miércoles, abril 29, 2009

Determinismalo

"Bretaña es una región curiosa" dice la voz del Viajero en mi cabeza, con ese tono entre maestro de escuela y contador de historias que tiene cuando habla de sus viajes "para cuyos habitantes Francia es ese pequeño país entre Bretaña y Bélgica". Aquí abundan los mitos sobre Fées y Korrigans, hadas y magos y caballeros míticos, pero sin el Viajero a mi lado, he perdido la esperanza de toparme con ellos cara a cara.

Los días son cortos, constantemente amenazados por grises nubarrones que no hacen sino ensombrecer más mi ánimo. En la lejanía, un murmullo constante trae brisas marinas húmedas y con sabor a madera vieja, sal y licor barato.

Como siguiendo el mito oriental de que cada regalo contiene parte de quien lo regala, el sombrero y el pañuelo que Landelón me regaló ejercieron cierta presión sobre el azar, y terminé encontrando a quien no esperaba en el sitio más improbable. En una brasserie dentro de las murallas de St. Malo, reconocí a una figura junto al piano. Acariciaba las teclas del instrumento con aire ausente, y aunque su vista se dirigía hacia una silla vacía en la mesa de la esquina, en realidad su mirada se encontraba años atrás en el tiempo.

"Él decía ser un determinista trágico, y siempre he pensado que era más de lo segundo que de lo primero, aunque sólo fuese porque conocía el significado de tragedia, mientras que sigo sin saber qué es un determinista."

"Pero era trágico. Oh, claro que era trágico. Pertenecía a esa clase de personas que tratan de hacer su vida una historia que contar, sin importar cuál sea el coste, consciente de que toda historia debe tener sufrimiento y agonía que acompasar con el éxito y la felicidad. Ella y yo lo encontramos aquí, en St. Malo, y tuvimos la oportunidad de conocerle rápidamente y con gran profundidad. Su manera de actuar podía parecer errática, pero no lo era. Él sabía adónde le encaminaba cada paso. Sabía sembrar las semillas de su destrucción, pero también sabía dejar marchitar su cosecha. Le vimos enamorarse sólo después de asegurarse que ella terminaría abandonándole. Le vimos caminar sobre puentes que se derrumbarían a su paso por ellos. Era un experto en quemar sus naves al llegar a una costa, para saber que no habría vuelta atrás. Le vimos abandonar mujeres que lo habrían hecho feliz, sólo porque no quería conocer una vida sin preocupaciones. Decía que la vida sencilla era fácil de conseguir si se deseaba, pero una vida complicada te mantiene siempre atento, siempre despierto, siempre con algo a lo que darle vueltas en la cabeza. A ella le divertía esa forma de pensar, y por eso pasamos varios días con él antes de marcharnos de aquí. No había regresado en años, y aún recuerdo el gesto que hacía antes de beber, como ofreciéndole un trago al destino".

Brindamos con sidra bretona servida en tazas. Por el determinista trágico. Por aquellos que quieren una vida complicada.

Y en silencio, pensaba qué parte de ese determinista trágico tenía yo. Cuántos cuentos son escudos, y cuantos escudos he contado en mi vida. Pero para el final de la botella de sidra, había descubierto la diferencia entre aquel amigo del hombre del piano y yo.

El determinista quería cosas complicadas. Yo, sencillamente, las quería distintas a todo lo demás.

3 comentarios:

Rua Cailín, consejos vendo y para mí no tengo. dijo...

Tengo tres cuartas partes de sangre de duende, dicen por ahí. Naturalmente, es mentira, claro, pero a mí me encanta. Aún siendo mentira, sé lo bastante para darte un consejo:
No pidas encontrarte con ellos. La Hermosa Gente es hermosa como los cuadros impresionistas. De lejos mejor.
Además, tú tienes los ojos claros y vete a saber que lamia o que reina de las hadas podría encapricharse de ellos. Y, oh, aunque resulte halagador... ¿conoces Tam Lin?

Anónimo dijo...

Lo de enamorarse de alguien sólo cuando uno está seguro de que que será abandonado tiene su punto. Esa frase es tan sólo una de las perlas escritas en esta entrada.

Dídac dijo...

Me agrada que te haya gustado.