miércoles, mayo 28, 2008

Posicionamiento

- La vida nos termina poniendo a todos en nuestro lugar. - me dijo el Extraño.
- ¿Es una esperanza?
- Es una amenaza.

sábado, mayo 24, 2008

El mejor actor

Murió en una actuación, y lo enterraron en vida.

jueves, mayo 22, 2008

Interludios

Alithia, vestida de forma sorprendentemente cómoda, se recuesta contra Landelón, con su helado en la mano y las comisuras de los labios llenas de chocolate. El Viajero deja su sombrero en el banco, a su lado, y juguetea con el pelo de la joven. Estamos en Tikisha , un pequeño pueblo cerca de la frontera que separa Neral e Ishashi, y que está lleno de refugiados de cuando la capital de Neral fue destruida.

Habíamos quedado aquí, pienso. Y yo estoy a mi hora. Esto es, diez minutos después del momento exacto en el que habíamos quedado. Pero ella se retrasa aún más. Tardo otros diez minutos en recordar que es así como ocurre siempre. No importa cuánto me retrase. Ella llega cuando lo desea.

- ¡Díddy! - chilla la preciosidad rubia mientras carga contra mí. Para su metro setenta, sus escasos cuarenta kilos de peso no le dan apariencia de anoréxica. Más bien, te la la impresión de que su cuerpo es como un látigo. Igual de esbelto. Igual de doloroso. Cuando está a cinco metros de mí, salta hacia mi cuello. Parece caminar por el aire antes de rodearme con sus brazos y girar a mi alrededor, entre carcajadas. Logro abrazarla con delicadeza, porque de todas las cosas que es Elisa, una de ellas es frágil.

- Hola, cielo.- digo, mientras me planta un beso en la mejilla, de esos que dejan una marca húmeda y ardiente en el alma.
- ¿Cómo está mi Díddy?- su voz suena igual que una niña de diez años jugando a papás y mamás, y haciendo de abuela.
- Tenhime me ha dejado.-confieso, apesadumbrado. Para eso he venido, no obstante.
- Bah, ya encontrarás otra mejor...- dice, sin perder empuje en ningún momento. Su sonrisa me arranca a mí otra. Para eso he venido.

Existen fuerzas de la naturaleza contra las que uno no puede luchar. Terremotos, erupciones volcánicas, Heavy metal, tifones, huracanes, tsunamis, y Elisa. Así como existe gente que parece siempre infeliz, con un problema u otro encima, por teoría de opuestos tenía que existir gente capaz de sentarse cómodamente en una cama de púas. Elisa forma parte de esta categoría de personas. Como fuerza de la naturaleza, no puedes frenarla, sólo apartarte o ser arrastrado. Es un torrente de pura simpatía, de inocencia salvaje y desatada, de pura irresponsabilidad en estado inmaduro que fluye como un río, ahogándote en su imparable alegría si no consigues un agarre seguro.

Jamás me pregunté por qué Yanroud se enamoró de ella.

lunes, mayo 19, 2008

Un Gran Servicio

Alfred Willikins era un hombre nacido para el servicio. Nació del ama de llaves de Asha Worthington, tía de Charles Wellington, y del mayordomo de la misma, y completó sus habilidades como mago con la formación de la Facultad de Mayordomato de Cambridge (N. del T.: 'Cambridge Butlering College' en el original), que se enorgullece de mantener los más altos estándares de calidad en el servicio personal de toda Inglaterra.

Alfred sirvió con orgullo y lealtad a los Ash-Stormcrow, una de las familias de magos más respetadas del país, desde que la casa estaba regida por el ya difunto Sr. Ash-Stormcrow, padre de Troylus, Jethro y Theressa Ash-Stormcrow. De nada sirvió ni el divorcio de Troylus tras el nacimiento de su hija Titania, ni la marcha de Jethro y su unión a una comunidad hippie: Alfred continuó sirviendo con el mismo rigor y el labio superior bien firme.

