martes, diciembre 22, 2009

Día de Trabajo

Se despertó en su casa, más allá del Quinto Anillo, con ilusión por hacerlo bien. Llevaba mucho tiempo esperando este trabajo. Se aseó y vistió con sus mejores galas, porque sabía que hoy estaría ante los ojos de todo el país. Cuando llegó a la plaza, su supervisor le dió unos últimos consejos, le puso un banderín en la mano, y le dió un par de palmaditas en la espalda a la vez que hacía una broma con respecto la paga que vendría al final del día.

Todos los demás estaba a su alrededor, esperando la señal convenida. Algunos llevaban varios años haciendo este trabajo, y en su rostro no se detectaba el nerviosismo que compartían aquellos primerizos. Todos en línea junto a la valla, o sentados en sus posiciones, apelotonados los primeros, pacientes los segundos, aguardaban que todo empezase para poder estallar de actividad.

No le preocupaba lo que el resto del mundo pudiera pensar, en caso de descubrir cuál era su trabajo. Él lo hacía y le pagaban, y no se preocupaba por preguntar nada más. Estaba allí porque lo habían considerado de confianza, sabían que no haría nada extraño ni estropearía toda la cuidadosa preparación de aquel día con un arranque de espontaneidad.

Y entonces empezó el desfile. Pensando en la cantidad de cosas que pagaría con el salario, alzo su banderín, puso su mejor cara de alegría, y comenzó a corear los himnos del Partido.

domingo, mayo 17, 2009

Amor y Bacon

Landelón tenía una hierbita en la boca, y yacía mirando a las estrellas desde lo alto de la Loma. El sombrero descansaba en una de las ramas de los almendros cercanos, mientras yo apoyaba mi espalda contra el tronco de un segundo árbol, y miraba las luces nocturnas de Badar en la lejanía.
- Es precioso, ¿neh?
- Me podría quedar mirándola toda la noche.
- ¿Cómo? ¿La hija pequeña del Rey ha vuelto a asomarse desnuda al balcón?
- Hablo de la ciudad, idiota.
- Ah, sí. Te llena de un sentimiento extraño.
- Te hace sentir... pequeño.
- Eso es bueno. Las cosas pequeñas hacen la vida interesante.
- ¿Como los pájaros cantando por la mañana?
- Ríete si quieres, Cuentacuentos, pero tengo razón. Si aprendes a que las cosas pequeñas, los pequeños momentos diarios te hagan sonreír, pronto te darás cuenta de que no conviene preocuparse por nada. Si algo tiene solución lo arreglaremos, y si no tiene solución, no ganas nada frunciendo el ceño y perdiendo el tiempo en preocuparte, ¿no?
- ¿No es esa una visión un poco desenfadada de la vida? Algunos dirían que es casi inmaduro.
- No viene mal ser un poco inmaduro. Mira los niños. No le piden nada a la vida, sólo un día más. Si un día más es todo lo que deseas, ¿cómo no vas a estar siempre sonriendo?
- Entonces, ¿no esperas nada de la vida?
- Quizás sea eso lo que me haga ser tan feliz. Que no espero absolutamente nada de la vida, salvo pequeñas cosas. Son las pequeñas cosas las que hacen hermosa la vida. Como el amor. Y el bacon.

viernes, mayo 08, 2009

Paraniñeces

Lo bonito de Neral, pienso siempre que llego aquí, es que no importa de dónde vengas. Siempre hay alguien dispuesto a conversar contigo. El barrio de los mercaderes de la capital ha sido el primero en ser reconstruido, y el bazar hierve de actividad en las primeras horas de la mañana.

Para muchos cuentacuentos, un público de uno es suficiente. No obstante, tenía la suerte de contar con una docena de niños a mi alrededor, con sus ojitos llenos de expectación clavados en mi y las manitas juntas alrededor de las rodillas. Un público con la edad media de cuatro años no da para muchos cuentos con mensaje subliminal, así que tuve que suprimirlo mientras enfatizaba el mensaje liminal.

"Érase una vez, una mariposa. Pero no era una mariposa cualquiera, no. Ésta era una mariposa muy joven, muy alegre, y a la que todos los animales del bosque querían mucho. La llamaban Piru, porque todas las mañanas se levantaba con el Sol para volar entre las plantas, despertando a todos los demás animales con su canción:

“Piru Piru Piru
Todos arriba
Que el Sol ha salido”

Y todos se despertaban cantando con ella: los saltamontes, las babosas, las mariquitas... Pero no todos los animales que Piru levantaba cada mañana estaban tan contentos. Estaba don Sebastián, el caracol gruñón, que siempre decía por lo bajo “Esta Piru es una maleducada. Todas las mañanas lo mismo, siempre despertándome con la misma canción”.

Y también estaba la Araña del bosque, que pensaba algo distinto. Porque lo que ella quería era comerse a Piru, y cada mañana se relamía pensando en el día en que se zamparía a la pequeña mariposa.

Un día, Piru se levantó con el Sol, como todas las mañanas, para revolotear entre las flores, mientras cantaba su canción:
“Piru Piru Piru
Todos arriba
Que el Sol ha salido”

Pero aquel día estaba don Sebastián de mal humor, y no se puso nada contento cuando Piru pasó a despertarle por su rama.
“¡Los grillos cricrí toda la noche y ahora ella pirupiru por la mañana!” exclamó furioso “¡Así no hay quien pueda dormir tranquilo!”

“Yo podría ayudarte a darle un escarmiento” le dijo la Araña “Piru sabe donde están todas mis telarañas, pero si me dejas poner una bajo tu rama ella se quedará enganchada y no podrá despertarte”

Al caracol le pareció una buena manera de darle su merecido a la mariposa, pero le preocupaba que la araña tramase alguna maldad.
“Pero no le harás daño, ¿verdad?”
“Claro que no” dijo la araña “Sólo la dejaremos ahí colgada un rato para que vea que no puede ir por ahí despertando a la gente”

Pero aunque esto dejó más tranquilo a don Sebastián, era mentira. Porque lo que la araña quería era comerse a Piru, y sólo pensando en ello se relamía.

Así que a la mañana siguiente, Piru se levantó con el Sol, cantando como todas las mañanas:
“Piru Piru Piru
Todos arriba
Que ¡Ay! ¡Socorro, me he quedado enganchada!”

“Si, mariposa tonta” le dijo la araña, mientras bajaba por la tela hacia ella “Estás atrapada y por fin vas a tener tu merecido”
“¿Pero por qué? ¡Si no he hecho nada malo!”
“Me despiertas cada mañana con tu canción” le gritó desde su rama don Sebastián “Sin importarte que yo quiera seguir durmiendo”
“¡Pero nunca me habías dicho nada! ¡Sólo tenías que decírmelo y hubiera dejado de despertarte!”
“Ya no le despertarás más” le dijo la araña, que cada vez estaba más cerca “¡porque te voy a comer!”
“¡Ey!” exclamó el caracol, que algo se olía “Dijiste que sólo le íbamos a dar un escarmiento” “¡Te engañé!”
“¿Con que me has engañado? ¡Ahora verás!”

Y entonces el enfadado caracol se dejó caer desde su rama sobre la araña, rompiendo la tela y liberando a la mariposa que volvió a volar libre, alejándose del peligro. La araña, enfadada porque su plan había fallado, volvió a su escondite para tramar más maldades.

Mientras tanto, alegre por haber escapado, la mariposa le pidió perdón al don Sebastián el caracol, y desde entonces, cada mañana, se levanta con el Sol cantando:
“Piru Piru Piru
Todos arriba
Que el Sol ha salido”

Pero al pasar bajo la rama del caracol, dice en voz muy bajita:
“Piru Piru Piru
Pero don Sebastián
Sigue dormido”

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. "

No existe mejor recompensa que un público agradecido. Lástima que esta vez no me dé margen a fijarme. Entre la creciente multitud de niños y padres que se acercan para escuchar mi siguiente historia, veo unos ojos oscuros sobre un velo negro que reconocería en cualquier parte del mundo. Por un momento creo que va a desaparecer, pero en lugar de eso, avanza hacia los niños y se sienta entre ellos, doblando grácilmente sus rodillas y abrazándolas como los demás pequeños.

Inspiro aire, nervioso, y pienso en cuál será mi siguiente historia.

Ésta será para Fátima.

jueves, mayo 07, 2009

Giralunas

Creo que la conversación la tuvieron a orillas del Dwat, después de hacer el amor. Fátima sostenía un giraluna en las manos, y con las uñas le sacaba las pipas, y las abría bajo su velo.

- La mayor mentira de los giralunas- decía mientras miraba la flor, redonda y azul- es que no miran siempre a la Luna, sino en dirección contraria al Sol.

- Supongo- le respondió Landelón, con el sombrero sobre el rostro- que es la señal de que en todo orden natural hay quien decide, por principio, ir contra corriente.

miércoles, abril 29, 2009

Determinismalo

"Bretaña es una región curiosa" dice la voz del Viajero en mi cabeza, con ese tono entre maestro de escuela y contador de historias que tiene cuando habla de sus viajes "para cuyos habitantes Francia es ese pequeño país entre Bretaña y Bélgica". Aquí abundan los mitos sobre Fées y Korrigans, hadas y magos y caballeros míticos, pero sin el Viajero a mi lado, he perdido la esperanza de toparme con ellos cara a cara.

