domingo, junio 22, 2008

Marujeos y conclusiones

-Eh, Extraño
- ¿Qué quieres, Inés?
- Lo he dejado con Alfonso.

Algún día descubrirán, pienso, que desde la cocina de mi piso se escucha todo lo que se dice en el salón. Sin ser eso bastante, existe un espejo en el recibidor que permite, con sólo volver la cabeza, intuír lo que está ocurriendo en el salón mientras uno está cocinando, o, como yo en este mismo momento, fregando todos los cacharros de cocina. Pero no será hoy, no al menos hasta que cotillee, como la maruja que pasa el aspirador por toda la casa con un delantal puesto y un trapo en la cabeza, cómo termina toda la historia de Inés y el Extraño.

- ¿Alfonso? - Como si no le sonase el nombre- Pero ¿si era un buen tipo, no? Y te quería muchísimo, ¿no? Eso tenía entendido, ¿no?.
- Sí. Pero con él me sentía... como si yo no terminase de ser yo. Como si él fuera incapaz de aceptarme a toda mí, a mi yo entera, a... como si hubiera una parte de mi ser que él jamás sería capaz de comprender o de compartir. ¿Comprendes?

Yo estoy convencido de que sí, pero el Extraño parece disfrutar de forma sádica tirándole de la lengua en plena confesión a la artista.
- Hombre, no es que te expreses como un libro abierto...
Oigo a Inés suspirar, posiblemente de resignación.
- Con él me sentía una extraña.
- Ah. Eso está mejor.

El momento de silencio me hace volver la cabeza hacia el espejo del recibidor. El Extraño se ha desplazado por el sofá hasta estar al lado de Inés, y se da unos toquecitos en el hombro con la mano.
Mientrás Inés rompe a llorar sobre él, el Extraño mira directamente a mis ojos en el reflejo del recibidor, y con su dedo índice viaja hasta señalar su ojo derecho, en un gesto que yo sé muy bien lo que significa.
"Te lo dije".

jueves, junio 19, 2008

Postalidades

Querida Elisa.

Te escribo desde el hospital de Badar para decirte que no te preocupes: las heridas son, en su mayoría, superficiales, y la enfermera de nombre largo dice que no tardaré en sanar.

Sí, lo sé, me avisaste, pero sabes cómo se pone Landelón ante la perspectiva de una aventura. Ni siquiera pude convencerle para que dejase a Cirle en un lugar seguro. Qué valiente es... Cierto que gritó, pero ¿quién no lo haría con cuatro pulgadas de acero hundiéndose en la carne? Casi no se quejó en todo el viaje de vuelta, y eso que tuvimos que ayudarle a caminar. La buena noticia es que Neeki estaba con nosotros. La mala, que había perdido demasiada sangre como para transportar a Cirle de regreso a Badar.

Landelón está en la camilla de al lado. Quiere mandarte saludos, ahora que no está sedado. Dice que no te preocupes, que las estacas no estaban envenenadas, y que han logrado limpiar la herida antes de que se infectase. Mira, le están volviendo a sedar. Seguro que vuelve a hablar en sueños, en los que conversa fluidamente en italiano con lo que parece ser, por alusiones, un londinense llamado Lister.

Quería agradecerte los ánimos que me diste. No es fácil reconstruir una vida tras la marcha de Tenhime, pero me diste esperanzas. Tenemos que volver a Neral, cuando lo terminéis de reconstruir, y así vemos como va el monumento a tu padre.

Oh, mira, Yanroud también quiere que te mande un beso. Claro que vino con nosotros: desde que le dejaste ha vuelto a robar, ya lo sabes. Ésta era una presa demasiado tentadora para todo el grupo. Yanroud es el que mejor parado ha salido de todos nosotros: sólo tiene unas quemaduras de primer grado en la espalda. Nada que un poco de pomada badariense no pueda solucionar.

Tengo que dejarte: largoyconunavocal dice que me tiene que extraer el virote. Me pregunto para qué necesitará el serrucho, como si con esas gigantescas tenazas no tuviese suficiente.

No te preocupes. Estaré bien.

Besos,
Dídac.

miércoles, junio 18, 2008

Melodrama tras melodrama

Los descansos en los espectáculos guardan un significado distinto a la publicidad en las películas. En éstos últimos, la gente aprovecha para ir al baño, rellenar de patatas fritas los platos, y sacar una cerveza fría del frigorífico. En los descansos de los espectáculos, la gente se levanta para estirar las piernas y comentar como va la noche. De acuerdo, también para ir al baño. Incluso a veces, para conspirar entre los cortinones.