- Alfred.
- ¿Sí, señor?
- Hoy va a venir gente muy importante a casa. Que se les trate correctamente.
- Serán tratados como es conveniente, señor.
- Es posible que el Señor Oscuro mande a un emisario, Alfred. Quiero un recibimiento exquisito.
- ¿Quiere el señor que prepare un Vino Futuro, señor? ¿Quizás un Rioja Español de dentro de cuatro años?
- Sí. Lo creo apropiado.

Hasta la noche fatídica del Mundial del Quidditch del '79. Durante el día, una señorita que se hacía llamar Diane pareció muy interesada en que Alfred cambiase de trabajo. No parecía estar tan contenta u orgullosa de servir al famoso Timmy Somerville como Alfred de servir a los Ash-Stormcrow. No obstante, le enseñó a Alfred algo que él no había visto jamás.

- No comprendo muy bien que hacemos aquí, señora.
- Es una taberna, Alfred.
- Conozco lo que es el lugar, señora. Pero no comprendo qué negocio hemos venido a hacer.
- No es ningún negocio. Venimos a pasar el tiempo libre.
- No estoy familiarizado con ese concepto, señora.
- No me llames señora, Alfred. Ahora soy Diane.
- Sí, señora Diane.
- Sólo Diane.
- Sí, Señora. Diane. Usted.
- Pero, ¿qué estás haciendo?
- Me sitúo detrás de la barra para servir bebidas, señora. Diane, quiero decir.
- Pero aquí te sirven a TÍ, Alfred.
- ¿A mí? Eso no ha ocurrido nunca, señora.

Aquella noche atacaron los Mortífagos. La Señorita Lindsay, amiga de la Señorita Theressa, estaba dentro del Club, así que Alfred cogió su paraguas de aporrear (El Sr. Troylus era muy estricto con el tema de la varita: nada de magia durante el horario laboral), y salió para ocupar su puesto frente a la puerta y evitar que ningún no invitado entrase en el Club. Un Mortífago encapuchado y vagamente familiar tuvo la cortesía de admirar su valor antes de arrojarle un traumate y dejarlo en el suelo como un muñeco roto.

Pero no entraron. En su incosciencia, se enorgulleció del deber cumplido.

Alfred despertó en la comunda hippie del señor Jethro, y trató de aclimatarse poniéndose una cinta en la cabeza. No encontró más que su corbata, así que tuvo que bastar con eso. La Señorita Diane intentó que declarase contra sus amos, pero Alfred se sorprendió de lo fácil que le resultó responder a las preguntas de las autoridades sin romper su juramento de lealtad a los Ash-Stormcrow.

- ¿Recuerda haber oído a Troylus o a Theressa conspirar para cometer delitos, asesinatos, robos?
- Nada fuera de lo habitual, señora.
- ¿Recuerda que le echasen un conjuro para borrarle la memoria?
- No, señora. Tampoco lo recordaría si me lo hubiesen echado, señora.

A pesar del cariño que Alfred profesaba por su apariencia, los Aurores insistieron en cambiarle el rostro. Entre eso y la conveniente ayuda de los hippies de Jethro, Alfred pudo evitar la represalia de la señorita Tessa, quien estaba enfurecida por no haber limpiado el Club tras el ataque mortífago.

Fue cuestión de tiempo que el amante de la Señorita Diane, celoso, se deshiciese del leal servidor, así que Alfred llevó a cabo un viaje para encontrarse a sí mismo. Recuperó su rostro, y promulgó una campaña pro-muggle para la sustitución de elfos domésticos por mayordomos británicos de pura cepa, gente en la que se puede confiar en cualquier situación, y que responden con dignidad incluso al más grande de los desprecios.

Decenas de mayordomos, antiguos compañeros de la Facultad, y la élite de la servidumbre muggle, siguieron su mensaje. Fue conocido el mitin que dio, donde se ganó el sobrenombre de Alfred X, en el campus de Hogwarts.