Los días son cortos, constantemente amenazados por grises nubarrones que no hacen sino ensombrecer más mi ánimo. En la lejanía, un murmullo constante trae brisas marinas húmedas y con sabor a madera vieja, sal y licor barato.

Como siguiendo el mito oriental de que cada regalo contiene parte de quien lo regala, el sombrero y el pañuelo que Landelón me regaló ejercieron cierta presión sobre el azar, y terminé encontrando a quien no esperaba en el sitio más improbable. En una brasserie dentro de las murallas de St. Malo, reconocí a una figura junto al piano. Acariciaba las teclas del instrumento con aire ausente, y aunque su vista se dirigía hacia una silla vacía en la mesa de la esquina, en realidad su mirada se encontraba años atrás en el tiempo.

"Él decía ser un determinista trágico, y siempre he pensado que era más de lo segundo que de lo primero, aunque sólo fuese porque conocía el significado de tragedia, mientras que sigo sin saber qué es un determinista."

"Pero era trágico. Oh, claro que era trágico. Pertenecía a esa clase de personas que tratan de hacer su vida una historia que contar, sin importar cuál sea el coste, consciente de que toda historia debe tener sufrimiento y agonía que acompasar con el éxito y la felicidad. Ella y yo lo encontramos aquí, en St. Malo, y tuvimos la oportunidad de conocerle rápidamente y con gran profundidad. Su manera de actuar podía parecer errática, pero no lo era. Él sabía adónde le encaminaba cada paso. Sabía sembrar las semillas de su destrucción, pero también sabía dejar marchitar su cosecha. Le vimos enamorarse sólo después de asegurarse que ella terminaría abandonándole. Le vimos caminar sobre puentes que se derrumbarían a su paso por ellos. Era un experto en quemar sus naves al llegar a una costa, para saber que no habría vuelta atrás. Le vimos abandonar mujeres que lo habrían hecho feliz, sólo porque no quería conocer una vida sin preocupaciones. Decía que la vida sencilla era fácil de conseguir si se deseaba, pero una vida complicada te mantiene siempre atento, siempre despierto, siempre con algo a lo que darle vueltas en la cabeza. A ella le divertía esa forma de pensar, y por eso pasamos varios días con él antes de marcharnos de aquí. No había regresado en años, y aún recuerdo el gesto que hacía antes de beber, como ofreciéndole un trago al destino".

Brindamos con sidra bretona servida en tazas. Por el determinista trágico. Por aquellos que quieren una vida complicada.

Y en silencio, pensaba qué parte de ese determinista trágico tenía yo. Cuántos cuentos son escudos, y cuantos escudos he contado en mi vida. Pero para el final de la botella de sidra, había descubierto la diferencia entre aquel amigo del hombre del piano y yo.

El determinista quería cosas complicadas. Yo, sencillamente, las quería distintas a todo lo demás.

martes, abril 28, 2009

Decisiones

Boca arriba sobre mi cama vacía, el techo parece un mal confidente para los miedos que pueblan la soledad nocturna.

Estaba harto. Harto de seguir siendo "el becario" más allá de la duración de las prácticas, por muy ilegal que eso fuera. Harto de que Inés cometiese el mismo error vez tras vez. Harto de que Largoyconunavocal sonriese y se largase de la habitación siempre que no quería responderme a una pregunta. Harto de que el Extraño pecase de imbécil, de pura bondad. Harto de que las cosas de Tenhime siguieran ocupando rincones de mi casa, y de mi corazón. Harto de que mi hija de reyes no fuese lo suficientemente madura para reconocer qué es lo que quiere. Harto de perseguirla para que se escape una y otra vez. Harto de que Landelón no estuviese cuando más se le necesitaba.

Me di cuenta de que me había convertido en un Eilita. Landelón me había sacado alguna vez de un apuro, y desde entonces esperaba que me sacase de todos los demás. En Eilin se han levantado iglesias y escrito profecías de su retorno, razón por la cual el Viajero no tiene intención de volver a pisar ese país.

Un adagio de la ley de Murphy establece "Si ayuda a un amigo en apuros, él se acordará de usted... la próxima vez que los tenga". No pensaba caer en algo tan fácil. Era hora de arreglar las cosas con mis propias manos.

Aunque eso implicase viajar por mi cuenta.

Saldría pronto mañana. Cruzaría por San Sebastián hacia Francia. Primero Nantes, y después... Bretaña hasta Normandía. Desde Mont Sant Michel podría coger uno de los barcos para Kumei. Ya es hora de que descubra qué lleva escondiéndome ese país. De ahí, a Neral, al refugio de Fátima, y a ver si Elisa sigue con la hija pequeña del Rey de Badar. Después, ya me lo pensaría. Quizás Ishashi, quizás Badar.

Mi hija de reyes podría correr, pero no esconderse.

Bajo mi cama hay un cajón cuya forma se asemeja a la de un tuperware gigante. Dentro guardo muchos recuerdos, pero el más importante es amarillo y negro. Un regalo de Landelón, un auténtico gesto después de años de auténtica amistad, la que no siempre es buena.

Un sombrero de ala ancha, y un pañuelo amarillo.

jueves, abril 23, 2009

Amor en tres definiciones (y III)

Él la lleva a cenar frente al mar, para que luego puedan pasear. Ella recorta su paseo, para llegar antes al postre.

martes, abril 21, 2009

Amor en tres definiciones (II)

Él permite que ella reorganice y redecore todo el salón a su gusto. Ella reorganiza y redecora el salón contando con una pantalla de plasma y una videoconsola como tema central.

domingo, abril 19, 2009

Amor en tres definiciones (I)

Él la lleva a ver parques botánicos, porque sabe que a ella le gusta. Ella busca parques botánicos en las ciudades donde el mismo fin de semana juega su equipo favorito.

miércoles, abril 15, 2009

Helados y disculpas

Cuando vi a Inés frente a mi portal, titubeando ante el portero automático, me regodeé un instante en mi propia capacidad de anticipación.

- Si me ayudas - le dije, mientras le ofrecía una de las bolsas de supermercado con la compra- te comparto un cubo de helado. ¿Vainilla con nueces de macadamia, no?
- Dulce de leche. El de macadamia es el que le gustaba a Tenhime.
- Ah...- idiotaidiotaidiota- Bueno, tengo de los dos. Dime, ¿qué te trae por aquí?
- Quería... venía a disculparme.
- ¿Quién eres, y qué has hecho con Inés?
- He... hablado con el marchante.
- ¿Y qué has decidido?
- Le pregunté si no existía alguna manera de preparar mi exposición con más certeza, y sin que tuviera que acompañarle. No me importaba retrasarla si con eso conseguía que saliese mejor.
- Pero él te dijo que...
- Leyendo entre líneas, que si no me iba con él, que me despidiera de su mecenazgo.
- Y sabiendo lo que eso significaba...
- Lo mandé a la mierda. Significaba que sólo me quería para lo que me quería. Y que el Extraño tenía razón. Por eso estoy aquí.
- Llama al ascensor, anda, que no me dan las manos.

No hemos terminado de entrar en mi piso, cuando el cubo de helado ya está en manos de la artista, que entre cucharadas busca el secreto de la felicidad con ojos encharcados de pena y culpa.
- Siempre me pasa igual. Sólo me quieren por lo mismo. Los tíos son todos unos cabrones.
- Muy amable.
- No, no- se apresura a decir, frotándose con el dorso de la mano una emergente lagrimilla del rabillo del ojo- Tú eres un amigo.
- Y ellos no.
- ¿Por qué no puedo conocer a un hombre decente, Dídac?
- Muy amable, de nuevo.
- Sabes a qué me refiero.
- Conoces a varios, y no te he visto salir con ninguno.
- Es que... yo les quiero mucho, pero son mis amigos.
- ¿Acaso no te son sinceros, cariñosos, tiernos, amables, fieles...?
- Pero no tienen esa atracción, ese...
- ¿Morbo?
- No me tiran de las entrañas, ya sabes.
- Claro, y los otros sí. Normal, porque ellos van a tí atraídos por el mismo tirón. El de su entrepierna.
- ¡Lo sé! -protesta, como toda persona ante una verdad inamovible demasiado grande para tragarla de un bocado.- ¡Pero qué quieres que haga!
- ¿Hacer?. No. Decir. Dí "no". Hay hombres dispuestos a hacerte feliz, pero los espantas y hieres por no saber decir que no a tus más bajos instintos. Sí, no pongas esa cara, que sabes que tengo razón. Y sabes por tanto que la culpa es tuya, porque, Inés del alma mía- digo, llamándola por el apelativo que sé que más le molesta- encontrar al hombre adecuado es fácil, si buscas al hombre adecuado.

