martes, abril 28, 2009

Decisiones

Boca arriba sobre mi cama vacía, el techo parece un mal confidente para los miedos que pueblan la soledad nocturna.

Estaba harto. Harto de seguir siendo "el becario" más allá de la duración de las prácticas, por muy ilegal que eso fuera. Harto de que Inés cometiese el mismo error vez tras vez. Harto de que Largoyconunavocal sonriese y se largase de la habitación siempre que no quería responderme a una pregunta. Harto de que el Extraño pecase de imbécil, de pura bondad. Harto de que las cosas de Tenhime siguieran ocupando rincones de mi casa, y de mi corazón. Harto de que mi hija de reyes no fuese lo suficientemente madura para reconocer qué es lo que quiere. Harto de perseguirla para que se escape una y otra vez. Harto de que Landelón no estuviese cuando más se le necesitaba.

Me di cuenta de que me había convertido en un Eilita. Landelón me había sacado alguna vez de un apuro, y desde entonces esperaba que me sacase de todos los demás. En Eilin se han levantado iglesias y escrito profecías de su retorno, razón por la cual el Viajero no tiene intención de volver a pisar ese país.

Un adagio de la ley de Murphy establece "Si ayuda a un amigo en apuros, él se acordará de usted... la próxima vez que los tenga". No pensaba caer en algo tan fácil. Era hora de arreglar las cosas con mis propias manos.

Aunque eso implicase viajar por mi cuenta.

Saldría pronto mañana. Cruzaría por San Sebastián hacia Francia. Primero Nantes, y después... Bretaña hasta Normandía. Desde Mont Sant Michel podría coger uno de los barcos para Kumei. Ya es hora de que descubra qué lleva escondiéndome ese país. De ahí, a Neral, al refugio de Fátima, y a ver si Elisa sigue con la hija pequeña del Rey de Badar. Después, ya me lo pensaría. Quizás Ishashi, quizás Badar.

Mi hija de reyes podría correr, pero no esconderse.

Bajo mi cama hay un cajón cuya forma se asemeja a la de un tuperware gigante. Dentro guardo muchos recuerdos, pero el más importante es amarillo y negro. Un regalo de Landelón, un auténtico gesto después de años de auténtica amistad, la que no siempre es buena.

Un sombrero de ala ancha, y un pañuelo amarillo.

1 comentario:

Rua Cailín dijo...

Sé que hay un dicho sobre viajar y los problemas, pero ahora sólo se me ocurre la gracieta de Asterix, de los legionarios diciendo "enrólate, decía, enrólate y verás mundo".
Se me va...