martes, abril 29, 2008

Cutenesses

Los dedos del hombre del piano se deslizaban rápidamente sobre las teclas de su instrumento, como poseídos por alguna fuerza extraña o por una oleada de sentimiento irrefrenable. La melodía era hechizante, hipnótica, como si las imágenes de un caleidoscopio inundaran los oídos de su audiencia.

Y triste. Muy triste, tensa y dramática como una tragedia griega, e inundada de lágrimas reprimidas. Todos los clientes de la cafetería del hotel sostenían la respiración, porque cualquier intento de tomar aliento podía convertirse en un arranque de llanto.

Pero repentinamente entra en escena una niña, en su vestidito, que avanza zigzagueando entre las mesas, se sube al estrado donde está el piano, trepa al asiento de mi amigo y salta sobre la tapa del instrumento. Con el ceño fruncido en una adorable mueca digna de una regañadora experta, señala con el dedo acusador al músico.
- ¡Ya vale! ¿Por qué siempre haces llorar a la gente?
El hombre del piano se queda paralizado, como el que descubre que tiene un alacrán en el urinario.
- Yo... no... siempre... hago...
- ¡Es lo que dice mi tío! ¡Nunca tocas cosas alegres!
- Y... tu... tío... es...
- ¡Ése!
Un finísimo dedo de niña traza una línea tan recta y letal como un rayo láser, que pasa entre el público para chocar con mi pecho con la fuerza de un balazo. Mientras aún me tambaleo por la sorpresa de no haber reconocido a la hija de mi hermano, mis ojos captan la mirada furiosa del hombre del piano, quien no parece estar nada agradado por la intervención de mi pequeña.
- Ehm, Helena...- me levanto y voy hacia el estrado, mientras la mirada del hombre del piano pasa de furiosa a perpleja- Ven aquí. No molestes al señor.
- ¡Pero tienes razón!
- Sí, cariño, pero está mal interrumpir a la gente cuando está tocando.
- Pero...
- Déjala, Dídac.

Me vuelvo hacia el hombre del piano. ¿Qué es esto, la noche de las sorpresas? La cara del hombre del piano se arruga en un proceso complicado, similar al que se produce cuando estrujas una esponja, mientras lentamente sonríe. Es apenas un boceto, una curvatura de labios que incitaba a preguntarle si se estaba riendo o padeciendo un rictus, y lo hace lentamente, como si realmente no se acordase muy bien de cómo hacerlo, y tuviese que hurgar en sus recuerdos para encontrar qué músculos eran los que había que mover para que la otra persona se sintiése cómoda mientras lograbas manifestar un sentimiento de genuina alegría.
- Ésto no me lo ha escuchado tocar tu tío.

Y, por lo que podría ser la primera vez en mi vida, escucho cantar al hombre del piano. En su ritmo existe alegría y risa, ganas de vivir.

Yo quería ser caballero,
y princesas rescatar,
quería ver el mundo entero...
e incluso aprender a volar

Pero plomo en los zapatos
me impide despegar
así que camino a ratos
desde la montaña hasta el mar

Yo quería conocer a un Viajero
que me enseñara a viajar
uno con pañuelo y sombrero,
que me enseñara a soñar.
Que navegase en cruceros
o los llegase a asaltar.
Que me enseñase un mundo entero
que no pudiese imaginar.

Así que abordamos piratas,
que no querían nadar,
Vimos seres de mil patas,
de los que tuvimos que escapar.

Caminamos y caminamos,
hasta las suelas desgastar,
a mil países llegamos,
desde la montaña hasta el mar

Yo quería conocer a un Viajero
que me enseñara a viajar
uno con pañuelo y sombrero,
que me enseñara a soñar.
Que navegase en cruceros
o los llegase a asaltar.
Que me enseñase un mundo entero
que no pudiese imaginar.

Robamos un horizonte,
al que pudimos alcanzar,
y trepamos por mil montes,
hasta las fuerzas agotar.

