jueves, enero 29, 2009

Igualitarismos

Siguiendo la línea del microclima aleatorio de Pamplona, el día había salido soleado y cálido, más propio de abril que de invierno, y Largoyconunavocal me había arrastrado al exterior con la excusa de que "tengo que tomar el aire". Accedí con la condición de que además del aire, compartiésemos una bolsa llena de chucherías sentados en medio del parque.

El Extraño, que se había unido a nosotros movido mayoritariamente por el aburrimiento, soltó un largo suspiro y destrozó el momento como un niño arroja piedras a una vidriera.
- La búsqueda de la igualdad de las mujeres es una de las metas más absurdas de la Humanidad.

Soy afortunado, y la frase pilla a la fémina de la conversación con la boca llena de gominolas, así que sólo puede gruñir algo que se parece a un "¿Qué?" antes de que yo trate de salvar el día y el cuello del estúpido de mi amigo a tiempo.

- Venga, va, Extraño, explícanos por qué.
- Mira allá.

Un grupo de jovencitas. No tendrán más de veinte años. Zapatitos de tacón, collares de perlas falsas. Bolsos casi idénticos, todos con un emblema de un osito de peluche tullido. Un chal de colores chillones a modo de bufanda.

- Ahá... ¿Y?
- Mira también allá.

Otro grupo de jovencitas. Dos o tres años mayores que el otro grupo. Zapatitos de tacón, collares de perlas falsas. Bolsos con emblema de osito tullido, chal a modo de bufanda.

- Aaah, las mujeres- suspira el Extraño- Tanto afán por ser iguales, y ahora no consigo distinguirlas...

martes, enero 27, 2009

Apariencias

Cuando viajamos juntos a la Corte de Tal, Landelón sedujo a una mujer alta, estilizada, de piernas largas y delgadas y una adorable cascada de rizos rubios que le cubría toda la espalda, y se marchó con ella del brazo por las calles de la ciudad. No volví a ver al Viajero hasta la noche siguiente, cuando llegó al sitio donde nos alojábamos con la camisa desgarrada y la espalda cubierta de arañazos, algunos de ellos recientes. Tenía un ojo amoratado, y el labio partido, pero mantuvo su sonrisa socarrona mientras me confesaba, literalmente:

"La gente que afirma que el veneno se vende en frasco pequeño nunca ha intentado beberse el suavizante".

jueves, enero 22, 2009

Afirmación de Coit y Murphy sobre el poder del pensamiento negativo

Es imposible que un optimista se sorprenda agradablemente.

Limpiezas

- ¿Qué es esto, Dídac?

Cuando Diana Laguna decidió acompañar al Clasificado de vuelta a Badar, pensé que Largoyconunavocal regresaría con ellos, pero la enfermera de rizos revueltos decidió quedarse un rato más conmigo, y ayudarme a reordenar todo el piso. Según ella, tenía que librarme de mucho más que las pelusillas que se acumulaban en las esquinas del salón.

- ¿Eso? Oh, son páginas de un libro sobre artefactos de leyenda, que Landelón robó de Estorgar hace tiempo. Échales un vistazo, algunas son de lo más romántico.
- ¿Winterless Rose? He oído hablar de ésto...
- Ah, sí. Una rosa de cristal, la Sininvierno. Puede que Yanroud te hablase de ella. Es toda una metáfora echa joya: un tallo de cristal verde con espinas, por lo del refrán...
- ¿Refrán?
- "Que no te den rosa sin espinas, ni amor sin dolor". Y los pétalos de cristal rojo intenso, que nunca se marchitan. Toda una metáfora. Se dice que es un regalo de reyes, pero en realidad es un regalo de amante.
- ¿Y Landelón la busca?
- Oh, sí. Fátima no lo sabe, pero el Viajero ha peinado el mundo en busca de ese artefacto. ¿Hay más, verdad? Ya no recuerdo ni la mitad de ellos.
- Pues está...- la sanadora hojea las páginas amarillentas, mientras yo termino de barrer el suelo y vacío el recogedor en el cubo de la basura-... la filacteria de A'Zhul'On, el alma de Qelvar, el Corazón de Ceniza...