Enfurruñada por mi falta de tacto, y armada con la cuchara de helado de la osadía, Inés contraataca.
- Pero, ¿y si sólo busco un amante? ¿Alguien que me de...?
- ¿Cariño? No encontrarás de eso donde buscas. Más allá del revolcón, te has de sentir afortunada si te dan el beso de buenos días en lugar de la patada de "qué haces aún en mi casa". No está mal que busques un lío de una noche, un amante temporal, o alguien que se acueste contigo por puro placer, sino que luego te quejes porque te demuestren poco apego sentimental. Tú los quieres porque te tiran las entrañas, y ellos están más que contentos de darte lo que de ellos te atrae. Pero para una relación hace falta más. Confianza, compromiso. La voluntad de desear la felicidad del otro por encima de la propia.
- Hablas como el Extraño, cuando filosofa sobre la diferencia entre querer que otra persona sea feliz, y querer hacerla feliz.
- ¿Y con quién crees que estuvo discutiendo para llegar a esa conclusión?
- ¿Pero qué voy a hacer? Ojalá pudiera enamorarme de él tan fácilmente.
- ¿Te puedo ser sincero?
- ¿Acaso no lo estás siendo?
- Quiero decir, aunque duela.
- Por favor.
- Sólo cuando decidas solucionar tu problema, será cuando aparezca ante tí una solución.
- No te entiendo.

Mirando el mermado resto de cubo de helado que aún sostiene entre manos, me da tristeza de corazón confesarle:
- Rezo para que lo entiendas antes de que otra mujer lo haga.

lunes, abril 06, 2009

El Fin de Todas las Cosas

- Señores, les presento mi seguro de vida frente a la catástrofe postapocalíptica.
- La catástrofe no es postapocalíptica. El mundo sería postapocalíptico tras la catástrofe.
- Calla, Cuentacuentos. Extraño, ¿qué es esto?
- Lo que ves, Viajero, es una dinamo accionada por cinética. El girar de los engranajes mueve la bobina que, con la ayuda de un gran imán, genera energía eléctrica. En un mundo postapocalíptico, la energía eléctrica será escasa y se necesitarán generadores como éste.
- Entiendo. Pero, ¿qué mueve la bobina?
- Los engranajes.
- ¿Y los engranajes?
- Aquí, en esta sala.
- ¡Santo Dios!
- ¡Santa Madonna!
- Eso es.
- Son...
- ¡Hámsters! ¡Decenas de ellos!
- Cuando corren, cada uno en su rueda, el sistema de engranajes mueve la bobina de la sala principal. De esta forma, el movimiento que generan es aprovechado.
- Pero, ¿cómo los alimentas?
- Comprando al por mayor. De momento, la energía Hamsteril no es rentable en términos de negocio, pero tras la catástrofe, tengo electricidad suficiente para mantener un hospital. ¡Imagináos lo que daría la gente por tener un hospital funcionando!
- Estoy seguro de que ya has hecho los cálculos.
- Sí, sólo queda descubrir cuál de los dos escenarios que he calculado es el que ocurre, porque cada uno tiene una serie de factores y variables distintas.
- ¿Cómo?
- Queda descubrir si la catástrofe es un apocalipsis nuclear, o un apocalipsis zombi.
- Claro. No existen más posibilidades en el tema de los mundos postapocalipticos...

jueves, abril 02, 2009

Primavera

Salvo arrimar el hombro y mostrar apoyo, realmente hay poco que hacer con alguien hundido. Debe ser él quien encienda la chispa para avivar el fuego, y sólo cuando lo hace los demás podemos soplar para que las llamas se eleven grandes y fuertes.

Mi habitual terapia para la depresión incluye paseos y conversaciones ajenas al problema, para evadir la mente, salidas nocturnas, para desahogar el alma, y resacas dolorosas, para que el deprimido toque fondo y se reconstruya desde las cenizas. Es de sabios reconocer que no es la mejor terapia del mundo, pero siempre será mejor que ninguna.

Este caso me lleva a planetarme incluso la vericidad de mi última afirmación. En Abril, cada tarde de sol proyecta a los enamorados de Pamplona al césped del parque Yamaguchi, que se convierte en una plantación de arrumacos y besos, de hormonas y polen, hermosa para los enamorados y desagradablemente explícita para los portadores de un corazón en cenizas.

El Extraño trata de apartar la mirada de cada pareja empalagosa del parque, pero allá donde descansa su mirada hay dos jóvenes en edad del pavo dándose el lote. Antes de que le dé una arcada, Landelón trata de que vea la poesía del momento.

- Ah, Extraño, míralos. Quien los vea así diría que van a estar juntos para siempre. ¿Acaso hay algo en este mundo que una más que el amor?
- El pegamento- responde el Extraño, con un encogimiento de hombros, antes de levantarse del banco, y huir hacia el baño de cualquier cafetería.

domingo, marzo 29, 2009

Para todo aquello que no te dan

Inés llegó alegre esta mañana, bien temprano. Por su aspecto, no había pasado siquiera por su casa, ni había dormido en toda la noche. Cuando nos contó toda la historia, supuse que la excitación la había mantenido insomne, como una niña la víspera de Reyes.

Su inquietud vino bien, porque en mi piso comenzaba a respirarse un aroma espeso a desidia, a tedio y a estancamiento tal, que el hombre del piano hubiera parecido un ser risueño si la crisis no le hubiera obligado a dar clases en una academia de música para seguir pagando facturas. El hombre del piano no es alguien que disfrute rodeado de niños.

- Oh, venga- dice Inés, dando saltitos con los pies descalzos después de haber abandonado sus tacones en mi recibidor- Al menos alegraros por mí.
- Dí la verdad, Inés. ¿Segura que es lo mejor?

Por alguna razón, Landelón y yo estamos de sobra. La fuerza de la conversación entre Inés y el Extraño parece sobrepasarnos como participantes, y relegarnos al papel de observadores, o más precisamente, de atrezzo.

- ¡Es la oportunidad que llevo años esperando!
- Hombre, apariencia de eso tiene, pero... ¿Dices que este marchante es famoso?
- Es conocidísimo. En las revistas sale constantemente, aunque sea más por sus líos de faldas, pero tiene exposiciones en todos los continentes, durante todas las estaciones. ¡Y me quiere en su siguiente muestra!
- ¿Y es prudente dejar tu trabajo... todo, para marcharte a Sevilla con él? Aún no es tu exposición, no tiene necesidad de llevarte con él.
- Es para discutir detalles, elegir las mejores obras, cerrar tratos...
- Eso lo podría hacer en Pamplona.
- Abre en tres días una galería en Sevilla, y no es de la clase de hombres que cambia su agenda fácilmente.
- Me suena a intento de aprovecharse, pero no seré yo quien te impida ir.

La alegría de Inés se deshincha como un globo al soltar el nudo, solo que en lugar de sonora pedorreta, existe una furiosa respuesta.
- Claro, claro, porque todos se quieren aprovechar de mí, menos tú, ¿no?. Ves el mal en todas partes, Extraño, pero nunca miras al espejo. ¿Por qué crees que me está engañando?
- Porque no te ha hecho ningún comunicado, ni firmando ningún papel, ni te ha dicho ni cómo, ni cuándo, ni dónde es esa exposición para tí, y sin embargo ya has cenado con él llevando- hace una pausa buscando un espejo al que señalar. Cuando no lo encuentra, deja caer su dedo hacia el insinuante vestido verde oscuro que luce la Artrista- eso, y quiere que le sigas a Sevilla. Sumado a su fama, huele a concubinato desde aquí.
- ¿Y qué si lo es? ¿Acaso no puedo buscar un hombre que me llene y me hagas sentir feliz?
- No, si llenarte te llenará, pero no de felicidad- Ante la furia helada de la mirada de Inés, el Extraño recula terreno- Es un hombre de negocios, no un artista. Te abandonará y te arruinará, no sólo profesionalmente, cuando haya obtenido todo lo que pueda de tí.
- Él no es así.
- Alberto tampoco.
- ¿Quién?
- Alfonso- apunta Landelón, con cierta expectación por el desarrollo de la discusión.
- Es muy sucio que lo hayas sacado ahora. A Landelón le gustaba.
- No me caía mal, pero...
- Cállate, Viajero. Es mi decisión.
- No, si eso lo sabemos todos- dice el Extraño, recuperando el testigo- Lo que no sé es qué harás cuando se te caiga el castillo de naipes.
- Creo que estás celoso. Creo que quieres sabotear mi oportunidad, porque me perderás para siempre si me marcho a Sevilla.
- Tú no eres tan tonta. Sabes que algo no pinta bien, y no quieres reconocerlo. No me tienes que convencer a mí, pero no te engañes a tí misma. ¿Qué pasará cuando te vuelvan a partir el corazón?
- Supongo que siempre podré volver a Pamplona a remendármelo, ¿no?
- Que no te sorprenda si no estoy aquí cuando vuelvas.
- ¿Oh? ¿Te habrás ido despechado a Madrid, a buscar empleo, y así dejas de parasitar a Dídac?
- No, Inés. Pero que no me importe coser tus heridas no significa que me guste mancharme con tu sangre.
- Dijiste que siempre estarías aquí para mí. Que me harías feliz, que a tu lado nada me pasa...ría.

Los ojos de Inés se abre como platos y su expresión se congela al ser plenamente consciente de que su reproche pierde validez. A su lado.
- No te puedo proteger si te vas tan lejos.
- Y si... ¿vinieras conmigo? Podrías asegurarte de que él el sincero. Y evitarías que hiciese alguna estupidez.
- La oportunidad de dejarlo todo por seguirte adonde fueras pasó hace un año. Elegiste decir que me querías, pero que no podíamos estar juntos. Puedo ser tu amigo, Inés, pero no pienso ser un novio para todo aquello que no te dan los tíos con los que te acuestas.