¿No hay princesas, Viajero,
que podamos rescatar?
Sólo una, compañero,
y Helena se va a llamar.

Para entonces, el público ya coreaba con palmas el estribillo, mientras mi sobrina brincaba y bailaba la alegre tonadilla. No estoy seguro de si ya había escrito la canción, o la improvisaba sobre la marcha, pero lo cierto es que una vez más, el talento del hombre del piano salía a la luz. Era capaz de compartir sus sentimientos con todos los presentes a través de su piano, pero era la primera vez que sentíamos la alegría que tenía en su interior. Hice anotación mental de preguntárle qué tenía de especial mi sobrina para hacerle sonreír, aunque sabía que sería difícil arrancarle la información.

Si no hay un piano de por medio, es difícil que hable de sí mismo.

sábado, abril 26, 2008

Enamorados

- Eres lo mejor de mi vida.
- Y tú lo peor de la mía.

viernes, abril 25, 2008

Expectativas

- Bueno- dice, mirándose el reloj- Ya lo siento, pero me tengo que ir. Ya nos veremos.

El coro de "Hasta luego" evitan que el "Lo dudo mucho" del Extraño sea oído por otro que no sea yo.

Deposita un beso leve en los labios de Inés, quien le sigue con la mirada hasta que sale del bar, y cuando ella está segura de que se ha marchado, se gira hacia el tribunal.
- En fin, ¿qué os ha parecido?
Intercambiamos miradas. Nadie se quiere arriesgar a tirar la primera piedra. Finalmente, es el Extraño el que no puede resistirlo más, y escupe la opinión de la misma forma que Alien escupe ácido.
- Me esperaba más de él.

Inés se sitúa en ese punto de orgullo femenino herido, en el que no sabe si abofetear al Extraño o echarse a llorar. Asume el golpe con entereza, traga la respuesta sarcástica y pregunta con un hilillo de voz
- ¿Por qué?
- No le malinterpretes- intervengo, pacificador- pero es que sabes que queremos lo mejor para tí, y...
- Y el tipo es majo, sí, pero es absoluta y absurdamente normal.- me interrumpe el Extraño, quien, estoy seguro, sería capaz de disparar al rehén en una situación delicada con tal de llegar a tiempo a casa para cenar.
- ¿Normal?
- Del montón, Inés, del montón. Que puedo encontrarte doce como él en tres días.

Landelón suele decir que el secreto de la felicidad es el resultado de lo que tienes partido por lo que quieres. Así, una vida modesta, pero con expectativas bajas, da lugar a un alto índice de bienestar. El secreto de la felicidad es poseer bajas expectativas. El psicólogo Barry Schwartz lo sintetiza en su charla "La paradoja de la elección", y en ella afirma que cuando existen unas altas esperanzas, el elector tiende a decepcionarse con antelación, dado que cualquier elección que haga no será tan satisfactoria como él había imaginado. No sólo eso, sino que además suele autoinculparse por no haber escogido la opción óptima.

Y siendo Inés, tenía muchos entre los que elegir. Quizás por el hecho de que sea un alma torturada, como toda mujer y toda artista, cuando nos contó que había empezado a salir con alguien, nos esperamos a alguien con una personalidad arrolladora, con un intelecto afilado o una astucia mordaz e inquisitiva. O una sana mezcla de las tres. Quizás teníamos unas expectativas demasiado altas.

- Pero es un buen chico, y me quiere un montón.
- Yo también - farfulla el Extraño.
Antes de que Inés tenga tiempo de responder a la impertinencia con impertinencia, Landelón deja caer su jarra sobre la mesa, como llamándonos la atención en el momento dramáticamente apropiado.
- Pues a mí me gusta. Puestos a que salgas con alguien, él me parece bien.
Inés lo mira, con ese parpadeo perplejo que comenzó siendo gesto de Landelón y que se ha contagiado entre todos los del grupo por esos vínculos simpáticos que comparten aquellos que pasan demasiado tiempo juntos.
- ¿Por qué?
- Porque podría caerme mal, y no lo hace.

lunes, abril 21, 2008

La inefabilidad de lo inefable

Mansión de los Wellington, Inglaterra. Casi pensaba que estas fiestas de la 'high society' británica eran mitos, pero Landelón y el Hombre del piano me demostraron lo contrario cuando aparecieron con dos invitaciones extra, un frac que me negué a ponerme y un vestido de seda precioso para Tenhime.

