viernes, septiembre 05, 2008

Instintos

El Extraño se queda helado en la puerta del salón al contemplar a Silvia, deshecha en lágrimas entre los vanos intentos de Alithia y yo por consolarla. Sobre la mesilla del salón, un sembrado de pañuelos de papel usados, con sabor a campo de batalla, le dicen que hace ya un rato que el espectáculo de llanto comenzó. Me hace señas para que me acerque a él, y después de susurrar unas palabras que tratan de ser reconfortantes al oído de Silvia, me aparto del salón con el ingeniero.

- ¿Qué ocurre?
- Inés, Alithia, Silvia... ¿Por qué tu casa se está convirtiendo en un refugio de mujeres despechadas?
- Mi casa parece ser un refugio para todo el mundo- respondo, con un encogimiento de hombros.
- El novio, ¿no?
- Previsible.
- ¿No le avisastes la última vez de que acabaría así?
- La última y las anteriores. Pero ella suele decirme que no, que esta vez era distinto.
- ¿Cómo era?
- Te lo puedes imaginar.

Y, oh, sí, se lo puede imaginar. Silvia, como una gran proporción de las mujeres, había comenzado a verse con un hombre (por llamarlo de alguna forma) cuyas características primordiales están tan estereotipadas que forman parte de la integridad arquitectónica de los tipos como él. Un ego sobredimensionado sirve de base a la estructura, que se rodea de las prioridades necesarias para alimentarlo. Una seguridad en sí mismo aparentemente sólida, que puede llegar a ser frágil si la golpeas en depende qué puntos. La actitud es del todo sincera: aires de perdonavidas, con un toque ligeramente soberbio y tendencias territoriales en cuanto a campos de conocimiento, dominio de habilidades, y atracción de mujeres. El Extraño los etiquetó como "malotes", quizás como disociación al personaje de instituto, quizás porque es la evolución más lógica de éste, en un estado más maduro de fermentación (o de putrefacción).

Desafortunadamente, el ser humano posee un sentido del instinto, por mucho que los filósofos hayan tratado de negarlo. La conducta instintiva del macho alfa sigue predominando en la actitud de muchos adolescentes (en respuesta a estímulos tales como el miedo, la competencia de otros machos alfa, la necesidad de un sentimiento de seguridad frente al cual no sentirse desamparados en el futuro, y un largo etcétera), mientras que el perfil buscado por las mujeres (el sector femenino de la manada, en términos más biológico-sociales) es precisamente ése: el macho protector, con aires de duro de pelar, horizontes centrados en su ombligo, capaz de atraer a las hembras meramente por su actitud lupina y amenazadora.

De este factor se derivan consecuencias variadas: la primera, que los ejemplares considerados óptimos a un largo plazo para una relación estable son de largo ignorados. Las virtudes buscadas por mujeres desde los dieciséis (momento culmen del desarrollo hormonal) hasta los veintiséis años (estado en el cual las prioridades en la búsqueda de acompañante sufren un cambio radical y prácticamente irreversible en un alto porcentaje de la muestra) no son la fidelidad, la comprensión, la paciencia y la perseverancia, sino la agresividad, la altanería, el egocentrismo y el instinto territorial. Otra de las consecuencias se deduce de la primera: un macho alfa es incapaz de mantener a la misma mujer durante mucho tiempo, y, si se diera el caso, no la conserva atada por los mismo sentimientos. Ante la falta de atracción sexual por parte del instinto de la hembra, el "malote" torna a tácticas tales como la amedrentación física o psíquica, o la exteriorización de sentimientos como la soledad y el desamparo que despiertan en la hembra en cuestión un efecto de codependencia y compasión suficientes para conservarla a su lado.

El macho alfa emplea, además, los habituales sentimientos de inseguridad femeninos para su provecho. Frases como "nadie más querría estar contigo" o "dónde vas, si el único que te soporta/entiende soy yo" suelen ser habituales. Sus arranques de furia suelen ser excusados con hábiles traslaciones de culpa, de la mano de frases como "¿Ves lo que me obligas a hacer?", y cuando cruza la frontera, la respuesta para obtener la condonación por todos los males causados es "Te prometo que no lo volveré a hacer" o "Puedo cambiar, te lo prometo, esta vez será distinto".

