lunes, diciembre 29, 2008

Solterías

- Ey, tú.- dice el Clasificado. Como lo dice mirando en dirección a mi silla, supongo que se está refiriendo a mí, así que opto por responder, ya que no conviene soliviantar a alguien habituado a llevar una armadura de placas ceremonial de dos cifras de peso en kilos durante todo el día.
- ¿Sí?
- El Viajero... ¿cuánto tiempo lleva con esa assas...hashash... hassasash...?
- ¿Hassassiyyin? ¿Con Fátima?
- Sí, con ésa.
- Oh, pues es difícil de decir. Cuando yo le conocí ya se habían conocido, e incluso cruzado una o dos veces, pero no fue hasta la primera vez que fuimos a Kumei cuando la cosa se puso seria, y Landelón se marchó.
- No nos conocíamos en esa época- dice el Extraño.
- No, aún no. Ni siquiera conocía a Yanroud, aún. Llegó poco después.
- ¿Habías venido ya a Badar?- pregunta Largoyconunavocal.
- Tampoco. Creo que Landelón ya lo había visitado una vez, pero aún no se había encontrado con la princesa Ysabel, y los hechos que han hecho que nuestro amigo Capa Plateada esté hoy aquí no habían ocurrido. Ni siquiera había conocido a Tenhime. Éramos los dos tan felizmente solteros...
- Sí- dice el Extraño, cogiendo su cerveza- porque ahora somos todos infelizmente solteros.

lunes, diciembre 22, 2008

Alojamienavideños

- Ésta es la cocina. Está un poco vieja, pero es funcional.

El Clasificado asiente con la cabeza mientras le guío por mi piso. Parece lo más adecuado, ya que parece que pretende quedarse aquí una temporada.

- Ésta es la habitación de invitados. Generalmente la ocupa la enfermera de Badar, pero ahora la tiene que compartir con Diana Laguna.
- Ahá.

Comprendo que el Capa Plateada no esté de buen humor. Landelón se le escapó por los pelos entre la confusión del día de mi cumpleaños y el momento de malhumor de Inés. Ahora mismo tiene que estar rumbo a Ishashi, o a Neral, o a casa de alguno de sus amigos.

- Éste es el baño grande. El pequeño está ahí, al lado de la habitación de las invitadas, pero yo no entraría ahí. El aire es puro estrógeno y no creo que sobrevivieras.
- Lo recordaré.

Landelón nunca se queda en mi casa en Navidad. Suele quedarse uno o dos días antes, y regresa al acabar las vacaciones, por aquello de que él vive la Navidad visitando a todos sus amigos por última vez en el año. Así que, de repente, me encuentro con un Capa Plateada que se niega a abandonar mi casa en estas fechas tan especiales.

- Ésta es nuestra... mi habitación.
- Tiene cosas de chica.
- Aún tienen que venir a recogerlas.

Y serán las primeras que paso sin Tenhime. Un extraño cúmulo de vacío se forma en mi interior, como si no supiese con qué voy a llenar el hueco que ella ha dejado en mi vida. "¿Y ahora qué?" es la pregunta que me hago constantemente. No lo sé.

- Éste es el salón. La mesa donde cenaremos en Nochebuena, la tele para las campanadas, y ése es el sofá donde duermen los Capas Plateadas.
- ¿Tienes un sofá para que duerman Capas Plateadas?
- Es una institución relativamente reciente.

Dios. Menudas navidades van a ser éstas...

domingo, diciembre 21, 2008

A la Pata Coja

La mujer de mi vida está triste en Navidad.
Mi sobrina Helena mira con envidia a los niños, a través de la ventana, jugando en la calle. Su esguince de tobillo le impide bajar a la calle y tirarles bolas de nieve a sus amigos, saltar sobre los charcos y rodar sobre el suelo cubierto de blanco.
- Menudo rollo de Navidad. Todas las vacaciones sin hacer nada.
- Bueno, al menos puedes ir a la pata coja.
- ¡Pero eso es inútil! ¡No sirve para nada!
- ¿Inútil? No. Hubo una vez que Landelón el Viajero y yo cruzamos un desierto a la pata coja…
La mujer de mi vida se remueve en su asiento, poniéndose cómoda y mirándome fijamente, como siempre que le cuento aventuras del Viajero.
“Landelón y yo salimos de Badar, y al alejarnos del río fuimos acercándonos al desierto de Kishka, hasta que llegamos a Último”
- ¿Al último qué?
- A Último. Con Ú. Es el nombre del pueblo de los Brincariones. Son un pueblo divertido…

“… porque todos se mueven a la pata coja. Cuando se cansan, cambian de pierna y saltan sobre la otra. Landelón habló con algunos de ellos para saber cómo cruzar el desierto. Ellos le miraban los pies, me los miraban a mí, y se reían.”

- ¿Ellos se reían de vosotros? ¡Pero si son ellos los que van a la pata coja!
- Luego sabrás por qué. Los Brincariones le ofrecieron a Landelón unas botas hechas por ellos para el desierto, hechas de un material muy ligero y frío.