- Uno tiene un sueño. Uno cree que algún día, esta nación poseerá un servicio reconocido en el mundo entero. Uno tiene un sueño. Los señores de todo el mundo vendrán a Inglaterra a buscar la exquisitez. Uno tiene un sueño. Dará igual si uno es muggle o mago: vendrán a por uno, porque uno sabe que la exquisitez es algo que se consigue con rigurosidad y esfuerzo. Pero sobre todo, uno tiene un sueño. Uno sabe que un señor contento otorga "tiempo libre"

¡Uno os dirá lo que es "tiempo libre"! Para todos los unos que son como uno, os diré... Al final de un día, de deber cumplido... el señor os dará tiempo para ir a sitios donde uno es servido. ¡Y allí, podréis pensar en lo que uno quiere!

(Ovaciones respetuosas y elegantes. Ningún vitoreo, por supuesto, porque la servidumbre británica no vitorea)

Alfred Willikins muere en 1985, el 9 de Diciembre, en Hamfordshire. Durante uno de sus mitines, un agresor no identificado envió un elfo doméstico bomba al estrado donde Alfred X daba su discurso. El semielfo doméstico se teleportó al lado del atril, y agitó con energía una volátil poción de explosión, acabando con su vida y la del activista. Dos días después se halló a Theressa Ash-Stormcrow en un hotel en Hamfordshire, no muy lejos del lugar del atentado, pero nunca se pudo demostrar su conexión con el mismo.

Actualmente, existe una corbata de plata colgada en la Facultad de Mayordomato de Cambridge, en honor a un hombre que, no importase si a alta sociedad o a hippies colgados de alucinógenos, a secretarias de divas del periodismo o a la sociedad inglesa, siempre supo prestar un gran servicio.

viernes, mayo 16, 2008

Resurrección

Cortesía de Miguel Canel.

—Bienvenido a 2415 después de Usted, mi Señor.

martes, mayo 13, 2008

Abusar de la suerte

El patio de armas estaba atestado de orcos. Los feroces pielesverdes, en gruesas armaduras hechas de toscas planchas de acero, blandían armas igual de toscas, pero capaces de partir un cráneo como un melón maduro cuando eran empuñadas por sus rudos creadores. Eran demasiados para el grupo de aventureros, quienes observaban con horror la marea verde frente a ellos.

En el momento dramáticamente apropiado, se oyó un grito de guerra a sus espaldas. Al girarse vieron como, cuesta abajo, llegaba a toda velocidad un carromato lleno de barriles, sobre los que se erguía un enano con los ojos inyectados en sangre. Los aventureros se hicieron a un lado, y el carro entró en el patio de armas, aplastando a todo aquél que no se apartaba a tiempo. Con la inercia, llegó justo al centro de la marabunta de orcos, quienes observaron como el enano abría uno de los barriles, lleno de pólvora negra, y sostenía sobre él un pedernal.

- Ey, pollitos- Dijo el enano, y chasqueó el pedernal, haciendo saltar una chispa- Yo tengo puntos de Destino...