Volvía silbando del baño cuando, en un revuelo de cortinas y vestidos, me pareció reconocer la mirada almendrada y oscura de Fátima, tras su velo negro, en el fondo del pasillo. Corrí hacia ella, empujando a un par de invitados que estiraban las piernas y comentaban cómo iba la noche, mientras les gritaba mis disculpas. No obstante, y como en toda persecución que se precie, para cuando llegué a donde me había parecido ver a Fátima, ella había desaparecido sin dejar rastro.

Un dedo pulgar recorrió mi cuello imitándo una técnica de degüello. Al girarme, ví a un Yanroud sonriente ante mí. Vestía de gala (algo extraño en él; detecté la larga mano de la hija pequeña del Rey de Badar en todo esto), e incluso cubría su frente con una banda de seda oscura, en lugar de con su pañuelo habitual, para ocultar la marca que había debajo.
- Hey. ¿Cómo andamos?
- Con los pies. -repliqué, haciendo uso de mi derecho a ser sarcástico.- El Extraño se ha cabreado con el hombre del piano y con razón, y yo no veo a la hija pequeña de tu padre por ningún lado.
- No está, Cuentacuentos. Tu queridísima no ha venido. De hecho, vas a tardar en verla de nuevo. Partió para Neral hace dos meses.

No lo entiendo. Si fue a Neral... ¿quién ha hecho que Yanroud se engalane? ¿Quién ha evitado que los capas plateadas placasen a Landelón? ¿Cómo sigue Alithia viva? ¿Qué hago yo aquí?
- ¿Cómo... Por qué?
- Las cosas han cambiado. Después de tu última pelea con Tenhime ella... no quería hacerte daño. Dijo que le vendría bien un cambio de aires, y se fue para ayudar a la reconstrucción de la capital. Se llevó a la mitad de los capas plateadas de mi hermana, por si encontraba al Viajero de camino, y me dejó prácticamente al cargo de Isabel.
- No me lo puedo creer.
- Anda, tonto. Te invitaré a una copa de la bodega real.- su brazo se desliza sobre mis hombros, en uno de los pocos gestos de afecto que aceptamos los hombres. Por un minuto, me dan ganas de agachar la cabeza y solucionarlo todo como siempre, brindando al amanecer.
- Creo que no, Yanroud. No estoy de humor.
- ¿Para beber?
- Para nada.

No quiero aguar la noche a los demás. Me muevo hacia el ala del Palacio de Mármol donde el Rey nos ha reservado unas habitaciones, sin levantar la vista de la moqueta púrpura que marca mi camino. Estoy cansado, pienso. Cansado de no conseguir nunca nada. Cansado de no cambiar las cosas. Landelón suele decir que lo importante en una vida es marcar la diferencia. Si consigues marcar la diferencia, en algún aspecto, te separas del pelotón y se te puede reconocer por algo. Pero últimamente me doy cuenta de que me voy tropezando con el borde de todas las alfombras, trastabillando de momento a momento. La sensación de ir a trompicones por la vida no se me quita, y no me gusta llevar ese sentimiento en la espalda.

Me llegan voces. Una de ellas es la del Extraño, que parece hablar pausada y tranquilamente a una voz mucho más femenina, pero más llena de tensión.
- Gracias- dice la mujer.
- Qué va. Gracias se dice cuando alguien hace algo por tí, y yo no he hecho nada.
- No, no. En serio. Gracias.
- Ehm...- la voz del Extraño parecía confundida de un momento a otro.- ¿Qué... estás...?

La puerta se cierra antes de que llegue a su altura, pero algo me dice que las cosas no le van tan mal al Extraño como podía parecer. Echo un vistazo a la habitación del Viajero, y veo que su sombrero está sobre la cama. Qué curioso. No se lo suele quitar muy a menudo. Oigo el incofundible sonido de succión de dos personas besándose viniendo del balcón de la habitación, y decido no indagar más. Para cuando abro la puerta de mi habitación, ya voy arrastrando los pies, aflojándome el nudo de la corbata, y bostezando sin reprimirme. Todo indica que voy a ser el único de la fiesta que no va a compartir su cama.

