martes, enero 15, 2008

Me gustas cuando duermes

Duerme. Ella duerme. A Neruda le gustaba cuando callaba, pero a mí me gusta cuando duerme. Es casi como de psicópata, verme agazapado a su lado mientras ella, apaciblemente, duerme.

Me gusta así, reposada. Me gusta su cabello alborotado en mi almohada, como el oleaje en el que navega y naufraga la flota formada por las yemas de mis dedos. En cada curva trazada por su cabello se esconde un sueño, en cada uno de sus bucles, en cada forma que dibujan. Me detengo en cada mechón como si fuese un puñado de monedas de oro. Nada tan valioso, nada tan hermoso.

De su boca entreabierta escapa su aliento, y con él mi vida. Me roba el corazón esa placidez dormida. ¿Habrá príncipes en sus sueños? ¿Le rescatarán caballeros con mi rostro, o preferirá soñar con amantes desconocidos?

Me gusta cuando duerme. Puedo en ese momento contemplar todos mis sueños, con los ojitos cerrados y los brazos bajo la almohada. Su espalda se eleva suavemente, y desciende, despacito, para que sepa que sigue viva, que sigue a mi lado, en mi mundo, en mi vida.

Deslizo mis dedos por su espalda. Tengo cuidado para no despertarla, pero ella se agita en su sueño, y su boquita se curva en una sonrisilla. No me sé contener. Mi mano vuelve a deslizarse por su espalda, casi sin tocarla, insinuando la caricia.

En la línea de los párpados aparece el brillo de su pupila. Me ve, y su sonrisa se ensancha. Un siseo sale de mi boca. Vuelve a cerrar los ojos, amor, que me gustas cuando duermes.

4 comentarios:

Duff dijo...

a mí me gusta cuando escribes

Dídac dijo...

Creo que eres demasiado generosa, pero me alegro de ello.

Gracias.

Letichan dijo...

A mí también.

Duff dijo...

HOLAAAAAAAAA he dicho cuando escribes, no cuando dejas que el blog coja polvo cacho vago!