Inés se encuentra en ese punto crítico entre la ira y el llando, y mirando en sus brillantes ojos juraría ser capaz de ver la balanza oscilando. Y entonces, comete una estupidez, y me mira, buscando apoyo o yo que sé el qué.

Cuando le digo con un encogimiento de hombros "ningún hombre permitiría que le hicieras eso", sale llorando de mi casa, dejando atrás sus tacones en el suelo de mi salón, y a un Extraño que se cae a pedazos por dentro en mi sofá.

miércoles, marzo 25, 2009

Un Recuerdo

En medio del paisaje de tejados de bronce que es Badar, destaca una casa pintada por completo de verde. Se eleva por encima de todos los demás edificios, rivalizando incluso con las torres del Palacio de Mármol. Los badarienses la llaman La Casa de la Esperanza.
- ¿Porque es verde?- pregunta Landelón al anciano.
- No. Porque es alta. Durante la Gran Inundación, toda la ciudad quedó completamente sumergida por las aguas del Dwat, salvo la Casa de la Esperanza, en cuyos pisos superiores un molinero afortunado guardaba toda su harina. Gracias a él, la ciudad entera pudo sobrevivir mientras drenaban las calles y todo Badar florecía de nuevo.
- Entonces, ¿por qué es verde?
- Porque durante un terremoto, dos árboles se inclinaron sobre la casa, y haciendo de contrafuertes, evitaron que se desmoronase sobre los edificios vecinos, hasta que pudieron reparar sus vigas.
- Y ahora, ¿qué harán con ella?
- No lo sé. No creo que la derriben, así que habrá que repararla de nuevo. Lo que está claro es que habrá que volver a pintarla. El incendio la ha dejado completamente negra por fuera, pero intacta por dentro.
- ¿Alguien sabe por qué es la única casa del barrio que no ha prendido?
- Sí. Porque es la Casa de la Esperanza.

lunes, marzo 16, 2009

Puntos de vista//Amistades.

Hacía quizás tres años que no íbamos a este café y, la verdad, es que no sé por qué. Nada más cruzar la puerta te asalta un intenso olor a cigarro puro, a Big Band y a Ley Seca. Muebles y barra de madera con barniz brillante, barman vestido de época y al fondo un escenario sobre el cual una banda se esfuerza por arreglar el destrozo que un cantante con ínfulas de Michael Bublé está haciendo del "Strangers in the Night" de Sinatra.

- Hay algo que no entiendo de este sitio- comienza a decir Yanroud, rascándose bajo la venda de su frente. La pregunta queda sin formular porque Landelón, repentinamente, se da media vuelta hacia la salida y deja escapar uno de esos "oh-oh" que vienen a ser la abreviatura de "Vaya, tenemos problemas". Es entonces cuando la veo acercarse, y la reconozco.

En cualquier otra situación hubiera resultado una imagen muy atractiva. No muy alta, pero estilizada, con una cascada de rizos enmarcando un rostro en forma de corazón. Quizás fueran los profundos surcos y las holgadas bolsas producto de la falta de sueño que enmarcaban sus oscuros ojos lo que le daba cierto aire de desamparo e incluso de desequilibrio mental, rompiendo la imagen de objeto de deseo y dándole cierto aire de joven quebrada por dentro.

Aquellos ojos desorbitados se clavaron en la nuca del Viajero, parpadeando incrédulos mientras se abría paso entre los clientes del local hasta llegar hasta nosotros antes de que Landelón pudiera hacer mutis por la entrada del bar.
- ¿Land...delón?- pregunta con voz rota, como si se le hubiera aparecido una Virgen u otra visión similar del Más Arriba.
El Viajero maldice por lo bajo antes de darse media vuelta y fingir sorpresa de la misma forma que cuando se pronuncia tu nombre ganador del Oscar al Mejor Actor.
- ¿Hola? ¡Hola! ¿Qué tal, cuánto tiempo, qué alegría verte?
Las tres últimas consigue que suenen como interrogaciónes, y a Yanroud se le escapa una risilla que el Extraño acalla con una mirada feroz.
- ¿Dónde has estado todo este tiempo? Te... fuiste por la noche...
- Con el amanecer, para ser exactos.
- ... y no has vuelto por aquí en... cuánto... ¿un año? ¿dos?
- Dos años y diez meses.
- ¿Y dónde has estado? ¿Por qué no volviste a por mí?
- Ehm...

Oh, ya me acuerdo. Creo que se llama Claudia, o Gloria, o algo así. No sé. Landelón la conquistó hace tiempo, y solía traerla a este local. No recuerdo cuando tiempo duraron juntos, pero llegó la mañana en la que el Viajero tuvo que partir a Tal, y desde entonces no volví a saber de ella.

- Porque... bueno, porque me tuve que ir. Sabías que lo haría.
- Te he estado esperando.
- ¿A mí?- Landelón lo dice con el tono de aquel que está reprimiendo una carcajada.
- Sabía que volverías. Siempre me decías que te tendrías que marchar a uno de esos Viajes tuyos de los que me hablabas, pero yo sabía en mi interior que regresarías, que volverías a mí...
- No... no quiero que te ofendas pero... mi vuelta no... no tiene que ver contigo.
- No te... entiendo.- la voz de la chica me recuerda cada vez más a papel viejo, ese que cruje cuando pasas las páginas del libro y que, si no tienes cuidado, se desgarra.- ¡Dijiste que jamás habías conocido a nadie como yo!
- Lo cual no significa necesariamente que seas la mejor que jamás haya conocido.

De repente el papel apergaminado se vuelve muralla de castillo. La cara de indignación de ella es el único aviso que tiene Landelón antes de que llegue, sonora como un portazo, la bofetada. Yanroud coge el sombrero del Viajero al vuelo antes de que toque el suelo. Gloria, o Claudia, se abre paso entre nosotros, rompiendo a llorar, y se pierde en el fondo de la calle. Landelón agradece secamente cuando Yanroud le devuelve el sombrero, y no es hasta que termina de acomodárselo cuando vuelve la sonrisa a su rostro enrojecido por el golpe.

- Bueno, ¿seguimos?
- ¿Y ya está?- pregunto- ¿Otro corazón roto más, y tú dices "seguimos"?.
- Ella sabía lo que había. Se lo avisé: algún día me iré. Fue ella la que quiso creer que volvería. Yo nunca le prometí tanto.
- Tus acciones quizás indicaron lo contrario.
- Y ella prefirió la historia que más le convenía, ¿no?. Ella me importaba, Dídac, ¿qué razones tenía para mentirle?
- No querrías hacerle daño.
- Mintiéndole le habría hecho más. Engañándose a sí misma es como ha terminado llorando, y yo abofeteado.
- Eres un mujeriego, como el poeta éste- dice el Extraño.
- ¿Quién?
- El de "poesía eres tú".
- Bécquer.- apunto yo.
- Ése mismo. Pues eso. Que eres un romanticón.
- No, no lo soy.- dice el Viajero- Yo no voy por ahí anhelando imposibles.
- Fátima.- dice secamente el Extraño, y por la cara del Viajero, le ha dolido más que el bofetón de Gloria/Claudia.
- No tiene nada que ver.
- Yo creo que tiene todo de ver. Te encaprichas- al ver como el Viajero tuerce el gesto, el Extraño decide cambiar de expresión- bueno, te enamoras de una mujer, la seduces, estás con ella un intervalo comprendido entre los tres y los seis meses, y cuando se agota el tiempo, ¡zas! desapareces, y ella se queda recogiendo pedazos.
- Sabes que no me podría quedar, aunque quisiera.
- Pero no resta verdad a lo que digo.
- Conozco a una mujer interesante, la hago vivir un sueño durante el tiempo que puedo, y cuando debo marcharme, se despierta. ¿Quién se enfada después de un sueño bonito?
- No se enfada, Viajero- le explico- Eso no era furia. Era tristeza. No ha vuelto a soñar desde que te fuiste.
- Ningún sueño que merezca ese nombre dura el tiempo suficiente para el soñador.
- Quizás sería mejor que el sueño no fuera tal.- argumenta el Extraño.
- Claro, una pesadilla es mucho más preferible.- ironiza Landelón.
- Dejadlo. Los dos.- corta abruptamente Yanroud.
- Pero...
- Que. Ya. Vale. El que quiera tomar algo, a la barra. El que quiera librar una batalla perdida, a la calle. Punto. No he venido a que me calentéis la cabeza.

La Autoridad Real de Yanroud sale a la luz desde el escondite donde pasa oculta la mayor parte del tiempo, y tanto el Extraño como el Viajero no tienen otro remedio que agachar la cabeza como perros tristes y adelantarse a la barra.
- Gracias por pararlos.- le comento.
- Ambos tienen razón. No se entenderán nunca.