“Landelón les dio las gracias, pero no quiso comprar botas nuevas. Dijo que confiaba en sus viejas botas, a lo que los Brincariones contestaron con risillas entre los dientes.
Así que a la mañana siguiente, pusimos los pies en el desierto de Kishka. ¡Qué Sol! Landelón se abanicaba con el sombrero mientras avanzábamos. ¡Qué caliente estaba la arena! La notábamos incluso a través de las suelas.”

Mi sobrinita se arremanga el jersey, como si ella cruzara Kishka con nosotros.

“Yo sabía que algo no iba bien… no llevábamos una hora andando, cuando empezamos a oler a quemado. Miramos hacia abajo, y… ¡Dios Mío! Nuestras botas se estaban friendo, como si caminásemos sobre una sartén. Volvimos corriendo a Último, con la arena quemándonos los pies y pensando que éramos unos tontos por no haber hecho caso de los Brincariones.
A pesar de que siguieron riéndose entre dientes, los Brincariones se portaron bien con nosotros, curándonos los pies quemados y enseñándonos a usar sus botas del desierto.
Éstas se enfrían si las sacudes en el aire, así que tienes que saltar a la pata coja por el desierto hasta que la bota esté muy caliente, y entonces ¡zas! cambias de pierna, y mientras saltas con una, enfrías la otra.”

-¡Qué guay! Pero ¿No os cansabais de saltar?
- Sí. Por eso no llevamos unas muletas como las tuyas, para descansar de vez en cuando.
- ¿Y lograsteis cruzar el desierto?
- Casi. Cuando ya veíamos a lo lejos el final del desierto de Kishka, fuimos atacados por los terribles Saltariones, los enemigos de los Brincariones.

"Rodeados por todos lados por estos guerreros a la pata coja, no tuvimos más remedio que rendirnos. Al ver que llevábamos botas de los Brincariones, el jefe Saltarión salió para retarnos a un combate. Si Landelón ganaba, nos dejaría libres. Pero si el jefe era el vencedor, él y su tribu saltarían sobre nuestra espalda hasta convertirnos en papilla.
Mientras Landelón se preparaba para luchar, vi como se aflojaba los cordones de una bota, una estrategia que no entendí en ese momento.”

- ¿Ganó, tío? ¿Venció al Saltarión?
- Al principio no. El jefe saltaba a su alrededor con un pie, y le empujaba con el otro, para intentar tirarlo a la arena caliente del suelo.

“Pero hubo un momento en que se quedó quieto, y entonces Landelón actuó. Dio una patada al aire, y con los cordones sueltos, la bota se escapó disparada. Alcanzó al jefe Saltarión en la cabeza, que cayó desmayado al suelo de inmediato.”

- ¡Bien!- Helena da un salto de alegría en su sillón.
-Así que los Saltariones no tuvieron más remedio que dejarnos libres. Seguimos saltando a la pata coja hasta que salimos del desierto, y en cuanto vimos un campo de hierba nos tumbamos a descansar, riéndonos victoriosos por haber escapado de los terribles Saltariones.
- ¿Y después que pasó?
Cuando iba a prometerle otro cuento para mañana, mi hermano llega a casa y entona su grito navideño tradicional:
- ¡Estoy de vacaciones!
- ¡Papá! – chilla la mujer de mi vida, y levantando su tobillo lesionado, se arroja a saltitos hasta los brazos de su padre.
- Helena, te hemos dicho que no te muevas con el tobillo así.
- Pero papá, el tío me ha contado que cruzó un desierto a la pata coja, y cuando Landelón le lanzó un zapato al jefe de los Saltariones, y…
- Vale, vale, salta lo que quieras. ¡Pero nada de apoyar el pie!- dice, severo. Luego relaja su ceño, y sacando una caja de la bolsa que portaba, añade- Y ahora, ¿Qué tal si jugamos todos juntos a ésto?
- ¡Sí!
Mientras Helena desempaqueta el juego recién comprado, mi hermano se me acerca al oído y me dice en voz baja.
- Vas a volverla idiota con tus fantasías.

jueves, diciembre 18, 2008

El precio de todas las cosas

Café caliente en lugar de cerveza: señal inequívoca de que la misión que tengo delante requerirá mi máxima atención. A mi lado, el Extraño, como juez, jurado y posiblemente verdugo de la confesión que se aproxima, juguetea con un azucarillo.

Frente a nosotros, Largoyconunavocal aferra la mano de una Diana Laguna que, por el efecto microcosmos de Pamplona, puede sentirse anónima por primera vez en mucho tiempo, y descubrir su cara en un lugar público. La diva, quizás por la proximidad del Extraño y de la sanadora badariense, se siente protegida, y decide contarnos la razón por la cual ha acudido a mi piso, en busca de refugio, como si se tratase de un bunker emocional frente a los bombardeos de la vida.

La razón es que siente que no ha conseguido lo que deseaba en la vida.

