lunes, enero 05, 2009

Cárceles

- ¿Hola? ¿Me oyes?
- No parece que lo haga. Lleva así desde que llegó.
- ¿Alguien sabe cómo se llama?
- No llevaba documentación encima, ni tarjetas, ni móvil, nada. La llamamos Alicia, porque a ella va dedicada esto que encontramos en su bolsillo.
- Mmmmh. No está mal, pero a mí me gustan más los sonetos...
- Si usted lo dice. Yo no me dedico a leer poesía.
- Bueno, por lo visto ella sí. O al menos lo hacía antes...

Ella apenas escucha la conversación. En su mundo es algo que ocurre lejanamente, como si existiese una enorme muralla entre ellos y el lugar donde aún se encontraba.

"Ven- recuerda que le dijo el Carcelero- Te haré libre"

Así que ella, prisionera de la vida real, de la rutina, de la Declaración de Hacienda, el pago de facturas, la infidelidad y la traición, le dio su mano al Carcelero, y selló su destino.

De su mano, entró en el ascensor. Bajaron cinco pisos, pero al abrirse las puertas, él la retuvo. "No es aquí donde vamos". Pasado el tiempo de rigor las puertas se cerraron. El Carcelero murmuraba algún maleficio que ella no llegó a entender. Después apretó el botón que abría de nuevo las puertas del ascensor, y ella supo que había cumplido su promesa.

La hierba, verde y brillante como esmeraldas sembradas por doquier crecía desde el primer paso que daba fuera del ascensor. Los almendros seguían en flor, sembrando alfombras blanquirrosadas sobre la llanura verde, que invitaban a arrojarse sobre ellas y rodar descontroladamente.

Antes de que ella pueda salir corriendo del ascensor, el Carcelero la señala de arriba abajo. "Así no puedes entrar. Los demás sabrían que acabas de llegar, y podríamos meternos en un problema. Ten, ponte esto"

De forma que ella se descalza y se libra de su ropa. Se desprende de sus joyas, pendientes, anillos, y se desliza dentro del camisón de seda que le tiende el Carcelero, notando su suave contacto contra su piel. El Carcelero hace un montón con sus pertenencias, colocando en la cima la ropa interior y las joyas, y lo empuja a una esquina del ascensor.

"¿Lista? Vamos allá"

De la mano del carcelero de nuevo, saltan al césped, pero cuando sus pies rozan el suelo, se hunde en él, cayendo a un profundo vacío. La caída libre dura unos segundos, hasta que de repente se frena, llegando a ser tan suave como la de una pluma. Aterriza ella descalza en una alfombra de suave pelo marrón, como el pellejo de algún mamífero. Arrastrando ahora del brazo al Carcelero, ella se lanza rodando por el suelo, notando como el pelaje le hace cosquillas en la piel incluso a través del camisón. Se desliza cuesta abajo por una loma, y se sorprende caminando sobre una playa de guijarros.

Agotada, se sienta en la orilla y deja que las olas trepen hacia ella, mojando sus pies y sus nalgas. El agua está fría pero transparente, y aporta cierta sensación de pureza.


El Carcelero, tras ella, le tapa los ojos con las manos mientras, en su suave susurro sibilante, le pregunta: "Sinceramente, ¿sientes que aquí sentada sencillamente serías siempre feliz?"
"Sí, lo sería- responde ella- pero sólo después de vivir grandes aventuras que recordar cuando mis dedos se arrugasen y mis fuerzas se perdiesen"
"Allá vamos de aventuras, entonces"

Más allá de esas colinas está Benus, donde recogeremos Mimosas que nos acaricien con sus flores. Ahítos de amor gratuito, nos iremos a Kumei a buscar Frésulas, y cenaremos frutas bajo sus brillantes hojas multicolor. Pararemos en Neral, para cubrir tu piel desnuda de torques, collares y joyas, todas luminosas y resplandecientes como tú. Bordearemos Badar por la costa, para que veas sus cúpulas de bronce brillando al atardecer, y subiremos por el Dwat en alguna de las Almadías de los Habitantes del Río. En Tal haremos el amor en camas con dosel de seda, envueltos en caricias y sábanas tan suaves como el roce de unos labios. Cuando pasemos por Ishashi, nos bañaremos desnudos en sus cataratas, y reiremos jugando con los Porcodrilos. Cuando regresemos aquí, tus pies no ansiarán más viajes, y tu corazón está repleto de recuerdos para cuando tus dedos se arruguen y tus fuerzas se pierdan.
"¿Cuánto tiempo viajaremos?"
"Caminaremos siguiendo el sol, de forma que nuestros días no acaben nunca, y nuestras noches durarán días. Entonces... ¿vienes?"

Y ella, dispuesta a vender su vida por un sueño, agarró la mano que el Carcelero le extendía, y selló su destino.

- Parece que no tiene respuesta refleja.
- ¿Sigue con nosotros?
- Sí, sí, al menos en parte. Ponerle una vía con suero y vigilad sus constantes vitales, por si sufrieran alguna clase de cambio. Y si ocurriera algo, avisadme en seguida.
- Como diga, doctor.
- Pobre chica. A saber qué infierno ha pasado para quedar atrapada en su cabeza.

Pero en su sueño, ella reía libre entre los almendros.

5 comentarios:

Alethea dijo...

Caminaré para buscarte en cielo y tierraaaaaa!!
Ains... si es que a veces soñar es más bonito que la vida real.... pero, no existe mundo perfecto, ni en sueños, y a veces hay que despertar o dar paso a las pesadillas... yo me quedo con aquello que puedo llegar a controlar mejor.. a veces la imaginación puede resultar demasiado poderosa.
Me encanta cómo me devuelves a las realidad como lectora con un cambio tan brusco de escenario, me ha gustado mucho

Yashkia dijo...

¿Merece la pena el sueño a cambio del estado en el que termina? Y eso que de momento está aún anclada en su mundo.

¿Qué pasará cuando vuelva a ser consciente una vez más de la realidad?

Un poco cruel, creo...

sir Potato dijo...

droja???? O_O

Dídac dijo...

Alethea: ¿A veces soñar es más bonito? No, SIEMPRE es más bonito. Pocas veces la realidad es tan hermosa, pero cuando lo es...

Yashkia: Nunca volverá a ser consciente de la realidad. Su País de las Maravillas se la ha comido para siempre...

Sir Potato: y de la buena.

Ester(illa) dijo...

Realmento bello, pero, despues de: ''Así que ella, prisionera de la vida real, de la rutina, de la Declaración de Hacienda, el pago de facturas, la infidelidad y la traición, le dio su mano al Carcelero, y selló su destino.'' no hubiera necesitado leer el resto...