Miro hacia la barra. Landelón está diciendo algo que hace sonreír al Extraño, quien señala un punto del escenario y su respuesta provoca una carcajada en el Viajero.
- Afortunadamente, la amistad requiere más conocer al otro, que comprenderlo.

jueves, marzo 12, 2009

Sorpresaranoias (y II)

- ¡No soy un Cylon! - grita el Viajero.
- Eso es precisamente lo que todos dicen.- replica el Extraño.
- ¿Todos? ¿A cuantos más has torturado así, condenado paranoico? ¡No existen los Cylon!.
- Eso es lo que quieren que creamos...
- ¿Quieres soltarme estas ataduras de una vez?
- ¿Y qué harás entonces? ¿eh? ¿Abrir el gas para asfixiarnos? ¿Envenenar nuestra comida? ¿Sabotear el ascensor?
- Oh, sabes tan bien como yo que no saboteo nada desde...
- ¿Desde?
- Desde que Tenhime y Dídac...
- Ah, claro.
- ¿Desde que Tenhime y Dídac qué?- noto como el corazón se me acelera y algo similar a un tentáculo de preocupación se enrosca en mis entrañas.
- Desde que Tenhime y tú rompísteis.
- ¿Y qué saboteabas entonces?
- Tus preservativos. Lo que me recuerda... Creo que deberías hacerte una prueba de fertilidad.

miércoles, marzo 11, 2009

Sorpresaranoias

El ruido de nudillos chocando con mi puerta hace que el Extraño y yo nos sobresaltemos. Extiendo la mano hacia el mando y pauso el reproductor de DVD antes de abrirle la puerta a un cansado Viajero, que se apoya jadeando en el marco.
- Hola... Dídac.
- ¿Has logrado escapar?
- Sí... antes... de llegar... a Badar... pude...
- ¿Quién es, Cuentacuentos?- pregunta el Extraño desde el salón.
- Es el Viajero- respondo, antes de girarme hacia él- Pasa, pasa, estamos viendo series en la tele.
- ¿Qué? ¡No le dejes entrar!- grita de repente el Extraño.

Cuando entramos en el salón, se ha atrincherado detrás de un sofá, y nos apunta con una rudimentaria ballesta de bolsillo desmontable que dispara bolígrafos bic. Sus ojos escudriñan atentamente a Landelón, de arriba abajo, como si no lo conociera.
- Mira a ver si tiene todas las marcas, pecas y cicatrices del Viajero.
- Para eso necesitaríais a Fátima. Creo que es la única que ha estado cerca de mi cuerpo desnudo el tiempo suficiente.
- Oh, Viajero, imagen mental no deseada.- me quejo, antes de girarme al Extraño- Es él. ¿Qué te pasa?
- No te fíes. ¿Cómo sabes que es él?
- Hm... veamos, pañuelo amarillo, sombrero de ala ancha, ojos de color ámbar, sonrisa perenne y canalla, cicatrices de la guerra de Kumei, sí, yo diría que es él.

El Extraño sale despacio desde detrás del sofá, y ocupa cautelosamente su sitio. Poco después de que el Viajero se recueste en otro de los asientos del salón, su respiración se relaja rápidamente y, en pocos segundos, se queda profundamente dormido.
- Deberíamos estar atentos.- me susurra al oído- Es imposible que Landelón haya escapado tan rápidamente del Clasificado. Creo que éste es un Cylon...

lunes, marzo 02, 2009

Esperrecuerdos

- Decidme, gente- dice el Extraño, parapetado detrás de cuatro botellines de cerveza vacíos, a una audiencia de miradas vidriosas y cansadas- ¿Qué creéis que es lo peor que puede ocurrirte en la vida?
- Tener todo cuanto querías en la vida, y perderlo.- contesta el hombre del piano, con su habitual deje de amargura en la voz.
- No lo creo- responde el ingeniero- porque al menos has conseguido en algún momento lo que querías en tu vida. Te queda al menos el recuerdo de lo que has conseguido, en lugar de la esperanza de querer obtenerlo.
- Oh, cierto. En ese caso, lo peor que puede ocurrirte en la vida es recordar cuando lo tenías todo, y descubrir que ya no te queda nada.
- Dime una cosa, hombre del piano. ¿Te queda algo que hacer en esta vida?
- No.
- ¿Y por qué cojones sigues vivo?
- Porque mientras yo viva, ella no terminará de morir.
- ¡Pero entonces te gusta recordarla!
- Y me llena de dolor.
- Supongo- dice el Extraño, mientras con un gesto pide al camarero que se acerque- que siempre será mejor que no tener nada que merezca la pena recordar.

viernes, febrero 27, 2009

El Breve adiós

Porque soy el césped bajo tus pies desnudos,
dijiste que me amabas.
¿Habrá llegado el otoño a tu corazón,
se habrán secado las gotas de rocío?

Eras el sol sobre el horizonte,
yo el mar en el que te reflejabas
queda sólo el viento frío
y los quejidos, quedos, de las gaviotas.

En tu fantasía adolescente,
me hiciste prometer
que te amaría por siempre.
¿Se me ocurrió a mí, acaso, pedirte lo mismo?

Ahora queda todo en su sitio,
la ropa nueva en el armario,
y los juguetes viejos, en una esquina,
oxidados, raídos, o rotos.

miércoles, febrero 25, 2009

Rechazamientos

- ¿Recuerdas aquella vez que te dije "Mi casa es tu casa"?
- Aham- asiente el Extraño, distraído.
- No me refería a esto.

Apartando la manta a un lado, el Extraño se calza las zapatillas de estar por casa y va caminando hasta la cocina en su pijama de franela. Regresa con un par de vasos y una botella de litro y medio de batido de fresa, y sólo cuando nos ha servido a ambos vuelve a mirarme, como esperando otra frase.

- Quería decir que siempre eres bienvenido a pasar por aquí.
- Gracias. Por eso me he pasado.
- Sí, claro. Pero llevas diez días. Estoy empezando a pensar que tendría que cobrarte alquiler.
- ¿Tú te cobras alquiler a tí mismo?
- Sí, pero la deuda se extingue por confusión- mi mordaz comentario consigue una mirada interrogativa. La jerga de abogado consigue confundir al Extraño, y por primera vez me siento con la iniciativa de la discusión.- No gano bastante para mantener el piso siempre lleno, y ahora que Largoyconunavocal se ha vuelto a Badar...
- Lo entiendo. Pero es que yo no gano ni para mantener el piso.
- ¿Cómo?
- Que estoy sin casa.

Culpable yo por bocazas, pero culpable él por no contar las cosas. Al parecer la crisis nos afecta a todos, y el Extraño ha sido el primero de todos en caer. El siguiente seguro que es un becario malpagado que pierde el tiempo escribiendo relatos.
- ¿Y qué pretendes hacer?
- Había pensado en mudarme. Badar parece lo suficientemente interesante para un ingeniero. Aunque de momento quizás vaya a Madrid. Ahí tiene que haber trabajo, seguro.
- ¿Y si es una mierda de trabajo, qué?
- Se acepta, y se hace. Mira, Cuentacuentos, esto es igual que la homosexualidad: que es igual de absurda que la heterosexualidad.

Me pilló. De nuevo, una frase lapidaria que requiere que le mire de forma interrogante, para que él pueda darse el gustazo de explicármela. Parpadeo perplejo. Él sonríe, y dice:
- De optar por algo, lo mejor es la bisexualidad. Que bastante mal está de cariño este mundo, como para ir rechazando el de todo un sexo.

domingo, febrero 22, 2009

Nos vemos... pronto

Y San Pedro no sólo le esperaba con la puerta abierta, sino que le había tendido una alfombra roja y la acompañaba comentando, feliz, que no todos los días podían celebrar la llegada de alguien tan querido en la tierra como en el cielo.

lunes, febrero 16, 2009

de Soledades y Agonías.

Apago la televisión con el mismo gesto que quien aprieta un gatillo.
- No me lo creo- sentencio.

Habíamos estado viendo un serie en la que el fantasma de un escritor afirmaba que necesitaba ser un alma torturada y solitaria para poder escribir auténticas obras de arte. Sin embargo, dicho fantasma se veía vacío al haber abandonado a su familia para intentar acabar otra novela de éxito.
- ¿Qué es lo que no te crees?- pregunta Inés desde el otro lado del sofá.
- Eso, que haya que ser un corazón solitario en la agonía para escribir bien.
- Hombre, los sentimientos desgarradores aportan mucha inspiración. Los traumas dan temas, el conflicto interior... el caos es el núcleo de la creatividad.
- Lo siento, pero sigo sin creérmelo. Se puede ser un buen autor sin ser un traumatizado por la vida.
- Herman Hesse, Isabel Allende, Thomas Berhardt o García Márquez, todos han pasado algo agónico y torturado en sus vidas. Seguro que hasta Coelho tiene algo oscuro en su pasado.
- Coelho es idiota y lo sabes.
- No deberías insultar a gente conocida. Recuerda lo que le pasó al Viajero cuando insultó a Málevich.
- Dice que aún le duele cuando hace frío.
- Pero tienes que reconocer que es mucho más difícil escribir drama si tú mismo no estás, o has estado, inmerso en uno.
- ¡Por favor!- grito indignado- Acabas de reconocerlo. "Mucho más difícil" no es "no se puede". La gente solitaria y agónica simplemente toma un atajo, le resulta más fácil, porque a través de esos escritos tratan de liberarse a sí mismos.
- ¿Y los que no lo son?
- Esos... esos tienen mucho más mérito, porque siempre es fácil hablar de soledad y agonía cuando estás sólo y torturado. Pero conseguir transmitir unos sentimientos que el autor no ha llegado a sentir nunca... eso, eso es el súmmun de la literatura.