domingo, mayo 11, 2008

Dificilidades

*piiip*...*piiip*...*pii-click*
- Hmmm...¿Sí?
- ¿Dídac?
Miro el reloj digital que hay sobre mi mesilla. Un resplandor verde me indica que son las cuatro de la mañana.
- ¿Cariño?
- Dídac es... muy importante que me escuches atentamente, ¿vale?
La voz de Tenhime suena temblorosa, invadida por los nervios. Me sacudo el sueño para atenderle lo mejor que pueda. No obstante, una frase resbala de mis labios.
- Son las cuatro... ¿Qué ocurre?
- Dídac, yo... no voy a volver.
Es el sueño. Debo haber oído mal.
- ¿Qué?
- Ssssh. Escúchame yo... no es culpa tuya... es... bueno, él... no es que sea mejor sólo... bueno, tenemos más en común, y...
- Espera, espera, cielo, espera... ¿Qué?
- Lo siento, Dídac. No... Se acabó.
Algo dentro de mí hace "crack".
- Pero, ¿por qué?
- Es... difícil. No es que tú no... y él es... no sería justo para ninguno de los dos.
- ¿Quieres terminar alguna frase para que sepa por qué quieres abandonarme?
Al otro lado del teléfono, del mundo y del universo, Tenhime coge aire profundamente.
- He conocido a alguien. Es... especial. No es que tú no lo seas, pero él me hace sentir... ¿Sabes? Como antes.
- ¿Como ANTES? ¿Como antes de qué?
- ¡Joder!- estalla. Casi puedo ver las lágrimas resbalar por su rostro de porcelana- ¡¿Por qué siempre tienes que hacer las cosas tan difíciles?!
- ¿Yo? - abro los ojos como platos, aunque sé que ella no es capaz de verlo.
- ¡Sí!
- ¿Pero qué he hech...?
- ¡Siempre es complicado contigo! ¡Siempre siendo el incomprendido, el artista bohemio, el hombre impredecible! ¡Él me da seguridad, Dídac! ¡Sé lo que puedo esperar de él!
- Te acabarás aburriendo- deseo que mi veneno viaje a través del hilo telefónico hasta sus oídos.
- Tengo que correr el riesgo, cariño... Yo... lo siento...
Guardo silencio. No sé qué decir. No sé qué se supone que debo hacer. Si la quiero, debería dejarla marchar para que fuera feliz. Pero, si la dejo marchar, es que no la quiero lo suficiente como para luchar por ella. Y, por supuesto, soy yo el que hace las cosas difíciles.
- Y además... él me quiere con todo su corazón.
- Yo también.
Una risilla floja, de esas que se dejan escapar cuando conoces a otra persona lo suficiente, suena por el auricular.
- Sabes que no es así. Existe un rincón eternamente ocupado por esa princesa.
- No es una princesa- respondo, automáticamente. Repentinamente, me doy cuenta de lo que he dicho, y me llevo la mano a la boca. Tenhime vuelve a reír al otro lado del mundo.
- Yo... te quiero, Dídac. Pero no puedo estar así toda la vida. Ojalá lo consigas tú, y seas feliz el resto de la tuya.
- Tenhime...
- Ya pasaré por mis cosas cuando vuelva a España. Cuidate mucho, ¿vale?
- Sí... claro...
*Click-tuuuuuut* *tuuuuut* *tuuuuut*

Me levanto, tambaleándome. Aun no sé si es por el sueño, o porque algo acaba de detonarse en mi interior y ha resquebrajado todos mis órganos. Noto una punzada horrible justo debajo del corazón, y algo me oprime el hígado. Llego a trompicones hasta el salón, que tiene la luz encendida. Dentro encuentro a Landelón sirviendo dos copas de ron con hielo, con una parsimonia digna de un francotirador.
- Tenhime me ha dejado por otro.- le digo, entre las brumas del cansancio y el dolor.
Landelón terminar de echar el licor en los vasos, y me acerca uno.
- Ven. Vamos a poner la de "Pulso Firme", y me lo cuentas.
Me detengo allí donde estoy. Miro el vaso preparado en mi mano, y a Landelón, que acude a recostarse en el sofá. Todo está demasiado preparado.
- ¿Lo sabías?
- Me llamó antes que a tí. Tenía que coger fuerzas.
- ¿ELLA?
- Nunca es fácil, Dídac.
Avanzo hasta el sofá, recogiendo la botella de ron por el camino.
- Dímelo a mí.

viernes, mayo 09, 2008

Nojtromo

No fue hasta que logró sellar la escotilla que encerraba al peligroso alienígena, cuando se dio cuenta de que el resto la tripulación se había quedado atrapada en el lado equivocado.

jueves, mayo 08, 2008

Modestia

- Inés me ha dicho que no sé ni a qué huele la modestia. - me confiesa el Extraño, cuando vino para llevarse a Perro.
- No me extraña, después de lo que dijiste de su novio. ¿Y tú que le has contestado?
- Que cómo iba a saberlo, si todo el mundo sabe que no tiene flores.
- ¿Flores?
- Claro. No echa flores nunca. Asco de planta de interior.
- ¿Planta de interior? ¿Qué planta de interior?
- Joder, Dídac. La modestia esa, de la que hablaba Inés. Es que te lo tengo que explicar todo.

domingo, mayo 04, 2008

Dueños

¿Adónde huyes cuando la tierra es tu enemiga?
- Proverbio oriental sobre los terremotos.

