domingo, marzo 29, 2009

Para todo aquello que no te dan

Inés llegó alegre esta mañana, bien temprano. Por su aspecto, no había pasado siquiera por su casa, ni había dormido en toda la noche. Cuando nos contó toda la historia, supuse que la excitación la había mantenido insomne, como una niña la víspera de Reyes.

Su inquietud vino bien, porque en mi piso comenzaba a respirarse un aroma espeso a desidia, a tedio y a estancamiento tal, que el hombre del piano hubiera parecido un ser risueño si la crisis no le hubiera obligado a dar clases en una academia de música para seguir pagando facturas. El hombre del piano no es alguien que disfrute rodeado de niños.

- Oh, venga- dice Inés, dando saltitos con los pies descalzos después de haber abandonado sus tacones en mi recibidor- Al menos alegraros por mí.
- Dí la verdad, Inés. ¿Segura que es lo mejor?

Por alguna razón, Landelón y yo estamos de sobra. La fuerza de la conversación entre Inés y el Extraño parece sobrepasarnos como participantes, y relegarnos al papel de observadores, o más precisamente, de atrezzo.

- ¡Es la oportunidad que llevo años esperando!
- Hombre, apariencia de eso tiene, pero... ¿Dices que este marchante es famoso?
- Es conocidísimo. En las revistas sale constantemente, aunque sea más por sus líos de faldas, pero tiene exposiciones en todos los continentes, durante todas las estaciones. ¡Y me quiere en su siguiente muestra!
- ¿Y es prudente dejar tu trabajo... todo, para marcharte a Sevilla con él? Aún no es tu exposición, no tiene necesidad de llevarte con él.
- Es para discutir detalles, elegir las mejores obras, cerrar tratos...
- Eso lo podría hacer en Pamplona.
- Abre en tres días una galería en Sevilla, y no es de la clase de hombres que cambia su agenda fácilmente.
- Me suena a intento de aprovecharse, pero no seré yo quien te impida ir.

La alegría de Inés se deshincha como un globo al soltar el nudo, solo que en lugar de sonora pedorreta, existe una furiosa respuesta.
- Claro, claro, porque todos se quieren aprovechar de mí, menos tú, ¿no?. Ves el mal en todas partes, Extraño, pero nunca miras al espejo. ¿Por qué crees que me está engañando?
- Porque no te ha hecho ningún comunicado, ni firmando ningún papel, ni te ha dicho ni cómo, ni cuándo, ni dónde es esa exposición para tí, y sin embargo ya has cenado con él llevando- hace una pausa buscando un espejo al que señalar. Cuando no lo encuentra, deja caer su dedo hacia el insinuante vestido verde oscuro que luce la Artrista- eso, y quiere que le sigas a Sevilla. Sumado a su fama, huele a concubinato desde aquí.
- ¿Y qué si lo es? ¿Acaso no puedo buscar un hombre que me llene y me hagas sentir feliz?
- No, si llenarte te llenará, pero no de felicidad- Ante la furia helada de la mirada de Inés, el Extraño recula terreno- Es un hombre de negocios, no un artista. Te abandonará y te arruinará, no sólo profesionalmente, cuando haya obtenido todo lo que pueda de tí.
- Él no es así.
- Alberto tampoco.
- ¿Quién?
- Alfonso- apunta Landelón, con cierta expectación por el desarrollo de la discusión.
- Es muy sucio que lo hayas sacado ahora. A Landelón le gustaba.
- No me caía mal, pero...
- Cállate, Viajero. Es mi decisión.
- No, si eso lo sabemos todos- dice el Extraño, recuperando el testigo- Lo que no sé es qué harás cuando se te caiga el castillo de naipes.
- Creo que estás celoso. Creo que quieres sabotear mi oportunidad, porque me perderás para siempre si me marcho a Sevilla.
- Tú no eres tan tonta. Sabes que algo no pinta bien, y no quieres reconocerlo. No me tienes que convencer a mí, pero no te engañes a tí misma. ¿Qué pasará cuando te vuelvan a partir el corazón?
- Supongo que siempre podré volver a Pamplona a remendármelo, ¿no?
- Que no te sorprenda si no estoy aquí cuando vuelvas.
- ¿Oh? ¿Te habrás ido despechado a Madrid, a buscar empleo, y así dejas de parasitar a Dídac?
- No, Inés. Pero que no me importe coser tus heridas no significa que me guste mancharme con tu sangre.
- Dijiste que siempre estarías aquí para mí. Que me harías feliz, que a tu lado nada me pasa...ría.