Sonrío en el recuerdo de la breve aventura que Yanroud, el Viajero, y yo compartimos en la búsqueda del Corazón. Quizás gran parte de mi amistad con el Mejor Ladrón del Mundo se la debo a ese trasto inútil.
- No es de ceniza, realmente, sino de hielo. También andamos tras él una temporada. Se supone que está en una pasadizo bajo el Templo de las Sumergidas. Yanroud tiene planeado asaltarlo y robarla en cuanto consiga una Caja de lo Imposible donde conservarlo.
- ¿Otro regalo de amante?
- Es más bien un signo de esperanza. Se le atribuye una leyenda acerca de una curación milagrosa en Neral, una historia con sirenas de aire, rosas azules, príncipes extranjeros y... bueno, es largo de explicar.

Los ojos de la sanadora se detienen al pasar al siguiente pliego.
- ¿La estrella del Viajero?
- Oh. Ésa. Triste pero cierto, ese artefacto está definitivamente perdido. La guerra de Kumei se llevó la vida de su dueña y nunca pudimos encontrar la joya. Quizás la tenga algún saqueador, o fuese destruida durante la guerra.
- ¿Perdisteis mucho durante la guerra?

Asiento con la cabeza. Podría pararme a pensar y enumerar la larga lista de personas a las que no volvería a ver, los sitios que no volvería a visitar, y las cosas que no volverían a ser las mismas tras la guerra, pero aún se me hace doloroso. Supongo que Largoyconunavocal lo notó en mis ojos, y volvió a los folios ajados y viejos, para cambiar de tema.
- ¿Qué es la Hoja de Plata? ¿Un arma?
- No, no. Es precisamente lo que dice: una hoja de plata. Existe un árbol mitológico, similar a las Frésulas de Kumei, cuyas hojas son de plata pura. En teoría, solo aquellos cuyo abandono de sí mismos es tan grande que prefieren la felicidad ajena a la propia son capaces de recoger las hojas frescas. Por eso se ven tan pocas.
- ¿Has visto alguna?
- No- miento- no, sólo me han hablado de ellas.

Dejo a un lado la escoba, y continúo metiendo trastos de Tenhime en cajas de cartón. Largoyconunavocal tenía razón en que aún me tengo que librar de muchas cosas. Cojo un pequeño joyero adornado con repujados de cuero, y lo deposito, sin mirar su contenido, en el último hueco de la caja que estoy rellenando. Mientras la cierro firmemente con cinta adhesiva, me prometo quedarme sólo con aquello que me haga sonreír, que para llorar siempre se encuentran razones.

lunes, enero 19, 2009

Cacería con poca munición

Sentado en un banco en el parque frente a mi piso, disfrutaba de un momento de soledad y paz, mientras el intenso frío de Pamplona practicaba la acupuntura en el interior de mis pulmones con cada suspiro que daba.

Me sentía extrañamente agobiado en mi hogar. Mi piso siempre había sido un hostal improvisado para personalidades de todo tipo, y albergar en mi casa a gente como Diana Laguna o el Clasificado me reportaba cierto enriquecimiento personal. No obstante, tras casi dos meses ininterrumpidos de tenerlos parasitando mi piso, empezaba a pasar un apuro. Además, Landelón había dejado de aparecer sorpresivamente, para evitar al Capa Plateada.

- Pssssst... Dídac- hablando de lo cual, Landelón apareció desde mi espalda, sentándose a mi lado y quitándose rápidamente el sombrero- ¡Rápido, ocúltame!.
- ¿Miedo del Clasificado?
- No, de ella.

El dedo extendido del Viajero conecta mi mirada con una joven mujer que oteaba el horizonte, aparentemente desorientada, con toda certeza en busca de un pañuelo amarillo y un sombrero de ala ancha.
- ¿Quién es?
- Bueno, tenía que encontrar dónde dormir. No me llevo muy bien con tu nuevo compañero de piso.
- ¿Y?
- No la soporto más. Es una chica Halley.
- ¿Como el cometa?
- Sí. Para verla una vez cada cincuenta años está muy bien, pero tenerla todo el día encima es abrasador.
- Joder, Viajero... ¿Y por qué no le dices que quieres más espacio?
- Bueno, huir de ella es más efectivo. No tendía que esforzarme en parecer sensible, y descarta la posibilidad de que ponga ojitos y me haga cambiar de opinón.