Hasta que descubro a Alithia llorando en mi cuarto.

¿Y si todos vamos a trompicones, de momento en momento de la vida, como si en realidad no fuésemos sino barcos en el océano, que aprovechan las calmas entre tempestades para reparar el velamen y el casco del navío, y así aguantar el envite de la siguiente marejada hasta que una ola lo bastante grande logra enviarnos hacia la tranquilidad y el remanso de aguas más seguras?

Debí aceptar esa copa de Yanroud. Es excesivamente fácil caer en el melodramatismo, y a ver cómo sales de ese agujero de pareces cenagosas y resbaladizas.
Me siento en mi cama, al lado de Alithia, y le acaricio el pelo a la pequeña.
No estoy seguro de poder hacer mucho más por ella.

sábado, junio 14, 2008

Lección de esgrima

Le conocí cuando estuve en Kumei, antes de que estallase la guerra. Se llamaba Andrys, pero Landelón, Yanroud y yo lo llamábamos Andrés Tres, por la cantidad de medallas en su uniforme. Era Capitán en el ejército, encargado principalmente de la instrucción de nuevos soldados.

En los meses previos al conflicto, puso en nuestras manos espadas de práctica, y nos enseñó, a Landelón y a mí, una de las mejores lecciones de esgrima, y de la vida, que jamás he visto.

Me dijo: "Muéstrame tu postura"

Yo separé las piernas, una más adelantada que la otra, y cogí la empuñadura de la espada con espacio entre mis manos, descansando la punta del arma más allá del pie que había dejado atrás. Salvando las distancias, es la pose preparatoria de los Grandespaderos de Neral, donde Landelón había servido durante nueve meses, y cuyo estilo de combate me había enseñado cuando estuvimos allá.

Mientras él levantaba su espada sobre la cabeza, me contó:

"Mira. Aquí puedes ver todo lo que soy. Las mentiras se construyen con palabras, pero en un combate puedes ver cómo es una persona. Su postura, sus gestos, sus golpes, te hablan de ella. Nadie es capaz de esconder su naturaleza cuando combate.

Por tu postura, sé que eres jactancioso. Empleas una guardia baja, confiando en poder esquivar mis golpes. Crees que tu menor tamaño te hace más ágil y un blanco más difícil, y por lo tanto te permites desconfiar de una guardia más alta. Posiblemente hayas manejado armas más pesadas que éstas, y sabes que, como mucho, si golpeas bien, lo harás una única vez, por lo que no te puedes permitir el hacerlo mal. Ésto te convierte en alguien dado a arriesgar mucho, dado a esperar el momento adecuado para hacer las cosas y a apostar todos tus recursos en una única jugada.

Detrás de todo eso, escondes miedo de tí mismo. Me ves en mi postura desprotegida, y no optas por cambiar la tuya. No crees en aprovechar las debilidades de los demás, sino únicamente en aprovechar tu propia fuerza. Ahí estás cometiendo un error. Eres honrado. Y por lo tanto, perderás ante alguien que sí desee aprovecharse de tus fallos"

Logré apartarme de su primer golpe, pero Andrés Tres giró sobre sí mismo y me golpeó con el hombre, desestabilizándome en plena esquiva. El siguiente golpe fue tan rápido que sólo recuerdo el sonido de la madera al chocar con mis costillas. Doblé una rodilla y traté de coger aire mientras el campo visual se me llenaba de manchas.

- ¿Ves?
- Sucio...- logré jadear.
- Escúchame. De tu postura se desprende que no eres un guerrero. No tienes lo que hay que tener para ganar un combate.

Mientras me ayudaba a levantarme, me susurró al oído:
- Pero cuando lo cuentes todo, sigue confiando en tu fuerza... y respetando los errores de los demás.

miércoles, junio 11, 2008

Recitales

El auditorio estaba, esta vez, lleno. El Palacio de Mármol podía albergar a una cantidad considerable de personas, y el Salón de Actos parecía capaz de contenerlas a todas ellas. Un gigantesco telón amarillo dorado cubría el escenario, mostrando así que los Badarienses son poco supersticiosos. El terciopelo rojo oscuro de los asientos de la platea era apenas apreciable en la amalgama multicolor de los trajes de los asistentes, conforme iban ocupando sus localidades a la espera de la actuación de Diana Laguna.