Los ojos de Inés se abre como platos y su expresión se congela al ser plenamente consciente de que su reproche pierde validez. A su lado.
- No te puedo proteger si te vas tan lejos.
- Y si... ¿vinieras conmigo? Podrías asegurarte de que él el sincero. Y evitarías que hiciese alguna estupidez.
- La oportunidad de dejarlo todo por seguirte adonde fueras pasó hace un año. Elegiste decir que me querías, pero que no podíamos estar juntos. Puedo ser tu amigo, Inés, pero no pienso ser un novio para todo aquello que no te dan los tíos con los que te acuestas.

Inés se encuentra en ese punto crítico entre la ira y el llando, y mirando en sus brillantes ojos juraría ser capaz de ver la balanza oscilando. Y entonces, comete una estupidez, y me mira, buscando apoyo o yo que sé el qué.

Cuando le digo con un encogimiento de hombros "ningún hombre permitiría que le hicieras eso", sale llorando de mi casa, dejando atrás sus tacones en el suelo de mi salón, y a un Extraño que se cae a pedazos por dentro en mi sofá.

miércoles, marzo 25, 2009

Un Recuerdo

En medio del paisaje de tejados de bronce que es Badar, destaca una casa pintada por completo de verde. Se eleva por encima de todos los demás edificios, rivalizando incluso con las torres del Palacio de Mármol. Los badarienses la llaman La Casa de la Esperanza.
- ¿Porque es verde?- pregunta Landelón al anciano.
- No. Porque es alta. Durante la Gran Inundación, toda la ciudad quedó completamente sumergida por las aguas del Dwat, salvo la Casa de la Esperanza, en cuyos pisos superiores un molinero afortunado guardaba toda su harina. Gracias a él, la ciudad entera pudo sobrevivir mientras drenaban las calles y todo Badar florecía de nuevo.
- Entonces, ¿por qué es verde?
- Porque durante un terremoto, dos árboles se inclinaron sobre la casa, y haciendo de contrafuertes, evitaron que se desmoronase sobre los edificios vecinos, hasta que pudieron reparar sus vigas.
- Y ahora, ¿qué harán con ella?
- No lo sé. No creo que la derriben, así que habrá que repararla de nuevo. Lo que está claro es que habrá que volver a pintarla. El incendio la ha dejado completamente negra por fuera, pero intacta por dentro.
- ¿Alguien sabe por qué es la única casa del barrio que no ha prendido?
- Sí. Porque es la Casa de la Esperanza.

lunes, marzo 16, 2009

Puntos de vista//Amistades.

Hacía quizás tres años que no íbamos a este café y, la verdad, es que no sé por qué. Nada más cruzar la puerta te asalta un intenso olor a cigarro puro, a Big Band y a Ley Seca. Muebles y barra de madera con barniz brillante, barman vestido de época y al fondo un escenario sobre el cual una banda se esfuerza por arreglar el destrozo que un cantante con ínfulas de Michael Bublé está haciendo del "Strangers in the Night" de Sinatra.

- Hay algo que no entiendo de este sitio- comienza a decir Yanroud, rascándose bajo la venda de su frente. La pregunta queda sin formular porque Landelón, repentinamente, se da media vuelta hacia la salida y deja escapar uno de esos "oh-oh" que vienen a ser la abreviatura de "Vaya, tenemos problemas". Es entonces cuando la veo acercarse, y la reconozco.

En cualquier otra situación hubiera resultado una imagen muy atractiva. No muy alta, pero estilizada, con una cascada de rizos enmarcando un rostro en forma de corazón. Quizás fueran los profundos surcos y las holgadas bolsas producto de la falta de sueño que enmarcaban sus oscuros ojos lo que le daba cierto aire de desamparo e incluso de desequilibrio mental, rompiendo la imagen de objeto de deseo y dándole cierto aire de joven quebrada por dentro.

Aquellos ojos desorbitados se clavaron en la nuca del Viajero, parpadeando incrédulos mientras se abría paso entre los clientes del local hasta llegar hasta nosotros antes de que Landelón pudiera hacer mutis por la entrada del bar.
- ¿Land...delón?- pregunta con voz rota, como si se le hubiera aparecido una Virgen u otra visión similar del Más Arriba.
El Viajero maldice por lo bajo antes de darse media vuelta y fingir sorpresa de la misma forma que cuando se pronuncia tu nombre ganador del Oscar al Mejor Actor.
- ¿Hola? ¡Hola! ¿Qué tal, cuánto tiempo, qué alegría verte?
Las tres últimas consigue que suenen como interrogaciónes, y a Yanroud se le escapa una risilla que el Extraño acalla con una mirada feroz.
- ¿Dónde has estado todo este tiempo? Te... fuiste por la noche...
- Con el amanecer, para ser exactos.
- ... y no has vuelto por aquí en... cuánto... ¿un año? ¿dos?
- Dos años y diez meses.
- ¿Y dónde has estado? ¿Por qué no volviste a por mí?
- Ehm...

