lunes, julio 14, 2008

SanFermineando

Cuenta Landelón que el origen de la fiesta de Sanfermines se encuentra en el martirio y ejecución de San Fermín ("el firme"), predicador nacido en Pamplona en el siglo IV, que fue ejecutado en Amiens por un jefe de los paganos, clavándole una lanza en un costado y cortándole la cabeza. De ahí salen los dos símbolos más famosos de Sanfermines: la faja y el pañuelo rojo, simbolizando la sangre derramada por el mártir.

También cuenta que en las fiestas, los mozos visten de blanco para eliminar toda señal de casta o rango social: la fiesta hace a todo el mundo igual a lo largo de su duración. No hay ricos ni pobres: sólo pamploneses. O al menos así era hasta que Hemingway le dio por patrocinar la fiesta y atrajese a turistas (Turistas, aclara Landelón siempre, no viajeros) de todo el mundo.

Existen en Sanfermín tantas cosas que la caracterizan, que bien podría decirse que tiene lugar en otra Pamplona. La ciudad entera adquiere un intenso olor a orines y alcohol desde el momento del Chupinazo, en el que las calles adoquinadas del casco viejo son regadas de cava, y comienza el día más largo del año: el que dura desde las doce del día seis de julio, hasta la medianoche del día catorce, hoy, momento del "Pobre de Mí".

Generalmente solía huír de mi ciudad en estas fechas. Ishashi es un sitio más acorde con mis gustos, más tranquilo y donde mejor se puede escribir en esta época del año. Antes Kumei era buena opción, pero la guerra terminó por arruinar muchas cosas que me gustaban de ese país. Este año, no obstante, Landelón logró convencerme para quedarme.

En Sanfermín, todo cambia: las personas, la ciudad, la misma comida que comes, el aire que respiras. Landelón deja atrás su sombrero, y el pañuelo amarillo que suele rodear su cuello es sustituído por el de color rojo que ordena la tradición. Se pierde la noción del tiempo y los días. Te acuestas cuando no puedes más, se come lo que se puede adquirir sin importarte dietas o composiciones. Nada es tan sano como debería, pero resulta más gratificante de lo que le corresponde. Se comen churros fríos a las tres de la mañana. Se desayunan kebabs a las ocho, antes de acostarte. Se mira la televisión, con el estómago revuelto por un bocadillo de lomo con queso que trata de ser digerido en un mar de alcohol. Se prepara kalimotxo, la bebido más emblemática de las fiestas, como si fuese el último día de la tierra. Sales de casa tapándote los ojos, a pesar de que ya ha oscurecido y no hay Sol que pueda dañarte. La gente canta y baila, más o menos bebida, por las calles. Familias llevan a sus niños de la mano, y por un día no parece importarles que los pequeños vean adónde conduce una irresponsable y masiva ingesta de alcohol, quizás pensando que puedan escarmentar en cabeza ajena. Las murallas de la ciudad se llenan de vallas para evitar que la gente se caiga por ellas. La Ciudadela se cierra en banda, como lo hiciera en el siglo dieciséis hasta que la tomaran los hombres de Napoleón en la derrota más humillante que hayan podido sufrir los pamploneses.

Alithia ríe y se abraza a mi cintura. La enfermera badariense se arroja sobre el Extraño, pero la gravedad es más poderosa que ella, y todo su cuerpo choca contra el suelo con un sonido preocupante. Una vez comprobado que lo único roto es el orgullo, las risas se extienden por las atiborradas calles de la ciudad, que no está preparada para contener las mareas que por ella se extienden. Pamplona se convierte en un pequeño corazón que debe impulsar mucha más sangre de la que puede. En cada metro cuadrado de césped de la ciudad, la gente yace recuperando fuerzas o purgando su sangre de influencia etílica. Landelón toca la guitarra mientras un coro de voces completamente desafinadas cantan lo que podría ser una letra alternativa para la melodía que está tocando, con la salvedad de que la versión actual posee un mayor índice de obscenidades por estrofa que la original.

Una broma da lugar a un desafío, y largoyconunavocal se enfrenta a mí en un duelo cuerpo a cuerpo que termina cuando prácticamente una botella de kalimotxo se derrama sobre nosotros, tiñendo el blanco de nuestras ropas de carmesí y risas. Otro grupo arroja bromas sobre nosotros mientras alaba la belleza de nuestras mujeres de la forma menos romántica que jamás se haya escuchado. Tenemos que irnos, pero les dejamos unos hielos para sus bebidas con los que nosotros no podemos cargar. Nos lo agradecen brindando por nosotros mientras nos alejamos.

Para haber tanta gente borracha en Sanfermines, se producen muy pocas peleas. La gente interviene en masa como una marea que separa a los dos combatientes que se tambalean, y la pelea pierde el poco sentido que pudo haber tenido. Nada debe arruinar la alegría de estas fiestas.

Una alegría sin más razón que la de la fecha. Pero esa especie de nube de carpe diem que cubre Pamplona durante ocho días es terriblemente contagiosa. Se puede estar deprimido en Sanfermines, pero existe el riesgo de no estarlo cuando se terminan.

4 comentarios:

Duff dijo...

Recuerdos:

-Es imposible andar por las calles del centro por las noches, mientras intenta ir a las peñas (la Alegría de Iruña). -
-El País vasco parece haberos conquistado, al menos por las banderas mostradas.
-Se pasan los días sin saber en cual de la semana estás...

Yo estaba en un camping pasando el puente de la reina. El paisaje increible. Y la sensación de ver entrar los Vitorinos a las 9am desde las gradas de la plaza...

Buf, lo recuerdo todo frenético y como una locura, pero que sin duda repetiría.

Un saludo

rhiwen dijo...

Ais, pues me habría venido genial ir...

Amarthcaran dijo...

Jo, quise luchar contra el suelo, y me venció:-(

sir Potato dijo...

Rhi, ahora no vale decir que te hubiese encantado venir. Ya se te ofreció y preferiste hacer otras cosas (como por ejemplo trabajar. Habrase visto tamaña insensatez) :P

Otra cosica ha sido Sofía, que ha estao en Pamplona del 3 al 14 de Julio, dándonos momentos impagables. Entre ellos su ya mencionado combate contra el suelo, que perdió única y exclusivamente por culpa de la gravedad, que se metió en medio sin ningún derecho. O conseguir que Elena dijese en un estado de absoluta embriaguez, "Sofía, soy tu potita", mientras se azotaba el culo. Pos eso, impagable.

Duff, sorprendido me hallo de que te acuerdes del nombre de la peña a la que fuiste. En todo lo demás, no puedo sino darte la razón. Me alegro que te gustase, y a ver si el año que viene conseguimos una afluencia mayor para subir el nivel de esta fiesta.