La fiesta de Charles y Margaret Wellington parecía sacada de la parte más glamurosa de una película de James Bond. Todo era seda y trajes, con canapés exquisitos si bien ridículamente pequeños, champán en cubiteras y ensaladeras llenas de ponche esmeralda en cada mesa. Conversaciones muy diplomáticas llevadas a cabo con el labio superior bien apretado sobre el tiempo, cotilleos de gente que no conocía, discusiones de economía internacional y una acerca de la posición de Málevich en el arte moderno. Tuve que sacar a Landelón discretamente antes de que se le abriera la úlcera en el estómago y comenzase a lanzar espumarajos ácidos a los presentes.

En un remanso de paz, Landelón nos señaló una figura en un vestido de terciopelo dorado que bajaba por la alfombra que recubría las escaleras centrales del salón.
- Esa es Alithia. Y es mi última conquista.

Me giré rápidamente hacia Landelón, cuya sonrisa de triunfo parecía ocupar todo el espacio entre el pañuelo amarillo de su cuello y el sombrero de ala ancha. Estúpido bastardo. Por eso nos quería traer a este sitio. A saber cuánto le dura la tontería con ésta. Si es más de tres meses, comenzaré a preocuparme. El hombre del piano, a mi lado, resopla como si fuese un caballo al que, de repente y sin avisar, le tiran de las riendas con saña por algo que no ha hecho.

- Es un poco... pequeña, ¿no?
- Ser bajita no es un problema. Añade hermosura a una mujer.
- No, si no es bajita, es... pequeña, tú ya me entiendes.
El Viajero parpadea, como diciendo "Sé que me intentas decir algo, pero no sé qué"
- Joder, Viajero. ¡Que es casi una niña!
- Es mayor de edad. Con eso vale.
- A tí te vale con que le dejen cruzar sola la calle- el hombre del piano parece estar al borde del ataque de indignación.
- ¡No es cierto!
- Bueno, Señor "Si Pesa Más Que Un Pollo Me Lo Follo", no creo que ésta adquisición te permita defender esa teoría mucho tiempo. Es como hacer trampas.

En el penúltimo escalón, la pequeña Alithia se pisa el dobladillo del vestido, trastabillando hacia delante. La copa que sostenía en la mano izquierda sale volando por los aires. Un invitado logra reaccionar y atraparla al aire, pero la inercia arroja su contenido contra la espalda descubierta de otra invitada, quien, soprendida, chilla y arroja una bofetada a ciegas a su espalda, creyéndose ultrajada por una asaltante misterioso. Su mano golpea, en uno de esos homenajes que hace la ironía al mundo, a aquel buen samaritano que logró interceptar la copa de cristal antes de que golpeara a la ofendida, desplazándole paso y medio hacia la izquierda. Este breve movimiento es justo el que necesita para tropezar con otro invitado, cayendo casi abrazados sobre el extremo de una mesa. Las patas ceden ante el peso conjunto, y lo que debería ser paralelo al suelo se convierte en un triángulo rectángulo. Una ensaladera de ponche se desliza por la superficie de la mesa hacia los cuerpos que torpemente han caído sobre ella, pero, para entonces, Alithia ya ha llegado entre trompicones y tropiezos varios, tratando de recuperar el equilibrio, desde la escalera hasta el otro extremo de la mesa, y se apoya con fuerza en él, en un intento de devolverle verticalidad y salvar a los invitados de una ducha de ponche. Desafortunadamente, su exceso de entusiasmo provoca una catapultación más que literal de la ensaladera, que cruza la sala mientras todos los presentes contemplan con horror e impotencia como traza una semicircunferencia perfecta antes de caer, en un elogio a la justicia poética, sobre el carísimo abrigo de piel de la Señora Edgeworth, quien no ha parado de pavonearse del mismo en toda la noche. De repente, todo son gritos de la señora Edgeworth, asistentes tratando de levantar a los caídos, de secar a los empapados, murmullos en círculos, dedos señalando, y miradas acusadoras. Por encima de la confusión general se oye el "Oh, Margaret, I told you she was going to do it again" de Charles Wellington, que suena casi aliviado, como cuando se cumple una predicción inefable.