El macho alfa, o malote, suele distinguirse por emplear muchas veces palabras de la familia "Yo, Mí, Me, Conmigo". También por tener una mayor ponderación de sus intereses personales en sus prioridades, convenientemente camuflada en una aparente preocupación por el bienestar de la pareja (rara vez habla de "ella", sino de "Ellos/Nosotros": considera a la pareja su pequeña manada a la que proteger y salvaguardar según su criterio personal).

Poco se puede hacer para cambiar el hecho de la existencia, o la actitud, del macho alfa, al tratarse de relaciones sociales con base en instintos atávicos. Es bien conocida la existencia de los mismo, así como su actitud en corto y largo plazo. Desafortunadamente, lo que no es previsible es si la actitud degenerará en violenta o meramente en controladora y narcisista. No obstante, puede predecirse un candidato peligroso al poco tiempo de estar con él, lo que debería prevenir a las hembras para no permanecer mucho tiempo junto a personas de talante agresivo o con brotes de ira que deriven en violencia.

- Te lo juro, Alithia- dice, entre sollozos, Silvia- Estoy cansada de los hombres como él. ¿Para qué? Están buenos para un rato, pero luego...
En el cuello del Extraño comienza a acumularse tensión. En la fracción de segundo en la que Silvia no dice nada, rezo para que no siga hablando, porque sé lo que va a decir, y sé que el Extraño no podrá soportarlo.

-Lo que yo necesito es un hombre que me quiera, que me comprenda y quiera hacerme feliz.- Oh, oh. Al infierno.
- ¡UNA PUTA MIERDA!- el Extraño entra como un huracán en el salón, con el dedo corazón extendido mientras, como un elemental de indignación, interrumpe el sollozo de Silvia.- ¡Una Puta Mierda, quieres tú eso! ¡Si fuese eso lo que buscas, no estarías lamentándote por perder a ese capullo! ¡Estarías buscando en tu agenda a todos esos buenazos de los que pasaste desde el instituto, a todos esos a los que dijiste "No, si yo te quiero, pero como amigo", a todos a los que vas a llorar cuando el hijodeputa con el que sales te la juega, porque son ellos los que serían capaces de hacerte feliz! Pero, ¡claro!, no tienen el morbo de ser unos cabrones, así que, ¿cómo podrías estar con ellos? Bienvenida a la selva social. No llores si tu macho ha encontrado otra hembra con la que procrear.

Silvia permanece en estado de shock dos segundos y medio, antes de volver a derrumbarse en lágrimas sobre Alithia, que se ha quedado congelada ante el ciclón de exabruptos del Extraño. Yo llevo desde el segundo "una puta mierda" golpeándome la cabeza con el marco de la puerta. Silvia no ha llegado aún a los veintiséis años. Aún busca un líder de manada que la proteja, no un padre para sus hijos. Aún le quedan malotes que anotar en su agenda. Cuando sus prioridades cambien será cuando personas como el Extraño comiencen a resultar sujetos a considerar para el futuro. Lo cual, como comprendo yo, y comprenderéis vosotros, no deja de indignarle.

15 comentarios:

Duraglar dijo...

Vale! Vale1, tiempo muerto!

Considerando que tengo 26 y nunca he salido con cabrones (o que lo parecieran a priori)¿Me toca ahora la etapa?

Que Ganesha me asista entonces!!!

Dídac dijo...

Vaya, vuelta de Albión, vuelta a mi blog... ¡me siento hasta honrado!

No estoy al corriente de todo tu pasado sentimental, Dur (de hecho, estoy MUY poco al corriente de tu pasado en general...), así que mucho no podré argumentar.

Y no, no. A partir de determinada madurez mental (los veintiséis está fijado como término estadístico; la franja temporal no es precisa) el malote perdonavidas deja de ser atractivo instintivamente porque no se busca a un líder de manada, sino a un padre de familia.

Duraglar dijo...

Peter Griffin???!??!!!!!

