lunes, marzo 10, 2008

Siempre igual

Cuando logro llegar al borde del cráter, lo primero que me golpea es un intenso hedor invade las fosas nasales hasta casi llegar al cerebro, inundándome de naúseas. Yanroud me alcanza una mascarilla respiratoria, y me indica por señas que me ajuste las gafas de buceo.

- Te lo juro, Viajero- le digo, con la voz de Stormtrooper que tenemos todos aquellos que hablamos a través de una máscara- Ésta es la aventura más repugnante a la que jamás me has arrastrado.
- Oh, vamos- me contesta Landelón.- ¿Te tengo que recordar por qué lo haces?

No. Claro que no. Pero eso no quita para que la labor que nos espera sea la más desagradable que he tenido que hacer en mi vida.

En Neral, hay una subespecie de gusano gigante llamados Dexlar, que, literalmente, comen trozos de suelo. Al ser una forma de vida que se alimenta de silicio y otros compuestos geológicos, digieren esas parcelas que han ingerido y las excretan en forma de gigantescos cráteres. Pero aquí llega la parte interesante y la repugnante del asunto, porque los Dexlar son las fuente principal de enfermedad laboral y de ingresos de Neral.

En el proceso digestivo de un Neral, los jugos gástricos y la alta presión a la que somete su comida produce una serie de reacciones químicas en las tierra y rocas ingeridas. Ésto produce la aparición de unas gemas preciosas dentro del lodo semidigerido, que al no ser nutrientes para el organismo del Dexlar, son rápidamente defecadas.

Éste es el maravilloso espectáculo coprológico (o coproilógico) del Dexlar: produce grandes cráteres llenos de un lodo excretal similar a heces, mezclado en el cual se encuentran piedras preciosas de gran valor y belleza.

El Extraño, Yanroud, el Viajero y yo, vestidos como buceadores de profundidad, nos disponíamos a sumergirnos en esa mugre, mitad tierra mitad heces, en busca de gemas. Todos con la misma razón: queríamos un regalo. Landelón llevaba un par de días revoloteando alrededor de Aayla, a quien quería seducir antes de que volviese a Hong Kong. El Extraño seguía aullando a la puerta de Inés, día sí, día también. Yanroud quería ver a Elisa, y no pretendía volver a su casa con las manos vacías.

Y yo... yo amaba a Tenhime.

Metafóricamente hablando, ya nos habíamos enfrentado todos a esta situación con anterioridad, y muchas veces lo habíamos superado solos o con ayuda de los demás. Pero era la primera vez que era tan evidente.

Una vez más, estábamos dispuestos a hundirnos hasta el cuello de mierda por una mujer.

Siempre igual. Siempre igual.

6 comentarios:

Duff dijo...

Llenarse hasta el cuello de mierda...dar todo y más de uno mismo..e incluso hacer daño. Todos hemos sufrido con ello. Pero si lo sentíamos así, ¿cómo no hacerlo?

Dídac dijo...

¿Y hacer daño? Más bien sufrirlo.

Cels dijo...

que jodido es saber que no nos importa caer otra vez...

Letichan dijo...

Hay cosas inevitables. De vez en cuando, estar hasta el cuello metido en el lodo y además por gusto es una de ellas.

Zephyr dijo...

No siempre entendemos qué sucede con nosotros. "Simples", nos llaman. Para bien o para mal, conozco a un puñado que no somos así y no es fácil. No obstante, quién dijo que lo fuera?

Yäshkia dijo...

Dídac dijo...
¿Y hacer daño? Más bien sufrirlo.

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O no. Es mucho más fácil darse cuenta de cuando nos hacen daño, que de cuando lo hacemos nosotros.