miércoles, julio 16, 2008

La chica de Kumei

La conocí en Kumei, en aquellos días en los que Landelón estaba en prisión, y yo no conocía aún a Yanroud ni a la hija pequeña del Rey de Badar. Se pasaba tanto tiempo en la taberna que llegué a pensar que vivía o trabajaba allí, y sólo tiempo después de conocerla descubrí que ambas suposiciones eran equivocadas.

Era una mujer dura como el canto de una roca, áspera y cortante al primer contacto. Resultaba extraño hablar con ella, porque bajo toda la hostilidad con la que se manifestaba, podías detectar algo en su tono de voz, algo en los ojos con los que te miraba. Quizás fuese ese indicio de algo oculto lo que no me hizo detenerme. Quizás sólo fuese el aburrimiento de tener que esperar a que el Viajero saliese de la cárcel.

Conocí a más personas que la conocían, y todos me hablaban bien de ella. Que si era buena persona, que si era simpática. Yo no lo comprendía. Ella era agresiva, e incluso violenta, abiertamente hostil y me despreciaba en cada comentario. Es su protección, me decían. Se esconde de los que no la conocen. Le han hecho mucho daño.

No tiene sentido, pensaba yo. Si se esconde de los demás, ¿cómo es que todo el mundo menos yo parece conocerla?. Tienen que tener razón. Si fuese con todos los demás como es conmigo, nadie la soportaría, y en cambio la gente parece tenerle cariño.

La taberna se llenaba de vida cada noche, y la ví reír y bromear. Era simpática y divertida con sus amigos, un círculo del que me rechazaba constantemente con comentarios cortantes y una manifiesta descortesía. ¿Qué le habría hecho yo? Existen personas con las que no te puedes llevar bien, por mucho que lo intentes. Simplemente, eran incompatibles. Supuse que ese sería mi caso, y dejé de intentar acercarme a ella.

Una noche, la taberna se vació antes de lo normal. Nos quedamos solos en la sala, ella apoyada en la barra mientras se terminaba la última copa, yo en una mesa al otro extremo, mirando el fondo de la jarra mientras esperaba a que Landelón llegara para poder marcharme de allí. Al cabo de un rato, se levantó y se acercó a mí, sin vacilar ni un segundo. Por un minuto, estuve preocupado de sus intenciones. Pero habló, y su tono tenía algo distinto a las otras veces.
- No quiero irme sola a casa. ¿Me quieres acompañar?
Recuerdo parpadear de perplejidad. No parecía la misma persona. Asentí con la cabeza, y me puse en pie. Caminamos lado a lado, sin tocarnos, casi sin mirarnos. No abrí la boca en todo el camino, por temor a ofenderla o enojarla. Ella no dijo nada, tampoco.

Llegamos a su puerta, una casa de Kumei como tantas otras. Sólo entonces habló.
- ¿Quieres dormir aquí hoy? - su voz cambió al tono amenazante habitual para añadir- Sólo dormir. No te pienses que vas a conseguir otra cosa de mí esta noche.
Y cuando la miré entonces, la ví distinta. Generalmente parecía más fuerte, más sólida. Ahora la veía etérea, desamparada y necesitada de un abrazo. Quizás incluso más atractiva, sin toda aquella hostilidad y miedo flotando a su alrededor. No era la misma, creí en ese momento. Alguien la ha cambiado en el camino.

No me atreví a entrar. Aún no estaba preparado para confiar tanto en ella, no tan de repente. Pero recuerdo su mirada triste al entrar sola en casa, y su despedida con sabor a "rescátame". Landelón llegó a la mañana siguiente y nos fuimos de Kumei inmediatamente. No volví a verla hasta poco antes de la guerra, y después de la misma no he hallado quien de ella me dijese nada.

Así que de ella me quedan aquellos sentimientos enfrentados: el miedo a su aparente hostilidad, y la curiosidad de aquella soledad muda, de aquel "abrázame" silencioso que no dijo, y cuyo regusto a tristeza sigue empapando el recuerdo de aquella noche en la que nada pidió, y nada me atreví a darle.

8 comentarios:

Rúa Cailin dijo...

Hasta la mitad de la historia, la tabernera sin taberna me caía muy bien. Luego ya no tanto, pero me imagino que la pobrecilla era demasiado joven. XDDD
(Euh... Seguía leyendo, pero estaba muy enredada como para comentar. ^^)

Amarthcaran dijo...

Vaya... seguramente la tabernera era una de esas personas que hace falta conocerlas para poder dar un juicio certero de ellas, pero que es dificil conocerlas,por el rechazo... que pena que no hubieses tenido más tiempo de conversar, ese fue un gran primer paso^-^

Dídac dijo...

rúa: Hasta la mitad de la historia, la tabernera sin taberna me caía mal. Luego no tanto, pero tampoco sé muy bien como terminó cayéndome...

Amarthcaran: La guerra, como siempre, arruinó todo.

Duff dijo...

Alguien sensible que ha sufrido mucho se puede poner un muro delante pero con los ojos siempre pedirá a gritos un sencillo abrazo para no estar solo.

Cuántas chicas de Kumei no habrá.

Un beso.

Dídac dijo...

Como de todos los personajes de mi blog, al menos de dos personas estoy hablando...

Duff dijo...

We know

Enigma dijo...

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Duff dijo...

uoooooooooo que nivel