Antes de que nadie pueda intervenir, arranca la historia de su existencia. Comienza con una jovencísima Diana ascendiendo a solista de un coro y obteniendo la fama a los dieciséis años como cantante profesional. Los siguientes quince son reiteración de dicho éxito, viaje tras viaje, llenando conciertos, auditorios, fiestas sociales, reuniones de la nobleza y en general todo evento por el cual se deja caer. Uno o dos hombres se cruzan en su vida, pero, ay, para una pareja es difícil seguir el ritmo del éxito, sobre todo cuando él es tan ambicioso y prometedor como ella. Finalmente, Diana Laguna termina mirando atrás y descubriendo, frustrada, que sus intenciones de formar una familia junto a un hombre que la ame y la cuide el resto de sus días parecen cada vez más difíciles de realizar...

Por un momento, estoy tentado de decirle "bueno, aún hay tiempo para encontrar un hombre, para fundar una familia. Aún eres joven, y eres atractiva, sólo tienes que quererte un poco..." pero el recuerdo de lo que me dijo el fantasma de la hija pequeña del Rey de Badar me traba la lengua el tiempo necesario para que cometa un error.

Dejo que sea el Extraño quien hable primero.

- Uno. Tienes tiempo de encontrar un hombre adecuado, pero sólo si lo que buscas es un hombre adecuado para lo que quieres de verdad. Dos. No se puede tener todo en esta vida. Si quieres éxito profesional, trabaja. Si quieres éxito familiar, familia. Si quieres de las dos, en algún momento tendrás que rebajar tus expectativas, porque no se puede llegar a la cima de todo si la duración de los días permanece constante e indiscriminada para todos los seres humanos.

Diana Laguna le contempla con la expresión congelada, como si de repente hubiera comprendido todo el proceso de razonamiento que ha llevado a cabo el Extraño para decirle tan contundentes conclusiones. Como si, por un momento, hubieran compartido pensamiento.

Todos somos dueños de nuestra vida, y decidimos cómo repartir las horas que tenemos asignadas. Podemos soñar con obtener mayores o menores éxitos, pero dada la escasez de tiempo, debemos renunciar a muchas cosas en aras de obtener otras. En Economía se llama "coste de oportunidad". Según Landelón, se llama "el precio de todas las cosas". El Extraño lo suele abreviar como "s.a". Y es que una vez más, lo único en esta vida que puede ser tan grande como uno desee son los sueños. Los resultados siempre estarán sujetos a las duras exigencias de la realdiad

Largoyconunavocal, por su parte, se horroriza ante la durísima sinceridad del ingeniero, a quien, cuando se le cuenta algo, suele ser porque se busca una solución, no comprensión, y por lo tanto no se detiene en empatías si existen remedios.

Y yo decido terminarme el café de un sorbo para no mirar a nadie a los ojos. Lo que el Extraño ha hecho, sólo el Extraño puede deshacerlo. Y que Dios nos pille confesados.

miércoles, diciembre 17, 2008

Herencias: una canción esdrújula

"A usted..."
Cortesía de J.M. Serrat.

A usted que corre tras el éxito
Ejecutivo de película,
Hombre agresivo y enérgico
Con ambiciones políticas.

A usted que es un hombre práctico
Y reside en un piso céntrico,
Regando flores de plástico
Y pendiente del teléfono.

A usted que sabe de números
Y consta en más de un nómina,
Que ya es todo un energúmeno
Con un posición sólida.

¿No le gustaría
No ir mañana a trabajar
Y no pedirle a nadie excusas,
Para jugar al juego
Que mejor juega
Y que mas le gusta?

¿No le gustaría
Ser capaz de renunciar
A todas sus pertenencias,
Y ganar la libertad
Y el tiempo que pierde
En defenderlas?

¿No le gustaría
Dejar de mandar al prójimo,
Para exigir
Que nadie lo mande lo mas mínimo?

¿No le gustaría acaso
Vencer la tentación,
Sucumbiendo de lleno
En sus brazos...?

Antes que les den el pésame
A sus deudos, entre lágrimas,
Por su irreparable pérdida
Y lo archiven bajo una lápida.

¿No le gustaría
No ir mañana a trabajar
Y no pedirle a nadie excusas,
Para jugar al juego
Que mejor juega
Y que mas le gusta?

¿No le gustaría
Ser capaz de renunciar
A todas sus pertenencias,
Y ganar la libertad
Y el tiempo que pierde
En defenderlas?


¿No le gustaría
Dejar de mandar al prójimo,
Para exigir
Que nadie lo mande lo mas mínimo?

¿No Le gustaría acaso
Vencer la tentación,
Sucumbiendo de lleno
En sus brazos...?

lunes, diciembre 15, 2008

Errores y piedras

El Extraño volvió para cenar, sólo cuando Inés se hubo marchado con su malhumor a otro lado. El día ya estaba jodido, así que pedimos comida a domicilio y que otro pasase frío ahí fuera. En nuestro cálido salón, el Extraño decidió indagar más en la filosofía de Landelón.

- Viajero... si cometes el mismo error un número n de veces mayor que uno, ¿se debe a que no lo consideras un error?
Landelón reflexionó su respuesta el tiempo que tardó en sorber los tallarines chinos que colgaban de sus labios.
- Quizás. Aunque existe otra opción.
- ¿Cuál?
- Que si tropiezas dos veces con la misma piedra, es que realmente te gusta tropezar.