Landelón sigue sonriendo, sin mover los ojos de una cada vez más avergonzada Alithia.
- Quizás. Pero es taaaaaan adorable.

jueves, abril 17, 2008

Esos días

Salgo de la editorial furioso. No sólo no han accedido a publicar mi recopilación, sino que además me han transmitido un virus al pen drive y he tenido que deshacerme de él.

En la calle caen chuzos de punta, con vientos racheados típicos del norte, que hacen que llueva de lado. Cuando abro mi paraguas, la inoportuna ráfaga no sólo le da la vuelta, sino que desencaja una de las varillas, colocándola en la posición idónea para que yo, al intentar darle la vuelta a mi paraguas, atraviese la seta de tela y lo vuelva inservible. Con un encogimiento de hombros, lo arrojo a la papelera más cercana. Mi entusiasmo es tal que se desencaja de su soporte, y cae al suelo derramando su contenido en la inundada acera.

No sé si blasfemar o relajarme. Para más inri, me meo como si me hubiese pasado la tarde bebiendo cerveza y luego me hubiera empastillado a diuréticos. Camino hacia mi casa, porque el autobús más cercano es la uno, y todo el mundo sabe que la uno no llega nunca, y en dos minutos parece que me he zambullido en una piscina con traje y todo. Me chorrea cada mechón de pelo, y las gafas tienen tantas microgotas que no cumplen su función de permitirme ver.

Como no podía ser de otra forma, los conductores me ningunean al pasar por el paso de cebra, y el tópico del charco y la salpicadura no tarda en realizar su función.

Al sacar las llaves de mi bolsillo, resbalan en mis húmedos dedos y caen al suelo. La única que se rompe es, por supuesto, la del portal. Y Tenhime no está en casa.

Tras diez minutos de pie en mi portal, helado de frío, consigo hallar un vecino lo suficientemente caritativo para abrirme la puerta. El ascensor está averiado, y cinco pisos a pie me parecen un castigo pequeño siempre que sea el último.

Evidentemente, no lo es. Al entrar en mi casa, enciendo la luz del recibidor. En un chispazo destellante, la bombilla se funde. Empapado hasta los huesos, no pienso cambiarla, y menos con el día que he tenido. Corro al baño. Milagrosamente, mi esfínter aguanta.

Como no podía ser de otra forma, salpico fuera de la taza.

No es hasta que me tumbo en el sofá cuando descubro que está ocupado por el Viajero, que dormía completamente cubierto por una manta.
- ¡Ey!, - exclama, incorporándose de golpe y arrojándome al suelo. Caigo sobre mi bolsillo derecho, donde llevo mi teléfono móvil, y oigo un crujido nada alentador venir de él - ¿pero qué te pasa?.

Me quedo en el suelo. Alargo un brazo para coger un cojín del sofá, me lo pongo bajo la cabeza, y cruzando los dedos bajo mi nuca, respiro profundamente mientras me concentro, me concentro, me concentro en el blanco impoluto del techo.

Hoy es uno de esos días...

lunes, abril 14, 2008

sábado, abril 12, 2008

Suecia y sus peligros

Inés había dibujado un nuevo cuadro, y nos lo estaba enseñando.

