lunes, noviembre 03, 2008

Libidinecesidades

En el ambiente flotaba un dulzón olor aromático a fragancias que se consumían lentamente en braseros de bronce pulido, despidiendo delgadas y ondulantes columnas de humo que se elevaban hasta perderse entre las telas de seda que pendían del techo. Música exótica de instrumentos desconocidos para mí marcaban el ritmo que seguía una hermosa joven para ir despojándose de sus prendas, una a una, de forma sensual y provocativa, mientras un grupo de machos humanos en celo desatado vociferaban y arrojaban brillantes monedas a los pies de la bailarina.

Era evidente que, de los cinco que habíamos entrado, tres nos encontrábamos manifiestamente incómodos. Encontraba razonable que Landelón, siendo el vivalavida que es, frecuentase esta clase de locales, pero el hombre del piano y yo no éramos precisamente unos expertos en el submundo de clubes de moral distraída. En cuanto al Extraño, nunca lo había visto tan fuera de su sitio. Parecía sudar por cada poro de su piel, y no paraba de rascarse la nuca, como para arrancarse el raciocinio a base de erosión.

- Eh, Extraño... ¿Estás bien?- pregunta el Viajero, sin apartar los ojos de los pequeños pechos de la bailarina, recién descubiertos tras un gesto de elegancia incomparable mediante el cual se había desprendido de la última tela semitransparente que los cubría.
- Claro- responde, la ironía cortando el aire como una cuchilla de afeitar- pero dime, Viajero, ¿por qué has tenido que traerla a ELLA?

Abriéndose paso a empujones entre el rebaño de testosterona, Inés se pone en primera línea de la danza y comienza a lanzar gritos de entusiasmo entremezclados con las frases más obscenas que jamás podría imaginar salir de la boca de una mujer. Finalmente, cuando a la bailarina no le queda más que el velo puesto, se retira entre bambalinas, e Inés, jadeante, se reincorpora al grupo.

- Waaaaa... ¿habéis visto eso?- Dado que no sabemos si se refiere al baile o al espectáculo que ella ha dado, no contestamos con otra cosa que un asentimiento general de cabezas.- Porque soy enteramente heterosexual, que si no esa chica estaría en peligro ahora mismo...
- Ehm... ¿Inés?
- ¿Sí?
- ¿Eres plenamente consciente de lo que estás diciendo?
- Mira, Cuentacuentos. Que no me guste acostarme con una mujer no significa que desconozca los entresijos de la sensualidad y el erotismo, ¿sabes?
- No, no, si yo...
- Así que no me vengas con eso de "yo tengo pene, estoy más capacitado para decir qué es atractivo y qué no".
- Pero si yo sólo...
- ¡Me da igual! ¡Te callas, y lo asumes! ¡Y vente conmigo a gritarle guarradas a la siguiente que salga, hombre, que parece que lo de Tenhime te tiene castrado!

Mi mirada vaga entre mis así llamados amigos en busca de refuerzos. El hombre del piano me ha abandonado, tomando asiento con su habitual pose de cansacio, y parece estar encargándose un whisky. Landelón sonríe, enviándome un "tú te lo has buscado solito" desde sus ojos ambarinos. Y el Extraño se rasca la nuca, mientras asiente con la cabeza. No sé si quiere decir que yo tengo razón y él lo sabe, o que Inés tiene razón, y yo debería saberlo. La mano de Inés se cierra en mi mandíbula y redirige mi atención a sus ojos.

- Vale, Inés, vamos allá.
Cuando la siguiente bailarina sale a escena, su nombre retruena por toda la sala, tan original como difícil de deletrear. Viste una larga falda azul rematada por el habitual cinturón de monedas doradas, y un velo bajo una elegante melena sedosa sujeta por coletas imposibles.
- Oh, ésta... -oigo susurrar a Landelón.- Tenía ganas de verla. Dicen que es la única que no se desnuda.
La música empieza, y antes del segundo compás de la danza, oigo a Inés responderle, también por lo bajo.
- Ni falta que hace.

3 comentarios:

sir Potato dijo...

En fin. Que decir sobre esto. Mujeres. Son la polla :P

Letichan dijo...

Impresionante (el texto y la foto).

Rua Cailín dijo...

En algunos casos, pasa. La segunda bailarina podría ser una reencarnación de Gilda, que hasta a mí me gusta... XDDD