Isabel de Mylene, esto es, la princesa de Badar, nos había reservado un palco en el ángulo muerto del palco Real. Estaba claro: Isabel no quería ver a Alithia ni en pintura. Normal, quien evita la tentación evita el pecado. Sin embargo, en mi estómago crecía una sensación de fatalidad, provocada por dos hechos: la inevitable confrontación Landelón-Princesa, y el hecho de que, en toda la noche, no había visto ni rastro de la hija pequeña del Rey de Badar.

El Extraño me dió un toquecito en el hombro para sacarme de mis pensamientos. Conforme se subía el telón, se apreciaban tres figuras sobre el escenario. Dos de ellas pertenecían al hombre del piano y a su instrumento, una maravilla barnizada cuyo negro resplandecía más que su músico. Y la tercera pertenecía a aquella diva en blanco y negro, la que nos atrajo con su canto de sirena hacía apenas unos días.

- Supongo que la soprendimos ensayando- dijo Landelón, con el tono poco convencido de quien realiza una hipótesis sabiendo que, en el fondo, es falsa. Alithia asiente con la cabeza, hasta que Diana Laguna comienza a cantar.

Ninguna de las canciones que canta son las que había ensayado, si es lo que estaba haciendo. Este recital es distinto. Éste tiene fuerza, tiene drama. Habla de pérdida, pero de esperanza. Hablaba de dificultades, no de simples inconveniencias, pero lo hacía con fuerza y alegría, con el ritmo de quien es capaz de seguir adelante.

El auditorio entero está absorbido por la música del hombre del piano, y por el canto de Laguna. Menos el Viajero.

- ¿Quién está aportando más tristeza?- pregunta- ¿El hombre del piano, o la cantante?
- Supongo que el músico.- le respondo. Alithia asiente, apoyando silenciosamente mi teoría.
- Entonces, ¿ella aporta la esperanza?
- Será.

Los hechos me dan la razón. En el solo de piano, lágrimas brotan de los ojos de la diva, y abandona el escenario con las manos sobre el rostro. Instantes después, un siervo Real anuncia que la actuación seguirá con otros artistas, que fuéramos comprensivos con la situación de la Srta. Laguna.

- De la hostia- dice el Extraño, molesto, a mi izquierda.
- ¿Por qué siempre hace lo mismo?
- Nosotros somos ya inmunes. Pero la tristeza constante del hombre del piano se filtra a través de los poros de los que lo rodean, arruinando sus buenas acciones.- señala el Viajero
- Será idiota...- continúa el Extraño- Si sólo... se quitase esa máscara de eterno perdedor, por un día.
- Perdió a su mujer, tío. No te pases con él.
- ¿Por qué no? Está perdiendo el resto de su vida.
- Pero es su vida, ¿no? Que la pierda como quiera.
- Eso está bien. Pero que no me haga perder la mía.- el Extraño se levanta, y se dirige a la puerta del palco.- Voy a ver si me dejan colarme en los camerinos. Vine por Diana Laguna, y no he tenido suficiente.

La puerta se cierra suavemente, pero todos oímos el portazo emocional, que reverbera dentro de nuestras cabezas como las ondas de un gong.
- Viajero.
- ¿Sí?
- Siempre tiene razón, ¿verdad?
- ¿No le odiabas tú por eso?

lunes, junio 09, 2008

Amistad

- Landelón- dijo el Extraño, en una de esas noches en las que las miradas perdidas chocaban con las botellas de cerveza vacías.
- ¿Sí?
- ¿Preferirías morir antes que la persona que amas?
- No.
- ¿Por qué?
- No soportaría que pasase el mal trago de enterrarme.
- Pero, ¿y tú tener que enterrarla a ella?
- Uno soporta lo que sea de la persona amada. Incluso su muerte.
- ¿Llorarías?
- Supongo.
- ¿Incluso si no es eficiente?
- Existen cosas que hay que hacer, aunque no sirvan para nada.
- Oh... ¿Dídac?
- ¿Sí? - pregunté, mirándole con los ojos hinchados de llorarle a Tenhime.
- ¿Puedo hacer algo por tí?
- No. Pero gracias por ofrecerte.
- Ya lo sabía. Pero existen cosas que hay que hacer, aunque no sirvan para nada.

jueves, junio 05, 2008

Jubilación

-Novecientas noventa y nueve mil novecientas setenta... Novecientas noventa y nueve mil novecientas ochenta...Novecientas noventa y nueve mil novecientas noventa... ¡y un millón! ¡Lo tengo!

