domingo, mayo 11, 2008

Dificilidades

*piiip*...*piiip*...*pii-click*
- Hmmm...¿Sí?
- ¿Dídac?
Miro el reloj digital que hay sobre mi mesilla. Un resplandor verde me indica que son las cuatro de la mañana.
- ¿Cariño?
- Dídac es... muy importante que me escuches atentamente, ¿vale?
La voz de Tenhime suena temblorosa, invadida por los nervios. Me sacudo el sueño para atenderle lo mejor que pueda. No obstante, una frase resbala de mis labios.
- Son las cuatro... ¿Qué ocurre?
- Dídac, yo... no voy a volver.
Es el sueño. Debo haber oído mal.
- ¿Qué?
- Ssssh. Escúchame yo... no es culpa tuya... es... bueno, él... no es que sea mejor sólo... bueno, tenemos más en común, y...
- Espera, espera, cielo, espera... ¿Qué?
- Lo siento, Dídac. No... Se acabó.
Algo dentro de mí hace "crack".
- Pero, ¿por qué?
- Es... difícil. No es que tú no... y él es... no sería justo para ninguno de los dos.
- ¿Quieres terminar alguna frase para que sepa por qué quieres abandonarme?
Al otro lado del teléfono, del mundo y del universo, Tenhime coge aire profundamente.
- He conocido a alguien. Es... especial. No es que tú no lo seas, pero él me hace sentir... ¿Sabes? Como antes.
- ¿Como ANTES? ¿Como antes de qué?
- ¡Joder!- estalla. Casi puedo ver las lágrimas resbalar por su rostro de porcelana- ¡¿Por qué siempre tienes que hacer las cosas tan difíciles?!
- ¿Yo? - abro los ojos como platos, aunque sé que ella no es capaz de verlo.
- ¡Sí!
- ¿Pero qué he hech...?
- ¡Siempre es complicado contigo! ¡Siempre siendo el incomprendido, el artista bohemio, el hombre impredecible! ¡Él me da seguridad, Dídac! ¡Sé lo que puedo esperar de él!
- Te acabarás aburriendo- deseo que mi veneno viaje a través del hilo telefónico hasta sus oídos.
- Tengo que correr el riesgo, cariño... Yo... lo siento...
Guardo silencio. No sé qué decir. No sé qué se supone que debo hacer. Si la quiero, debería dejarla marchar para que fuera feliz. Pero, si la dejo marchar, es que no la quiero lo suficiente como para luchar por ella. Y, por supuesto, soy yo el que hace las cosas difíciles.
- Y además... él me quiere con todo su corazón.
- Yo también.
Una risilla floja, de esas que se dejan escapar cuando conoces a otra persona lo suficiente, suena por el auricular.
- Sabes que no es así. Existe un rincón eternamente ocupado por esa princesa.
- No es una princesa- respondo, automáticamente. Repentinamente, me doy cuenta de lo que he dicho, y me llevo la mano a la boca. Tenhime vuelve a reír al otro lado del mundo.
- Yo... te quiero, Dídac. Pero no puedo estar así toda la vida. Ojalá lo consigas tú, y seas feliz el resto de la tuya.
- Tenhime...
- Ya pasaré por mis cosas cuando vuelva a España. Cuidate mucho, ¿vale?
- Sí... claro...
*Click-tuuuuuut* *tuuuuut* *tuuuuut*

Me levanto, tambaleándome. Aun no sé si es por el sueño, o porque algo acaba de detonarse en mi interior y ha resquebrajado todos mis órganos. Noto una punzada horrible justo debajo del corazón, y algo me oprime el hígado. Llego a trompicones hasta el salón, que tiene la luz encendida. Dentro encuentro a Landelón sirviendo dos copas de ron con hielo, con una parsimonia digna de un francotirador.
- Tenhime me ha dejado por otro.- le digo, entre las brumas del cansancio y el dolor.
Landelón terminar de echar el licor en los vasos, y me acerca uno.
- Ven. Vamos a poner la de "Pulso Firme", y me lo cuentas.
Me detengo allí donde estoy. Miro el vaso preparado en mi mano, y a Landelón, que acude a recostarse en el sofá. Todo está demasiado preparado.
- ¿Lo sabías?
- Me llamó antes que a tí. Tenía que coger fuerzas.
- ¿ELLA?
- Nunca es fácil, Dídac.
Avanzo hasta el sofá, recogiendo la botella de ron por el camino.
- Dímelo a mí.

4 comentarios:

Rhiwen dijo...

Nada fácil

Letichan dijo...

Tal vez sea lo mejor para Dídac: no más novia ausente y es cierto que su mente no es del todo libre para entregarse por completo a Tenhime.

Dídac dijo...

¿Mejor? Quizás en un futuro. Pero ya lo dice: saber que siempre hay salida no quita para que me sienta hecho una porquería...

Veremos si en el futuro le sonríe la suerte.

Letichan dijo...

Ciertamente, es natural que le duela y hasta una señal saludable. Si no lo hiciera, por mucho que pensara que quizás a la larga pueda ser algo beneficioso, sería un monstruo.