lunes, enero 28, 2008

Aficiones

- No os lo váis a creer. Dispara pelotas de gomaespuma a veinticinco atopársecs por microquincena, pesa en torno a los cinco kilos, y está disponible por la nadería de seiscientos cuarenta y ocho euros. Yo pongo la parte de Yanroud hasta que vuelva. ¿Qué me decís?

Landelón y yo tenemos la cortesía de intercambiar una mirada de interrogación antes de volver la cabeza hacia el Extraño y decirle al unísono la sentencia.
- No.
La sonrisa ilusionada del Extraño se torna un mohín de decepción.
- Bah. Aburridos.

Esta vez no me pienso dejar engañar. La última vez que empezó así, trató de convencernos para que comprásemos un reloj de sol con segundero. Ni qué decir que aquello no terminó bien. Como cuando se empeñó en conseguir el high score del tetris unidimensional. No tenía ni idea de lo que la cafeína era capaz de hacerle al cuerpo humano.

Los hombres, todos sin excepción, sentimos la imperiosa necesidad de tener una afición a la que dedicarnos en cuerpo y alma. A unos el fútbol y la fórmula uno, a otros el dibujo, o los cómics, o el coleccionismo de toda clase, o los juegos de ordenador, o, como es el caso del Extraño, cualquier clase de juego. Nos dedicamos a ella con fervor, con una pasión exacerbada (para los de la LOGSE, intensa, exagerada), con un furor ardiente y muchas veces sin medida.

Landelón lo suele achacar a la necesidad del ego masculino de poder decir "Yo soy el que más..." o "Soy el mejor en...". Muchas veces no es cierto, pero hasta que alguien nos demuestra que no somos los que más o los que mejor, seguimos pensándolo, y el frágil ego masculino continúa inflándose de su propia autoconvicción.

Algunos son peores que otros en éste aspecto. Existe gente que no se conforma con ganar, sino que debe humillar al oponente para sentirse realizados, como acto de demostración de su propia superioridad. Ni qué decir que éstos son los más frágiles, por dentro.

Lo que me recuerda...

- Ey, Landelón, ¿tú sabes cómo se suicida un argentino?
El Extraño me dirige una mirada interrogante, pero Landelón se sonríe, porque se la sabe. No me extraña, él ya ha estado en Argentina.
- Saltando desde lo alto de su propio ego.

6 comentarios:

Yäshkia dijo...

¡Ah! El ego masculino...

Las mujeres también lo tenemos, sólo que lo llamamos de otra forma: día de compras.

Duff dijo...

¬¬

Dídac dijo...

Huyuyuyuyuy... que mirada tan sibilina... miedito me entra en el cuerpo...

Yäshkia dijo...

¿Qué he dicho?

^.^

sir Potato dijo...

¿y nadie pregunta por la barbaridad de los 25 atoparsecs por microquincena?¿Nadie comenta nada sobre el tetris unidimensional, o por el reloj de sol con segundero? Dios mio como va el pais. LA QUE ESTA LIANDO ZAPATERO

Dídac dijo...

¡Sigue, Follonero!