lunes, marzo 16, 2009

Puntos de vista//Amistades.

Hacía quizás tres años que no íbamos a este café y, la verdad, es que no sé por qué. Nada más cruzar la puerta te asalta un intenso olor a cigarro puro, a Big Band y a Ley Seca. Muebles y barra de madera con barniz brillante, barman vestido de época y al fondo un escenario sobre el cual una banda se esfuerza por arreglar el destrozo que un cantante con ínfulas de Michael Bublé está haciendo del "Strangers in the Night" de Sinatra.

- Hay algo que no entiendo de este sitio- comienza a decir Yanroud, rascándose bajo la venda de su frente. La pregunta queda sin formular porque Landelón, repentinamente, se da media vuelta hacia la salida y deja escapar uno de esos "oh-oh" que vienen a ser la abreviatura de "Vaya, tenemos problemas". Es entonces cuando la veo acercarse, y la reconozco.

En cualquier otra situación hubiera resultado una imagen muy atractiva. No muy alta, pero estilizada, con una cascada de rizos enmarcando un rostro en forma de corazón. Quizás fueran los profundos surcos y las holgadas bolsas producto de la falta de sueño que enmarcaban sus oscuros ojos lo que le daba cierto aire de desamparo e incluso de desequilibrio mental, rompiendo la imagen de objeto de deseo y dándole cierto aire de joven quebrada por dentro.

Aquellos ojos desorbitados se clavaron en la nuca del Viajero, parpadeando incrédulos mientras se abría paso entre los clientes del local hasta llegar hasta nosotros antes de que Landelón pudiera hacer mutis por la entrada del bar.
- ¿Land...delón?- pregunta con voz rota, como si se le hubiera aparecido una Virgen u otra visión similar del Más Arriba.
El Viajero maldice por lo bajo antes de darse media vuelta y fingir sorpresa de la misma forma que cuando se pronuncia tu nombre ganador del Oscar al Mejor Actor.
- ¿Hola? ¡Hola! ¿Qué tal, cuánto tiempo, qué alegría verte?
Las tres últimas consigue que suenen como interrogaciónes, y a Yanroud se le escapa una risilla que el Extraño acalla con una mirada feroz.
- ¿Dónde has estado todo este tiempo? Te... fuiste por la noche...
- Con el amanecer, para ser exactos.
- ... y no has vuelto por aquí en... cuánto... ¿un año? ¿dos?
- Dos años y diez meses.
- ¿Y dónde has estado? ¿Por qué no volviste a por mí?
- Ehm...

Oh, ya me acuerdo. Creo que se llama Claudia, o Gloria, o algo así. No sé. Landelón la conquistó hace tiempo, y solía traerla a este local. No recuerdo cuando tiempo duraron juntos, pero llegó la mañana en la que el Viajero tuvo que partir a Tal, y desde entonces no volví a saber de ella.

- Porque... bueno, porque me tuve que ir. Sabías que lo haría.
- Te he estado esperando.
- ¿A mí?- Landelón lo dice con el tono de aquel que está reprimiendo una carcajada.
- Sabía que volverías. Siempre me decías que te tendrías que marchar a uno de esos Viajes tuyos de los que me hablabas, pero yo sabía en mi interior que regresarías, que volverías a mí...
- No... no quiero que te ofendas pero... mi vuelta no... no tiene que ver contigo.
- No te... entiendo.- la voz de la chica me recuerda cada vez más a papel viejo, ese que cruje cuando pasas las páginas del libro y que, si no tienes cuidado, se desgarra.- ¡Dijiste que jamás habías conocido a nadie como yo!
- Lo cual no significa necesariamente que seas la mejor que jamás haya conocido.

De repente el papel apergaminado se vuelve muralla de castillo. La cara de indignación de ella es el único aviso que tiene Landelón antes de que llegue, sonora como un portazo, la bofetada. Yanroud coge el sombrero del Viajero al vuelo antes de que toque el suelo. Gloria, o Claudia, se abre paso entre nosotros, rompiendo a llorar, y se pierde en el fondo de la calle. Landelón agradece secamente cuando Yanroud le devuelve el sombrero, y no es hasta que termina de acomodárselo cuando vuelve la sonrisa a su rostro enrojecido por el golpe.

