domingo, agosto 31, 2008

De besos y suspiros

Cohn es astrónomo. Se dedica, noche tras noche, a mirar el cielo y buscar nuevas estrellas. Pero últimamente ha cambiado el cielo por un balcón, y las nuevas estrellas por otro tipo de luz.

Ella es -suspira- todo lo que una dama debe ser. La luz de las velas de su cuarto arrancan el fuego oculto en el dorado de sus cabellos. En sus labios finos y tiernos siempre hay un beso sin destino, y de sus pecho pequeños siempre quiere escapar un suspiro. Es la estrella de mi cielo, la luz de mi noche, la verdad de mi vida. Hay algo especial en ella, en especial en sus ojos azules.

"Es la hija pequeña del Rey de Badar", le dijo el Viajero. "Su corazón fue robado por un cuentacuentos errante, que le llenó la cabeza de historias de la belleza del mundo más allá de las fronteras del Reino. Desde entonces, mira hacia el Dwat con nostalgia preguntándose siempre por qué el cuentacuentos la dejó en Palacio y no se la llevó con él a ver ese mundo tan lleno de maravillas".

Cohn no odia al cuentacuentos. Piensa en él como el hombre que debería ser: alguien valiente, galante y sabio, capaz de despertar la pasión del corazón de su amada, de reclamar ese beso que duerme en sus labios.

Al lado de Cohn, el cuentacuentos mira a la hija pequeña del Rey de Badar a través del telescopio. No es valiente, ni galante, ni sabio, sino torpe y cobarde. Atesora en su corazón los momentos que pasó con ella, sabiendo que al lugar donde ha sido feliz no debiera tratar de volver.

Él no es el destinatario del beso, sino del suspiro.

1 comentario:

Letichan dijo...

Muy poético. Y me ha gustado la diferencia entre ser destinatario de un beso y de un suspiro.


Pd.: Por cierto, en breve relato en tu correo mis aventuras vacacionales :)