Tras Landelón, al otro lado del parque, veo al Clasificado venir caminando hacia nosotros con cierto aire indiferente. Cuando se dice que no hay mal que por bien no venga, se les olvida decir que sigue habiendo un mal en el proceso, y por tanto alguien tiene que salir perdiendo.
- Puedo librarte de ella, Viajero.
- ¿De verdad?- la ilusión de Landelón dura el tiempo que tarda en darse la vuelta y ver al Capa Plateada acercarse calmadamente.- Oh. Ya veo. Sí, lo entiendo.
- Piénsalo como elegir el menor de dos males.
- ¡Eso sigue siendo elegir el mal!
- Pues como emplear un problema para solucionar otro.
- Me sigue quedando un problema que solucionar.
El Capa Plateada está cada vez más cerca. En el fondo de mi mente comienza a sonar la banda sonora de "Tiburón".
- ¿Como matar dos pájaros de un tiro?
- ¿Y si resulta que soy uno de los pájaros?
La chica ha localizado a Landelón, y comienza a cruzar el parque tan deprisa como sus femeninos tacones le permiten.
- Así tendrás libre el sofá la próxima vez que vengas.
- Eso será si vuelvo. En fin...

Landelón se pone en pie, con un resignado encogimiento de hombros, y da dos pasos en dirección al Capa Plateada, que le mira con una pregunta en sus ojos. Landelón asiente con la cabeza. La chica llega corriendo a su lado en el mismo momento en que el puño del Clasificado golpea como una serpiente de cascabel, noqueando al Viajero de un solo impacto. Mientras se lo echa inerte sobre el hombro, la joven Halley se lleva una mano a la boca, como silenciando un grito de horror.

El Clasificado muestra una placa identificativa a la chica y murmura un "Guardia Badariense. Siga circulando". Yo sonrío al contemplar a la petrificada chica mirar con ojos desencajados como se llevan a su obsesión a cuestas, como si no pesase nada. Me he quitado un parásito de encima, y ganado al mismo tiempo una buena razón para volver a Badar.

Oh, sí. He sido yo quien ha matado dos pájaros de un tiro.

sábado, enero 17, 2009

Porque la quería

Cortesía de J.M. Serrat,
que sí debe saber de lo que habla.

Porque la quería, no quiso papeles
ni hacer proyectos con vistas al futuro,
no confiaba en él y quiso estar seguro
que cotidianamente tendría que ganarla
con el sudor de su frente

Porque la quería, no quiso con ella
hacer un nido en donde abandonarse
no confiaba en él
y quiso asegurarse

Porque la quería, por no despertarla
dejó de dirigirle la palabra
No confiaba en él
ni se atrevió a cambiarla

Y puso en pie de guerra
su buena fe y sus sentidos,
por llegar a conocerla

Porque la quería
se fue para siempre,
quiso poner a salvo aquella imagen,
no confió en ella
y quiso asegurarse

jueves, enero 15, 2009

Fetichajes

- Dídac, ¿sabes que a partir de las doscientas cincuenta páginas de fetiches, el Word se cuelga?
- No puede ser. Yo nunca he tenido ningún problema, y he escrito relatos de más de doscientas cincuenta páginas .
- Sí, pero ¿de fetiches?

Se hizo un silencio incómodo, como si hubiéramos empezado la conversación dos cervezas antes de lo adecuado. Ante la falta de participación del Clasificado, que trata de terminarse su botellín de un trago, el Extraño opta por indagar en terreno cenagoso ajeno.
- Oye, chica de Badar... ¿tú tienes alguno?
- Extraño,- dice Largoyconunavocal, queriendo evitar el tema- que la curiosidad mató al gato...

El Extraño se miró los brazos con curiosidad, se tomó el pulso y apoyó la palma de su mano en el lateral izquierdo del pecho, para notar los latidos de su corazón.
- Pues no estoy muerto, ergo, no soy un gato. Y bien, ¿tienes algún fetiche?

miércoles, enero 14, 2009

Patinabrazamientos

Cuando el timbre de mi portero automático suena, el Extraño se levanta del sofá como si le hubieran accionado algún resorte. Voluntariamente se acerca al interfono y pregunta quién es, mientras comienzo a preguntarme si estará ocultándome algo. No es de la clase de persona que se levanta del sofá para abrir puertas ajenas salvo que esto esté dentro de sus planes. En el momento en que coge su abrigo de la silla donde lo había dejado, sé que efectivamente se trae algo entre manos.