Frésulas

La segunda vez que pasamos por Neral, me dí cuenta de que, si en algún sitio se escribieron las mil y una noches, debería haber sido aquí. Abriéndote paso por las calles del bazar podías encontrar cualquier cosa imaginable, y una buena fracción de las inimaginables.

En un momento dado, Landelón fue arrastrado por la corriente de personas hacia una esquina, y yo me vi forzado a dar un rodeo para llegar hasta donde él estaba. Crucé un pequeño túnel y llegué a una plazuela interior donde los niños jugaban alrededor de una fuente. Todos, menos uno.

Estaba sentada en una esquina, hecha una bolita, con las manos sobre las rodillas. Miraba de forma lánguida a los niños que correteaban alrededor de la fuente, con esos ojos hambrientos de sueños que tantas veces me había encontrado en mis viajes con Landelón. Era muy pálida de piel para ser de Neral, y el vestido negro que llevaba, manchado de polvo y tierra, no hacía sino resaltar su blancura.

-Oye, pequeña- dije mientras me sentaba a su lado, en el suelo- ¿sabes dónde crecen Frésulas?

Cuando la niña me miró, vi que tenía los ojos hinchados de llorar. No obstante, se quedó un momento perpleja, sin saber qué contestar.

-No sabes lo que son las Frésulas, ¿verdad?

Sacudió la cabeza, negándo. Su fino pelo se revolvió como una cortinilla alrededor de su redondo e infantil rostro.

-Mira, en Kumei, hay un valle donde los árboles brillan. Todas y cada una de sus hojas son de colores chillones, luminosas como luciérnagas. Resplandecen los azules, los rojos, los violetas. Las ramas son centros de magia de los que brotan haces de luz de todos los colores del arcoiris.

"El Valle de las Frésulas fue el lugar donde hubo una gran batalla durante la Guerra de Kumei. Allí se enfrentaron prácticamente todos los magos de ambos bandos, por encima de centenares de soldados. Se arrojaron tantos hechizos y contrahechizos, que la tierra quedó sembrada de magia, que se fue filtrando hasta las raíces de los árboles que más tarde allí crecerían. Por eso las Frésulas son tan valoradas por los magos y los hechiceros: son mágicas en cada fase de su crecimiento."

La niña me mira boquiabierta. Por un minuto, ya no es la huérfana de guerra de Kumei con la que los niños de Neral no quieren jugar. Por un minuto, está allí, en el Valle de las Frésulas, con el rostro iluminado por el brillo de los árboles mágicos.

Me alejo del patio interior, y encuentro a Landelón en un puesto del bazar, regateando el precio para comprar tabaco para shisha. Una lástima, pienso para mí a la vez que pierdo de vista a la niña, que tan hermosa arboleda esté abonada por cadáveres.

viernes, diciembre 12, 2008

Malhumoramientos

- Inés, ¿en qué estás trabajando ahora?
- En la Galería, como siempre. Bueno, no. Me han dado más trabajo, porque al jefe le han metido en la cabeza un montón de ideas de la nueva era de los negocios, y ahora no hace más que hablar con términos en inglés y decir tonterías constantemente.
- ¿Cómo?
- Sí, dijo que era un poco naive que en la new business age estuvieramos con tan poco multitasking implementado, así que, como CEO (Sii- ii- ou) de la empresa, debía ponernos al frente y dirigirnos straightfoward hacia nuestros objetivos corporativos más inmediatos.

Landelón, que no ha dicho nada en todo este rato, parpadea perplejo. Como firme creyente del despiste, decide que ha llegado el momento de inducir un cambio de tema.
- Así que por eso llevas tanto tiempo sin pintar nada, ¿no?

Inés le dedica una mirada hostil, cargada de reproche.
- Sí. Por eso, y porque te odio.
- ¿A mí? ¿Por qué?
- ¿Y por qué no?
- ¡Porque no te he hecho nada para que me odies!
- Tampoco has hecho nada para que no lo haga.
- ¡Eso es odio gratuito e indiscriminado! Sólo te excusas por no pintar últimamente.
- A menos que quieras que tu cara sea un lienzo para mi próximo cuadro de violencia, será mejor que dejes esta conversación en este punto.

El Extraño entra caminando tranquilamente en el salón, y apoya la mano en el hombro de la artista mientras susurra un "Inés...", momento en el cual ella se revuelve sobre sí misma, amenazadoramente, y se incorpora de un salto mientras estalla de forma histérica.
- ¿¡Qué!? ¿¡Qué quieres de mí ahora, eh!? ¿Que pinte, que trabaje, que salga contigo? ¡No puedo hacerlo todo a la vez, ¿sabes?!
El Extraño aguanta el estallido sin ni siquiera parpadear lo más mínimo. Extiende el otro brazo, donde hay un platillo con un gran vaso de agua y una pastilla de algún medicamento, y con una calma digna de francotirador, dice:
- Ale, Inés, la pastillita. Que yo sólo quiero que descanses un poco.
Dicho lo cual, se aleja de nosotros caminando con tranquilidad, recoge su abrigo del recibidor, y sale de mi piso. El ruido de la puerta al cerrarse tranquilamente es casi un chasquido, pero parece retumbar en la distancia que separa al Extraño de la Artista.