- Bueno, ¿seguimos?
- ¿Y ya está?- pregunto- ¿Otro corazón roto más, y tú dices "seguimos"?.
- Ella sabía lo que había. Se lo avisé: algún día me iré. Fue ella la que quiso creer que volvería. Yo nunca le prometí tanto.
- Tus acciones quizás indicaron lo contrario.
- Y ella prefirió la historia que más le convenía, ¿no?. Ella me importaba, Dídac, ¿qué razones tenía para mentirle?
- No querrías hacerle daño.
- Mintiéndole le habría hecho más. Engañándose a sí misma es como ha terminado llorando, y yo abofeteado.
- Eres un mujeriego, como el poeta éste- dice el Extraño.
- ¿Quién?
- El de "poesía eres tú".
- Bécquer.- apunto yo.
- Ése mismo. Pues eso. Que eres un romanticón.
- No, no lo soy.- dice el Viajero- Yo no voy por ahí anhelando imposibles.
- Fátima.- dice secamente el Extraño, y por la cara del Viajero, le ha dolido más que el bofetón de Gloria/Claudia.
- No tiene nada que ver.
- Yo creo que tiene todo de ver. Te encaprichas- al ver como el Viajero tuerce el gesto, el Extraño decide cambiar de expresión- bueno, te enamoras de una mujer, la seduces, estás con ella un intervalo comprendido entre los tres y los seis meses, y cuando se agota el tiempo, ¡zas! desapareces, y ella se queda recogiendo pedazos.
- Sabes que no me podría quedar, aunque quisiera.
- Pero no resta verdad a lo que digo.
- Conozco a una mujer interesante, la hago vivir un sueño durante el tiempo que puedo, y cuando debo marcharme, se despierta. ¿Quién se enfada después de un sueño bonito?
- No se enfada, Viajero- le explico- Eso no era furia. Era tristeza. No ha vuelto a soñar desde que te fuiste.
- Ningún sueño que merezca ese nombre dura el tiempo suficiente para el soñador.
- Quizás sería mejor que el sueño no fuera tal.- argumenta el Extraño.
- Claro, una pesadilla es mucho más preferible.- ironiza Landelón.
- Dejadlo. Los dos.- corta abruptamente Yanroud.
- Pero...
- Que. Ya. Vale. El que quiera tomar algo, a la barra. El que quiera librar una batalla perdida, a la calle. Punto. No he venido a que me calentéis la cabeza.

La Autoridad Real de Yanroud sale a la luz desde el escondite donde pasa oculta la mayor parte del tiempo, y tanto el Extraño como el Viajero no tienen otro remedio que agachar la cabeza como perros tristes y adelantarse a la barra.
- Gracias por pararlos.- le comento.
- Ambos tienen razón. No se entenderán nunca.

Miro hacia la barra. Landelón está diciendo algo que hace sonreír al Extraño, quien señala un punto del escenario y su respuesta provoca una carcajada en el Viajero.
- Afortunadamente, la amistad requiere más conocer al otro, que comprenderlo.

3 comentarios:

Alethea dijo...

Conocerle y, a pesar de todo, quererle con su virtud y sus defectos. La peor y mejor pagada de todas las profesiones :)

Yazston dijo...

"¡Dijiste que jamás habías conocido a nadie como yo!"

- Lo cual no significa necesariamente que seas la mejor que jamás haya conocido.

Jajajaja, tengo que reconocer todo el lio implicado en soltar una de estas, y muy valerosamente, puesto que algo asi implica impepinablemente una respuesta dolorosa (ya sea a modo de golpe escena vergonzosa, venganza o algo peor).

Un viajero es un viajero, pero es comun que lo que no nos guste lo alteremos hasta nuestro gusto o solo nos quedemos con lo que queremos.

Pero que esperaba la dama, un regreso, un beso. O realmente le valia mantener la imagen, la idea de que algún día volvería.

La bofetada se la dió por romperle la idea, su mundo dentro de su cabecita, por qué no nos engañemos todos vivimos mejor en nuestro mundo cada cual el suyo..

Letichan dijo...

... A base de hostias se aprende. Nada más cierto.