domingo, agosto 31, 2008

De besos y suspiros

Cohn es astrónomo. Se dedica, noche tras noche, a mirar el cielo y buscar nuevas estrellas. Pero últimamente ha cambiado el cielo por un balcón, y las nuevas estrellas por otro tipo de luz.

Ella es -suspira- todo lo que una dama debe ser. La luz de las velas de su cuarto arrancan el fuego oculto en el dorado de sus cabellos. En sus labios finos y tiernos siempre hay un beso sin destino, y de sus pecho pequeños siempre quiere escapar un suspiro. Es la estrella de mi cielo, la luz de mi noche, la verdad de mi vida. Hay algo especial en ella, en especial en sus ojos azules.

"Es la hija pequeña del Rey de Badar", le dijo el Viajero. "Su corazón fue robado por un cuentacuentos errante, que le llenó la cabeza de historias de la belleza del mundo más allá de las fronteras del Reino. Desde entonces, mira hacia el Dwat con nostalgia preguntándose siempre por qué el cuentacuentos la dejó en Palacio y no se la llevó con él a ver ese mundo tan lleno de maravillas".

Cohn no odia al cuentacuentos. Piensa en él como el hombre que debería ser: alguien valiente, galante y sabio, capaz de despertar la pasión del corazón de su amada, de reclamar ese beso que duerme en sus labios.

Al lado de Cohn, el cuentacuentos mira a la hija pequeña del Rey de Badar a través del telescopio. No es valiente, ni galante, ni sabio, sino torpe y cobarde. Atesora en su corazón los momentos que pasó con ella, sabiendo que al lugar donde ha sido feliz no debiera tratar de volver.

Él no es el destinatario del beso, sino del suspiro.

jueves, agosto 28, 2008

Previsión

Dunas del Delta del Dwat. Siete y veinticinco de la tarde.

- ¿Preparado?
- ¡Por supuesto!
- No va a salir bien.

Generalmente, es el Extraño el que hace experimentos estrambóticos, diseña maquinaria peligrosa y expone su vida para el mayor glora de la ciencia o de su enfermiza obsesión de acabar con el aburrimiento. Eso es, claro, cuando el diseño del riesgo es suyo. Cuando al Viajero le da por dárselas de inventor, el riesgo siempre lo corren otras personas, habitualmente las que nos encontramos a su alrededor. Yanroud suele, no obstante, presentarse voluntario para las alocadas ideas de Landelón, ya que confía en su superior agilidad y su caída de gato para salir indemne. No sería la primera vez que Landelón pretende inventar el artefacto antigravitatorio definitivo, aunque en en este campo es el Extraño el que, una vez más, le lleva ventaja.

-¿Estás listo?- pregunta el Viajero, con un mano alrededor de la palanca de accionamiento.
- ¡SOY listo!- Yanroud no deja que la perspectiva de ser lanzado al vacío le amedrente. Ha saltado de tejados más altos.
- No va a salir bien.
- ¡No puedes saberlo hasta que lo intentes, Extraño!
- Luego no digas que no te avisé.

A la hora de diseñar cosas, Landelón es muy entusiasta, pero muy poco científico. Posee las ideas de un D-I-Y enfermizo con un almacén entero del Leroy Merlín a su disposición. Por lo tanto, sus ingenios carecen de la precisión matemática ni el funcionamiento mecánico del Extraño (quien, todo sea dicho, no gana para hámsters), pero a cambio desarrollan cantidades ingentes de lo que los Antiguos llamaban Fuerza Bruta.

- ¡Fuego!
Lo último que oígo de Yanroud se asemeja a un "¡Hos" y deseo con todas mis fuerzas que antes de llegar al blanco llegue a pronunciar el "tiás!", pero el inesperado proyectil humano yerra la acolchada zona de impacto prevista por menos de medio metro. Yanroud se pierde más allá de nuestra vista, y Landelón se ve obligado a usar los prismáticos para encontrarle.
- ¿Ha muerto?-pregunto. Todo lo demás tiene arreglo.
- Lo merecería, sin duda.- dice el Extraño, mientras se lleva el dedo bajo el ojo, en su gesto de "te lo dije".
- No, se está levantando. Parece que ha colisionado parcialmente con una duna durante la trayectoria, y eso le ha frenado. Hmmm... tiene pinta de haberse roto una pierna. Oh, mira, se ha desmayado. Será mejor que vaya a recogerle.
- Mejor. Yo voy llamando a Largoyconunavocal.
- La he llamado hace veinte minutos.- dice el Extraño.- Sabía que pasaría ésto.
- ¿Lo sabías? ¿Y por qué no les detuviste?
- Porque ELLOS- señala a la figura de Landelón, que se adentra en las dunas en busca del cuerpo de Yanroud- no lo sabrían hasta que lo intentasen.