- Me voy- dice, lacónicamente. Parece que todo se pega menos la belleza, y el Clasificado comienza a acumular tardes de sofá y conversación con nosotros.
- ¿Adónde, si se puede saber?
- No es eso lo que realmente quieres preguntarme. Quieres preguntarme por qué me he levantado a abrir la puerta, y por qué he cogido el abrigo cuando mi suposición de que era Inés se ha demostrado correcta.
- Anonadado quedo de tu poder de deducción. ¿Y adónde te vas con Inés?
- A la pista de hielo. La cierran hoy, y quería aprovechar esta última oportunidad de ir con ella.

No me lo puedo creer. El Extraño es bastante desgarbado y torpe, y no destaca por sus grandes reflejos físicos ni por una extraordinaria musculatura. De hecho, posee lo que se conocía en la universidad por "un culo de ingeniero", desarrollado en jornadas lectivas de diez horas, largas tardes de prácticas en laboratorios de programación, y extensas charlas en sillas poco ergonómicas. Nunca ha tenido problema en reconocer su desventaja atlética, generalmente antes de un mordaz comentario acerca de su falta necesidad de cubrir la autoestima con capas de musculatura. Esto provoca que no se dedique al deporte si puede evitarlo, más aún si tenemos en cuenta los mínimos de equilibrio y coordinación que exige el patinaje sobre hielo.

- ¿Te llevas a Inés a patinar? ¡Pero si tú lo odias!
- Sí, pero nadie se abraza a tí con tanta pasión como cuando está sobre una superficie resbaladiza.

martes, enero 13, 2009

Ambición

Quiso comerse el mundo, y descubrió tarde que era alérgico.

jueves, enero 08, 2009

Una pequeña ayuda

Volviendo a casa por mi camino habitual, aflojo el paso un segundo para poder contemplar la maravilla nevada que es el Parque Yamaguchi en invierno. Los niños de la escuela que hay al lado de mi casa se escapan del agarre de sus madres para poder correr sobre el césped cubierto de blanco, trayéndome recuerdos de cuando yo tenía su edad. Se me escapa una sonrisa en el momento en el que mi sentido arácnido me indica que me agache.

Miento. No tengo sentido arácnido. El impacto es directo, tres dedos por encima de mi nuca. El proyectil se fragmenta, y noto resbalar, helada, la nieve por mi cuello hasta colarse por debajo de mi jersey. Mi temperatura corporal baja una décima. Me cago en los muertos de alguien.

El girarme, veo otro proyectil blanco apuntado a mi cabeza, pero en esta ocasión logro apartarme a tiempo. Landelón me señala desde detrás de unos arbustos, riendo alegremente y celebrando su impacto a traición.

No me lo puedo creer que haya sido tan ingenuo. ¿Una guerra de bolas de nieve, aquí, en Yamaguchi? ¿Justo a la hora en la que los niños salen del colegio? Habría que estar loco.

Cuando veo que la mujer de mi vida, mi sobrina, se sitúa sigilosamente tras el Viajero con los puños llenos de nieve, sonrío malignamente, como el Señor Malvado que se Esconde.

Landelón es astuto. Al verme sonreír, se da media vuelta y arroja un puñado de nieve a ciegas en dirección a Helena, sin impactar sobre ella pero haciendo que huya corriendo hacia donde están el resto de los niños de su edad. Se encara hacia mí en un intercambio de bolas de nieve en el que llevo todas las de perder: Landelón es mejor arrojando cosas, y ya lleva un bolazo de ventaja.

- Oh, Dídac… me decepcionas – dice, mientras esquiva mi propio proyectil - ¿De veras creías que una niña podría ser una valiosa aliada contra un enemigo de mi talla?
- Una no, Viajero. Pero media docena sí.
Landelón vuelve a mirar a su espalda con un indicio de terror en sus ojos. Helena ha regresado con siete niños más, amigos suyos de patio de colegio, todos ellos empuñando nieve en esferas y mirando con gesto travieso al Viajero.
- Apuntad bajo el sombrero, muchachos- dice Helena- Sin piedad.