Inés resbala por el sofá hasta quedarse sentada, con el platillo en una mano y la cara congelada en una expresión que va entre la incredulidad y el arrepentimiento.
- ¿Me he pasado, verdad?
- No es por joder...- empieza el Viajero.
- Que también- interrumpo yo, con cierto aire de venganza.
- ... pero has estallado frente a quien menos debías.
- ¡Es que a veces me pone histérica que sea tan atento!
- Dime una cosa, Inés... en todos este tiempo... ¿Cuántos hombres han estado siempre a tu lado, sin importar lo que hicieses o dijeses, y se han preocupado única y exclusivamente de tu bienestar?
- Pues estaba Alfonso...
- Que demostró ser un error, y al que acabaste abandonando...
- Y el Extraño...
- Al que acabas de bufar en la cara.
- Y...
- Y si no quieres que tu autoestima sea el papel donde yo escriba mi próximo ensayo sobre la injusticia, deberías dejar esta conversación aquí mismo- concluyo.

- Oh, Dios- le susurro a Landelón una vez Inés se ha ido a acostarse un rato a mi habitación- pensé que nunca se lo ibas a decir.
- ¿Lo de la injusticia?
- No. Lo de que salir con Alfonso fue un error.
- Siempre he dicho que era un error.
- Sí. Pero nunca a ella.

miércoles, diciembre 10, 2008

Dramatis Personae (II): Ellas

Fátima:

Detrás del velo negro de Fátima se encuentra una hassassiyyin, miembro de un culto de asesinos de más allá de Neral. Fátima es el auténtico amor de Landelón, la mujer que posee su corazón y en cuyo regazo descansa la esperanza de Dídac de que el Viajero deje la vida errante. Fátima trató de casarse con Landelón, lo que provocó la fuga de éste. Furiosa, juró asesinarle, y a pesar de que llegaron a una tregua, de vez en cuando trata de matar al Viajero, como para tratar de arrancárselo del interior.

La hija pequeña del Rey de Badar:

No es una princesa, y a Landelón le costó una reprimenda real aprender este hecho. Después de conocer al Cuentacuentos en su primera visita a Badar, fue su amante una temporada, a su vuelta, encandilada por los relatos de más allá del mar que éste le contaba. De la misma forma que nunca superó su partida, nunca está preparada para tenerle; una mezcla de miedo e inmadurez la mantienen alejada del Cuentacuentos, pero los encontronazos esporádicos de ambos suelen terminar en apasionadas veladas.

Tenhime:

Seudónimo con el que Dídac llama a su, ahora ex, novia. Originaria de Hong Kong, auditora internacional, workaholic, tierna y cariñosa, nunca superó los celos por esa parte del corazón de Dídac que pertenece a la hija pequeña del Rey de Badar. Solía ausentarse largas temporadas, lo que daba arranques de soledad y melancolía al Cuentacuentos, pero le permitían centrarse en escribir y en pasar el rato con sus curiosos amigos.

Inés:

Desdibujante, Artrista, Inés pinta y dibuja instantáneas de la vida con una facilidad y una precisión pasmosa. Con un gusto dudoso para escoger pareja, Inés acaba consolándose en brazos del Extraño, quien la ama y la odia casi a partes iguales. Tiene esa parte de bohemia y desequilibrada que debe poseer todo artísta de talento, y su mayor problema es que no está segura de saber ser feliz.

Largoyconunavocal:

Sanadora badariense, amante de Yanroud durante un breve lapso de tiempo, cocinera excelsa y en general joven de gran corazón, pero poca coordinación. Su torpeza se ve compensada por su cariño desbordante, y por esas ocasiones en las que ayuda a Dídac a cuidar de Helena.

Helena:

Hija del hermano de Dídac, y por lo tanto, su sobrina. Es la mujer de su vida, como él mismo dice constantemente, la principal consumidora de sus cuentos, aquella que más cariño le da y la última persona en la que el Cuentacuentos pensaría antes de morir. Curiosa, pizpireta y descarada, Dídac la considera su legado, al haber asumido que no dejará otra descendencia.

Isabel Mylene, Princesa de Badar:

Hermana de Yanroud, Isabel quedó profundamente prendada del Viajero desde la primera visita de éste a Badar. Furiosa ante su errante modo de vida y su constante negativa a quedarse en Badar a su lado, envió a los Capas Plateadas tras él por todo el mundo, lo que provocó que el Viajero lo fuese aún más. Es una mujer hermosa y elegante, pero no le gusta que le digan que no.

Elisa:

Hija del príncipe de Neral, fuerza de la naturaleza, avatar de la esperanza, Elisa viene a ser para Yanroud lo que Fátima a Landelón o la hija pequeña del Rey de Badar a Dídac. La única mujer que consiguió hacer que dejara el latrocinio, Elisa es una sirena de aire, como lo fuera su madre antes que ella, y con cada cambio del sentido del viento se ve obligada a moverse, arrastrada por las corrientes de aire, lo que terminó por llevar a mal final su relación con el Mejor Ladrón del Mundo.

