lunes, diciembre 15, 2008

Frésulas

La segunda vez que pasamos por Neral, me dí cuenta de que, si en algún sitio se escribieron las mil y una noches, debería haber sido aquí. Abriéndote paso por las calles del bazar podías encontrar cualquier cosa imaginable, y una buena fracción de las inimaginables.

En un momento dado, Landelón fue arrastrado por la corriente de personas hacia una esquina, y yo me vi forzado a dar un rodeo para llegar hasta donde él estaba. Crucé un pequeño túnel y llegué a una plazuela interior donde los niños jugaban alrededor de una fuente. Todos, menos uno.

Estaba sentada en una esquina, hecha una bolita, con las manos sobre las rodillas. Miraba de forma lánguida a los niños que correteaban alrededor de la fuente, con esos ojos hambrientos de sueños que tantas veces me había encontrado en mis viajes con Landelón. Era muy pálida de piel para ser de Neral, y el vestido negro que llevaba, manchado de polvo y tierra, no hacía sino resaltar su blancura.

-Oye, pequeña- dije mientras me sentaba a su lado, en el suelo- ¿sabes dónde crecen Frésulas?

Cuando la niña me miró, vi que tenía los ojos hinchados de llorar. No obstante, se quedó un momento perpleja, sin saber qué contestar.

-No sabes lo que son las Frésulas, ¿verdad?

Sacudió la cabeza, negándo. Su fino pelo se revolvió como una cortinilla alrededor de su redondo e infantil rostro.

-Mira, en Kumei, hay un valle donde los árboles brillan. Todas y cada una de sus hojas son de colores chillones, luminosas como luciérnagas. Resplandecen los azules, los rojos, los violetas. Las ramas son centros de magia de los que brotan haces de luz de todos los colores del arcoiris.

"El Valle de las Frésulas fue el lugar donde hubo una gran batalla durante la Guerra de Kumei. Allí se enfrentaron prácticamente todos los magos de ambos bandos, por encima de centenares de soldados. Se arrojaron tantos hechizos y contrahechizos, que la tierra quedó sembrada de magia, que se fue filtrando hasta las raíces de los árboles que más tarde allí crecerían. Por eso las Frésulas son tan valoradas por los magos y los hechiceros: son mágicas en cada fase de su crecimiento."

La niña me mira boquiabierta. Por un minuto, ya no es la huérfana de guerra de Kumei con la que los niños de Neral no quieren jugar. Por un minuto, está allí, en el Valle de las Frésulas, con el rostro iluminado por el brillo de los árboles mágicos.

Me alejo del patio interior, y encuentro a Landelón en un puesto del bazar, regateando el precio para comprar tabaco para shisha. Una lástima, pienso para mí a la vez que pierdo de vista a la niña, que tan hermosa arboleda esté abonada por cadáveres.

3 comentarios:

Yashkia dijo...

Yo también quiero ir...

Letichan dijo...

Un relato hermoso y con una carga dramática muy bien llevada. Felicidades, Diego. Me ha gustado la contención por una parte a la hora de narrar la tristeza de la niña y la guerra y, por otra, la profusión descriptiva del valle de las Frésulas.

Un abrazo

Amarthcaran dijo...

Me encantaría visitar ese valle, esa mezcla de magia y tristeza...en el que se puede ver que todo necesita un sacrificio...