Oh, ya me acuerdo. Creo que se llama Claudia, o Gloria, o algo así. No sé. Landelón la conquistó hace tiempo, y solía traerla a este local. No recuerdo cuando tiempo duraron juntos, pero llegó la mañana en la que el Viajero tuvo que partir a Tal, y desde entonces no volví a saber de ella.

- Porque... bueno, porque me tuve que ir. Sabías que lo haría.
- Te he estado esperando.
- ¿A mí?- Landelón lo dice con el tono de aquel que está reprimiendo una carcajada.
- Sabía que volverías. Siempre me decías que te tendrías que marchar a uno de esos Viajes tuyos de los que me hablabas, pero yo sabía en mi interior que regresarías, que volverías a mí...
- No... no quiero que te ofendas pero... mi vuelta no... no tiene que ver contigo.
- No te... entiendo.- la voz de la chica me recuerda cada vez más a papel viejo, ese que cruje cuando pasas las páginas del libro y que, si no tienes cuidado, se desgarra.- ¡Dijiste que jamás habías conocido a nadie como yo!
- Lo cual no significa necesariamente que seas la mejor que jamás haya conocido.

De repente el papel apergaminado se vuelve muralla de castillo. La cara de indignación de ella es el único aviso que tiene Landelón antes de que llegue, sonora como un portazo, la bofetada. Yanroud coge el sombrero del Viajero al vuelo antes de que toque el suelo. Gloria, o Claudia, se abre paso entre nosotros, rompiendo a llorar, y se pierde en el fondo de la calle. Landelón agradece secamente cuando Yanroud le devuelve el sombrero, y no es hasta que termina de acomodárselo cuando vuelve la sonrisa a su rostro enrojecido por el golpe.

- Bueno, ¿seguimos?
- ¿Y ya está?- pregunto- ¿Otro corazón roto más, y tú dices "seguimos"?.
- Ella sabía lo que había. Se lo avisé: algún día me iré. Fue ella la que quiso creer que volvería. Yo nunca le prometí tanto.
- Tus acciones quizás indicaron lo contrario.
- Y ella prefirió la historia que más le convenía, ¿no?. Ella me importaba, Dídac, ¿qué razones tenía para mentirle?
- No querrías hacerle daño.
- Mintiéndole le habría hecho más. Engañándose a sí misma es como ha terminado llorando, y yo abofeteado.
- Eres un mujeriego, como el poeta éste- dice el Extraño.
- ¿Quién?
- El de "poesía eres tú".
- Bécquer.- apunto yo.
- Ése mismo. Pues eso. Que eres un romanticón.
- No, no lo soy.- dice el Viajero- Yo no voy por ahí anhelando imposibles.
- Fátima.- dice secamente el Extraño, y por la cara del Viajero, le ha dolido más que el bofetón de Gloria/Claudia.
- No tiene nada que ver.
- Yo creo que tiene todo de ver. Te encaprichas- al ver como el Viajero tuerce el gesto, el Extraño decide cambiar de expresión- bueno, te enamoras de una mujer, la seduces, estás con ella un intervalo comprendido entre los tres y los seis meses, y cuando se agota el tiempo, ¡zas! desapareces, y ella se queda recogiendo pedazos.
- Sabes que no me podría quedar, aunque quisiera.
- Pero no resta verdad a lo que digo.
- Conozco a una mujer interesante, la hago vivir un sueño durante el tiempo que puedo, y cuando debo marcharme, se despierta. ¿Quién se enfada después de un sueño bonito?
- No se enfada, Viajero- le explico- Eso no era furia. Era tristeza. No ha vuelto a soñar desde que te fuiste.
- Ningún sueño que merezca ese nombre dura el tiempo suficiente para el soñador.
- Quizás sería mejor que el sueño no fuera tal.- argumenta el Extraño.
- Claro, una pesadilla es mucho más preferible.- ironiza Landelón.
- Dejadlo. Los dos.- corta abruptamente Yanroud.
- Pero...
- Que. Ya. Vale. El que quiera tomar algo, a la barra. El que quiera librar una batalla perdida, a la calle. Punto. No he venido a que me calentéis la cabeza.

La Autoridad Real de Yanroud sale a la luz desde el escondite donde pasa oculta la mayor parte del tiempo, y tanto el Extraño como el Viajero no tienen otro remedio que agachar la cabeza como perros tristes y adelantarse a la barra.
- Gracias por pararlos.- le comento.
- Ambos tienen razón. No se entenderán nunca.