En él se veía, en un paisaje frondoso y verde, un estanque, sobre el que cabalgaba un caballo desproporcionadamente largo, cuyo lomo parecía extenderse para poder llevar encima a una decena de niños. Este ser caminaba sobre la superficie del lago como Cristo sobre las aguas, y a su espalda, todos los niños reían, menos uno de ellos, que miraba con preocupación hacia la orilla de la que el caballo se iba alejando cada vez más. Si mirabas con cuidado la expresión de la montura, notabas algo monstruoso en su mirada. El hombre del piano, valiente jabalinero de críticas, arrojó la pregunta que todos menos dos de nosotros teníamos en mente.

- ¿Por qué es tan largo? Los caballos no son así, por mucha licencia artística que quieras tomarte.
- No es un caballo,- señaló Landelón. Cuando nos giramos a mirarle, estába pálido, y había apartado la mirada del cuadro. - es un Bäckahästen. Existe en la mitología escandinava, y en la celta, como Kelpie. Se trata de un caballo capaz de galopar sobre las aguas, que atrae con sus cabriolas a los niños para que se suban a su espalda. Pero una vez anochece, cabalga sobre las aguas de su lago, ahoga a sus jinetes, y luego los devora.
- ¡Qué horror!- exclamó Tenhime.
- Dímelo a mí.- comentó el Viajero- Mi viaje a Suecia estuvo rodeado de peligros. Si la amenaza del bäckahästen no fuese suficiente, tenía que lidiar además con las skosgra, y con los seres más peligrosos de Suecia.
- ¿Los suecos?- aventuró el Extraño.
- Las garrapatas. Suecia es un país de foto, en todos los sentidos. Es tan hermoso que duele, y sus bosques son profundos y misteriosos, verdes, llenos de luz y belleza... y de garrapatas, muchas de las cuales transmiten botulismo, o fiebre borélica, o comoquiera que se llame. Ésto hace prácticamente imposible entrar a disfrutar de esos paisajes. Después de mi primera desparasitación, tuve que aprender a reprimir mis deseos de revolcarme en el césped, para admirar la bóveda verde sobre mí.

Las caras de todos reflejaban cierto grado de decepción. Escandinavia es un paraíso del que no se puede disfrutar, y eso viene a frustrar el sueño de mucha gente con ganas de ver maravillas más próximas a Badar o Ishashi.

- ¿Y qué hiciste mientras estabas allá?
- No mucho. Sólo hay vacas y campos, y bosques, y lagos... y costas de rocas donde puedes sentarte y...
- Escribir. - termino yo.
- Ya sabéis quién de los dos se lo pasó mejor. Un país que merece la pena ver, porque verlo es quizás lo único que se puede hacer en él. Aunque claro... nosotros no pudimos salir de aquella zona, ¿cómo se llamaba?
- Ronneby. La mayor parte de los habitantes son antiguos marinos retirados, o los descendientes de los mismos. Gente muy agradable...
- ... sobre todo mientras te dedicas a reflotar el barco que hundimos en sus costas.

Los demás nos miran perplejos. Mejor que no conozcan el resto de la historia.
- Baste decir que la próxima vez que vayamos a Neral, lo haremos por tierra.

De todos, la única que no tiene cara de anonadada es Inés, que muestra la sonrisa de satisfacción de la artista que acaba de tener una idea para su próximo trabajo.

jueves, abril 10, 2008

La verdad sobre el Big Bang

En realidad, fue algo así como "Pffffftt..."

Imposibilidades

- No, no, cielo. Claro que no. No pasa nada. Sí, en serio. No te preocupes. Yo también te quiero.

Pulso el botón de colgar el teléfono con la esperanza de que ese botón rojo fuese el que acaba con toda la vida en el planeta. Landelón, que agoniza de vagancia en mi sofá, huele las nubes de tormenta desde la otra esquina del salón, y quitándose el sombrero de la cara, pregunta:

