martes, abril 29, 2008

Cutenesses

Los dedos del hombre del piano se deslizaban rápidamente sobre las teclas de su instrumento, como poseídos por alguna fuerza extraña o por una oleada de sentimiento irrefrenable. La melodía era hechizante, hipnótica, como si las imágenes de un caleidoscopio inundaran los oídos de su audiencia.

Y triste. Muy triste, tensa y dramática como una tragedia griega, e inundada de lágrimas reprimidas. Todos los clientes de la cafetería del hotel sostenían la respiración, porque cualquier intento de tomar aliento podía convertirse en un arranque de llanto.

Pero repentinamente entra en escena una niña, en su vestidito, que avanza zigzagueando entre las mesas, se sube al estrado donde está el piano, trepa al asiento de mi amigo y salta sobre la tapa del instrumento. Con el ceño fruncido en una adorable mueca digna de una regañadora experta, señala con el dedo acusador al músico.
- ¡Ya vale! ¿Por qué siempre haces llorar a la gente?
El hombre del piano se queda paralizado, como el que descubre que tiene un alacrán en el urinario.
- Yo... no... siempre... hago...
- ¡Es lo que dice mi tío! ¡Nunca tocas cosas alegres!
- Y... tu... tío... es...
- ¡Ése!
Un finísimo dedo de niña traza una línea tan recta y letal como un rayo láser, que pasa entre el público para chocar con mi pecho con la fuerza de un balazo. Mientras aún me tambaleo por la sorpresa de no haber reconocido a la hija de mi hermano, mis ojos captan la mirada furiosa del hombre del piano, quien no parece estar nada agradado por la intervención de mi pequeña.
- Ehm, Helena...- me levanto y voy hacia el estrado, mientras la mirada del hombre del piano pasa de furiosa a perpleja- Ven aquí. No molestes al señor.
- ¡Pero tienes razón!
- Sí, cariño, pero está mal interrumpir a la gente cuando está tocando.
- Pero...
- Déjala, Dídac.

Me vuelvo hacia el hombre del piano. ¿Qué es esto, la noche de las sorpresas? La cara del hombre del piano se arruga en un proceso complicado, similar al que se produce cuando estrujas una esponja, mientras lentamente sonríe. Es apenas un boceto, una curvatura de labios que incitaba a preguntarle si se estaba riendo o padeciendo un rictus, y lo hace lentamente, como si realmente no se acordase muy bien de cómo hacerlo, y tuviese que hurgar en sus recuerdos para encontrar qué músculos eran los que había que mover para que la otra persona se sintiése cómoda mientras lograbas manifestar un sentimiento de genuina alegría.
- Ésto no me lo ha escuchado tocar tu tío.

Y, por lo que podría ser la primera vez en mi vida, escucho cantar al hombre del piano. En su ritmo existe alegría y risa, ganas de vivir.

Yo quería ser caballero,
y princesas rescatar,
quería ver el mundo entero...
e incluso aprender a volar

Pero plomo en los zapatos
me impide despegar
así que camino a ratos
desde la montaña hasta el mar

Yo quería conocer a un Viajero
que me enseñara a viajar
uno con pañuelo y sombrero,
que me enseñara a soñar.
Que navegase en cruceros
o los llegase a asaltar.
Que me enseñase un mundo entero
que no pudiese imaginar.

Así que abordamos piratas,
que no querían nadar,
Vimos seres de mil patas,
de los que tuvimos que escapar.

Caminamos y caminamos,
hasta las suelas desgastar,
a mil países llegamos,
desde la montaña hasta el mar

Yo quería conocer a un Viajero
que me enseñara a viajar
uno con pañuelo y sombrero,
que me enseñara a soñar.
Que navegase en cruceros
o los llegase a asaltar.
Que me enseñase un mundo entero
que no pudiese imaginar.

Robamos un horizonte,
al que pudimos alcanzar,
y trepamos por mil montes,
hasta las fuerzas agotar.

¿No hay princesas, Viajero,
que podamos rescatar?
Sólo una, compañero,
y Helena se va a llamar.

Para entonces, el público ya coreaba con palmas el estribillo, mientras mi sobrina brincaba y bailaba la alegre tonadilla. No estoy seguro de si ya había escrito la canción, o la improvisaba sobre la marcha, pero lo cierto es que una vez más, el talento del hombre del piano salía a la luz. Era capaz de compartir sus sentimientos con todos los presentes a través de su piano, pero era la primera vez que sentíamos la alegría que tenía en su interior. Hice anotación mental de preguntárle qué tenía de especial mi sobrina para hacerle sonreír, aunque sabía que sería difícil arrancarle la información.

Si no hay un piano de por medio, es difícil que hable de sí mismo.

4 comentarios:

Duff dijo...

Esto cada vez se parece más al cine clásico de Hollywood, véanse ejemplos de niñas entrometidas:

Lisa Simpson
Liz Taylor de enana
la del mago de Oz
Marisol... sí si, cuando hace sonreir a su abuelo renegado.

Dídac dijo...

No te confundas. No es una entrometida cualquiera. En todo caso, será MÍ entrometida.

Esa niña me trae de cabeza. No me deja tranquilo ni cuando intento contarle cuentos, y me interrumpe con preguntas como "Tío, ¿qué es un porcodrilo?"

Duff dijo...

(8) Il porcodrillo come fa? nn c`´e nessuno chi lo sá...(8) ^^

http://www.youtube.com/watch?v=pjf7NUgJRzE

Letichan dijo...

La sinceridad y la espontaneidad a la hora de señalar hechos no son frecuentes... Los niños tienen esa capacidad de atacar directamente y de frente.