Inés calla, vencida. Gatea por encima de los sofás hasta alcanzar su bolso, y, con él en la mano se sienta a mi lado. Antes de que llegue a preguntarme qué pretende, saca rápidamente un afilado tenedor de su bolso y apuñala con él mi pantorrilla. Grito más por la sorpresa que por el dolor, y luego gimo más por el dolor que por la sorpresa, mientras lo saco de un tirón. Afortunadamente, la herida no es profunda, pero sí lo suficiente para empezar a sangrar.
- ¿Qué demonios estás haciendo?
- Ala, ya sabes cómo se siente cuando te apuñalan. Acabo de impedir que en el futuro escribas una obra maestra de la novela policiaca. ¡Ja!

Mientras cojeo hasta el baño en busca de gasas estériles, dos pensamientos cruzan mi mente. En el primero me prometo a mí mismo escribir esa novela, pero hacer que el asesino, en lugar de apuñalar, estrangule a sus víctimas. Con cuerdas de piano, por ejemplo.

En el segundo me pregunto por qué lleva Inés un tenedor en el bolso, fuera de apuñalar Cuentacuentos con él.

jueves, febrero 05, 2009

Sacrificiones

- Perdona, Dídac- me asalta Largoyconunavocal durante la cena- pero, ¿por qué dejó Yanroud de robar mientras estaba con Elisa?
- Porque sentía que ya tenía todo lo que podía desear en esta vida. Supongo que ese momento nos llega a todos tarde o temprano.
- ¿Incluso a Landelón?
- Por el bien de Fátima, me veo obligado a creer en ello.

Pero si estuviese aquí el Extraño, pienso, él te diría que el mayor problema de Fátima no es que ame al Viajero, sino que se niegue a viajar con él. Igual que el problema del Viajero no es que tenga que viajar, sino que no quiera viajar adonde debe ir Fátima.

Si estuviese aquí el Extraño, te diría que el mayor problema es que la gente ya no sacrifica nada por nadie.

lunes, febrero 02, 2009

Deseos

Me prometiste darme todo lo que deseaba en esta vida.

Quizás tratabas de decirme que no deseaba nada en absoluto.

Jugadores

El Extraño dijo una vez:

"Si la vida es un juego de rol, el máster se ha currado mucho la partida.

Si la vida es un juego de mesa, el tablero es acojonante.

Si la vida es un juego de cartas... tengo una mala mano."

jueves, enero 29, 2009

Igualitarismos

Siguiendo la línea del microclima aleatorio de Pamplona, el día había salido soleado y cálido, más propio de abril que de invierno, y Largoyconunavocal me había arrastrado al exterior con la excusa de que "tengo que tomar el aire". Accedí con la condición de que además del aire, compartiésemos una bolsa llena de chucherías sentados en medio del parque.

El Extraño, que se había unido a nosotros movido mayoritariamente por el aburrimiento, soltó un largo suspiro y destrozó el momento como un niño arroja piedras a una vidriera.
- La búsqueda de la igualdad de las mujeres es una de las metas más absurdas de la Humanidad.

Soy afortunado, y la frase pilla a la fémina de la conversación con la boca llena de gominolas, así que sólo puede gruñir algo que se parece a un "¿Qué?" antes de que yo trate de salvar el día y el cuello del estúpido de mi amigo a tiempo.

- Venga, va, Extraño, explícanos por qué.
- Mira allá.

Un grupo de jovencitas. No tendrán más de veinte años. Zapatitos de tacón, collares de perlas falsas. Bolsos casi idénticos, todos con un emblema de un osito de peluche tullido. Un chal de colores chillones a modo de bufanda.

- Ahá... ¿Y?
- Mira también allá.

Otro grupo de jovencitas. Dos o tres años mayores que el otro grupo. Zapatitos de tacón, collares de perlas falsas. Bolsos con emblema de osito tullido, chal a modo de bufanda.

- Aaah, las mujeres- suspira el Extraño- Tanto afán por ser iguales, y ahora no consigo distinguirlas...

martes, enero 27, 2009

Apariencias

Cuando viajamos juntos a la Corte de Tal, Landelón sedujo a una mujer alta, estilizada, de piernas largas y delgadas y una adorable cascada de rizos rubios que le cubría toda la espalda, y se marchó con ella del brazo por las calles de la ciudad. No volví a ver al Viajero hasta la noche siguiente, cuando llegó al sitio donde nos alojábamos con la camisa desgarrada y la espalda cubierta de arañazos, algunos de ellos recientes. Tenía un ojo amoratado, y el labio partido, pero mantuvo su sonrisa socarrona mientras me confesaba, literalmente:

"La gente que afirma que el veneno se vende en frasco pequeño nunca ha intentado beberse el suavizante".

jueves, enero 22, 2009

Afirmación de Coit y Murphy sobre el poder del pensamiento negativo

Es imposible que un optimista se sorprenda agradablemente.

Limpiezas

- ¿Qué es esto, Dídac?

Cuando Diana Laguna decidió acompañar al Clasificado de vuelta a Badar, pensé que Largoyconunavocal regresaría con ellos, pero la enfermera de rizos revueltos decidió quedarse un rato más conmigo, y ayudarme a reordenar todo el piso. Según ella, tenía que librarme de mucho más que las pelusillas que se acumulaban en las esquinas del salón.

- ¿Eso? Oh, son páginas de un libro sobre artefactos de leyenda, que Landelón robó de Estorgar hace tiempo. Échales un vistazo, algunas son de lo más romántico.
- ¿Winterless Rose? He oído hablar de ésto...
- Ah, sí. Una rosa de cristal, la Sininvierno. Puede que Yanroud te hablase de ella. Es toda una metáfora echa joya: un tallo de cristal verde con espinas, por lo del refrán...
- ¿Refrán?
- "Que no te den rosa sin espinas, ni amor sin dolor". Y los pétalos de cristal rojo intenso, que nunca se marchitan. Toda una metáfora. Se dice que es un regalo de reyes, pero en realidad es un regalo de amante.
- ¿Y Landelón la busca?
- Oh, sí. Fátima no lo sabe, pero el Viajero ha peinado el mundo en busca de ese artefacto. ¿Hay más, verdad? Ya no recuerdo ni la mitad de ellos.
- Pues está...- la sanadora hojea las páginas amarillentas, mientras yo termino de barrer el suelo y vacío el recogedor en el cubo de la basura-... la filacteria de A'Zhul'On, el alma de Qelvar, el Corazón de Ceniza...

Sonrío en el recuerdo de la breve aventura que Yanroud, el Viajero, y yo compartimos en la búsqueda del Corazón. Quizás gran parte de mi amistad con el Mejor Ladrón del Mundo se la debo a ese trasto inútil.
- No es de ceniza, realmente, sino de hielo. También andamos tras él una temporada. Se supone que está en una pasadizo bajo el Templo de las Sumergidas. Yanroud tiene planeado asaltarlo y robarla en cuanto consiga una Caja de lo Imposible donde conservarlo.
- ¿Otro regalo de amante?
- Es más bien un signo de esperanza. Se le atribuye una leyenda acerca de una curación milagrosa en Neral, una historia con sirenas de aire, rosas azules, príncipes extranjeros y... bueno, es largo de explicar.

Los ojos de la sanadora se detienen al pasar al siguiente pliego.
- ¿La estrella del Viajero?
- Oh. Ésa. Triste pero cierto, ese artefacto está definitivamente perdido. La guerra de Kumei se llevó la vida de su dueña y nunca pudimos encontrar la joya. Quizás la tenga algún saqueador, o fuese destruida durante la guerra.
- ¿Perdisteis mucho durante la guerra?

Asiento con la cabeza. Podría pararme a pensar y enumerar la larga lista de personas a las que no volvería a ver, los sitios que no volvería a visitar, y las cosas que no volverían a ser las mismas tras la guerra, pero aún se me hace doloroso. Supongo que Largoyconunavocal lo notó en mis ojos, y volvió a los folios ajados y viejos, para cambiar de tema.
- ¿Qué es la Hoja de Plata? ¿Un arma?
- No, no. Es precisamente lo que dice: una hoja de plata. Existe un árbol mitológico, similar a las Frésulas de Kumei, cuyas hojas son de plata pura. En teoría, solo aquellos cuyo abandono de sí mismos es tan grande que prefieren la felicidad ajena a la propia son capaces de recoger las hojas frescas. Por eso se ven tan pocas.
- ¿Has visto alguna?
- No- miento- no, sólo me han hablado de ellas.

Dejo a un lado la escoba, y continúo metiendo trastos de Tenhime en cajas de cartón. Largoyconunavocal tenía razón en que aún me tengo que librar de muchas cosas. Cojo un pequeño joyero adornado con repujados de cuero, y lo deposito, sin mirar su contenido, en el último hueco de la caja que estoy rellenando. Mientras la cierro firmemente con cinta adhesiva, me prometo quedarme sólo con aquello que me haga sonreír, que para llorar siempre se encuentran razones.

lunes, enero 19, 2009

Cacería con poca munición

Sentado en un banco en el parque frente a mi piso, disfrutaba de un momento de soledad y paz, mientras el intenso frío de Pamplona practicaba la acupuntura en el interior de mis pulmones con cada suspiro que daba.

