miércoles, abril 15, 2009

Helados y disculpas

Cuando vi a Inés frente a mi portal, titubeando ante el portero automático, me regodeé un instante en mi propia capacidad de anticipación.

- Si me ayudas - le dije, mientras le ofrecía una de las bolsas de supermercado con la compra- te comparto un cubo de helado. ¿Vainilla con nueces de macadamia, no?
- Dulce de leche. El de macadamia es el que le gustaba a Tenhime.
- Ah...- idiotaidiotaidiota- Bueno, tengo de los dos. Dime, ¿qué te trae por aquí?
- Quería... venía a disculparme.
- ¿Quién eres, y qué has hecho con Inés?
- He... hablado con el marchante.
- ¿Y qué has decidido?
- Le pregunté si no existía alguna manera de preparar mi exposición con más certeza, y sin que tuviera que acompañarle. No me importaba retrasarla si con eso conseguía que saliese mejor.
- Pero él te dijo que...
- Leyendo entre líneas, que si no me iba con él, que me despidiera de su mecenazgo.
- Y sabiendo lo que eso significaba...
- Lo mandé a la mierda. Significaba que sólo me quería para lo que me quería. Y que el Extraño tenía razón. Por eso estoy aquí.
- Llama al ascensor, anda, que no me dan las manos.

No hemos terminado de entrar en mi piso, cuando el cubo de helado ya está en manos de la artista, que entre cucharadas busca el secreto de la felicidad con ojos encharcados de pena y culpa.
- Siempre me pasa igual. Sólo me quieren por lo mismo. Los tíos son todos unos cabrones.
- Muy amable.
- No, no- se apresura a decir, frotándose con el dorso de la mano una emergente lagrimilla del rabillo del ojo- Tú eres un amigo.
- Y ellos no.
- ¿Por qué no puedo conocer a un hombre decente, Dídac?
- Muy amable, de nuevo.
- Sabes a qué me refiero.
- Conoces a varios, y no te he visto salir con ninguno.
- Es que... yo les quiero mucho, pero son mis amigos.
- ¿Acaso no te son sinceros, cariñosos, tiernos, amables, fieles...?
- Pero no tienen esa atracción, ese...
- ¿Morbo?
- No me tiran de las entrañas, ya sabes.
- Claro, y los otros sí. Normal, porque ellos van a tí atraídos por el mismo tirón. El de su entrepierna.
- ¡Lo sé! -protesta, como toda persona ante una verdad inamovible demasiado grande para tragarla de un bocado.- ¡Pero qué quieres que haga!
- ¿Hacer?. No. Decir. Dí "no". Hay hombres dispuestos a hacerte feliz, pero los espantas y hieres por no saber decir que no a tus más bajos instintos. Sí, no pongas esa cara, que sabes que tengo razón. Y sabes por tanto que la culpa es tuya, porque, Inés del alma mía- digo, llamándola por el apelativo que sé que más le molesta- encontrar al hombre adecuado es fácil, si buscas al hombre adecuado.

Enfurruñada por mi falta de tacto, y armada con la cuchara de helado de la osadía, Inés contraataca.
- Pero, ¿y si sólo busco un amante? ¿Alguien que me de...?
- ¿Cariño? No encontrarás de eso donde buscas. Más allá del revolcón, te has de sentir afortunada si te dan el beso de buenos días en lugar de la patada de "qué haces aún en mi casa". No está mal que busques un lío de una noche, un amante temporal, o alguien que se acueste contigo por puro placer, sino que luego te quejes porque te demuestren poco apego sentimental. Tú los quieres porque te tiran las entrañas, y ellos están más que contentos de darte lo que de ellos te atrae. Pero para una relación hace falta más. Confianza, compromiso. La voluntad de desear la felicidad del otro por encima de la propia.
- Hablas como el Extraño, cuando filosofa sobre la diferencia entre querer que otra persona sea feliz, y querer hacerla feliz.
- ¿Y con quién crees que estuvo discutiendo para llegar a esa conclusión?
- ¿Pero qué voy a hacer? Ojalá pudiera enamorarme de él tan fácilmente.
- ¿Te puedo ser sincero?
- ¿Acaso no lo estás siendo?
- Quiero decir, aunque duela.
- Por favor.
- Sólo cuando decidas solucionar tu problema, será cuando aparezca ante tí una solución.
- No te entiendo.

Mirando el mermado resto de cubo de helado que aún sostiene entre manos, me da tristeza de corazón confesarle:
- Rezo para que lo entiendas antes de que otra mujer lo haga.

4 comentarios:

Celia dijo...

Pobre Inés.

Sara dijo...

Pobre no.....
Creo que Inés es tremendamente rica...pero aún no lo sabe^^

Alethea dijo...

Como muchas mujeres en el planeta, y muchos hombres, aunque se les eche en cara menos...

Letichan dijo...

A veces sólo es cuestión de tiempo. Las ganas de sentar la cabeza suele llegar a partir de una edad...
Por lo demás, muy bien narrado, Diego. Me han gustado expresiones como la de la osadía de la cuchara.