sábado, enero 05, 2008

Acciones y Palabras

El Rey de Badar apareció detrás del banco en el que estaba sentado, como salido de la nada. De todas formas, estaba tan enmimismado (la RAE lleva años negándole a Landelón esta conjugación) en mis pensamientos, que podría haber llegado montado a caballo con trompetas y fanfarrias, y seguiría habiéndome pillado de improviso.

- No te ví en el velatorio.- me dice, sentándose a mi lado.
- No me gustan. Flaco favor me parece aportar recuerdos.
- Tampoco te ví en el funeral.
- Estaba al fondo. Tampoco me gustan. No hay mucho que se pueda decir. Menos aún que se pueda hacer.
- ¿Cómo se lo está tomando mi pequeña?
- La he dejado dormida hace un rato. Cuando se despierte tendrá los ojos hinchados, pero sobrevivirá. Y a tu mayor la está cuidando el Viajero. No creo que pierdan la cabeza. ¿Cómo está Yanroud?.
- Aún no he hablado con él. No sé qué decirle.
- Majestad... Hace mucho que nos conocemos, ¿verdad?.
El Rey se mesa la barba, roja como el fuego. El cálculo no le lleva mucho, pero el silencio se me hace eterno.
- Siete años, ¿no?.
- ¿No crees que es mucho tiempo?
- Depende en relación a qué.
- En relación a Yanroud. Ya es hora de que hagas algo.
- Te he dicho que no sé qué decirle.
- Los hombres no solemos tener que decir las cosas. Es un tópico, pero es típico. Con nosotros, una acción vale más que mil palabras.
- Viniendo de tí, eso es una durísima declaración.
- La Reina ha muerto, Majestad. Poned vuestras diferencias aparte. Sentáos con él, igual que estáis sentado conmigo.
El Rey no dice nada. Se levanta, y se marcha. Cruzo los dedos, y rezo al de Arriba para que, al menos hoy, al menos por ahora, el Rey de Badar y Yanroud se apoyen el uno al otro. El mejor ladrón del mundo es testarudo, y en ocasiones muy introvertido. Le gusta purgar sus penas solo, y poco hay que los demás podamos hacer por él, pero la Reina ha muerto, y el Rey de Badar también necesita un apoyo.

Estoy seguro de que lo encontrará en Yanroud. Al fin y al cabo, es su hijo.

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