Me sentía extrañamente agobiado en mi hogar. Mi piso siempre había sido un hostal improvisado para personalidades de todo tipo, y albergar en mi casa a gente como Diana Laguna o el Clasificado me reportaba cierto enriquecimiento personal. No obstante, tras casi dos meses ininterrumpidos de tenerlos parasitando mi piso, empezaba a pasar un apuro. Además, Landelón había dejado de aparecer sorpresivamente, para evitar al Capa Plateada.

- Pssssst... Dídac- hablando de lo cual, Landelón apareció desde mi espalda, sentándose a mi lado y quitándose rápidamente el sombrero- ¡Rápido, ocúltame!.
- ¿Miedo del Clasificado?
- No, de ella.

El dedo extendido del Viajero conecta mi mirada con una joven mujer que oteaba el horizonte, aparentemente desorientada, con toda certeza en busca de un pañuelo amarillo y un sombrero de ala ancha.
- ¿Quién es?
- Bueno, tenía que encontrar dónde dormir. No me llevo muy bien con tu nuevo compañero de piso.
- ¿Y?
- No la soporto más. Es una chica Halley.
- ¿Como el cometa?
- Sí. Para verla una vez cada cincuenta años está muy bien, pero tenerla todo el día encima es abrasador.
- Joder, Viajero... ¿Y por qué no le dices que quieres más espacio?
- Bueno, huir de ella es más efectivo. No tendía que esforzarme en parecer sensible, y descarta la posibilidad de que ponga ojitos y me haga cambiar de opinón.

Tras Landelón, al otro lado del parque, veo al Clasificado venir caminando hacia nosotros con cierto aire indiferente. Cuando se dice que no hay mal que por bien no venga, se les olvida decir que sigue habiendo un mal en el proceso, y por tanto alguien tiene que salir perdiendo.
- Puedo librarte de ella, Viajero.
- ¿De verdad?- la ilusión de Landelón dura el tiempo que tarda en darse la vuelta y ver al Capa Plateada acercarse calmadamente.- Oh. Ya veo. Sí, lo entiendo.
- Piénsalo como elegir el menor de dos males.
- ¡Eso sigue siendo elegir el mal!
- Pues como emplear un problema para solucionar otro.
- Me sigue quedando un problema que solucionar.
El Capa Plateada está cada vez más cerca. En el fondo de mi mente comienza a sonar la banda sonora de "Tiburón".
- ¿Como matar dos pájaros de un tiro?
- ¿Y si resulta que soy uno de los pájaros?
La chica ha localizado a Landelón, y comienza a cruzar el parque tan deprisa como sus femeninos tacones le permiten.
- Así tendrás libre el sofá la próxima vez que vengas.
- Eso será si vuelvo. En fin...

Landelón se pone en pie, con un resignado encogimiento de hombros, y da dos pasos en dirección al Capa Plateada, que le mira con una pregunta en sus ojos. Landelón asiente con la cabeza. La chica llega corriendo a su lado en el mismo momento en que el puño del Clasificado golpea como una serpiente de cascabel, noqueando al Viajero de un solo impacto. Mientras se lo echa inerte sobre el hombro, la joven Halley se lleva una mano a la boca, como silenciando un grito de horror.

El Clasificado muestra una placa identificativa a la chica y murmura un "Guardia Badariense. Siga circulando". Yo sonrío al contemplar a la petrificada chica mirar con ojos desencajados como se llevan a su obsesión a cuestas, como si no pesase nada. Me he quitado un parásito de encima, y ganado al mismo tiempo una buena razón para volver a Badar.

Oh, sí. He sido yo quien ha matado dos pájaros de un tiro.

sábado, enero 17, 2009

Porque la quería

Cortesía de J.M. Serrat,
que sí debe saber de lo que habla.

Porque la quería, no quiso papeles
ni hacer proyectos con vistas al futuro,
no confiaba en él y quiso estar seguro
que cotidianamente tendría que ganarla
con el sudor de su frente

Porque la quería, no quiso con ella
hacer un nido en donde abandonarse
no confiaba en él
y quiso asegurarse

Porque la quería, por no despertarla
dejó de dirigirle la palabra
No confiaba en él
ni se atrevió a cambiarla

Y puso en pie de guerra
su buena fe y sus sentidos,
por llegar a conocerla

Porque la quería
se fue para siempre,
quiso poner a salvo aquella imagen,
no confió en ella
y quiso asegurarse

jueves, enero 15, 2009

Fetichajes

- Dídac, ¿sabes que a partir de las doscientas cincuenta páginas de fetiches, el Word se cuelga?
- No puede ser. Yo nunca he tenido ningún problema, y he escrito relatos de más de doscientas cincuenta páginas .
- Sí, pero ¿de fetiches?

Se hizo un silencio incómodo, como si hubiéramos empezado la conversación dos cervezas antes de lo adecuado. Ante la falta de participación del Clasificado, que trata de terminarse su botellín de un trago, el Extraño opta por indagar en terreno cenagoso ajeno.
- Oye, chica de Badar... ¿tú tienes alguno?
- Extraño,- dice Largoyconunavocal, queriendo evitar el tema- que la curiosidad mató al gato...

El Extraño se miró los brazos con curiosidad, se tomó el pulso y apoyó la palma de su mano en el lateral izquierdo del pecho, para notar los latidos de su corazón.
- Pues no estoy muerto, ergo, no soy un gato. Y bien, ¿tienes algún fetiche?

miércoles, enero 14, 2009

Patinabrazamientos

Cuando el timbre de mi portero automático suena, el Extraño se levanta del sofá como si le hubieran accionado algún resorte. Voluntariamente se acerca al interfono y pregunta quién es, mientras comienzo a preguntarme si estará ocultándome algo. No es de la clase de persona que se levanta del sofá para abrir puertas ajenas salvo que esto esté dentro de sus planes. En el momento en que coge su abrigo de la silla donde lo había dejado, sé que efectivamente se trae algo entre manos.

- Me voy- dice, lacónicamente. Parece que todo se pega menos la belleza, y el Clasificado comienza a acumular tardes de sofá y conversación con nosotros.
- ¿Adónde, si se puede saber?
- No es eso lo que realmente quieres preguntarme. Quieres preguntarme por qué me he levantado a abrir la puerta, y por qué he cogido el abrigo cuando mi suposición de que era Inés se ha demostrado correcta.
- Anonadado quedo de tu poder de deducción. ¿Y adónde te vas con Inés?
- A la pista de hielo. La cierran hoy, y quería aprovechar esta última oportunidad de ir con ella.

No me lo puedo creer. El Extraño es bastante desgarbado y torpe, y no destaca por sus grandes reflejos físicos ni por una extraordinaria musculatura. De hecho, posee lo que se conocía en la universidad por "un culo de ingeniero", desarrollado en jornadas lectivas de diez horas, largas tardes de prácticas en laboratorios de programación, y extensas charlas en sillas poco ergonómicas. Nunca ha tenido problema en reconocer su desventaja atlética, generalmente antes de un mordaz comentario acerca de su falta necesidad de cubrir la autoestima con capas de musculatura. Esto provoca que no se dedique al deporte si puede evitarlo, más aún si tenemos en cuenta los mínimos de equilibrio y coordinación que exige el patinaje sobre hielo.

- ¿Te llevas a Inés a patinar? ¡Pero si tú lo odias!
- Sí, pero nadie se abraza a tí con tanta pasión como cuando está sobre una superficie resbaladiza.

martes, enero 13, 2009

Ambición

Quiso comerse el mundo, y descubrió tarde que era alérgico.

jueves, enero 08, 2009

Una pequeña ayuda

Volviendo a casa por mi camino habitual, aflojo el paso un segundo para poder contemplar la maravilla nevada que es el Parque Yamaguchi en invierno. Los niños de la escuela que hay al lado de mi casa se escapan del agarre de sus madres para poder correr sobre el césped cubierto de blanco, trayéndome recuerdos de cuando yo tenía su edad. Se me escapa una sonrisa en el momento en el que mi sentido arácnido me indica que me agache.

Miento. No tengo sentido arácnido. El impacto es directo, tres dedos por encima de mi nuca. El proyectil se fragmenta, y noto resbalar, helada, la nieve por mi cuello hasta colarse por debajo de mi jersey. Mi temperatura corporal baja una décima. Me cago en los muertos de alguien.

El girarme, veo otro proyectil blanco apuntado a mi cabeza, pero en esta ocasión logro apartarme a tiempo. Landelón me señala desde detrás de unos arbustos, riendo alegremente y celebrando su impacto a traición.

No me lo puedo creer que haya sido tan ingenuo. ¿Una guerra de bolas de nieve, aquí, en Yamaguchi? ¿Justo a la hora en la que los niños salen del colegio? Habría que estar loco.

Cuando veo que la mujer de mi vida, mi sobrina, se sitúa sigilosamente tras el Viajero con los puños llenos de nieve, sonrío malignamente, como el Señor Malvado que se Esconde.