Aayla:

Amiga de Tenhime, escritora amateur, también originaria de Hong Kong. Necesitaba un cambio de aires, y optó por acudir al piso en el que Dídac y sus compañeros suelen perder el tiempo. Fue seducida por Landelón en poco tiempo, pero afortunadamente para ella, se marchó antes de enamorarse del mismo.

Alithia Wellington:

La más joven de las conquistas del Viajero. Pequeña y silenciosa, Alithia no tiene voz, ya que le fue robada de manera desconocida para Dídac. Inquisitiva, curiosa y con cierto aire infantil, el Cuentacuentos la toma bajo su protección después de que el Viajero terminase su relación al encontrarse súbitamente con Fátima en Badar, durante un concierto de Diana Laguna.

Irene:

Antigua compañera de clase de Dídac, quizás de las pocas personas que el Viajero no ha logrado conquistar. Alta y con una sonrisa deslumbrante, no es una belleza de aquellas que te obligan a girar la cabeza a su paso, pero posee algo que hace que el Viajero no se la pueda quitar de la cabeza.

Diana Laguna, diva:

La cantante más famosa de la región de Badar, aunque Dídac no la conocía hasta hace poco. Una mujer de pasado misterioso y maravillosa voz, que comparte un secreto con el Extraño.

Silvia:

Vieja amiga del Cuentacuentos, casi siempre por la cuenta que le trae a ella. Es de esa clase de personas que desaparecen de tu vida cuando las cosas le van bien, pero aparecen mostrando un tremendo interés por recuperar el contacto cuando han sufrido un desengaño amoroso, comienzan a sentirse solas, o necesitan dinero. Afortunadamente para Dídac, Silvia no lo hace por malicia, sino por simple y sincera despreocupación por el destino de su amigo.

Dramatis Personae (I): Ellos

Dídac, Cuentacuentos:

Dídac Lakofpauer, autor y narrador del blog, vive y gobierna un piso de Pamplona que compartía, hasta hace poco, con la que había sido su novia y compañera vital, Tenhime. Dídac malvive de becario en un bufete de abogados mientras trata de dar el salto a la fama escribiendo relatos y tratando de que se los editen, sin mucho éxito. Conoció a Landelón en Irlanda, hace años, y desde entonces el Viajero lo visita frecuentemente, y lo lleva de viaje cuando la ocasión se presenta.


Landelón, el Viajero:

Pícaro, truhán, filósofo, maldito a no poder dormir más de dos noches seguidas bajo el mismo techo, viaja por todo el mundo conocido y parte del desconocido, a la caza de leyendas y cuentos que contar a Dídac para que él los escriba, y de curiosidades que sacien su malsana obsesión por saberlo todo y verlo todo en esta vida. Su encanto canalla, su desvergonzada actitud y su labia le ganan amantes allá donde va, aunque rara vez las conserva durante mucho tiempo. Tiende a llegar sin avisar y a irse sin despedirse. Tiene un sombrero de ala ancha, un pañuelo amarillo alrededor del cuello, y el abanico de amistades más grande que uno pudiera imaginar.


Yanroud, el Mejor Ladrón del Mundo:

Si el algún sitio del mundo se juntasen el hambre y las ganas de comer, esos serían Yanroud y Landelón. Yanroud es un ágil acróbata, tan canalla como Landelón, con un nulo sentido de la propiedad ajena y un ansia inacabable de aventuras. Es el Mejor Ladrón del Mundo porque es capaz de robar cosas que no pueden sustraerse de forma natural, tales como el Tiempo, la Vida, o la Prosperidad. Siempre cubre su frente con una banda o algo similar, para ocultar la marca que tiene debajo. Es el hijo mayor, y por lo tanto príncipe, del Rey de Badar. En su haber se encuentra la triste historia compartida con Elisa, el único periodo de su vida en el cual el Mejor Ladrón del Mundo dejó de robar.

El hombre del piano:

El mayor en edad de todos, es un hombre que llevó a cabo todos sus éxitos en esta vida en veintiséis años: fue el más joven maestro al piano, como dice la canción, alcanzó la fama y el prestigio, y se casó con una joven hermosa y tierna que lo amaba sin límite. Ella murió apenas tres años después, dejándole destrozado. Desde entonces, se limita a ver la vida pasar, marchitándose día y noche. Rara vez sale de su depresivo estado, pero en ocasiones, Landelón o Helena logran arrancarle una porción de la persona que era antes de morir en vida.

El Extraño:

Ingeniero, Jugador, técnico y analista de la Realidad, este curioso personaje está envuelto en una mezcla de aura de paradoja y de despreocupación constante. Su dificultad para conectar con el sexo femenino se debe a su completa ausencia de malicia, a su sinceridad directa y desbordante, y a su capacidad analítica de ver las cosas venir, así como a una timidez directamente proporcional a la importancia que una mujer tiene para él. Reunió todos sus redaños para intentarlo con Inés, y siente que están en un punto muerto en el que ninguno de los dos se plantea acercarse o alejarse del otro.

