jueves, enero 08, 2009

Una pequeña ayuda

Volviendo a casa por mi camino habitual, aflojo el paso un segundo para poder contemplar la maravilla nevada que es el Parque Yamaguchi en invierno. Los niños de la escuela que hay al lado de mi casa se escapan del agarre de sus madres para poder correr sobre el césped cubierto de blanco, trayéndome recuerdos de cuando yo tenía su edad. Se me escapa una sonrisa en el momento en el que mi sentido arácnido me indica que me agache.

Miento. No tengo sentido arácnido. El impacto es directo, tres dedos por encima de mi nuca. El proyectil se fragmenta, y noto resbalar, helada, la nieve por mi cuello hasta colarse por debajo de mi jersey. Mi temperatura corporal baja una décima. Me cago en los muertos de alguien.

El girarme, veo otro proyectil blanco apuntado a mi cabeza, pero en esta ocasión logro apartarme a tiempo. Landelón me señala desde detrás de unos arbustos, riendo alegremente y celebrando su impacto a traición.

No me lo puedo creer que haya sido tan ingenuo. ¿Una guerra de bolas de nieve, aquí, en Yamaguchi? ¿Justo a la hora en la que los niños salen del colegio? Habría que estar loco.

Cuando veo que la mujer de mi vida, mi sobrina, se sitúa sigilosamente tras el Viajero con los puños llenos de nieve, sonrío malignamente, como el Señor Malvado que se Esconde.

Landelón es astuto. Al verme sonreír, se da media vuelta y arroja un puñado de nieve a ciegas en dirección a Helena, sin impactar sobre ella pero haciendo que huya corriendo hacia donde están el resto de los niños de su edad. Se encara hacia mí en un intercambio de bolas de nieve en el que llevo todas las de perder: Landelón es mejor arrojando cosas, y ya lleva un bolazo de ventaja.

- Oh, Dídac… me decepcionas – dice, mientras esquiva mi propio proyectil - ¿De veras creías que una niña podría ser una valiosa aliada contra un enemigo de mi talla?
- Una no, Viajero. Pero media docena sí.
Landelón vuelve a mirar a su espalda con un indicio de terror en sus ojos. Helena ha regresado con siete niños más, amigos suyos de patio de colegio, todos ellos empuñando nieve en esferas y mirando con gesto travieso al Viajero.
- Apuntad bajo el sombrero, muchachos- dice Helena- Sin piedad.

Es cierto. Allá donde no llega un hombre, no debe temer pedir ayuda. Por muy pequeña que sea, en la cantidad necesaria es capaz de derribar cualquier problema.

4 comentarios:

Solitaxlacalle dijo...

Me ha gustado mucho.

Feliz año!

Rua Cailín, haciendo challah XD dijo...

Solo no puedes. Con amigos, sí.
"La bola de cristal".

Como estoy de harina hasta los codos, diré que es una historia deliciosa y muy divertida.

Feliz año, feliz año, feliz año.

Ester(illa) dijo...

Bien es sabido que los niños a veces pueden llegar a ser como los jinetes del apocalipsis.

Muxu

Yashkia dijo...

¿Sabes que hoy ha nevado en Madrid?

Tu cuento ha sido mágico...