Es cierto. Allá donde no llega un hombre, no debe temer pedir ayuda. Por muy pequeña que sea, en la cantidad necesaria es capaz de derribar cualquier problema.

miércoles, enero 07, 2009

Epielogios

Recoger después de Reyes es algo agotador. Retirar los envoltorios de los regalos, el espumillón de las paredes, el árbol de navidad, el belén, los papanoeles de chocolate... Todo aquello que sólo se usa quince días al año va a parar a la "Caja de Navidad" del trastero, y hasta el año que viene.

Este año ha sido distinto, principalmente porque, en ausencia de Tenhime, (quien tradicionalmente ponía la ilusión por la decoración) fue Largoyconunavocal la que, llena de alegría infantil, llenó mi hogar de adornos. Diana Laguna fue arrastrada por ella en el torrente de espíritu navideño y pronto se vio colgando bolas de vidrio en un abeto de plástico, y sacando mi pequeño belén y colocándolo con delicadeza en una de las baldas del armario del salón, convenientemente vaciado para dicha función. Con la carisma y la persuasión habitual en el sexo femenino, consiguieron del Clasificado toda cooperación necesaria, mientras yo iba y venía del supermercado, haciendo acopio de provisiones.

Para qué engañarnos. Hace años que el sentido de estas fechas es dar y recibir regalos, y comer hasta reventar. En ocasiones me detengo a investigar dónde se perdió la magia. En qué momento la gente perdió el norte de una celebración que no tiene por qué ser cristiana para ser mágica. La gente se aferra a razones tales como "Dicen que es la época de las buenas intenciones. ¿La gente no es buena el resto del año?" o esgrimen durísimos argumentos entre los que figuran la pobreza y el hambre, la desigualdad patrimonial existente en el mundo, y los arrebatos consumistas.

No quiero negar que no tiene por qué gustarle la Navidad a todo el mundo, pero ahora que ha acabado, me acuerdo de por qué me gusta a mí: porque son una excusa.

Son una excusa para estar con tus seres queridos, sean familiares o amigos. Una excusa para mostrar afecto de forma gratuita, o a través de sueños envueltos en papel de regalo. Una razón, barata o no, para juntarte alrededor de una mesa y ponerte al día de las cosas que han acontecido. Para confesar vicios o hacer propósito de enmendarlos. Para renovar sueños. Para recolectar sonrisas ajenas, y sembrar unas cuantas propias.

¿Se puede hacer todo eso en cualquier momento del año? Sí. Pero por alguna razón, en Navidad es distinto. Es como si todo el mundo se pusiera de acuerdo en que AHORA es el momento. Una especie de mente colmena de cariño.

A pesar de todo aquello, eché en falta a Tenhime este año. Su pequeña figura entre mis brazos por última vez en el año, tomar las uvas mirándonos a los ojos, su blanca sonrisa al desenvolver sus regalos. Pero tuve regalos. Muchos más de los que podría desenvolver. La risa de Largoyconunavocal, Diana Laguna bromeando con una copa en la mano, el Clasificado tambaleándose por el alcohol mientras caminaba hacia el servicio, el Extraño explicando cómo hacer cúbico un polvorón y por qué esa forma es la más correcta...

Me faltó Tenhime, pero hubo excusas para sonreír, y no las desaproveché.

lunes, enero 05, 2009

Cárceles

- ¿Hola? ¿Me oyes?
- No parece que lo haga. Lleva así desde que llegó.
- ¿Alguien sabe cómo se llama?
- No llevaba documentación encima, ni tarjetas, ni móvil, nada. La llamamos Alicia, porque a ella va dedicada esto que encontramos en su bolsillo.
- Mmmmh. No está mal, pero a mí me gustan más los sonetos...
- Si usted lo dice. Yo no me dedico a leer poesía.
- Bueno, por lo visto ella sí. O al menos lo hacía antes...

Ella apenas escucha la conversación. En su mundo es algo que ocurre lejanamente, como si existiese una enorme muralla entre ellos y el lugar donde aún se encontraba.

"Ven- recuerda que le dijo el Carcelero- Te haré libre"

Así que ella, prisionera de la vida real, de la rutina, de la Declaración de Hacienda, el pago de facturas, la infidelidad y la traición, le dio su mano al Carcelero, y selló su destino.

