaya a ser que la pequeña Alithia se sienta culpable. El Extraño cruza las manos detrás de la nuca mientras se recuesta, y dice:

- No podemos cambiar el pasado, porque ya ha sucedido en el presente del futuro.
- ¿Qué?
- Pues eso. En el presente del futuro, nuestro presente es el pasado. En el presente del pasado, el futuro es nuestro presente. Si nosotros pudiesemos viajar al pasado, no podríamos cambiar nada, porque nuestro presente ya está configurado teniendo en cuenta que ha ocurrido lo que haya sucedido en el pasado. Por tanto, el presente ya ha tenido en cuenta cualquier alteración que pueda haber sucedido en el futuro.

Alithia no dice una palabra, lo cual no es raro en ella, pero mira con aire interrogante al Extraño. Yo aún estoy tratando de descifrar su teoría, pero Inés se adelanta.
- Si yo voy a pasado y mato a mi abuelo...
- Nunca llegarías a hacerlo, porque si no, no nacerías, y por tanto no podrías viajar al pasado para matar a tu abuelo. O sí, lo podrías hacer, pero alguno de tus padres ya hubiese nacido antes de que tú matases a tu abuelo.
- ¿Quieres decir que si pudiera viajar al pasado y tratar de asesinar a mi abuelo, la Realidad no permitiría que mis intentos tuvieran éxito?
- Exacto. Por ejemplo, si Dídac tratase de viajar al pasado y cambiarlo de forma que él no hubiera conocido a la hija pequeña del Rey de Badar, no conseguiría nada, porque el pasado ya ha sucedido en el presente, y por lo tanto tiene en cuenta las variaciones que hayan podido hacer desde el futuro. Ya ha conocido a la hija pequeña del Rey de Badar, nada puede cambiar eso. Quizás, en el futuro, alguien deba viajar al pasado para realizar algún cambio que conduzca a este presente, pero eso ya habrá sucedido en un futuro más lejano, por lo que no debemos preocuparnos por ello.
- Me preocupa esa teoría, Extraño.- confiesa Inés.
- ¿Por qué? ¿Por la idea de la predestinación, la posible anulación del libre albedrío, y la posibilidad de que todas tu acciones ya estén establecidas de antemano?
- No. Porque mi abuelo murió asesinado misteriosamente poco después del nacimiento de mi madre.

lunes, septiembre 08, 2008

Onirismos

- Esta noche he soñado con Inés- dice el Extraño, arrastrando los pies hasta mi salón.
- ¿Ah, sí?- le alcanzo una cerveza y le invito a que se siente- ¿Y de qué iba el sueño?
- Partiendo de que aparecía desnuda en mi cocina, era sensual, tierno, cargado de deseo, de lujuria y de pasión.
- Ya... un auténtico infierno, ¿eh?
- Sólo después de despertar.

viernes, septiembre 05, 2008

Instintos

El Extraño se queda helado en la puerta del salón al contemplar a Silvia, deshecha en lágrimas entre los vanos intentos de Alithia y yo por consolarla. Sobre la mesilla del salón, un sembrado de pañuelos de papel usados, con sabor a campo de batalla, le dicen que hace ya un rato que el espectáculo de llanto comenzó. Me hace señas para que me acerque a él, y después de susurrar unas palabras que tratan de ser reconfortantes al oído de Silvia, me aparto del salón con el ingeniero.

- ¿Qué ocurre?
- Inés, Alithia, Silvia... ¿Por qué tu casa se está convirtiendo en un refugio de mujeres despechadas?
- Mi casa parece ser un refugio para todo el mundo- respondo, con un encogimiento de hombros.
- El novio, ¿no?
- Previsible.
- ¿No le avisastes la última vez de que acabaría así?
- La última y las anteriores. Pero ella suele decirme que no, que esta vez era distinto.
- ¿Cómo era?
- Te lo puedes imaginar.

Y, oh, sí, se lo puede imaginar. Silvia, como una gran proporción de las mujeres, había comenzado a verse con un hombre (por llamarlo de alguna forma) cuyas características primordiales están tan estereotipadas que forman parte de la integridad arquitectónica de los tipos como él. Un ego sobredimensionado sirve de base a la estructura, que se rodea de las prioridades necesarias para alimentarlo. Una seguridad en sí mismo aparentemente sólida, que puede llegar a ser frágil si la golpeas en depende qué puntos. La actitud es del todo sincera: aires de perdonavidas, con un toque ligeramente soberbio y tendencias territoriales en cuanto a campos de conocimiento, dominio de habilidades, y atracción de mujeres. El Extraño los etiquetó como "malotes", quizás como disociación al personaje de instituto, quizás porque es la evolución más lógica de éste, en un estado más maduro de fermentación (o de putrefacción).