Cuando la gente dice "No lo sabrás hasta que lo intentes", siempre se olvida de una cosa.
El Extraño siempre tiene razón.

miércoles, agosto 27, 2008

Lo dije una vez y lo vuelvo a repetir

Existen rincones oscuros en el corazón, no para que guardes ahí lo que más te aterra y entristece, sino porque esas cosas hacen que los rincones donde las guardas se vuelvan sombríos y tenebrosos.

Espiral

(Cortesía de Furgo)

Qué injusta eres conmigo,
tu paraguas sin tormenta.
Qué injusto es el castigo
de ver tu agonía lenta;
paroxismo que, infeliz,
nunca, jamás, fue máscara.
Di por qué, divina actriz.
¿Hoy tu llanto sólo es cáscara?

No deseo que tu horno
gratine ni un sentimiento
salvo si al mirar en torno
respirases lo que siento.
Te adoro triste, alma en pena,
harta, loca, fea y... tan bella
que milenios de condena
en tu Noche sin estrella
pasaría antes que un día
de tu Día. ¡Un Día entero!
Si te quiero, no eres mía.
Tú agonizas. Yo me muero.

lunes, agosto 25, 2008

Aprovechando los pocos lectores

Aprovechando los pocos lectores
te diré que he vuelto a sembrar
en las orillas del Dwat
las rosas que tú y yo arrancamos

Aprovechando que nadie lo lee
diré que espero, como un niño
espera el fin de las clases;
así espero tu abrazo

Aprovechando que ya no me ves
te diré que tu rostro me sigue
más allá del sueño
más allá de la locura
más allá de la manaña
más allá.

Así que ya he aprovechado
duerme ahora que yo callo
duerme, vida mía.
Nada de esto has escuchado.

domingo, agosto 24, 2008

La curiosidad no sólo mató al gato

El conocido galeno de Talabheim, Hugart von Tempelstaff, conocido por su profundo conocimiento y estudio de los trolls, consiguió tras muchos esfuerzos capturar un espécimen de troll con vida y lo dividió exactamente por la mitad para comprobar cuál de las dos partes se regeneraba. Von Tempelstaff murió poco después al obtener un éxito extraordinario en el experimento, cuando ambas mitades regeneraron un troll completo.

viernes, agosto 22, 2008

Fotorrecuerdos

Definitivamente, Alithia está deprimida, y para superarlo, al más puro estilo de la Carolina de M-Clan, se dedica a vagar por mi casa como alma en pena. Mi intentos por sacarla del piso para animarle no dan fruto, y no consigo siquiera que me escriba lo que siente, para desahogarse. Así que todos mis intentos frustrados han derivado en un especie de apatía preocupada, una actitud de permisividad completa con la joven, que campa a sus anchas por mi piso haciendo lo que quiere, hurgando donde le apetece, comiendo lo que le preparo y durmiendo donde le place.

Serían las tres de la mañana cuando ella decidió despertarme dejándose caer en mi cama. Pasado el arranque homicida del mal despertar, Alithia comenzó a pasar páginas de un álbum de fotos delante de mis ojos, que con el adormilamiento no terminaban de asimilar las imágenes que tenían ante ellos.

Alithia se detiene en una de las páginas y señala una de las fotos en ella. Por un momento, su cara refleja la misma curiosidad insaciable que la mujer de mi vida, mi sobrina Helena, posee. En la foto se ve a un Dídac jovencísimo abrazado a joven de carrillos sonrojados y larga melena azabache. La yema del índice de Alithia golpea varias veces sobre el rostro de la joven.

- ¿Esa? Es... Juana. Juana de Gimeno. Le habría regalado un ducado si ella me lo hubiera permitido. Hace años que no sé de ella, y no creo que ella quiera saber de mí. De eso hace ya mucho tiempo.

La historia de Juana de Gimeno sale de mis labios fácilmente. Landelón y yo acabábamos de conocernos, y fue el primer viaje en el que nos embarcamos juntos. Fue en ese viaje donde conocí el Ducado de Benus, y vimos Mimosas en todo su esplendor. Benus no pasaba su mejor momento, ya por en aquella época sufría de desórdenes internos por culpa de la muerte del anterior Duque. Diferentes facciones politiqueaban por situar a su candidato más próximo al poder, y allí, en medio de toda la habitual trama de mentiras y engaños, conocimos a Juana de Gimeno. Era una mujer callada, pero con una fuerza extraordinaria en su mirada. Sus ojos esmeralda despertaban algo en lo más profundo de mi ser, algo que aún no comprendo. Aquella risa fácil, y esa cara pálida, tan presta a sonrojarse... no, no había duda alguna de que aquella joven noble tenía un algo que sólo se podía apreciar de cerca.