Tres y veintitrés de la mañana. Vuelvo de casa de mi hermano, quien necesitaba un canguro para Helena mientras él y su señora se iban a la RABSTU (Reunión Anual de Biólogos Sin Trabajo Útil), y por supuesto pensaron en mí. "A la niña le encantan tus cuentos. Le cuentas una de tus historias, la acuestas, y para la una o así ya deberíamos haber vuelto". No podía negarme: al fin y al cabo, soy yo quien está malcriando a su pequeña. Finalmente, la pareja se quedó hasta las tres, en una sucesión de biocervezas y biodiscusiones, con bioideas y biodebates de biocosas que jamás entenderé. Y Helena, por supuesto, no se fue a la cama pronto. Lo último que debería tomar esa niña es cafeína.

Arrastro los pies hasta mi cocina, y saco una cerveza sin de la nevera. Debería buscar un sitio donde esconder de Tenhime una Grimbergen Dubbel de reserva, para días como hoy. Voy hacia mi sala de estar sin encender ni una sola luz. Mi cerveza, mi salón, mi sofá. Necesito ésto antes de irme a la cama. Quizás hasta me ponga un película. Alguna de tiros, con policías disparando en el aire o en persecuciones.

Demasiado bonito.

En cuanto me dejo caer sobre mi sofá, una bola de pelo llena de garras y colmillos cae sobre mi cara, atacándome con una fiereza inusitada, revolviéndose y lanzando zarpazos y dentelladas a diestro y siniestro. Huyo de mi oscuro atacante, tratando de quitarme la sangre de la cara mientas doy manotazos a ciegas en un vano intento de alejar la amenaza de mí.

El escándalo despierta a Landelón, quien dormía en otro de los sofás. Rápidamente, realiza un placaje digno de la NFL americana sobre la furiosa bola de pelo. Cuando logro alcanzar el interruptor, mi atacante ha huído por el pasillo, y Landelón me mira con cara de niño al que acaban de sorprender con un balón en la mano, próximo a un jarrón roto.
- Hola, Dídac...
- ¡Al próximo que invoque a Lucifer en mi salón me lo fundo! ¿Qué cojones...?
- Es Edvard.- dice el Viajero, cuya expresión está a caballo entre el "lo siento" y el "cómo se te ocurre", mientras coge mi cerveza de encima de la mesilla, la abre, y la deposita de nuevo, haciéndome un ademán para que la recoja.
- ¿Edvard?
- Es la mascota de Alithia. Me pidió que se la cuidase estos cuatro días, ya sabes, por lo de sus exámenes...
- ¿En mi casa? ¿Y qué pasa con Perro?
- No creo que haya problemas entre ellos.

Para aquellos que no lo sepan, Perro es la mascota del Extraño, quien actualmente está haciendo ingenieradas con un par de rusos cerca de Madrid. No sé que clase de bicho es, pero está a medio camino entre un hámster y un perro de las praderas. Dado que todas las cosas se parecen a su dueño, Perro ha demostrado ser un bicho hostil, arriesgado, y con un aire ciertamente amenazador. No me podía creer que pudiésemos tener a presa y depredador bajo el mismo techo sin que nada horrible ocurriese.

- ¿Por qué dices eso?
- Porque desde que Edvard llegó, Perro se ha dedicado a roer depresores linguales hasta convertirlos en una empalizada de estacas. Si al minino se le ocurre intentar algo amenazador, en lugar de decir "Me parece haber visto un lindo gatito", Perro gritará "¡Ésto es Esparta!".

Conforme hablamos, Edvard se ha subido al sofá y se prepara para saltar sobre la mesilla del salón. Un salto fácil para una raza preparada para acrobacias entre tejados, pero por alguna razón, el aterrizaje de Edvard pasa por resbalar sobre la superficie de la mesilla, tirando la cerveza y derramando su contenido por la mesilla y el suelo del salón.
- Madre de Dios...- gimo, frustrado- En verdad todas las cosas se parecen a su dueño.