El Clasificado:

Capa Plateada de Badar, aparentemente el primero que se planteó esperar a Landelón en lugar de perseguirle por el mundo entero. No es muy hablador, realmente, pero no parece mala persona.

martes, diciembre 09, 2008

Dilemamantes

Mis dedos recorren la lisa espalda de la hija pequeña del Rey de Badar, que está entre gemir o retorcerse ante la caricia que le recorre desde el nacimiento del cabello en la nuca hasta donde se separan sus glúteos. Ronronea como una gatita y se remueve en la cama para acercarse más a mí.
- ¿Qué piensas, Cuentacuentos?
Mis dedos recorren el camino de vuelta, hasta sumergirse en su suave pelo, arrancándole otro gemido que se queda en mumullo cuando hunde su cabeza en la almohada.
- En que sé lo que debo hacer, aunque no quiera. Pero también sé lo que querría hacer, aunque no pueda.
Su cuerpecillo se gira para tumbarse boca arriba y mirarme a los ojos.
- Prohibido hablar de más allá de mañana.
Le deposito un beso levísimo en los labios, como aquel que su fantasma me dejó hace unas semanas. Y me callo, porque en estos momentos es mejor saber que hablar.

Regalar todo en este mundo

- Je, je- masculla el Viajero, el día de mi cumpleaños.
- ¿"Je, je" qué?
- Je, je, tenemos algo para tí.

Ya mencioné que no me gustan las fiestas sorpresa. Esa extraña sensación de agradecimiento y frustración que tienes después de que te enciendan las luces y la gente grita "¡Sorpresa!" (¡claro que es una sorpresa, idiotas!) se me hace difícil de digerir. Pero, dado su comentario, lo que tiene Landelón para mí no es una fiesta sorpresa, así que me empieza a picar la curiosidad. Decido apretar el paso hacia mi casa, para quitarle cuanto ante esa sonrisa de "sé algo que tú no sabrás hasta que yo quiera" cuanto antes.

Landelón me da el viaje de mi vida. Todo el camino a casa haciendo "je je" para sí, y dirigiéndome miradas por el rabillo del ojo. Ya verá cuando nada más cruzar el umbral le plaque el Clasificado. No pienso mover un dedo por él. Pero todas mis ideas se me escapan de la cabeza en cuanto entro en mi piso, y veo que todo el mundo está dentro.

Cuando alguien dice "todo el mundo", evidentemente no se refiere a los seis mil millones de personas del mundo. Se refiere a una aglomeración más o menos masiva de gente, que no tiene por qué ser conocida. Pero, en este caso, es todo el mundo, todo mi mundo, las personas que más aprecio, reunidas en mi salón, bebiéndose mi cerveza, sí, pero viviendo en mi vida.

Landelón, que sabiamente se ha puesto fuera del alcance del Clasificado, me señala a Yanroud, al hombre del piano, y al Extraño, quienes se retiran un poco para que alcance a ver mejor a los menos frecuentes por mi casa, entre ellos Neeki, Cohn, Rover y Volguer, Kranthauser, Jackvrel, Hooper, así como Irene, Aayla, Elisa, la mismísima Diana Laguna, Ralca, Tamar, Cirle de Sauerbauden, Sara, Silvia, y, protegida por el Clasificado, la mismísima Isabel Mylene, princesa de Badar, que me sonreía desde mi sofá. Con un gesto de elegancia propio de un miembro de la casa real, señala a un paquete envuelto que hay sobre la mesilla.

- Tu primer regalo, Cuentacuentos. Feliz cumpleaños.

Quito el papel con cuidado. Parece un libro, pienso segundos antes de desvelar una portada amarilla, con un dibujo de Landelón. En grande, pone "Ser Landelón", y en algo más pequeño, mi nombre. Parpadeo. No será cierto. Vuelvo a parpadear y a leer el título y el autor. No puede ser cierto.

Cuarenta y cinco segundos después aún no he reaccionado. Sigo mirando y remirando el libro con las andanzas y desventuras que cuento en este blog, impreso, maquetado, editado. Les miro a todos a la cara, y veo en ellas la sonrisa de la conspiración, mientras trato de convertir el sentimiento de emoción que me embarga en palabras que les hagan sentir como yo en este mismo momento.

Si el Extraño oyese mis pensamientos, me diría que no lo voy a conseguir. Si la gente lograse sentirse igual de agradecida que el destinatario de un regalo, las fiestas de cumpleaños serían orgías de agradecimiento mutuo, en lugar de homenajes a alguien que celebra su supervivencia.

Pero no quita para que lo intente. A falta de palabras, voy a abrazando a todos los presentes, uno a uno, mientras susurro cosas como "gracias, gracias de verdad", o "sois los mejores cabrones que uno podría desear", en función del sexo del abrazado. Todo lo que digo me sabe a poco. ¿Cuántos, cuánto tiempo, cómo lo han hecho? ¿Quién más está en el ajo de esta tremenda conspiración para publicarme los cuatro garabatos que hago, y que leen cuatro personas?