La conocimos en una taberna, mientras trataba de abandonar Benus en mitad de la noche. El miedo a ser asesinada o culpada de algún crimen para eliminarla de la candidatura era superior a su ambición, y no le hizo falta mucho esfuerzo para que Landelón y yo accedieramos a ayudarle. Durante un mes, viajamos con ella de incógnito. Al final de la primera semana ya me había seducido por completo, y yo me había entregado a ella. Pero era joven e inexperto, y no sabía como tratar a una mujer. No supe comprenderla , ni escuchar sus silencios, ni darle lo que ella necesitaba. Fue un desastre nacido de la ignorancia.

La historia termina mal. Tras una amarga discusión, ella me dejó para seguir otro camino, y Landelón la acompañó. Yo esperé en Irlanda hasta que Landelón regresó y me acompañó hasta casa.

- A veces- le cuento a Alithia, entre suspiros - echo de menos su risa. Y su inteligencia. Leía muchísimo, y era una poeta extremadamente dotada.

Alithia pasa rápidamente las páginas del álbum, hasta encontrar una del hombre del piano, y me lo señala. El mensaje está claro.
- No, no- niego con la cabeza, para despejar toda duda- no es así. Cierto es que la echo de menos, como el hombre del piano echa de menos a su mujer. La diferencia es el tiempo en el que vivimos. El hombre del piano se quedó congelado en la pérdida, en la tristeza y la añoranza. Posee esos recuerdos pensando que no volverá a vivir nada igual en los años que le restan.

"Y a pesar de que yo quise de verdad a Juana de Gimeno, y extraño en parte la temporada que viví a su lado, atesoro ese recuerdo en mi corazón para que me recuerde que puedo vivir cosas maravillosas en este mundo. Mi historia con Juana no fue un sueño al que regresaría, sino algo que me gustaría repetir en el futuro."

sábado, agosto 16, 2008

Silenciosidades

Los que dedicamos nuestro tiempo libre a ensuciarnos los dedos de tinta o machacar los botones del teclado en un intento de escribir algo que merezca la pena ser leído, solemos decir que mil palabras pueden llegar a ser mejores que una imagen. Lo que no se suele decir, valga la ironía, es que un silencio puede decir muchas cosas.

Esto es indudablemente cierto. Pero sólo para el que sepa escucharlo.

Alithia me mira, sentada en mi cama. No sé cuanto tiempo lleva ahí, con los brazos alrededor de las piernas y la barbilla sobre las rodillas, observándome mientras tecleo y tecleo, y no diciendo absolutamente nada.

Y no. No se me olvidaba que era muda.

En este caso, su silencio es de lo menos comunicativo. La mirada, los gestos, la actitud en general de la joven llega a ser bastante explícita de su estado anímico, sus intenciones, deseos o incluso preocupaciones. Pero desde hace un par de días, la pequeña no parece pensar en nada. Al principio lo asocié con su desengaño con Landelón, y con la partida de éste. Luego pensé que echaba de menos a su familia, y le propuse volver a Inglaterra, pero ella rechazó la oferta. Le ofrecí libros de mi biblioteca, y en respuesta sacudió la cabeza amablemente. Al final, pensé que tenía hambre.

Ahora tengo bizcocho para dos semanas, y lo que falta me lo he comido yo, principalmente. Además de la voz, Alithia parece haber perdido la mirada en algún punto entre mi nuca y mi pantalla. Podría ofertarle un penique por sus pensamientos, como dicen los ingleses, pero no serviría de nada, no por falta de voz, sino por timidez.

Y mientras los dos continuamos en silencio, con el único sonido del tableteo de mi teclado llenando el espacio que hay entre los dos, me llego a preguntar cuántas cosas me estaré perdiendo por no saber escuchar la nada más absoluta que dice Alithia. Y por ende, cuántos silencios no sabré escuchar, cuántas cosas no se dicen y me las pierdo por no entender, por no ser más observador y menos evidente. Envidio la capacidad de observación del Extraño, y la habilidad de Landelón para saber en qué está pensando la persona que tiene enfrente.

Me llego a preguntar si fue por eso que Tenhime se fue. Si es por eso que no puedo atrapar a la hija pequeña del Rey de Badar. Me siento en la cama, al lado de Alithia, y la abrazo con fuerza, quizás en un intento de explicarle, en su idioma, que no me estoy enterando de nada. Cuando gira la cabeza, sonriente, sus ojos dicen por fin algo que yo puedo entender.
Vamos, pequeña. Comamos algo de ese bizcocho.

No sé qué querías contarme, y quizás nunca lo sepa. Pero al menos trataré de escucharte siempre que quieras no decirme nada.