El guerrero se puso en pie de un salto, desenvainó su mandoble, y lo clavó con fuerza sobre la mesa de la taberna donde el grupo de aventureros estaba repartiéndose el botín de la última aventura.
- ¡Dejo la vida de aventuras! ¡Adiós a las mazmorras y a los dragones! ¡Comienza una nueva vida para mí!
- ¡Pero- protestó el druida alto como un chopo- eres nuestro mejor guerrero! ¿A qué te vas a dedicar ahora?
- ¡Estoy harto de ser yo el que siempre se lleve los golpes! Tengo un millón de piezas de oro... ¡Voy a formar mi propio equipo de Blood Bowl!
El druida suspiró mientras el guerrero abandonaba la taberna con su hatillo y sus pertenencias, a excepción del mandoble, que permanecía clavado sobre la mesa.
- Así se pierde un tanque...

miércoles, junio 04, 2008

Celebrintimidades

El rey de Badar era dado a organizar banquetes y fiestas con la menor excusa. Eso creí durante muchísimo tiempo, porque siempre que el Viajero y yo pisábamos Badar, había una fiesta. Una noche, mientras jugueteaba con la espalda desnuda de la hija pequeña del Rey de Badar en los arrumacos que suceden a la pasión, me confesó que, en realidad, sólo organizaba esos festejos cuando nosotros veníamos.

- El Viajero ha hecho mucho por este Reino. Hay más fiestas, claro, pero ninguna es como la que celebra la llegada del Viajero.
- ¿Por lo de la bruja?
- Y el gigante. Y la invasión de los Kurganís del '21. Y la Gran Inundación. Por no hablar del Incendio Infernal del Año Maldito.
- Vale. Lo he captado. Ha hecho mucho por este país.
- A papá le gustaría nombrarlo su sucesor. Cree que es el único que puede velar por Badar a su partida.
- Pero, ¿y Yanroud? ¿E Isabel? ¿Y tú?
- Yo no puedo ocupar el trono, lo sabes.
"Oh, sí, claro que lo sé. No eres una princesa"
- Y Yanroud... ya sabes que papá y él no se hablan desde...
- Eso sigue dejando a Isabel.
- Que ama al Viajero.

Y es cierto que lo ama. Y lo odia, a partes iguales. Bastaba con mirarla. Cada vez que giraba la cabeza, era para buscar el sombrero de Landelón entre la alta sociedad badariense, reunida en el Palacio de Mármol. Sólo el mejor de los consejos, susurrado de boca a oído por su hermana, había evitado que lanzase una vez más a los capas plateadas contra el Viajero nada más conocer su presencia en el reino. Quién iba a decir que la princesa, quizás la mujer más poderosa del reino tras la muerte de su madre, iba a envidiar la posición de una pequeña niña, apenas mujer, que caminaba al lado del Viajero en todo momento.

- ¿Y no es peligroso tener a Alithia aquí, con Isabel siguiéndote el rastro?
- Oh, vamos. ¿No la creerás capaz de...?
- No. Pero me parece... falto de tacto el restregárselo por sus reales narices.- Vuelvo a mirar a la princesa de Badar. Una vez más, estaba deslumbrante.- Y qué narices, por cierto. ¿Has visto su velo?
- Sí, pero no me he fijado mucho. Tenía otras cosas a las que mirar- añade, mirando a los ojos a Alithia, quien se sonroja repentinamente y baja la vista, visiblemente avergonzada.
- Oh, vamos. Deja de incomodar a la niña. En privado, le dices lo que quieras. Pero aquí, delante de todos... Sabes que es muy tímida, la pobre.

Entre las figuras presentes, se hallan visitantes de reinos vecinos o amigos a Badar. El duque de Benus se había disculpado por no acudir, pero había mandado a su primogénito con su primo, aunque no había manera de diferenciarlos. Nadie de Neral podía venir, porque Elisa estaba ocupada con la reconstrucción de la capital. Landelón se había encontrado con antiguos compañeros de la guerra de Kumei, y se los había presentado a Alithia, para más sonrojo de la pobre, ya que los viejos soldados tuvieron la educación de elogiarla delante del Viajero, mientras le guiñaban el ojo pícaramente. Pero lo sorprendente fue que, entre el mar de cabezas con sombrero, pamelas y tocados, apareció como la punta de un iceberg el rostro del Extraño, apartando con toda la delicadeza que era posible a la gente que se cruzaba en su camino mientras avanzaba hacia nosotros.

