lunes, septiembre 01, 2008

Homenaje

No suelo hablar nunca de Ana, porque me parece jugar contra el destino. Además, sé que ella odiaría que lo hiciera, es más, se burlaría de todo lo que yo escribiera en un gesto cuya motivación es imprecisa y poco clara; bien puede ser la modestia, bien puede ser la mera crueldad de criticar mi trabajo.

A pesar de todo, debo hacerlo, quizás como el pequeño y triste homenaje que puedo ofrecer a una persona que, quizás sin saberlo, ha aportado mucho de mi vida y de mi pensamiento. Discúlpenme mis pocos lectores si lo que viene a continuación no les interesa. Sencillamente, es algo que debo hacer.

A los quince años, Ana veranea un mes entero en Irlanda, en un viaje organizado por una agencia que trata de que sus adolescentes clientes aprendan inglés con la mayor fluidez posible. Ésto lleva a la susodicha agencia a emplazar a los estudiantes en familias granjeras, desperdigadas por todo Donegal, una región con un sorprendente parecido a Galicia. La dispersión evita que los españolitos de bien contacten entre ellos, obligándoles a adaptarse al su entorno chapurreando el inglés que pueden y evolucionando tan rápido como su don de gentes se lo permita. A pesar de las dificultades, bastan un par de coincidencias para que varios españoles puedan quedar, una vez a la semana, en un centro comercial para ponerse al día de sus desventuras idiomáticas. Ahí conocí a Ana, cuya primera impresión fue la de la clásica empollona de ciencias, pero tremendamente segura de sí misma. Combinaba la fuerza de las mujeres del norte (que no se dejan amedrentar por nadie; es decir, que son más cortantes que el filo de un mandoble) con una mente aguda que dejaría asombrado a cualquier miembro de MENSA.

A los dieciséis, Ana ya lee Dostoievsky. Mientras un servidor "pierde el tiempo" con dragones, naves espaciales, y guardias de la ciudad de Ankh-Morpork, ella evoluciona en sus lecturas hacia Kafka, Nietzche, Chéjov y Pessoa. Recomienda libros como Helada, de Thomas Bernhard, de una profundidad filosófica envidiable, mientras en su mente se debate entre Biologías y Físicas. Nuestras discusiones dejan de tratar de ética moral y conocimiento, para entrar en terrenos tan fangosos como religión, espaciotiempo, humanidad y predestinación.

A los dieciocho, Ana abandona Pamplona por un sitio más acorde con su capacidad: la Universidad Complutense de Madrid, donde cursa simultáneamente Física y Matemáticas, obteniendo un éxito más que notable en ambas. Ya para entonces la física cuántica comienza a ser tema de estudio y Stephen Hawkins, autor de lectura en sus tiempos libres. Como era de esperar, se desarrolla en ella cierta simpatía hacia personajes televisivos como Gregory House, M.D., con quien comparte ciertos rasgos de carácter, y el agente criminalista Gil Grissom, cuya omnisciencia es envidiable.

Los años de universidad hacen estragos en la periodicidad de nuestras visitas. Las fechas no coinciden, las vacaciones no se planean, los exámenes son en días distintos... Ana y yo dejamos de vernos durante largas temporadas, pero los breves encuentros siempre están llenos de novedades, de discusiones, de confianza y de un cariño que no se menciona por ninguna parte, pero se nota.

Y aunque parezca, por todo lo anterior, que Ana es un cerebrito pedante, dicha imagen no puede estar más lejos de la realidad. Ana no sólo evolucionó en lecturas y estudios, sino que también desarrolló una personalidad arrolladora (quizás demasiado, para algunos hombres de ánima débil), una conversación envolvente, un sentido de humor agudo y una elegancia impropia de aquellas mujeres que parecen estar condenadas a la bata blanca de un laboratorio.

Ana ha demostrado que la amistad entre hombres y mujeres, sin tensión sexual interpuesta, es posible. Quizás sea la primera cosa que demuestre, antes de convertirse en una científica de la física de fama mundial, a la altura de los autores cuyos libros lee.

Y aunque no la conozcáis, lo haréis dentro de unos años, porque Ana es grandiosa. Y la auténtica grandeza no se puede ocultar por mucho tiempo.

2 comentarios:

Letichan dijo...

Me ha impresionado...

Cris dijo...

Tras esta lectura, dan ganas de conocer a Ana :)
Fantástico.