De su mano, entró en el ascensor. Bajaron cinco pisos, pero al abrirse las puertas, él la retuvo. "No es aquí donde vamos". Pasado el tiempo de rigor las puertas se cerraron. El Carcelero murmuraba algún maleficio que ella no llegó a entender. Después apretó el botón que abría de nuevo las puertas del ascensor, y ella supo que había cumplido su promesa.

La hierba, verde y brillante como esmeraldas sembradas por doquier crecía desde el primer paso que daba fuera del ascensor. Los almendros seguían en flor, sembrando alfombras blanquirrosadas sobre la llanura verde, que invitaban a arrojarse sobre ellas y rodar descontroladamente.

Antes de que ella pueda salir corriendo del ascensor, el Carcelero la señala de arriba abajo. "Así no puedes entrar. Los demás sabrían que acabas de llegar, y podríamos meternos en un problema. Ten, ponte esto"

De forma que ella se descalza y se libra de su ropa. Se desprende de sus joyas, pendientes, anillos, y se desliza dentro del camisón de seda que le tiende el Carcelero, notando su suave contacto contra su piel. El Carcelero hace un montón con sus pertenencias, colocando en la cima la ropa interior y las joyas, y lo empuja a una esquina del ascensor.

"¿Lista? Vamos allá"

De la mano del carcelero de nuevo, saltan al césped, pero cuando sus pies rozan el suelo, se hunde en él, cayendo a un profundo vacío. La caída libre dura unos segundos, hasta que de repente se frena, llegando a ser tan suave como la de una pluma. Aterriza ella descalza en una alfombra de suave pelo marrón, como el pellejo de algún mamífero. Arrastrando ahora del brazo al Carcelero, ella se lanza rodando por el suelo, notando como el pelaje le hace cosquillas en la piel incluso a través del camisón. Se desliza cuesta abajo por una loma, y se sorprende caminando sobre una playa de guijarros.

Agotada, se sienta en la orilla y deja que las olas trepen hacia ella, mojando sus pies y sus nalgas. El agua está fría pero transparente, y aporta cierta sensación de pureza.


El Carcelero, tras ella, le tapa los ojos con las manos mientras, en su suave susurro sibilante, le pregunta: "Sinceramente, ¿sientes que aquí sentada sencillamente serías siempre feliz?"
"Sí, lo sería- responde ella- pero sólo después de vivir grandes aventuras que recordar cuando mis dedos se arrugasen y mis fuerzas se perdiesen"
"Allá vamos de aventuras, entonces"

Más allá de esas colinas está Benus, donde recogeremos Mimosas que nos acaricien con sus flores. Ahítos de amor gratuito, nos iremos a Kumei a buscar Frésulas, y cenaremos frutas bajo sus brillantes hojas multicolor. Pararemos en Neral, para cubrir tu piel desnuda de torques, collares y joyas, todas luminosas y resplandecientes como tú. Bordearemos Badar por la costa, para que veas sus cúpulas de bronce brillando al atardecer, y subiremos por el Dwat en alguna de las Almadías de los Habitantes del Río. En Tal haremos el amor en camas con dosel de seda, envueltos en caricias y sábanas tan suaves como el roce de unos labios. Cuando pasemos por Ishashi, nos bañaremos desnudos en sus cataratas, y reiremos jugando con los Porcodrilos. Cuando regresemos aquí, tus pies no ansiarán más viajes, y tu corazón está repleto de recuerdos para cuando tus dedos se arruguen y tus fuerzas se pierdan.
"¿Cuánto tiempo viajaremos?"
"Caminaremos siguiendo el sol, de forma que nuestros días no acaben nunca, y nuestras noches durarán días. Entonces... ¿vienes?"

Y ella, dispuesta a vender su vida por un sueño, agarró la mano que el Carcelero le extendía, y selló su destino.

- Parece que no tiene respuesta refleja.
- ¿Sigue con nosotros?
- Sí, sí, al menos en parte. Ponerle una vía con suero y vigilad sus constantes vitales, por si sufrieran alguna clase de cambio. Y si ocurriera algo, avisadme en seguida.
- Como diga, doctor.
- Pobre chica. A saber qué infierno ha pasado para quedar atrapada en su cabeza.

Pero en su sueño, ella reía libre entre los almendros.