No lloro, porque no se me da bien. Decido escribir esta entrada, para que se exteriorice mi emoción como lo hago siempre.

No existen palabras, ni habladas ni escritas, que expresen con precisión lo que siente una persona a la que algo le llega muy adentro. Landelón suele ser el que dice que el ser humano es como una cueva sin explorar, ya que cuanto más te adentras en tí mismo, más difícil es expresarte, porque menos personas han llegado hasta allí, y menos mapas hay de esa zona de tu interior. Quizás sea que no se han descubierto las palabras, quizás sea mejor que no lo hagan.

Inés y Largoyconunavocal salen de mi habitación, entre risas, con un aire malicioso. Me abrazo a ambas, mientras susurro un "gracias gracias gracias gracias", hasta que Inés me dice al oído:
- Ahí tienes el otro regalo. Pero lo tienes sin envolver.

Dicen que la curiosidad no sólo mató al gato, sino que lo lanzó al río con pesos en los pies. Correré el riesgo, pienso, mientras abro la puerta de mi habitación a la vez que Inés y Largoyconunavocal entran en el salón y cierran la puerta, como para que no me llegasen los ruidos que fueran a producirse dentro. O para que no les llegasen los sonidos que pudieran salir de mi cuarto.

Dentro me espera, entre mis sábanas, la hija pequeña del Rey de Badar.

lunes, diciembre 01, 2008

Esperante Inesperado

Alguien llama pesadamente a mi puerta. Apartando el montón de papeles con los que estoy trabajando, me levanto y arrastro los pies hacia el recibidor. En la cocina, Largoyconunavocal y el Extraño preparan la cena, mientras conversan animadamente. Oigo mencionar el nombre de Inés varias veces en los breves tres segundos que tardo en alcanzar la entrada, pero cualquier pensamiento que pudiera tener a consecuencia de esto se ve interrumpido cuando, al abrir la puerta, un brazo delgado pero cargado con una fuerza sorprendente, me empuja a un lado.

Como una exhalación, una figura entra en mi piso y registra de un vistazo las cuatro habitaciones, los dos baños y el salón en un tiempo récord. Cuando llega a la cocina, en el marco de cuya puerta yo aún estoy apoyado y en donde el Extraño y Largoyconunavocal siguen cocinando ajenos a mi agresor, se detiene, y con un chasquido de frustración, cierra la puerta que da a mi piso y me ayuda a ponerme en pie.

- Que no está, ¿verdad?
Mientras me levanto, alcanzo a ver la capa plateada en la espalda del desconocido, a pesar de que no lleva la armadura tradicional de los hombres de confianza de la Princesa Isabel Mylene de Badar. Mi mente funciona a toda velocidad para unir puntos, y me doy cuenta de que la pregunta sale de mis labios mientras la pienso.
- ¿El Viajero?
- Sí. ¿Quién si no?
- No.
- Mierda...joder- tras un par de segundos de pausa, el desconocido da un golpe a la pared- ¡Coño!

Cuando Largoyconunavocal nos oye hablar, se gira sobre sí misma, empuñando aún el cuchillo de cocina. Afortunadamente tanto para el desconocido como para mí (recordad lo que sucede cuando la enfermera badariense tiene cerca objetos inciso-cortantes), lo deja a un lado mientras se arroja sobre mi agresor misterioso, desplazándolo veinte centímetros mientras lo abraza y le cubre los carrillos de besos.

Sentados más cómodamente en el salón, con la comida haciéndose en el horno, y con parcas palabras, el nuevo llegado nos cuenta:
- Cansado de perseguirle, me dije "oye, ¿y si le esperas en casa del ese Cuentacuentos?". Y aquí estoy.
- ¿Y qué esperabas hacer si lo encontrabas?
- Llevármelo. - No dice nada durante un par de segundos, así que decido seguir preguntando.
- ¿Ante la princesa?
- Ahá.
Me quedo callado, para ver si dice algo más. Pero parece como si le cobrasen por cada palabra que salía de sus labios. Casi me podía sentir afortunado de que no me contestase con meros monosílabos.
- Y ahora que no está, ¿qué pretendes hacer?
- Esperarle. (pausa) Aquí. (pausa) En este mismo piso.
- ¡No esperaba que te quedases a hacernos la visita!- comenta, alegre, Largoyconunavocal, mientras se vuelve a abalanzar para abrazarlo- ¡Gracias!
- No estoy visitando. ¡Quita, hombre!
Mientras se trata de zafar del abrazo de la enfermera, el Extraño me susurra al oído "Éste es como los anuncios clasificados, parece que le cobran por palabra". Luego se gira hacia el visitante no invitado, y con un tono ligeramente por encima de lo educado, inquiere:
- Oye, Clasificado. ¿Y dónde pretendes quedarte?
Sin variar su postura ni un milímetro, el Clasificado dice, con un tono de voz que hace impracticable toda réplica:
- Este sofá me gusta.
- No me extraña- comento, casi para mí mismo- A Landelón también.