jueves, diciembre 18, 2008

El precio de todas las cosas

Café caliente en lugar de cerveza: señal inequívoca de que la misión que tengo delante requerirá mi máxima atención. A mi lado, el Extraño, como juez, jurado y posiblemente verdugo de la confesión que se aproxima, juguetea con un azucarillo.

Frente a nosotros, Largoyconunavocal aferra la mano de una Diana Laguna que, por el efecto microcosmos de Pamplona, puede sentirse anónima por primera vez en mucho tiempo, y descubrir su cara en un lugar público. La diva, quizás por la proximidad del Extraño y de la sanadora badariense, se siente protegida, y decide contarnos la razón por la cual ha acudido a mi piso, en busca de refugio, como si se tratase de un bunker emocional frente a los bombardeos de la vida.

La razón es que siente que no ha conseguido lo que deseaba en la vida.

Antes de que nadie pueda intervenir, arranca la historia de su existencia. Comienza con una jovencísima Diana ascendiendo a solista de un coro y obteniendo la fama a los dieciséis años como cantante profesional. Los siguientes quince son reiteración de dicho éxito, viaje tras viaje, llenando conciertos, auditorios, fiestas sociales, reuniones de la nobleza y en general todo evento por el cual se deja caer. Uno o dos hombres se cruzan en su vida, pero, ay, para una pareja es difícil seguir el ritmo del éxito, sobre todo cuando él es tan ambicioso y prometedor como ella. Finalmente, Diana Laguna termina mirando atrás y descubriendo, frustrada, que sus intenciones de formar una familia junto a un hombre que la ame y la cuide el resto de sus días parecen cada vez más difíciles de realizar...

Por un momento, estoy tentado de decirle "bueno, aún hay tiempo para encontrar un hombre, para fundar una familia. Aún eres joven, y eres atractiva, sólo tienes que quererte un poco..." pero el recuerdo de lo que me dijo el fantasma de la hija pequeña del Rey de Badar me traba la lengua el tiempo necesario para que cometa un error.

Dejo que sea el Extraño quien hable primero.

- Uno. Tienes tiempo de encontrar un hombre adecuado, pero sólo si lo que buscas es un hombre adecuado para lo que quieres de verdad. Dos. No se puede tener todo en esta vida. Si quieres éxito profesional, trabaja. Si quieres éxito familiar, familia. Si quieres de las dos, en algún momento tendrás que rebajar tus expectativas, porque no se puede llegar a la cima de todo si la duración de los días permanece constante e indiscriminada para todos los seres humanos.

Diana Laguna le contempla con la expresión congelada, como si de repente hubiera comprendido todo el proceso de razonamiento que ha llevado a cabo el Extraño para decirle tan contundentes conclusiones. Como si, por un momento, hubieran compartido pensamiento.

Todos somos dueños de nuestra vida, y decidimos cómo repartir las horas que tenemos asignadas. Podemos soñar con obtener mayores o menores éxitos, pero dada la escasez de tiempo, debemos renunciar a muchas cosas en aras de obtener otras. En Economía se llama "coste de oportunidad". Según Landelón, se llama "el precio de todas las cosas". El Extraño lo suele abreviar como "s.a". Y es que una vez más, lo único en esta vida que puede ser tan grande como uno desee son los sueños. Los resultados siempre estarán sujetos a las duras exigencias de la realdiad

Largoyconunavocal, por su parte, se horroriza ante la durísima sinceridad del ingeniero, a quien, cuando se le cuenta algo, suele ser porque se busca una solución, no comprensión, y por lo tanto no se detiene en empatías si existen remedios.

Y yo decido terminarme el café de un sorbo para no mirar a nadie a los ojos. Lo que el Extraño ha hecho, sólo el Extraño puede deshacerlo. Y que Dios nos pille confesados.

4 comentarios:

Amarthcaran dijo...

todo es cuestión de saber que prefieres pagar a cambio de que...ya se sabe lo que se dice, quien mucho abarca,poco aprieta

sir Potato dijo...

Por eso no puedo apretar mucho. con estos brazacos... :P

Alethea dijo...

Peor que acabar con un hombre igual de ambicioso que tu es estar con uno que no tenga ambicion alguna... no funciona nada de nada

Sonia García dijo...

Una maraña hay que deshacerla nudo a nudo... :-)