martes, diciembre 09, 2008

Regalar todo en este mundo

- Je, je- masculla el Viajero, el día de mi cumpleaños.
- ¿"Je, je" qué?
- Je, je, tenemos algo para tí.

Ya mencioné que no me gustan las fiestas sorpresa. Esa extraña sensación de agradecimiento y frustración que tienes después de que te enciendan las luces y la gente grita "¡Sorpresa!" (¡claro que es una sorpresa, idiotas!) se me hace difícil de digerir. Pero, dado su comentario, lo que tiene Landelón para mí no es una fiesta sorpresa, así que me empieza a picar la curiosidad. Decido apretar el paso hacia mi casa, para quitarle cuanto ante esa sonrisa de "sé algo que tú no sabrás hasta que yo quiera" cuanto antes.

Landelón me da el viaje de mi vida. Todo el camino a casa haciendo "je je" para sí, y dirigiéndome miradas por el rabillo del ojo. Ya verá cuando nada más cruzar el umbral le plaque el Clasificado. No pienso mover un dedo por él. Pero todas mis ideas se me escapan de la cabeza en cuanto entro en mi piso, y veo que todo el mundo está dentro.

Cuando alguien dice "todo el mundo", evidentemente no se refiere a los seis mil millones de personas del mundo. Se refiere a una aglomeración más o menos masiva de gente, que no tiene por qué ser conocida. Pero, en este caso, es todo el mundo, todo mi mundo, las personas que más aprecio, reunidas en mi salón, bebiéndose mi cerveza, sí, pero viviendo en mi vida.

Landelón, que sabiamente se ha puesto fuera del alcance del Clasificado, me señala a Yanroud, al hombre del piano, y al Extraño, quienes se retiran un poco para que alcance a ver mejor a los menos frecuentes por mi casa, entre ellos Neeki, Cohn, Rover y Volguer, Kranthauser, Jackvrel, Hooper, así como Irene, Aayla, Elisa, la mismísima Diana Laguna, Ralca, Tamar, Cirle de Sauerbauden, Sara, Silvia, y, protegida por el Clasificado, la mismísima Isabel Mylene, princesa de Badar, que me sonreía desde mi sofá. Con un gesto de elegancia propio de un miembro de la casa real, señala a un paquete envuelto que hay sobre la mesilla.

- Tu primer regalo, Cuentacuentos. Feliz cumpleaños.

Quito el papel con cuidado. Parece un libro, pienso segundos antes de desvelar una portada amarilla, con un dibujo de Landelón. En grande, pone "Ser Landelón", y en algo más pequeño, mi nombre. Parpadeo. No será cierto. Vuelvo a parpadear y a leer el título y el autor. No puede ser cierto.

Cuarenta y cinco segundos después aún no he reaccionado. Sigo mirando y remirando el libro con las andanzas y desventuras que cuento en este blog, impreso, maquetado, editado. Les miro a todos a la cara, y veo en ellas la sonrisa de la conspiración, mientras trato de convertir el sentimiento de emoción que me embarga en palabras que les hagan sentir como yo en este mismo momento.

Si el Extraño oyese mis pensamientos, me diría que no lo voy a conseguir. Si la gente lograse sentirse igual de agradecida que el destinatario de un regalo, las fiestas de cumpleaños serían orgías de agradecimiento mutuo, en lugar de homenajes a alguien que celebra su supervivencia.

Pero no quita para que lo intente. A falta de palabras, voy a abrazando a todos los presentes, uno a uno, mientras susurro cosas como "gracias, gracias de verdad", o "sois los mejores cabrones que uno podría desear", en función del sexo del abrazado. Todo lo que digo me sabe a poco. ¿Cuántos, cuánto tiempo, cómo lo han hecho? ¿Quién más está en el ajo de esta tremenda conspiración para publicarme los cuatro garabatos que hago, y que leen cuatro personas?

No lloro, porque no se me da bien. Decido escribir esta entrada, para que se exteriorice mi emoción como lo hago siempre.

No existen palabras, ni habladas ni escritas, que expresen con precisión lo que siente una persona a la que algo le llega muy adentro. Landelón suele ser el que dice que el ser humano es como una cueva sin explorar, ya que cuanto más te adentras en tí mismo, más difícil es expresarte, porque menos personas han llegado hasta allí, y menos mapas hay de esa zona de tu interior. Quizás sea que no se han descubierto las palabras, quizás sea mejor que no lo hagan.

Inés y Largoyconunavocal salen de mi habitación, entre risas, con un aire malicioso. Me abrazo a ambas, mientras susurro un "gracias gracias gracias gracias", hasta que Inés me dice al oído:
- Ahí tienes el otro regalo. Pero lo tienes sin envolver.

Dicen que la curiosidad no sólo mató al gato, sino que lo lanzó al río con pesos en los pies. Correré el riesgo, pienso, mientras abro la puerta de mi habitación a la vez que Inés y Largoyconunavocal entran en el salón y cierran la puerta, como para que no me llegasen los ruidos que fueran a producirse dentro. O para que no les llegasen los sonidos que pudieran salir de mi cuarto.

Dentro me espera, entre mis sábanas, la hija pequeña del Rey de Badar.

7 comentarios:

Dídac dijo...

¿Se me podría dar más? Muchísimas gracias a todos por ser parte de mi vida, la real, la que hay más allá de esta pantalla.

No podría sentirme mejor.

Cels dijo...

ji ji jijiji

Me encanta que los planes salgan bien

Anónimo dijo...

Mira tú que curioso, resulta que, el escritor en la luz, cumple años el mismo dia que uno de sus lectores en la sombra.

Muchas Felicidades.

sir Potato dijo...

Si algun lector en la sombra quiere conseguir el libro, que hable ahora o calle para siempre. Vamos a pedir una segunda remesa aprox la semana que viene. todos los interesados, que pongan aqui algo.

PD: Felicidades lector en la sombra anónimo ^^

Yashkia dijo...

Yo quiero yo quiero!!!

Anónimo dijo...

Yo quiero libro, así ya puedo decir que conozco al autor de un libro jejeje, :P. Soy Carlos (de ASORR espero que con esa reseña me reconozcas didac).
Jejeje mi comentario número uno en este blog

Metalia dijo...

¡Ahora ya encajo todas las piezas del puzzle!.

Las fotos de la firma, la sepia llorona, la portada en el blog de Elro y esta entrada.

¡Toma ya!, pedazo de regalo.

Enhorabuena a los organizadores y al homenajeado

^.^