Miro hacia la barra. Landelón está diciendo algo que hace sonreír al Extraño, quien señala un punto del escenario y su respuesta provoca una carcajada en el Viajero.
- Afortunadamente, la amistad requiere más conocer al otro, que comprenderlo.

jueves, marzo 12, 2009

Sorpresaranoias (y II)

- ¡No soy un Cylon! - grita el Viajero.
- Eso es precisamente lo que todos dicen.- replica el Extraño.
- ¿Todos? ¿A cuantos más has torturado así, condenado paranoico? ¡No existen los Cylon!.
- Eso es lo que quieren que creamos...
- ¿Quieres soltarme estas ataduras de una vez?
- ¿Y qué harás entonces? ¿eh? ¿Abrir el gas para asfixiarnos? ¿Envenenar nuestra comida? ¿Sabotear el ascensor?
- Oh, sabes tan bien como yo que no saboteo nada desde...
- ¿Desde?
- Desde que Tenhime y Dídac...
- Ah, claro.
- ¿Desde que Tenhime y Dídac qué?- noto como el corazón se me acelera y algo similar a un tentáculo de preocupación se enrosca en mis entrañas.
- Desde que Tenhime y tú rompísteis.
- ¿Y qué saboteabas entonces?
- Tus preservativos. Lo que me recuerda... Creo que deberías hacerte una prueba de fertilidad.

miércoles, marzo 11, 2009

Sorpresaranoias

El ruido de nudillos chocando con mi puerta hace que el Extraño y yo nos sobresaltemos. Extiendo la mano hacia el mando y pauso el reproductor de DVD antes de abrirle la puerta a un cansado Viajero, que se apoya jadeando en el marco.
- Hola... Dídac.
- ¿Has logrado escapar?
- Sí... antes... de llegar... a Badar... pude...
- ¿Quién es, Cuentacuentos?- pregunta el Extraño desde el salón.
- Es el Viajero- respondo, antes de girarme hacia él- Pasa, pasa, estamos viendo series en la tele.
- ¿Qué? ¡No le dejes entrar!- grita de repente el Extraño.

Cuando entramos en el salón, se ha atrincherado detrás de un sofá, y nos apunta con una rudimentaria ballesta de bolsillo desmontable que dispara bolígrafos bic. Sus ojos escudriñan atentamente a Landelón, de arriba abajo, como si no lo conociera.
- Mira a ver si tiene todas las marcas, pecas y cicatrices del Viajero.
- Para eso necesitaríais a Fátima. Creo que es la única que ha estado cerca de mi cuerpo desnudo el tiempo suficiente.
- Oh, Viajero, imagen mental no deseada.- me quejo, antes de girarme al Extraño- Es él. ¿Qué te pasa?
- No te fíes. ¿Cómo sabes que es él?
- Hm... veamos, pañuelo amarillo, sombrero de ala ancha, ojos de color ámbar, sonrisa perenne y canalla, cicatrices de la guerra de Kumei, sí, yo diría que es él.

El Extraño sale despacio desde detrás del sofá, y ocupa cautelosamente su sitio. Poco después de que el Viajero se recueste en otro de los asientos del salón, su respiración se relaja rápidamente y, en pocos segundos, se queda profundamente dormido.
- Deberíamos estar atentos.- me susurra al oído- Es imposible que Landelón haya escapado tan rápidamente del Clasificado. Creo que éste es un Cylon...

lunes, marzo 02, 2009

Esperrecuerdos

- Decidme, gente- dice el Extraño, parapetado detrás de cuatro botellines de cerveza vacíos, a una audiencia de miradas vidriosas y cansadas- ¿Qué creéis que es lo peor que puede ocurrirte en la vida?
- Tener todo cuanto querías en la vida, y perderlo.- contesta el hombre del piano, con su habitual deje de amargura en la voz.
- No lo creo- responde el ingeniero- porque al menos has conseguido en algún momento lo que querías en tu vida. Te queda al menos el recuerdo de lo que has conseguido, en lugar de la esperanza de querer obtenerlo.
- Oh, cierto. En ese caso, lo peor que puede ocurrirte en la vida es recordar cuando lo tenías todo, y descubrir que ya no te queda nada.
- Dime una cosa, hombre del piano. ¿Te queda algo que hacer en esta vida?
- No.
- ¿Y por qué cojones sigues vivo?
- Porque mientras yo viva, ella no terminará de morir.
- ¡Pero entonces te gusta recordarla!
- Y me llena de dolor.
- Supongo- dice el Extraño, mientras con un gesto pide al camarero que se acerque- que siempre será mejor que no tener nada que merezca la pena recordar.