viernes, abril 25, 2008

Expectativas

- Bueno- dice, mirándose el reloj- Ya lo siento, pero me tengo que ir. Ya nos veremos.

El coro de "Hasta luego" evitan que el "Lo dudo mucho" del Extraño sea oído por otro que no sea yo.

Deposita un beso leve en los labios de Inés, quien le sigue con la mirada hasta que sale del bar, y cuando ella está segura de que se ha marchado, se gira hacia el tribunal.
- En fin, ¿qué os ha parecido?
Intercambiamos miradas. Nadie se quiere arriesgar a tirar la primera piedra. Finalmente, es el Extraño el que no puede resistirlo más, y escupe la opinión de la misma forma que Alien escupe ácido.
- Me esperaba más de él.

Inés se sitúa en ese punto de orgullo femenino herido, en el que no sabe si abofetear al Extraño o echarse a llorar. Asume el golpe con entereza, traga la respuesta sarcástica y pregunta con un hilillo de voz
- ¿Por qué?
- No le malinterpretes- intervengo, pacificador- pero es que sabes que queremos lo mejor para tí, y...
- Y el tipo es majo, sí, pero es absoluta y absurdamente normal.- me interrumpe el Extraño, quien, estoy seguro, sería capaz de disparar al rehén en una situación delicada con tal de llegar a tiempo a casa para cenar.
- ¿Normal?
- Del montón, Inés, del montón. Que puedo encontrarte doce como él en tres días.

Landelón suele decir que el secreto de la felicidad es el resultado de lo que tienes partido por lo que quieres. Así, una vida modesta, pero con expectativas bajas, da lugar a un alto índice de bienestar. El secreto de la felicidad es poseer bajas expectativas. El psicólogo Barry Schwartz lo sintetiza en su charla "La paradoja de la elección", y en ella afirma que cuando existen unas altas esperanzas, el elector tiende a decepcionarse con antelación, dado que cualquier elección que haga no será tan satisfactoria como él había imaginado. No sólo eso, sino que además suele autoinculparse por no haber escogido la opción óptima.

Y siendo Inés, tenía muchos entre los que elegir. Quizás por el hecho de que sea un alma torturada, como toda mujer y toda artista, cuando nos contó que había empezado a salir con alguien, nos esperamos a alguien con una personalidad arrolladora, con un intelecto afilado o una astucia mordaz e inquisitiva. O una sana mezcla de las tres. Quizás teníamos unas expectativas demasiado altas.

- Pero es un buen chico, y me quiere un montón.
- Yo también - farfulla el Extraño.
Antes de que Inés tenga tiempo de responder a la impertinencia con impertinencia, Landelón deja caer su jarra sobre la mesa, como llamándonos la atención en el momento dramáticamente apropiado.
- Pues a mí me gusta. Puestos a que salgas con alguien, él me parece bien.
Inés lo mira, con ese parpadeo perplejo que comenzó siendo gesto de Landelón y que se ha contagiado entre todos los del grupo por esos vínculos simpáticos que comparten aquellos que pasan demasiado tiempo juntos.
- ¿Por qué?
- Porque podría caerme mal, y no lo hace.

5 comentarios:

Robe dijo...

Muy bueno, muy bueno. Pero eso es verdad, si es absolutamente normal yo tampoco aceptaría a una persona... les pido que brillen con luz propia.

Duff dijo...

Algún día Inés sorprenderá por haber elegido a alguien...

alguien que no sea un algo.

Dídac dijo...

Inés sorprende siempre.

El que no lo hace es su novio.

Cels dijo...

Demasiado normal...

La gente normal no sorprende, no pincha, no corta; no te crea mucha opinión, con contraría, no enerva... pero tampoco da muchos problemas y da las suficientes alegrías.

Las excepcionales te llevan muy lejos, pero también te dejan allí cuando se van...

Cada una tiene su momento, veremos cuánto dura.

Amarthcaran dijo...

Démosle una oportunidad, a lo mejor termina despuntando con algo que a todos sorprende, no?
Además, Inés ha conseguido volver a sorprender a todos..aunque no como ellos esperaban;-)