- No esperaba verte aquí. ¿Cómo no has avisado?- le pregunto al Extraño.
- He llegado esta mañana. Me he pasado el día entero durmiendo. El transporte es una mierda, y más si lo tengo que compartir con el hombre del piano.
- ¿Ha venido también?
- Toca ante el Rey dentro de unos veinte minutos. Ya sabes. Galas, cosas importantes...
- ¿Y tu corbata?.
- Yo no llevo corbata. No es eficiente.
- Dí que sí - confirma el Viajero.
- Ni pañuelo, si no es para sonarme los mocos.
- Lástima. No tienes ni idea de lo que les gusta a las chicas.- Landelón lanza una sonrisa a Alithia, que se está sirviendo el ponche con tanto cuidado que cualquier observador distraído pensaría que manipula nitroglicerina.
- No necesito un pañuelo para eso.
- Tú lo que tienes es envidia.
- Y filtro de edad.

Landelón se retira con las orejas gachas hasta la mesa donde está su jovencísima amante, y cogidos del brazo se hunden en el mar de invitados. Ahora que estamos solos, me giro hacia el Extraño, y le señalo con un dedo amenazante.
- Tú no has venido por nosotros. ¿Qué te trae por aquí?
- Diana Laguna.
Es como si supiese que se lo iba a preguntar. Teniendo en cuenta que es el Extraño, no me extraña. Espero los cuatro segundos de rigor antes de que me lo explique, pero permanece con la vista clavada en mí, como esperando que haga la pregunta siguiente. Supongo que, dentro de su cabeza, está escrito el guión de nuestra escena, y está esperando mi frase resorte para que él suelte su parte del diálogo.
- Venga, va. ¿Y quién es Diana Laguna?- trato de que la frase suene lo más sintética y postiza posible. Él no parece inmutarse. Quizás también se lo esperaba.
- Ahora verás. Canta ante el Rey dentro de unos... veinte minutos.

martes, junio 03, 2008

Sirenamientos

La voz llenaba los espacios entre nosotros como una cortina de seda envuelve el cuerpo desnudo de la amante que, furtiva, se escapa del lecho para ver amanecer por la ventana. Aquella voz aterciopelada parecía sisear entre los presentes, embelesándonos. No era una voz que transmitiese sentimientos, era una voz que hacía que la escuchases, quisieras o no. Gracias a Landelón habíamos dejado Neral hacía un par de semanas, y por eso sabía que no podía ser un sirena. Pero no por eso dejaba de ser menos atractiva.

Everything you think you know baby
Is wrong
And everything you think you had baby
Is gone

- Viene del salón de actos.- había dicho Landelón, cuando oímos por primera vez su cántico.

Le seguimos por los pasillos del Palacio de Mármol de Badar, y cuando entramos en el auditorio, nos quedamos extasiados. Hasta Alithia, pegada detrás de Landelón, aguantó la respiración cuando la vio.
Aquella mujer era una sinfonía en rojo y negro. Sobre sus faldas carmesí, un corpiño negro muy ceñido dejaba al aire sus redondos hombros, desnudos salvo por la cascada de tirabuzones pelirrojos que enmarcaban su rostro, prácticamente dividido por una amplia sonrisa de rojos labios.

- Madre de Dios- Logré decir con el aire que se me escapó, como si me hubieran golpeado en el diafragma.
- No, ni siquiera ella está así.
Alithia, ofendida, golpeó a Landelón en el hombro con el puño cerrado, con más dolor en el orgullo del Viajero que en su cuerpo.

It's all over but the crying
Fade to black I'm sick of trying
Took too much and now I'm done
It's all over but the crying

- Sólo tengo una pregunta...
- Dispara, Cuentacuentos.
- ¿Por qué canta para un auditorio vacío?
- No lo sé. Quizás cante para que se llene.

lunes, junio 02, 2008

Torpezas

Como Elisa hacía un par de semanas, la enfermera de nombre largo y difícil de recordar se lanza con los brazos abiertos, a través del pasillo del hospital, hacia Landelón, Alithia, y yo, que llegamos fatigados después de un largo caminar.