Desafortunadamente, el ser humano posee un sentido del instinto, por mucho que los filósofos hayan tratado de negarlo. La conducta instintiva del macho alfa sigue predominando en la actitud de muchos adolescentes (en respuesta a estímulos tales como el miedo, la competencia de otros machos alfa, la necesidad de un sentimiento de seguridad frente al cual no sentirse desamparados en el futuro, y un largo etcétera), mientras que el perfil buscado por las mujeres (el sector femenino de la manada, en términos más biológico-sociales) es precisamente ése: el macho protector, con aires de duro de pelar, horizontes centrados en su ombligo, capaz de atraer a las hembras meramente por su actitud lupina y amenazadora.

De este factor se derivan consecuencias variadas: la primera, que los ejemplares considerados óptimos a un largo plazo para una relación estable son de largo ignorados. Las virtudes buscadas por mujeres desde los dieciséis (momento culmen del desarrollo hormonal) hasta los veintiséis años (estado en el cual las prioridades en la búsqueda de acompañante sufren un cambio radical y prácticamente irreversible en un alto porcentaje de la muestra) no son la fidelidad, la comprensión, la paciencia y la perseverancia, sino la agresividad, la altanería, el egocentrismo y el instinto territorial. Otra de las consecuencias se deduce de la primera: un macho alfa es incapaz de mantener a la misma mujer durante mucho tiempo, y, si se diera el caso, no la conserva atada por los mismo sentimientos. Ante la falta de atracción sexual por parte del instinto de la hembra, el "malote" torna a tácticas tales como la amedrentación física o psíquica, o la exteriorización de sentimientos como la soledad y el desamparo que despiertan en la hembra en cuestión un efecto de codependencia y compasión suficientes para conservarla a su lado.

El macho alfa emplea, además, los habituales sentimientos de inseguridad femeninos para su provecho. Frases como "nadie más querría estar contigo" o "dónde vas, si el único que te soporta/entiende soy yo" suelen ser habituales. Sus arranques de furia suelen ser excusados con hábiles traslaciones de culpa, de la mano de frases como "¿Ves lo que me obligas a hacer?", y cuando cruza la frontera, la respuesta para obtener la condonación por todos los males causados es "Te prometo que no lo volveré a hacer" o "Puedo cambiar, te lo prometo, esta vez será distinto".

El macho alfa, o malote, suele distinguirse por emplear muchas veces palabras de la familia "Yo, Mí, Me, Conmigo". También por tener una mayor ponderación de sus intereses personales en sus prioridades, convenientemente camuflada en una aparente preocupación por el bienestar de la pareja (rara vez habla de "ella", sino de "Ellos/Nosotros": considera a la pareja su pequeña manada a la que proteger y salvaguardar según su criterio personal).

Poco se puede hacer para cambiar el hecho de la existencia, o la actitud, del macho alfa, al tratarse de relaciones sociales con base en instintos atávicos. Es bien conocida la existencia de los mismo, así como su actitud en corto y largo plazo. Desafortunadamente, lo que no es previsible es si la actitud degenerará en violenta o meramente en controladora y narcisista. No obstante, puede predecirse un candidato peligroso al poco tiempo de estar con él, lo que debería prevenir a las hembras para no permanecer mucho tiempo junto a personas de talante agresivo o con brotes de ira que deriven en violencia.

- Te lo juro, Alithia- dice, entre sollozos, Silvia- Estoy cansada de los hombres como él. ¿Para qué? Están buenos para un rato, pero luego...
En el cuello del Extraño comienza a acumularse tensión. En la fracción de segundo en la que Silvia no dice nada, rezo para que no siga hablando, porque sé lo que va a decir, y sé que el Extraño no podrá soportarlo.

-Lo que yo necesito es un hombre que me quiera, que me comprenda y quiera hacerme feliz.- Oh, oh. Al infierno.
- ¡UNA PUTA MIERDA!- el Extraño entra como un huracán en el salón, con el dedo corazón extendido mientras, como un elemental de indignación, interrumpe el sollozo de Silvia.- ¡Una Puta Mierda, quieres tú eso! ¡Si fuese eso lo que buscas, no estarías lamentándote por perder a ese capullo! ¡Estarías buscando en tu agenda a todos esos buenazos de los que pasaste desde el instituto, a todos esos a los que dijiste "No, si yo te quiero, pero como amigo", a todos a los que vas a llorar cuando el hijodeputa con el que sales te la juega, porque son ellos los que serían capaces de hacerte feliz! Pero, ¡claro!, no tienen el morbo de ser unos cabrones, así que, ¿cómo podrías estar con ellos? Bienvenida a la selva social. No llores si tu macho ha encontrado otra hembra con la que procrear.

Silvia permanece en estado de shock dos segundos y medio, antes de volver a derrumbarse en lágrimas sobre Alithia, que se ha quedado congelada ante el ciclón de exabruptos del Extraño. Yo llevo desde el segundo "una puta mierda" golpeándome la cabeza con el marco de la puerta. Silvia no ha llegado aún a los veintiséis años. Aún busca un líder de manada que la proteja, no un padre para sus hijos. Aún le quedan malotes que anotar en su agenda. Cuando sus prioridades cambien será cuando personas como el Extraño comiencen a resultar sujetos a considerar para el futuro. Lo cual, como comprendo yo, y comprenderéis vosotros, no deja de indignarle.