Landelón es astuto. Al verme sonreír, se da media vuelta y arroja un puñado de nieve a ciegas en dirección a Helena, sin impactar sobre ella pero haciendo que huya corriendo hacia donde están el resto de los niños de su edad. Se encara hacia mí en un intercambio de bolas de nieve en el que llevo todas las de perder: Landelón es mejor arrojando cosas, y ya lleva un bolazo de ventaja.

- Oh, Dídac… me decepcionas – dice, mientras esquiva mi propio proyectil - ¿De veras creías que una niña podría ser una valiosa aliada contra un enemigo de mi talla?
- Una no, Viajero. Pero media docena sí.
Landelón vuelve a mirar a su espalda con un indicio de terror en sus ojos. Helena ha regresado con siete niños más, amigos suyos de patio de colegio, todos ellos empuñando nieve en esferas y mirando con gesto travieso al Viajero.
- Apuntad bajo el sombrero, muchachos- dice Helena- Sin piedad.

Es cierto. Allá donde no llega un hombre, no debe temer pedir ayuda. Por muy pequeña que sea, en la cantidad necesaria es capaz de derribar cualquier problema.

miércoles, enero 07, 2009

Epielogios

Recoger después de Reyes es algo agotador. Retirar los envoltorios de los regalos, el espumillón de las paredes, el árbol de navidad, el belén, los papanoeles de chocolate... Todo aquello que sólo se usa quince días al año va a parar a la "Caja de Navidad" del trastero, y hasta el año que viene.

Este año ha sido distinto, principalmente porque, en ausencia de Tenhime, (quien tradicionalmente ponía la ilusión por la decoración) fue Largoyconunavocal la que, llena de alegría infantil, llenó mi hogar de adornos. Diana Laguna fue arrastrada por ella en el torrente de espíritu navideño y pronto se vio colgando bolas de vidrio en un abeto de plástico, y sacando mi pequeño belén y colocándolo con delicadeza en una de las baldas del armario del salón, convenientemente vaciado para dicha función. Con la carisma y la persuasión habitual en el sexo femenino, consiguieron del Clasificado toda cooperación necesaria, mientras yo iba y venía del supermercado, haciendo acopio de provisiones.

Para qué engañarnos. Hace años que el sentido de estas fechas es dar y recibir regalos, y comer hasta reventar. En ocasiones me detengo a investigar dónde se perdió la magia. En qué momento la gente perdió el norte de una celebración que no tiene por qué ser cristiana para ser mágica. La gente se aferra a razones tales como "Dicen que es la época de las buenas intenciones. ¿La gente no es buena el resto del año?" o esgrimen durísimos argumentos entre los que figuran la pobreza y el hambre, la desigualdad patrimonial existente en el mundo, y los arrebatos consumistas.

No quiero negar que no tiene por qué gustarle la Navidad a todo el mundo, pero ahora que ha acabado, me acuerdo de por qué me gusta a mí: porque son una excusa.

Son una excusa para estar con tus seres queridos, sean familiares o amigos. Una excusa para mostrar afecto de forma gratuita, o a través de sueños envueltos en papel de regalo. Una razón, barata o no, para juntarte alrededor de una mesa y ponerte al día de las cosas que han acontecido. Para confesar vicios o hacer propósito de enmendarlos. Para renovar sueños. Para recolectar sonrisas ajenas, y sembrar unas cuantas propias.

¿Se puede hacer todo eso en cualquier momento del año? Sí. Pero por alguna razón, en Navidad es distinto. Es como si todo el mundo se pusiera de acuerdo en que AHORA es el momento. Una especie de mente colmena de cariño.

A pesar de todo aquello, eché en falta a Tenhime este año. Su pequeña figura entre mis brazos por última vez en el año, tomar las uvas mirándonos a los ojos, su blanca sonrisa al desenvolver sus regalos. Pero tuve regalos. Muchos más de los que podría desenvolver. La risa de Largoyconunavocal, Diana Laguna bromeando con una copa en la mano, el Clasificado tambaleándose por el alcohol mientras caminaba hacia el servicio, el Extraño explicando cómo hacer cúbico un polvorón y por qué esa forma es la más correcta...

Me faltó Tenhime, pero hubo excusas para sonreír, y no las desaproveché.

lunes, enero 05, 2009

Cárceles

- ¿Hola? ¿Me oyes?
- No parece que lo haga. Lleva así desde que llegó.
- ¿Alguien sabe cómo se llama?
- No llevaba documentación encima, ni tarjetas, ni móvil, nada. La llamamos Alicia, porque a ella va dedicada esto que encontramos en su bolsillo.
- Mmmmh. No está mal, pero a mí me gustan más los sonetos...
- Si usted lo dice. Yo no me dedico a leer poesía.
- Bueno, por lo visto ella sí. O al menos lo hacía antes...

Ella apenas escucha la conversación. En su mundo es algo que ocurre lejanamente, como si existiese una enorme muralla entre ellos y el lugar donde aún se encontraba.

"Ven- recuerda que le dijo el Carcelero- Te haré libre"

Así que ella, prisionera de la vida real, de la rutina, de la Declaración de Hacienda, el pago de facturas, la infidelidad y la traición, le dio su mano al Carcelero, y selló su destino.

De su mano, entró en el ascensor. Bajaron cinco pisos, pero al abrirse las puertas, él la retuvo. "No es aquí donde vamos". Pasado el tiempo de rigor las puertas se cerraron. El Carcelero murmuraba algún maleficio que ella no llegó a entender. Después apretó el botón que abría de nuevo las puertas del ascensor, y ella supo que había cumplido su promesa.

La hierba, verde y brillante como esmeraldas sembradas por doquier crecía desde el primer paso que daba fuera del ascensor. Los almendros seguían en flor, sembrando alfombras blanquirrosadas sobre la llanura verde, que invitaban a arrojarse sobre ellas y rodar descontroladamente.

Antes de que ella pueda salir corriendo del ascensor, el Carcelero la señala de arriba abajo. "Así no puedes entrar. Los demás sabrían que acabas de llegar, y podríamos meternos en un problema. Ten, ponte esto"

De forma que ella se descalza y se libra de su ropa. Se desprende de sus joyas, pendientes, anillos, y se desliza dentro del camisón de seda que le tiende el Carcelero, notando su suave contacto contra su piel. El Carcelero hace un montón con sus pertenencias, colocando en la cima la ropa interior y las joyas, y lo empuja a una esquina del ascensor.

"¿Lista? Vamos allá"

De la mano del carcelero de nuevo, saltan al césped, pero cuando sus pies rozan el suelo, se hunde en él, cayendo a un profundo vacío. La caída libre dura unos segundos, hasta que de repente se frena, llegando a ser tan suave como la de una pluma. Aterriza ella descalza en una alfombra de suave pelo marrón, como el pellejo de algún mamífero. Arrastrando ahora del brazo al Carcelero, ella se lanza rodando por el suelo, notando como el pelaje le hace cosquillas en la piel incluso a través del camisón. Se desliza cuesta abajo por una loma, y se sorprende caminando sobre una playa de guijarros.

Agotada, se sienta en la orilla y deja que las olas trepen hacia ella, mojando sus pies y sus nalgas. El agua está fría pero transparente, y aporta cierta sensación de pureza.


El Carcelero, tras ella, le tapa los ojos con las manos mientras, en su suave susurro sibilante, le pregunta: "Sinceramente, ¿sientes que aquí sentada sencillamente serías siempre feliz?"
"Sí, lo sería- responde ella- pero sólo después de vivir grandes aventuras que recordar cuando mis dedos se arrugasen y mis fuerzas se perdiesen"
"Allá vamos de aventuras, entonces"

Más allá de esas colinas está Benus, donde recogeremos Mimosas que nos acaricien con sus flores. Ahítos de amor gratuito, nos iremos a Kumei a buscar Frésulas, y cenaremos frutas bajo sus brillantes hojas multicolor. Pararemos en Neral, para cubrir tu piel desnuda de torques, collares y joyas, todas luminosas y resplandecientes como tú. Bordearemos Badar por la costa, para que veas sus cúpulas de bronce brillando al atardecer, y subiremos por el Dwat en alguna de las Almadías de los Habitantes del Río. En Tal haremos el amor en camas con dosel de seda, envueltos en caricias y sábanas tan suaves como el roce de unos labios. Cuando pasemos por Ishashi, nos bañaremos desnudos en sus cataratas, y reiremos jugando con los Porcodrilos. Cuando regresemos aquí, tus pies no ansiarán más viajes, y tu corazón está repleto de recuerdos para cuando tus dedos se arruguen y tus fuerzas se pierdan.
"¿Cuánto tiempo viajaremos?"
"Caminaremos siguiendo el sol, de forma que nuestros días no acaben nunca, y nuestras noches durarán días. Entonces... ¿vienes?"

Y ella, dispuesta a vender su vida por un sueño, agarró la mano que el Carcelero le extendía, y selló su destino.

- Parece que no tiene respuesta refleja.
- ¿Sigue con nosotros?
- Sí, sí, al menos en parte. Ponerle una vía con suero y vigilad sus constantes vitales, por si sufrieran alguna clase de cambio. Y si ocurriera algo, avisadme en seguida.
- Como diga, doctor.
- Pobre chica. A saber qué infierno ha pasado para quedar atrapada en su cabeza.

Pero en su sueño, ella reía libre entre los almendros.