Dídac dijo...

V_V sniff...

Sabes exactamente a qué me refiero...

Duraglar dijo...

Ya, pero es que me chifla joder la marrana xD.

No, pero a la hora de la verdad no sabria decirte, porque por un lado la perspectiva de descendencia es algo que hoy por hoy me aterra pero que no descarto, ergo no sabria decidirme porque tipo de hombre, porque claro, ya es hora de que sea yo la cabrona y los utilice, no? xD Estoy en mi perfecto derecho!!!

Bah, xD ¿a quién engaño? xDDDDD

Dídac dijo...

"A quien engaño?"

A tí. Y, créeme, funciona.

"ya es hora de que sea yo la cabrona y los utilice, no? xD Estoy en mi perfecto derecho!!!"

No me importa que lo hagas, mientras procures que nadie que no se lo merezca salga dañado. Ya vale de joder a los que no hemos roto un plato, coño.

sir Potato dijo...

No es por nada Dur, pero de parte de Diego: Gracias por darle la razón al extraño

Solo voy a poner dos frases tuyas:

"Considerando que tengo 26 y nunca he salido con cabrones..."

"no sabría por que tipo de hombre decidirme, ya es hora de que sea yo la cabrona y los utilice..."

Perdona la aclaración, pero un cabrón que se dedica a utilizar a las mujeres entra perfectamente dentro de la descripción del egocéntrico espalda plateada por el cual os pirrais las mujeres.

No te digo na, y te lo digo to.

Letichan dijo...

Touché, Duraglar :D

Pues me parece una interesante descripción de una situación que, en efecto, se produce con bastante frecuencia. Que exista según el ensayo-relato una cierta base antropológica no deja de ser un consuelo...
En cualquier caso, ayer precisamente mantuvimos David (también conocido como el Lector en la Sombra) y yo una conversación acerca de casos como el descrito que ambos conocemos y de la contrapartida femenina de los malotes (porque haberlas, hailas, ¡ya lo creo!).

Dídac dijo...

Claro que existen: las llamamos "golfas" o bien "guarras" (precisamente porque es lo que atrae el bajo instinto masculino, el ir de "guarrilla").

No obstante, los hombres no tendemos a quejarnos tanto una vez una mujer de ese tipo nos la juega, porque sencillamente sabemos a lo que nos arriesgamos cuando una de esas se cruza en nuestro camino.

Dathtato dijo...

felicidades txikilín osito es lo mejor que he leido tuyo!

Sir Potato..tu templo está en camino

Alethea dijo...

Diego, lo que dices en tu último comentario es... cómo decirlo... MENTIRA... piensa un poco anda...

Por lo demás, he adorado cada palabra de tu descripción del hombre cabrón, no tienes ni idea de cómo he saboreado cada palabra, aunque te faltan cosas...

Luego... eso de que las mujeres queremos lo mismo de los 16 a los 26 es mentira, sólo hay que echarle un vistazo a los hombres de mi vida...

Por cierto... yo no quiero a un líder de la manada, no valen para nada.

Letichan dijo...

El término compasivo-científico es "femmes fatales". Son una digievolución de la guarrilla quinceañera y está mejor equipadas física y hasta intelectualmente (tirada +1 en Manipulación).

Elro dijo...

Señores, admitámoslo, la diferencia básica es que nosotros imploramos que nos use una "guarrilla". Puede que delante de una mujer nos hagamos los despechados, pero rodeado de tu manada de jóvenes solteros aspirantes dirás con una sonrisa en la boca "chicos, me han utilizado ^^".

sir Potato dijo...

Poco puedo añadir. Solamente, que a quien no le guste lo dicho hasta ahora, ...

Amarthcaran dijo...

La verdad, esta un poco estereotipado,pero algo de razon tiene, no es consciente, pero ¿cuantas veces hemos oido eso de "jo,me gusta, pero pasa de mi" o aquello de "es un cabron,pero le quiero"?
no creo que vaya en edades, sino en palazos, hay mujeres que llega un punto en el que se cansan de "malotes" y empiezan a valorar otras cosas, y a elegir con mas ojo...