- ¿Tenhime?
- Ajá.
- Que no va a venir, ¿verdad?
- No, al menos hasta dentro de otros dos meses.
- ¡Dos meses!- hasta a Landelón le parece excesivo- ¿Y qué pretendes hacer?
Esa es una buena pregunta. Yo mismo se la hice a él, la última vez que se despidió de Fátima. Y Yanroud la ha padecido, con Elisa. Supongo que el "¿Y ahora qué?" es la pregunta más dura que le puedes hacer a alguien en una posición como la nuestra.
- Ehm... ¿buscarme una amante?
- Ya la tienes. Sólo que no la usas. Es rubia, adorable, tiene una familia importante y un reloj de arena que fue un regalo... hum... ¡tuyo!
- Imbécil.
- Lo sé- dice Landelón, colocando sus manos detrás de la cabeza, en un gesto de relajado triunfo.
- ¿Qué hacemos, entonces?
- Irnos a Bad...
- No pienso ir a Badar. No después de la última.
- Pero...
- No.
- ¿Neral?
- Aun están reconstruyéndolo. Y no es lo mismo, sin el príncipe.
- ¿Benus?
- La última vez te acostaste con la Duquesa, y tuvimos que huir dentro de un carro de estiércol.
- Pero no fue porque me acostase con la Duquesa.
- No, fue porque te acostaste con ella y con su hija.
- A ellas no parecía importarles.
- Porque ninguna de las dos sabían que te tirabas a la otra.
- ¿Tal? -el Viajero prueba con el cambio de tema, la estrategia de los que no tienen argumentos y saben que el otro está cansado de discutir el mismo asunto.
- Están en guerra con Konstructo, y no pienso estar a menos de doscientos kilómetros de esa mujer. La última vez que trató de secuestrarte, sus gólems arrasaron nuestro hostal, y me llevó días recuperarme de las heridas. Eso nos deja... ¿Ishashi?
- La princesa de Badar tiene muchos capas plateadas buscándonos allá.
- ¿BuscándoNOS? ¡Buscándote! - El Viajero se encoge de hombros, como diciendo "y por extensión..." - ¡Oh, vamos! ¡No podemos irnos a ninguna parte, y la mitad de las veces es porque te has tirado a quien no debías!
- Quizás deberías probar a acostarte con quien debes. No te quejarías tanto de la ausencia de Tenhime si tuvieses el valor suficiente para dejarlo todo, e irte a Badar con "ella".

Atravieso a Landelón con la mirada. Durante unos segundos, me la mantiene, desafiante. Luego baja los hombros, la mirada, y la cabeza entera.
- Tienes razón. Escribámosle a alguien para que venga a vernos. Voy a buscar la agenda.
Conforme se aleja, una extraña sensación me revuelve el estómago, como si lo tuviese lleno de merengue y alguien me hubiese metido una batidora por la garganta. Tenía razón. El bastardo del Viajero tenía razón.

martes, abril 08, 2008

Para Sara

Quien sabe que inspira parte del personaje de Silvia.

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Sólo porque mi niñez
corretea entre tus piernas

Cabalgando las mareas,
llego como un príncipe azul
vistes de gala y de tul
a recibirme en tus brazos
y envuelves entre tus trazos
mis frías noches de marzo

Yo,
que en tu voz guardo el calor
de un amanecer de Luna
persigo sobre la espuma
el llanto de tu corazón
que rechaza mi calor,
tan lleno de tu amargura

Solitaria desventura,
tú sigues muda y oscura...

De isla en isla he ido buscando
la sirena que en su canto
me ha arrastrado a la locura

Soy Ulises sin remeros,
un amante pordiosero,
deseo, sueño y desespero

Busco tu luz
porque yo
te he perdido entre mis sueños
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Anuncio (II)

SE BUSCA alojamiento en pecho, preferiblemente envuelto en ternura, con derecho a abrazos y buenas vistas a tus ojos.

Razón aquí.

lunes, abril 07, 2008

Confrontación

Hong Kong tiene tantos centros comerciales que me cuesta distinguir unos de otros. Pero este restaurante es especial. El sushi es bueno, y el té, ilimitado. Aquí discuto de lo que sea con quien sea, tantas horas como haga falta.

Aayla no me decepciona: sabe que los hombres necesitamos aficiones, y que una de ellas es la necesidad de enfrentarnos unos a otros.