Otra enfermera sale de la habitación, interponiendo de forma posiblemente inintencionada su carrito frente a la joven a la carga. El choque sólo produce que la bandeja sobre el carro se desplace hasta que un tercio de la misma deja de estar establemente situada sobre el carro. Es el tropezón subsiguiente, y el brazo de una enfermera de nombre largo tratando de encontrar estabilidad mientras trastabilla lo que produce la proyección de todos los utensilios sobre la bandeja, como proyectiles de catapulta, directamente hacia nosotros. Landelón salta sobre Alithia, en un placaje heróico digno de salir en alguna pelicula de acción. Yo me quedo paralizado en el sitio.

Se hace el silencio en toda la planta. Por un momento, sólo el pitido lejano y constante de una máquina rompe la tensión. La muchacha se pone en pie y se recoloca la cofia correctamente sobre su mata de rizos, con las mejillas encendidas de vergüenza, y dice:
- ¿Ups?
Corrijo: pregunta, no dice. Pregunta, como si nada importase que haya proyectado entre nueve y catorce instrumentos magníficamente equilibrados y letalmente afilados hacia el fondo del pasillo donde tres daños colaterales con patas esperaban de pie un abrazo, no una lluvia de cuchillas. Pregunta, como quien dice "¿El baño?" en un museo. Pregunta, como si después de dejar caer una taza de café humeante en la entrepierna de un importante ejecutivo, alguien dijese "ayvá... ¿duele?" en un alarde de ironía.
- No te preocupes, estamos bien.- dice el Viajero, incorporándose. Un bisturí se ha clavado en su mochila, a cuatro pulgadas de su cuello, pero no es la primera vez que pasa. Alithia está sofocada, pero intacta.
- Ehm... ¿cuentacuentos?

No me muevo. No quiero arriesgarme a ello. No siento nada. De hecho, no siento ni el latido de mi corazón en las sienes.
- NO TIENES NI IDEA DE CUÁNTO ME FASTIDIA ÉSTO.- dice una voz sepulcral a mi lado. Por el rabillo del ojo, alcanzo a ver una figura encapuchada, cuya mano huesuda aferra una guadaña, inclinada sobre un libro abierto sobre su otra mano.
- ¿El qué, exactamente?
- BUENO, LAS EXPERIENCIAS CERCANAS A LA MUERTE.
- ¿Porque son como hacerte venir para nada?- "que sea eso, ohdios que sea eso", pienso desesperadamente.
- Y PORQUE MIENTRAS TÚ PASAS UNA EXPERIENCIA CERCANA A LA MUERTE, YO ESTOY OBLIGADO A PASAR UNA EXPERIENCIA CERCANA AL CUENTACUENTOS. Y AQUÍ ME TIENES, LEYENDO.
- Ehm... ¿ Y qué lees?
- ES UN LIBRO QUE AÚN NO HAS TERMINADO EN ÉSTE MOMENTO. PERO TE ASEGURO QUE NO ESTÁ NADA MAL, POR LO QUE LLEVO LEÍDO.
- Me... alegra que te guste.
-¿ADMITES CONSEJOS?
- Por supuesto.- "Como para negártelos".
- QUE EL ASESINO SEA EL PIANISTA.

- ¿Cuentacuentos?- dice Landelón, a mi lado, en el lugar donde hace un ¿segundo? estaba la figura encapuchada.
- ¿Mmmhsi?
- ¿Estás bien?
Landelón me examina de arriba abajo.
- No tienes nada clavado, colega. Pero te sagra la mandíbula.
Me toco con la mano. Tiene razón, tengo un corte largo y delgado que me recorre una pulgada de mandíbula, como si me hubiera afeitado con un machete. Escuece, pero no duele. Y mancha mi camisa, pero no es grave.
- Oh, dios, ¡cuánto lo siento!- dice largoyconunavocal, poniéndome un algodón sobre la herida.
- Nopasanada- replico, aún en estado de shock. Landelón me arrastra hacia un sofá en alguna de las salitas de espera del hospital, y me sienta junto a Alithia.

- ¿Te encuentras bien? -pregunta largoyconunavocal, cambiándome el algodón de la herida por una gasa húmeda.
- No sé quién es el pianista...
- ¿Qué?
- Que no sé quién es...
- Te he oído la primera vez. ¿Y eso es importante porque...?
- Porque va a matar a alguien.