lunes, octubre 13, 2008

Su historia

A ella le gustaba él. Desde que había entrado en el local, no habían parado de intercambiar miradas. Era una historia típica, pero al ser ella la protagonista, se le antojaba única. Le gustaba él, con su mirada provocativa y su sonrisa socarrona. Quizás no fuese el más guapo de los que conocía, pero, ay, cuando la miraba con esos ojos tan llenos de ideas traviesas y de promesas de placer prohibido, cuando esgrimía esa sonrisa brillante como el filo de una navaja, ella se sentía morir por dentro.

"Ten cuidado" oía que le decía Ramón, a su lado "que ése tiene aires de perdonavidas".

Ella lo ignoró, por supuesto. Ramón siempre miraba por ella, pero era más que evidente que tenía razones ocultas para ello. La envidia de su amigo la enojaba tanto como le cegaba a él, y no iba a permitir que el juicio nublado por los celos de Ramón le arruinase la historia de esta noche.

Él sonreía desde su mesa, y ella se deshizo al descubrir que miraba en su dirección. Por un momento la sangre hirvió en sus venas, llenando su cabeza de ideas alocadas pero libidinosamente satisfactorias. ¿Y si cruzaba el local hasta su mesa, se sentaba a horcajadas sobre él y lo besaba? ¿Y si esperaba a que él fuera al baño y ahí lo asaltaba? Dudaba de tener el valor para dar rienda suelta a sus deseos. ¿ Y si él la rechazaba, o peor, se reía de ella?

"Oye, ¿no está mirando hacia aquí?" la voz de Ramón le llegaba lejana, más allá de los muros de su fuero interno. Pues claro que mira hacia aquí, idiota. Es más, ¡oh, Dios mío!, ¿acababa de señalarla? Qué señal tan poco sutil, pero, por otro lado, que inequívoca. "Bueno, pues mejor te dejo a solas"

Ramón se levanta y ella alcanza a despedirle con la mano mientras se marcha. Al otro lado del local, el origen de su deseo le pide la cuenta al camarero. Ella lo imita, con la prisa mezclada con el nerviosismo corriendo por sus venas en un cocqtail letal. Él se levanta y se dirige a los servicios. Es ahora o nunca, piensa, mientras aparta las dudas y deja un billete grande junto a la factura, decidida a no preocuparse por el cambio.

Se lanza a la persecución, retocándose ligeramente el pelo por el camino, reafirmando su propio atractivo. ¿Rechazarla? ¿Reírse de ella? ¡Ja! Tendría que ser ciego o estar loco para cometer una desfachatez así.

Cuando abre la puerta de los servicios masculinos, dispuesta a arrastrarle al placer y a la locura, lo primero que ve es que ya está besando a otra persona.

Le lleva una fracción de segundo de más comprender que la otra persona es Ramón.

3 comentarios:

Alethea dijo...

Cómo mola eso... qué pena que no saliese como se esperaba. Yo también hubiese ido a por el tío, estaba bien bueno ;) jajaja la noche de mi vida hubiese sido... :D No importa, me buscaré a otro. Espero que ella hiciese lo mismo!

G dijo...

Oye, pues Ramón, tanto decir que si tiene aire de perdonavidas que si no se qué, poco tardó en lanzársele al cuello ¿no?
Mola la historia.

Rua Cailín dijo...

Hmmm... eso es lo que se llama un "zas, en toda la boca". XDDD Y me alegro. (¿Seré tan mala?)