Somos tan absolutamente primarios que necesitamos iniciar y mantener una discusión sin base, sin razón o sin solución solo por el mero placer de discutir. Nos encendemos, debatimos, gritamos e incluso nos crispamos, todo por lo mismo: amamos la confrontación.

Aayla lo sabe, digo, y me ha traído para cenar un oponente digno. Mientras Tenhime y ella comparten una inocua y culturizante conversación sobre la paella, mi oponente y yo nos arrojamos argumentos a la cabeza como si fueran garrotazos.

- No hay más verdad que esa. Lo demás es tergiversarla para obtener una fracción parcial de la realidad.
- Esa perspectiva es limitada. Una variable puede ser cero o uno, pero la verdad está formada por una suma infinita de variables, y una suma de ceros y unos puede ser nueve.
- Pero por acumulación de verdades, no porque la verdad pueda adoptar cualquier valor.
- Puede hacerlo. Si la verdad es una suma de funciones, converge a pi, como todo en este mundo.
- ¿Y qué?
- Que no puedes sumar pi con ceros y unos, así que alguna variable tiene que poder asumir valores distintos, y si una puede, las demás también.
- Te equivocas. Mira, la verdad está formulada de forma exacta: si sueltas algo, cae al suelo.
- No. Si sueltas un globo de helio, cae al cielo.

Alguien escribió una canción que resumía todo esto en dos líneas:

"Los chicos quieren pelear
Las chicas se conforman con bailar bien"

Y pese a que no estoy muy seguro de la parte de las chicas, de algo estoy convencido: Cambiamos las espadas por tableros de ajedrez, barajas de cartas o palabras afiladas, pero el ansia de confrontación masculina ni cesa ni cambia.

jueves, abril 03, 2008

Teoría de las fichas

Cortesía de One-eyed Jack, quien también es conocido como "el Barbas" y como "ciudadano".

Os ofrezco un análisis riguroso y práctico de las formas de aproximación y cortejo de las hembras humanas por sus pretendientes masculinos. Consiste en cuatro partes, pese a que, a mi parecer, queda tanto en el tintero que algún día deba ganarse una o dos expansiones al más puro estilo Munchkin.

Muy recomendable en especial para los (dos) lectores masculinos de este humilde blog, no sólo por lo hilarante sino por lo culturizante que pueda resultar.

DISCLAIMER: No se puede garantizar su éxito, y ya ni hablemos de Soria para arriba...

martes, abril 01, 2008

Amor

"El amor consiste en sobreestimar las diferencias entre una mujer y otra." - George Bernard Shaw

Helen Fisher afirma que existen tres circuitos cerebrales relacionados con lo que conocemos como amor. En una traducción libre, los llamaré Deseo, Enamoramiento, y Compromiso. A primera vista, parecen las fases por las que se pasa cuando tu antención se enfoca exclusivamente en una sola persona, y en parte es cierto. La otra parte, en forma de química cerebral, es bastante más interesante.

La Sra. Fisher tuvo la amabilidad de explicarme que los tres circuitos están interconectados entre sí, pero permanecen operativos al mismo tiempo: esto implica que puedes sentirte profundamente comprometido con una persona mientras, simultáneamente, estás enamorado de otra. No sólo eso, al mismo tiempo puedes desear a alguien que no tiene nada que ver con ninguno de los otros dos circuitos.

Científica y antropológicamente, se puede amar a más de una persona en un mismo momento. Que se joda Machín.

Aunque toda su explicación venía sazonada con explicaciones acerca de la dopamina y otras sustancias que genera el cerebro durante estos estados emocionales, ya no tenía ningún sentido para mí continuar escuchando.

En todos mis años de vida, nadie parecía haber comprendido como puedo amar a la hija pequeña del Rey de Badar, y a pesar de ello pasarme toda la vida al lado de Tenhime.

Pero alguien con quien jamás antes había hablado, alguien que jamás me ha leído, lo ha comprendido perfectamente.