lunes, marzo 31, 2008

PorLasMañanas

Hace tiempo escribí un pequeño texto que se llamaba "me gustas cuando duermes". Esta mañana me he levantado de la cama contemplando a esa delicia de piel suave que tengo como compañera, y rememorando cada palabra que le he dedicado adorando su manera de dormir.

En el distribuidor, que da a las cuatro habitaciones de mi piso y al baño, está Yanroud, haciendo de hipotenusa en el marco de la puerta de la habitación que le presté.
- ¿No está preciosa, cuando duerme plácidamente?

Una de las razones por las que me dedico a esto de escribir es porque sé que las palabras no mienten, pero las mentiras se construyen con palabras. En este caso, "dormir plácidamente" era un eufemismo en el mejor de los casos.

Cuando alguien oye "duerme plácidamente", se imagina a un bebé, en paz, acurrucadito entre sábanas, respirando tan flojito que tienes que mirar detenidamente para ver si realmente no está muerto. En el preciso instante en el que yo asomo la mirada por encima del hombro de Yanroud, lo que veo encima de la cama es una maraña informe de sábanas y mantas y edredones, de la que salen, como apéndices irregulares, una pierna aquí y un brazo allá, delgados y pálidos, terminados en pies delicados o en manos de uñas pintadas. Oteando entre los pliegues logro hallar una mata de rizos oscuros y revueltos, como una nube a punto de descargar un rayo.

Un momento. Ya he empleado esa descripción antes.
- ¿Es...?
- Sep - responde Yanroud, con una sonrisa de satisfacción en el rostro, de esas que dicen "Soy el mejor, y además, lo sé"- Ehm... ella.
- ¿No te has aprendido su nombre?
- Le he puesto mote. La llamo "cariño" o "dulzura", y a ella no parece molestarle.
- Joder, Yanroud. Vale que yo no me lo aprenda, que la he visto un par de veces, pero tú...
- Ey... es largo, y con una vocal, cuesta bastante de recordar.

La sanadora de Badar se revuelve bajo el montón de telas. Queda boca arriba, y comienza a exhalar ronquiditos muy, muy bajito.
- Es monísima.
- Simiesca, es la palabra.
- No seas burdo.
- Ni borde. Sólo que no es el paradigma de la sensualidad, ahí, como una encarnación de algún horror primigenio y tentaculado.
- ¿Tenhime es más hermosa cuando duerme?
- ¿Te tengo que repetir el poema?
- A cualquier cosa le llaman poema hoy en día.

Landelón sale de la habitación, en calzoncillos, y con el pañuelo amarillo en la mano. Nos mira a nosotros, luego hacia la habitación donde la enfermera de nombre impronunciable duerme, gira la cabeza hacia la cama donde Aayla yace levemente cubierta por una sábana y le dice a Yanroud:
- Está monísima.
- Buscáos una personalidad.- gimo, exhausto, y vuelvo a la cama con la luz de mi vida.

2 comentarios:

Cels dijo...

es el mal soñar noche sí, noche también con el pequeño puñado de mujeres a las que le he importado al menos un poco...

Y jode mucho más que salgas tú a mostrarme algún dato super importante y secreto sobre Elisa que estaba deseando conocer... y me despierto en ese mismo instante.

PD: la chica de nombre largo también me visita a veces

Dídac dijo...

Incluso en tus mejores sueños, sigo siendo una pesadilla.

Mal asunto, mal asunto.